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domingo, 27 de diciembre de 2015

Merkel y los alemanes no ven con malos ojos la independencia de Catalunya

26.08.2013 13:29
Merkel y los alemanes no ven con malos ojos la independencia de Catalunya

Es sabido que quien realmente manda en Europa es Alemania, de ahí  la importancia del informe elaborado por el  Stiftung Wissenschaft und Politik (Instituto de Política Internacional) y titulado “Katalonien auf dem Weg in die Unabhängigkeit?” (¿Camina Cataluña hacia la independencia?).
    El estudio parte del momento en que el Presidente de la Generalitat catalana envía una carta al Presidente del Gobierno español solicitando negociar la celebración de un referéndum de autodeterminación. En el informe se reconoce que Madrid ha cerrado la puerta a cualquier mejora de la financiación o al aumento de las competencias de Catalunya y considera que la negativa constante del gobierno español a las demandas de Catalunya no hace más que aumentar el número de partidarios de la independencia en Catalunya. El informe afirma que la secesión de Catalunya no la dejaría fuera de la Comunidad Europea.
     Alemania lo tiene claro, una Catalunya independiente seguiría dentro de la UE y habría que negociar la presencia política del nuevo estado en los órganos comunitarios. Según el informe, la Unión Europea debería seguir el modelo de Chipre, pero al revés. Esto significa que tras la declaració de independencia, momentáneamente no formaría parte de la Unión, pero el Community acquis, el conjunto de derechos y deberes de los ciudadanos europeos, actualmente en vigor, se continuaría aplicando a Catalunya, con lo cual los ciudadanos catalanes mantendrían la ciudadanía europea. Europa, y menos que nadie Alemania, no desea perder un contribuyente neto. Las propias empresas españolas exigirían un acuerdo rápido con Cataluña ya que buena parte de los productos fabricados en España pasan por Cataluña en su camino hacia la UE. El gobierno español, una vez independizada Catalunya, también se apresuraría a negociar la adhesión política del nuevo estado pues sería la única manera de que Catalunya asumiera una parte de la deuda española.

    El documento es concluyente, o España hace una oferta muy clara de una mejor financiación y de un encaje federal de Catalunya o el proceso será irreversible con una amplia mayoría de catalanes inclinándose definitivamente por la independencia.

Cataluña se independiza

Si Cataluña se independiza, explica Sala i Martín, el PIB español perderá el 20% correspondiente a Cataluña.

 "Si España se niega a negociar con Cataluña, Cataluña no se va a quedar la parte proporcional de la deuda que le corresponde por lo que la deuda española como fracción del PIB será pronto superior al 120% del PIB: una de las deudas más grandes del mundo y creciendo exponencialmente por culpa de un déficit que no puede reducir y un PIB que no empieza a crecer", concluye.

 En su opinión, estas dos imágenes-razones demuestran que si los ciudadanos de Cataluña quieren libremente salir de España, "lo harán porqué tendrán la ayuda de España, por más que griten los unionistas ahora. Y tendrán la ayuda de España no porqué España tenga estima por Cataluña. Lo harán porqué España tiene estima por España", sentencia.

existían civilizaciones antes del Big Bang?

El mapa del pasado superlejano: encuentre donde existían civilizaciones antes del Big Bang

Los astrónomos Roger Penrose y Vaha Gurzadián estudian la radiación de fondo de microondas para averiguar donde vivían las sociedades avanzadas que aparecieron antes que nuestro universo.

El profesor de la Universidad de Oxford (Reino Unido) Roger Penrose y el astrónomo Vaha Gurzadián, del Laboratorio Científico Artiom Alijanián de Ereván (Armenia), han publicado un mapa de los lugares donde podrían haber existido supercivilizaciones anteriores al Big Bang, informa el portal ruso Lenta.
En su trabajo los científicos examinan las anomalías de un mapa de la radiación de fondo de microondas, a las que interpretan como indicios de la existencia de sociedades tecnológicamente avanzadas de una época anterior a la aparición de nuestro universo.
Las zonas de la posible existencia de estas supercivilizaciones están marcadas con puntos rojos. 
  
De acuerdo con la teoría de la cosmología cíclica, propuesta por Roger Penrose, la historia del universo es mucho más antigua de lo que creía la ciencia hasta el momento y consiste en una cadena de épocas. Primero un gigantesco agujero negro se traga el universo para almacenar energía, y posteriormente se produce un Big Bang que sirve de límite entre la época anterior y la nueva. 
Según los expertos, el descubrimiento de las ondas de radiación gravitaciones certifica la existencia en el pasado lejano de agujeros negros supermasivos que consumían el universo y luego explotaban para que naciera un nuevo sistema de galaxias.



