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25 de junio de 2016

idolos, fetiches y artes de la Magia

4. La Magia

El hombre civilizado se enfrenta a los problemas de un medio ambiente concreto mediante su ciencia; el hombre salvaje intentaba solucionar los problemas reales de un medio ambiente ilusorio fantasmal mediante la magia. La magia era una técnica para manipular el imaginario medio ambiente espiritual cuyas maquinaciones explicaban constantemente lo inexplicable; era el arte de obtener la cooperación voluntaria de los espíritus y de forzar la ayuda involuntaria de los espíritus mediante el uso de fetiches o de otros espíritus más poderosos.
El objeto de la magia, la hechicería y la nigromancia era doble:
1. Alcanzar una visión del futuro.
2. Influir favorablemente sobre el medio ambiente.
Los objetos de la ciencia son idénticos a los de la magia. La humanidad está progresando de la magia a la ciencia, no mediante la meditación y el razonamiento, sino más bien a través de una larga experiencia, gradual y dolorosamente. El hombre está llegando lentamente a la verdad, comenzando desde el error, progresando en el error, y finalmente aproximándose al umbral de la verdad. Sólo con la llegada del método científico ha empezado a mirar hacia adelante. Pero el hombre primitivo tenía que experimentar o perecer.
La fascinación con la superstición primitiva fue la madre de la posterior curiosidad científica. Había una emoción dinámica progresiva —temor más curiosidad — en estas supersticiones primitivas; hubo un poder impulsor progresivo en la antigua magia. Estas supersticiones representaron el surgir del deseo humano por conocer y controlar el medio ambiente planetario.
La magia dominó tan poderosamente al salvaje porque éste no podía captar el concepto de la muerte natural. La idea más reciente del pecado original ayudó a debilitar el dominio de la magia sobre la raza, porque explicaba la muerte natural. En cierta época no era infrecuente que diez personas inocentes fueran ajusticiadas porque se las suponía responsables de una muerte natural. Este es uno de los motivos por los cuales los pueblos antiguos no crecieron más rápidamente y aún es verdad en algunas tribus africanas. El individuo acusado usualmente confesaba su culpa, aún sabiendo que se enfrentaba a la muerte.
La magia es natural para el salvaje. Cree que un enemigo puede ser eliminado mediante la práctica de la hechicería sobre un mechón de su pelo o un trozo de sus uñas. La fatalidad de una mordedura de serpiente se atribuía a la magia del hechicero. La dificultad para combatir la magia surge del hecho de que el temor puede matar. Los pueblos primitivos tanto temían la magia que efectivamente ésta les mataba, y estos resultados eran suficientes para sustanciar esta creencia errónea. En caso de fracaso, siempre existía una explicación plausible; la cura para una magia defectuosa era más magia.

5. Los Amuletos Mágicos

Puesto que todo lo que se relacionaba con el cuerpo podía volverse un fetiche, la magia más primitiva tuvo que ver con el cabello y las uñas. El secreto que rodea la eliminación de las secreciones corporales nació del temor de que un enemigo pudiera posesionarse de algo que provenía del cuerpo y emplearlo negativamente en la magia; por lo tanto todos los excrementos del cuerpo se enterraban cuidadosamente. Se prohibía escupir en público por temor de que la saliva se pudiese usar mágicamente contra la persona; el esputo siempre se cubría. Aun los restos de alimentos, las vestimentas y los adornos podían volverse instrumentos de la magia. El salvaje nunca dejaba restos de su comida sobre la mesa. Todo esto se hacía por temor de que los enemigos pudiesen utilizar estas cosas en sus ritos mágicos, no porque se conociese el valor higiénico de dichas prácticas. 

Se preparaban amuletos mágicos a partir de una gran variedad de objetos: la carne humana, las garras del tigre, los dientes del cocodrilo, las semillas de las plantas venenosas, el veneno de las serpientes y el cabello humano. Los huesos de los muertos se consideraban muy mágicos. Aun el polvo de las huellas podía ser utilizado en la magia. Los antiguos creían firmemente en los amuletes de amor. La sangre y otras formas de secreciones corporales podían asegurar una influencia mágica sobre el sentimiento del amor.
Se consideraba que las imágenes eran eficaces en la magia. Se preparaban efigies y al tratárselas bien o mal, los mismos efectos, según se creía, recaían sobre la persona real. Al hacer adquisiciones, las personas supersticiosas masticaban un trozo de madera dura para ablandar el corazón del vendedor.
La leche de una vaca negra era altamente mágica; así también lo eran los gatos negros. La vara o cetro era mágica, así como también los tambores, campanas y nudos. Todos los objetos antiguos eran amuletos mágicos. Las prácticas de una civilización nueva o más elevada se consideraban con desaprobación debido a su supuesta naturaleza mágica maligna. Así fueron consideradas la escritura, la imprenta y la  El hombre primitivo creía que los nombres debían ser tratados con respeto, especialmente los nombres de los dioses. 
El nombre se consideraba una entidad, una influencia distinta a la de la personalidad física; se la ponía al mismo nivel que el alma y la sombra. Los nombres se empeñaban para obtener préstamos; un hombre no podía usar su nombre hasta que hubiese rescatado el préstamo mediante pago. 
Presentemente los hombres firman su nombre en los pagarés. Muy pronto el nombre de un individuo se volvió importante en la magia. El salvaje tenía dos nombres; el nombre importante se consideraba demasiado sagrado como para utilizarlo en ocasiones comunes, por consiguiente existía el segundo nombre o el de todos los días: un sobrenombre. Él nunca pronunciaba su nombre verdadero ante extraños. Toda experiencia de naturaleza poco común le estimulaba a cambiarse el nombre; a veces era para curar una enfermedad o detener la mala suerte. El salvaje podía conseguir un nuevo nombre comprándoselo al cacique tribal. Aun ahora los hombres invierten en títulos y diplomas. Pero entre las tribus más primitivas, tales como los bosquimanos africanos, no existen nombres individuales.

