Las guerras como factor de control
Puesto que siete mil quinientos millones de personas no es una cantidad fácil de controlar, los conflictos bélicos son un buen recurso para generar un mayor miedo.
Si provocan una guerra en la que se emplean armas biológicas, con el objeto de provocar grandes epidemias víricas, será mucho más factible que el colectivo se ofrezca a ser controlado para lograr la salvación. Entonces será fácil que la gente alargue su mano para que le inserten un microchip en ella*, o que estire el brazo para que le pongan una inyección.
Y ¿qué es lo opuesto al miedo con el que pretenden tenernos controlados? El amor incondicional. Este es nuestro escudo, nuestra protección y nuestra mejor “arma”. Así pues, neguémonos a aceptar la vibración del miedo. Que nuestro impulso sea la alegría de descubrir quienes somos realmente. En el proceso se irán destapando todas las verdades, sin necesidad de que respondamos a la provocación: ocurre sencillamente que, a medida que nos vayamos empoderando, ellos irán perdiendo poder y capacidad de control.
Susanne Powell – Despertad Humanos, ha llegado la hora
*la auténtica marca de la bestia
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