Ruptura democràtica?




Sortu apuesta por la "ruptura democrática" con el Estado y por "readecuar la estrategia" de la IA al momento actual
La formación abertzale lleva a cabo una marcha hasta la prisión de Martutene para pedir el fin de la dispersión


   SAN SEBASTIÁN, 27 Dic. (EUROPA PRESS)
   Sortu ha subrayado que "el futuro de nuestro pueblo pasa por la ruptura democrática" con el Estado español y ha insistido en que "ese es el reto", al tiempo que ha apostado por "readecuar la estrategia de la izquierda abertzale, el proceso de liberación nacional y social, a la situación y momento político actual".
   La formación abertzale ha llevado a cabo este domingo una marcha hasta la prisión de Martutene en San Sebastián bajo el lema 'Askatasun bidean, Euskal preso politikoak etxera'. Las columnas han partido desde los juzgados de Atotxa y desde Zinkoenea en Hernani y se han unido junto a la prisión donostiarra.
   Allí ha tenido lugar un acto, con la presencia de dirigentes de la izquierda abertzale como Joseba Permach, Rufi Etxeberrria o Marian Beitialarrangoitia entre otros, donde la portavoz de Sortu, Amaia Izko, ha tomado la palabra.
   En su intervención, Izko ha recordado que tanto esta marcha como la movilización del primer fin de semana en Bilbao por los derechos de los presos se realizan cada año y ha destacado la "paradoja" de que en el centro penitenciario de Martutene no haya ningún recluso vasco por la política de dispersión "que tiene a todo el colectivo en cárceles de los estados español y francés".
   En ese sentido, ha reiterado su reivindicación de que se termine con la política de dispersión, algo que ha calificado como "la primera estación" de la solución a la cuestión de los presos, y de que se libere a "todos los encarcelados por razones políticas".
   Por ello, la dirigente abertzale ha llamado a unir fuerzas porque, según ha resaltado, "hoy, y más tras las elecciones del pasado domingo, la izquierda abertzale tiene absolutamente claro que no existe margen para la democracia, ni para la verdadera paz, ni para el reconocimiento ni ejercicio de los derechos que como pueblo nos corresponden en el marco del Estado español".
"READECUAR LA ESTRATEGIA"
   "A día de hoy, podemos decir alto y claro que el futuro de nuestro pueblo pasa por la ruptura democrática con el Estado español. Ese es el reto y para ello debemos readecuar la estrategia, el proceso de liberación nacional y social a la situación y momento político actual", ha subrayado.
   Izko ha asegurado que la izquierda abertzale "ha demostrado a lo largo de su historia capacidad para ello" y se ha mostrado convencida de que "ahora debemos hacer lo mismo". Por ello, "con la mirada puesta en el futuro y respondiendo con determinación al reto que tenemos delante, es decir, abrir de par en par las puertas al Estado vasco", ha recordado que la izquierda abertzale ha puesto en marcha el proceso 'Abian', "un proceso de reflexión y debate para una redefinición y renovación estratégica de largo alcance y en el que la participación de todas es imprescindible".
   A su juicio, "se debe dejar de estar mirando a Madrid y París, porque la clave está en Euskal Herria". De este modo, ha instado a "abrir las puertas del ciclo de la independencia y del socialismo con el impulso de todos" y a tener "como prioridad" el "traer e cada a todos los presos y huidos a casa". "Tenemos retos muy grandes por delante", ha manifestado, al tiempo que ha llamado a participar en las manifestaciones de Bilbao y Baiona del 9 de enero.
   En el acto también se ha escuchado el mensaje grabado de la presa Maite Aranalde, en su nombre y en el de Izaskun Lesaka, desde la prisión de Vivonne, en el que ha reconocido que "no son tiempos dulces para la izquierda abertzale" tras los últimos resultados electorales, pero ha resaltado que ésta hará frente a la situación y seguirá adelante ya que "este es un pueblo vivo", al tiempo que ha mostrado su disposición a tomar parte "con ilusión" en el proceso 'Abian' y llamado a "unir fuerzas".