6. La Práctica de la Magia

La magia se practicó con el uso de las varas, los ritos de la «medicina» y los encantamientos, y se acostumbraba que el que la practicase trabajara desnudo. Había más mujeres que hombres entre los magos primitivos. En magia, la palabra «medicina» significa misterio, no tratamiento. El salvaje nunca se curaba a sí mismo; no usaba nunca remedios excepto por consejo de los especialistas en magia. Y los curanderos vudú del siglo veinte son iguales a los magos antiguos.
Había una fase pública y una privada en la magia. La magia celebrada por el curandero, shamán o sacerdote era, según se suponía, buena para toda la tribu. Los brujos, hechiceros y magos dispensaban magia privada, personal y egoísta que se empleaba como método coercitivo para desencadenar el mal sobre los propios enemigos. El concepto de espiritismo dual, espíritus buenos y malos, originó las creencias más recientes en la magia blanca y negra. A medida que la religión evolucionaba, magia fue el término aplicado a las operaciones espirituales fuera del culto propio, y también se la refería a creencias más antiguas sobre los fantasmas.
Las combinaciones de palabras, el rito de los cantos y de los encantamientos, eran altamente mágicas. Algunos encantamientos primitivos evolucionaron finalmente en oraciones. En cierto punto, se practicó la magia imitativa; las oraciones se representaban; las danzas mágicas no fueron sino oraciones llevadas a la expresión teatral. La oración gradualmente desplazó a la magia, como el asociado del sacrificio.
Los gestos, siendo más antiguos que el habla, eran más sagrados y mágicos, y la mímica era considerada de fuerte poder mágico. Los hombres rojos frecuentemente representaban el baile del búfalo, en el cual uno de entre ellos interpretaba el papel del búfalo y, al dejarse capturar, aseguraba el éxito de la caza futura. Las festividades sexuales del día de mayo eran simplemente magia imitativa, un llamado sugestivo a las pasiones sexuales del mundo vegetal. Las esposas estériles emplearon por primera vez las muñecas como talismán mágico.
La magia fue la rama del árbol religioso evolucionario que finalmente dio el fruto de la era científica. La creencia en la astrología llevó al desarrollo de la astronomía; la creencia en la piedra filosofal llevó al conocimiento de los metales, mientras que la creencia en los números mágicos fundó la ciencia de las matemáticas.
Pero un mundo tan repleto de encantamientos contribuyó mucho a la destrucción de la in iciativa y ambición personal. Los frutos del trabajo duro o la diligencia eran considerados mágicos. Si un hombre cosechaba más grano en su campo que su vecino, le podían llevar ante el cacique acusándolo de que atraía el grano del terreno de su vecino indolente. En efecto, en los días de la barbarie era peligroso saber mucho; siempre existía la posibilidad de que se le ejecutara a uno como artista negro.
Gradualmente la ciencia está eliminando de la vida el elemento del juego de azar. Pero si los métodos modernos de educación fracasan, habrá una reversión casi inmediata a las creencias primitivas en la magia. Estas supersticiones aún habitan la mente de muchos pueblos así llamados civilizados. El idioma contiene muchos fósiles que atestiguan que la raza por mucho tiempo ha estado impregnada de la superstición mágica, palabras como hechizado, malaventurado, posesiones, inspiración, quitarle a uno el espíritu, ingenio, embelesador, estupefacto y asombrado. Los seres humanos inteligentes aún creen en la buena suerte, el mal de ojo y la astrología.
La magia antigua fue el capullo de la ciencia moderna, indispensable en su tiempo pero ya no útil. Así los fantasmas de la superstición ignorante agitaron las mentes primitivas de los hombres hasta que pudieran nacer los conceptos de la ciencia. Hoy en día, Urantia está en los albores de su evolución intelectual. Una mitad del mundo busca ansiosamente la luz de la verdad y los hechos del descubrimiento científico, mientras que la otra mitad languidece en los brazos de la superstición antigua y de la magia sólo ligeramente disfrazada.

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