El club de los macabros: la necesidad de ruptura con la Unión Europea

Para el autor, después de lo acontecido en Grecia, el camino hacia unos Estados Unidos de Europa sociales y democráticos pasa por el Brexit (la salida británica) y el derrocamiento de la tiranía postdemocrática que representa la Unión Europea.
El ministro de finanzas alemán, Wolfgang Schäuble, con el entonces ministro de finanzas griego, Yanis Varoufakis. Schäuble dijo a los griegos que “las elecciones no cambian nada”.
Hay votantes progresistas de mentalidad internacionalista que consideran que, a pesar de sus defectos, la Unión Europea es una fuerza para el bien. Sin embargo, después de la debacle griega, la idea de la salida británica de la Unión Europea –conocida también como Brexit– está en primera línea de la agenda y no habrá manera de convencer a estos votantes de que permanezcan en este club de macabros.
O así parecía. Algunos comentaristas destacados de la izquierda como George Monbiot y Owen Jones han dicho que el trato dado a Grecia y la imposición de un 'nuevo Tratado de Versalles' –que es como el célebre motorista y exministro de finanzas griego, Yanis Varoufakis, describe el tercer rescate– pueden ser la gota que colme el vaso. Pero otras personas como la parlamentaria del Partido Verde, Caroline Lucas, se han dado prisa para combatir este euroescepticismo de izquierdas, alegando que el problema reside en los Gobiernos nacionales que forman la Unión Europea y que si los votantes eligieran a partidos más progresistas, la situación sería distinta, o que hay diferencia entre la infame eurozona que ata las economías periféricas de Europa al potro de tortura y la encomiable Unión Europea que tiene fuertes reglamentaciones ambientales y protege los derechos humanos.
"Es fácil responsabilizar a la Unión Europea cuando la economía de libre mercado pisotea los Estados de bienestar de nuestro continente, pero son los Gobiernos como el nuestro los que han permitido que la Unión Europea sea sinónimo de más liberalización, desregulación y privatización", escribe Lucas en The Guardian. "La izquierda perdió las últimas elecciones en Gran Bretaña, entregando a los Tories un asiento en la mesa presidencial de Europa. Quizá deberíamos reflexionar sobre nuestras propias deficiencias con el fin de inspirar esperanza y unidad en vez de atacar a la Unión Europea".
Estructuras que ni se eligen ni son democráticas
Este parece ser el argumento de los partidos de centroizquierda antes del referéndum: la Unión Europea es el reflejo de las políticas nacionales; el problema es la eurozona. Pero las cosas son al revés. Los problemas de la eurozona son el resultado de una subyacente estructura no democrática. Una moneda única en una Europa auténticamente democrática que transfiere dinero de las regiones ricas a las pobres no causaría desequilibrios fiscales. Centrarse sólo en la eurozona confunde el síntoma con la causa.
Las estructuras postdemocráticas que gobiernan la eurozona son las mismas que prevalecen en toda la Unión Europea. La Comisión Europea no se elige. Los miembros del Consejo de Ministros y su encarnación al máximo nivel, el Consejo Europeo, sólo se eligen indirectamente y las leyes son elaboradas en secreto en el transcurso de sesiones en las que no se permite la entrada ni a la prensa ni al público. Los legisladores habituales del Consejo no son ni siquiera ministros nacionales, sino diplomáticos trileros del Comité de Representantes Permanentes (COREPER) y de las docenas de subcomités y grupos de trabajo que deliberan, también en secreto, fuera del escrutinio de los electores.
Los comités parlamentarios de otras tierras funcionan habitualmente a la luz pública, con la rara excepción de aquellos organismos que supervisan los diversos departamentos dedicados al espionaje, a la vigilancia y a la estrategia en caso de guerra. En otras palabras, el hecho de gobernar de manera encubierta que se ha reservado históricamente para la supervisión de espías, asesinos, adquisición de armas, bioseguridad y tratados con Estados enemigos es ahora la norma cotidiana cuando se elaboran las leyes que tienen que ver con las subvenciones agrícolas, la regulación de la industria y las finanzas y, sobre todo, los mercados laborales y los programas sociales.
El presidente del Consejo Europeo –llamado a menudo el presidente europeo– tampoco se elige; se le escoge más bien, cual papa secular, tras puertas cerradas después de horas de tira y afloja entre jefes de Estado y Gobierno. La única institución elegida directamente de la fábrica de salchichas legislativa que es la Unión Europea –el Parlamento Europeo– no tiene derecho de iniciativa legislativa; es decir, no puede proponer ni aprobar leyes. Sólo puede enmendar lo que la Comisión y el Consejo le envíen para su conformidad. Estos poderes son importantes y los grupos de presión corporativos y de las ONG sienten tanta atracción por los escaños mellizos de Bruselas y Estrasburgo como por el Congreso estadounidense en Washington, pero al estar castrado de esta manera, el Parlamento no se parece a ningún otro parlamento del mundo democrático. Los parlamentarios europeos no son representantes de un pueblo europeo soberano, sino los recogepedos de los altos funcionarios de la tecnocracia de la Unión Europea.
Si los votantes discrepan de las políticas de este ‘Gobierno’ europeo, no hay manera de revocarlo, ninguna elección general para ‘botar a los bastardos’. Pero si el Gobierno europeo no está de acuerdo con las preferencias de los votantes, acosan de forma sistemática a los líderes nacionales para que anulen los resultados de las elecciones, los referendos o los plebiscitos que no le plazcan. A los votantes irlandeses se les dijo que tenían que votar de nuevo después de rechazar los Tratados de Niza y Lisboa. El propio Tratado de Lisboa es la Constitución Europea con otro nombre, después de que los votantes franceses y holandeses la rechazaran en 2005.
"Las elecciones no cambian nada"
De la misma manera, la campaña para sacar la política fiscal –de hecho cualquier política– de la esfera de un auténtico debate parlamentario y colocarla en manos de los supuestos 'expertos' económicos, burócratas, diplomáticos y jueces del Tribunal de Justicia de la Unión Europea es común a todas las estructuras de la Unión Europea, no sólo a la eurozona. Los 28 Estados miembros –no sólo de la eurozona– están sujetos al pacto de estabilidad y crecimiento neoliberal. Y desde la crisis de la eurozona, toda la Unión Europea –no sólo los Estados acogidos a la moneda única– ha buscado y conseguido una mayor integración en la política fiscal.
Bajo el sistema del Semestre Europeo en el que la Unión Europea revisa las políticas fiscales nacionales, todos los Estados miembros deben someter sus planes económicos a Bruselas, no sólo los Estados de la eurozona. Hay reglas ligeramente distintas para los países que no utilizan el euro, pero éstas son más bien cosméticas. Asimismo, el endurecimiento de las reglas económicas que se impuso al amparo del pacto fiscal en 2012 –con una supervisión y multas más estrictas– se aplica a todos los Estados que no utilizan el euro, salvo a tres. La eurozona goza también de otras dos muestras de corrupción antidemocrática: los lores monetarios no elegidos del Banco Central Europeo y el Eurogrupo, un organismo que no tiene estatus jurídico, pero que se encuentra entre las entidades más poderosas del sistema europeo.
La verdad es que no deberíamos hablar de la Unión Europea y la eurozona como entidades distintas, sino solapadas; es decir, de una Unión Europea con una integración fiscal y monetaria extrademocrática. Hay cuatro categorías distintas del pacto fiscal europeo: los miembros de la eurozona, los que no son miembros de la eurozona, los que tampoco lo son pero están sujetos a las disposiciones fiscales pero no a las de coordinación económica y los que no son miembros de la eurozona ni están sujetos a las disposiciones fiscales y de coordinación económica. Los tres miembros que se encuentran fuera del pacto se unirán en algún momento futuro y se les presiona para que lo hagan cuanto antes.
No se trata sólo de malas políticas que se podrían cambiar en el futuro; son tratados e instrumentos con carácter de tratado que transforman las mismas estructuras del Estado europeo, de tal manera que el neoliberalismo sólo puede intensificarse. Esto se debe a que los contratos entre Estados están por encima de la democracia bajo el principio jurídico Pacta sunt servanda; es decir, hay que cumplir los acuerdos. “Cada nuevo Gobierno debe cumplir los acuerdos contractuales de sus predecesores”, como dijo el ministro de finanzas alemán, Wolfgang Schäuble, después de la victoria electoral de Syriza en enero. "Las elecciones no cambian nada". El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, dijo al mismo tiempo "no cabe elección democrática en contra de los tratados europeos".
En otros lugares se señala al Consejo de Ministros o al Consejo Europeo como supuesta prueba de mandato democrático porque al menos los ministros, primeros ministros o presidentes se eligen en sus propios países. De hecho, no faltan los apologistas que perdonan a personajes como Angela Merkel y Wolfgang Schäuble bajo el argumento de que la democracia griega no puede quedar por encima de la democracia alemana. Pero el problema es precisamente el Consejo. Funciona como una cámara legislativa, parecido a un senado, pero no hay elecciones a este organismo. Es como si pudieras votar a tu diputado local, pero no se celebraran nunca elecciones generales.
¿Pero por qué representa esto un problema tan grande y por qué tiene consecuencias tan poco democráticas? Las elecciones generales –no locales o parciales para cubrir una vacante– son el requisito imprescindible de una democracia, por dos razones. En primer lugar porque los votantes necesitan con regularidad la oportunidad de 'derrocar' a sus gobernantes, no sólo a su representante local. En unas elecciones generales, si el candidato local ganador no es miembro del partido o coalición de partidos que gana en todo el país, los votantes locales podrán quejarse, pero aceptan la voluntad mayoritaria y tendrán que convencer a sus conciudadanos en los siguientes cinco años de que no tenían razón. Esto no es posible en la Unión Europea. En cambio, a los elegidos no les queda más remedio que adaptarse al consenso preestablecido.
En segundo lugar, los partidos que pretenden gobernar necesitan albergar cierto interés por apelar a todo el país o en este caso, a toda la Unión. Esto contrasta con los candidatos en los Estados Unidos donde los dos partidos apelan a los votantes de todos los Estados. Es decir, los mandatarios alemanes del Consejo no apelan a los votantes griegos. No les importa a los políticos alemanes lo que ocurre en Grecia porque los griegos no les votan.
Legitimidad secundaria
Estos fenómenos son las dos caras de la misma moneda: la rendición de cuentas, que es la base de un Gobierno representativo. La rendición de cuentas no es un 'asunto burgués', ni el objeto de fascinación de constitucionalistas liberales y de escaso interés para progresistas o radicales. A medida que las estructuras de gobernanza se van liberando gradualmente de las restricciones democráticas, son más vulnerables a la captación por parte de las élites. Sin los controles populares sobre el poder, los ciudadanos empiezan a sentir que no hay forma de cambiar a quien los gobierna que no sea mediante la revolución. Y no les falta razón.
Incluso Pascal Lamy, exjefe de la Organización Mundial del Comercio y excomisario europeo de Comercio, reconoce este problema, no sólo en la Unión Europea, sino en todas las estructuras de gobernanza transnacionales que han surgido en las últimas décadas. Observa una diferencia entre la legitimidad democrática primaria de las elecciones legislativas y la ‘legitimidad secundaria’ de estos nuevos organismos. "La legitimidad de las organizaciones internacionales sigue siendo intrínsecamente westfaliana. Se basa en la democracia del Estado y sólo prevé lo que llamo 'legitimidad secundaria' en oposición a la 'legitimidad primaria' conferida a la participación directa de los ciudadanos. El reto específico de legitimidad en la gobernanza global trata de la toma de decisiones a nivel internacional, percibida como distante, sin rendición de cuentas e incuestionable directamente".
Junto con la concepción de Lamy de la legitimidad secundaria, podemos añadir la del sociólogo polaco Zygmunt Bauman de una 'crisis de voluntad' en las relaciones internacionales para describir el actual callejón sin salida: "El matrimonio entre el poder y la política que se firmó en Westfalia ha quedado sin efecto. Mientras la política (la capacidad de decidir qué cosas deberían hacerse) se limita al Estado nación, el poder (la capacidad de que se hagan las cosas) se ha trasladado al ámbito supranacional. La consecuencia es una crisis de voluntad: los Estados están enredados internacionalmente y pierden su soberanía, mientras los mercados globales no se dejan ni aconsejar ni supervisar. Reducir la brecha entre el ámbito de la interdependencia y el alcance de las instituciones llamadas a servirla es el mayor desafío de nuestros tiemposf".
Este tipo de estructuras internacionales de gobernanza postdemocráticas proliferan hoy como malas hierbas en casi todos los campos de la política: desde el FMI, el Consejo de Seguridad de la ONU y el G7 a la convención marco de las Naciones Unidas sobre el cambio climático, la plataforma intergubernamental sobre la biodiversidad, los servicios del ecosistema e incluso la comisión ballenera internacional. Vivimos la construcción de una arquitectura de gobernanza global –sin duda necesaria teniendo en cuenta los problemas globales a los que nos enfrentamos– pero exenta de una democracia global.
Pero la Unión Europea es el organismo más desarrollado de todos los que padecen la legitimidad secundaria y por tanto merece mayor escrutinio. Y como hemos visto, la Unión Europea y no sólo la eurozona es una afrenta a las normas parlamentarias democráticas que la izquierda ha luchado por conseguir, defender y mejorar desde hace más de dos siglos. Sus estructuras no son reformables; de hecho, se vacunan contra las reformas progresistas.
Un enemigo común
La ruptura es por lo tanto necesaria. En el caso de Grecia, se llama Grexit y en el del Reino Unido, Brexit.
Sin embargo, las personas progresistas están algo confusas. En tiempos de crecimiento, los Gobiernos socialdemócratas distribuyen los despojos con más justicia que la derecha. En tiempos de crisis o estancamiento, es el dolor lo que distribuyen más justamente. Los partidos socialdemócratas nunca preguntan por qué hay crisis o estancamiento, ya que esto requeriría una crítica sistémica y extranacional, una crítica considerada inaceptable desde hace 25 años. Pero al mismo tiempo comprenden que no pueden cumplir su promesa histórica.
En una economía globalizada, la socialdemocracia de los años cuarenta a setenta ya no es posible, incluso en las grandes economías. La fuga de capitales y el sabotaje económico domarán rápidamente a un Gobierno de izquierdas. Sabemos esto desde principios de los años ochenta y la derrota del Programa Común de Mitterand, el último aliento del auténtico keynesianismo de la posguerra; es decir, una balsa de grandes obras públicas, un aumento importante de los gastos sociales, nacionalizaciones industriales y de la banca, reducción de la jornada laboral, ampliación de las vacaciones pagadas, jubilación a los 60 años y un impuesto solidario sobre el patrimonio. En las grandes economías como los Estados Unidos, China o Europa, un programa socialdemócrata tradicional podría todavía ser viable, capaz de resistir las hondas y flechas de los mercados globales, pero no lo sabemos con seguridad.
Grecia es la prueba de que en una economía globalizada, incluso los Gobiernos a la izquierda de la socialdemocracia como Syriza, deben capitular. Esta barrera infranqueable existe también para la izquierda extraparlamentaria; la acción comunitaria solidaria es necesaria, pero la práctica de la calle tiene claras limitaciones, por ejemplo, cuando no se puede comprar medicinas fabricadas en otro lugar. Para Grecia, imaginar que fuera de la eurozona los mercados podrían ser más amistosos que las estructuras de la Unión Europea es una quimera. La catástrofe está asegurada, sea dentro o fuera del euro o de la Unión Europea. El exministro de finanzas griego, Yanis Varoufakis, tenía toda la razón cuando avisaba de los peligros de Grexit, aun reconociendo que hasta cierto punto puede ser la única opción que queda.
¿Cómo, entonces, son reconciliables estos dos hechos: que la política nacional sea impotente y la necesaria ruptura con la irreformable Unión Europea? La respuesta es que la política nacional ya no es útil, incluso bajo la forma de un Syriza o sus homólogos en otras partes de Europa y que en el medio plazo los partidos europeos a la izquierda de la socialdemocracia tanto dentro como fuera de la Unión Europea deben fundirse en un único partido extranacional con un programa común: los Estados Unidos de Europa sociales y democráticos, reconstruidos de nuevo y desde abajo.
No existe foro parlamentario que pueda conseguir esto. El Parlamento Europeo, como hemos comentado, no tiene poderes de iniciativa legislativa. La falta de elecciones generales al Consejo descarta a este organismo como espacio de reforma. Sólo se conseguirá mediante una decisiva victoria paneuropea de las fuerzas sociales.
Y es aquí donde reside la esperanza en medio de la desesperación por la capitulación de Syriza: en las últimas semanas hemos visto la proliferación paneuropea de acciones de base comunitaria en solidaridad con la Grecia acosada y apaleada, incluso en Alemania. Han tenido lugar concentraciones, protestas y acciones directas populares de base en todo el continente, incluyendo la descarada proyección nocturna de la palabra 'No', Oxi, en el lateral del ministerio de finanzas alemán.
Éste es el germen de una nueva Europa. Somos testigos de la emergencia de una verdadera demos europea en el que millones de ciudadanos de la Unión Europea reconocen que tienen un enemigo común: las élites financieras y políticas de la Unión Europea. Si tales acciones pudieran avanzar desde las manifestaciones y protestas a acciones industriales transfronterizas en sectores clave y en nódulos críticos de la producción europea, puertos de energía y distribución, refinerías y aeropuertos, entonces quizás podamos empezar a imponer nuestra voluntad sobre las personas que actualmente nos obligan a someternos con tanta facilidad.
No hay otra alternativa que crear una izquierda internacional.

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