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viernes, 16 de diciembre de 2016

La guerra contra el dinero en efectivo. Parte II.

La guerra contra el dinero en efectivo. Parte II.

Bancos, gobiernos, compañías de tarjetas bancarias y evangelistas de la tecnología financiera quieren hacernos creer que el futuro sin dinero en efectivo es inevitablemente bueno. Pero esta utopía no carece de fricciones. Brett Scott relata por qué hay que luchar contra esto. Segunda parte del artículo La guerra contra el efectivo.

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La guerra contra el dinero en efectivo. Parte II.
Brett Garrett (CC)  
El uso de sistemas de comunicación de alta velocidad para ajustar información de código binario sobre quién tiene qué dinero puede que sea nuevo, pero el dinero contable, es tan viejo como el concepto de depósito de valor. Las piedras Rai de la isla de Yap eran tan enormes y tan imposibles de mover que, a pesar de parecer fichas físicas, eran una forma de depósito de valor. En lugar de ser movidas físicamente – como el dinero en efectivo – se mantenía un registro en la cabeza de la gente, acumulado en la memoria colectiva. Si la persona propietaria quería transferir la piedra a otra persona, editaban el libro contable simplemente informando a la comunidad. ¿Por qué mover la piedra física si simplemente se lo puedes decir a todo el mundo y que recuerden que la piedra “se ha movido” a otra persona? La principal razón por la que nos es difícil reconocer esta forma de registro colectivo como una forma de ausencia de efectivo, es que el libro contable es invisible e informal.
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Imagen: Scott Garrett
Sin embargo, una sociedad sin efectivo, se nos presenta como un progreso futurístico, en lugar de como una historia pasada. Algo que está de moda para los futuristas, emprendedores y los gurús de la innovación. A pesar de que sí se pueden identificar tendencias reales en los comportamientos y gustos sociales, también hay tendencias en el comportamiento y gustos entre los cazadores de tendencias. A estas personas se les paga por fichar cambios y por lo tanto reciben incentivos por dar bombo a cambios menores para que parezcan el final de la historia, nuevos yacimientos o revoluciones. Las comunidades innovadoras están siempre en peligro de perder su idiosincrasia haciéndose eco de las palabras de moda, convirtiendo las especulaciones de otros en certezas concretas. Estas fábricas de predicciones siempre producen las mismas frases: “en el futuro tendremos…” y “en el futuro no tendremos…”, por tanto en el futuro todos tendremos pagos digitales y en el futuro no tendremos efectivo.
Esta es la utopía presentada por la creciente industria de los pagos digitales, que espera convertir en profecía el perpetuo espejismo de la sociedad sin efectivo. De hecho, un truco clave para promover sus intereses es hablar de ellos como si fueran obvios e inevitables en su ejecución, lo que hace al resto sentirse idiotas por no reconocer el aparentemente inevitable cambio.
Para crear tendencia también es necesario presentar algo que la gente demande. Una frase como “en todo el mundo la gente se está cambiando al pago digital” no se dice para describir lo que la gente necesita. Se dice para decirnos lo que deberíamos querer y para hacernos sentir en sincronización con el resto. Por ejemplo, el fintech Fich Ricci invocando a los millenials con el extraño poder de su moral para definir el futuro. Les repulsa la corporeidad del dinero, y se sienten atraídos con los artilugios fintech. Pero esta gente, no es para nada gente real. Son un arma del arsenal de los departamentos de marketing para hacer sentir prehistórica a los demás. Hacen que no lo están provocando, simplemente respondiendo a las demandas de las nuevas generaciones.

Así que nos tragamos la campaña de Visa sobre el orgullo del Cashfree. Visa se las ingenia para crear esa vergüenza y hacernos creer que lo que queremos, es lo mismo que lo que ellos quieren. Si no lo quieres, simplemente recuerda que es un cambio inevitable, y que si no te vas a quedar atrás.
Pero este Nuevo Sistema va a dejar a muchos atrás. Está programado el incluir sólo a aquellos con acceso a las cuentas bancarias, y las cuentas bancarias están alojadas en corporaciones con ánimo de lucro que operan a esa escala. No tienen tiempo para idiosincrasias individuales. No pueden conseguir beneficios con las personas que no son fácilmente categorizadas y modeladas por una plantilla.
Así que buena suerte si sólo te encuentras a ti mismo en apariciones esporádicas en los libros oficiales del estado, si eres un migrante rural sin una fecha de nacimiento registrada, si no tienes familiares identificables o si no tienes DNI. Lo sentimos si no tienes marcadores de estabilidad, si eres un viajero convencido sin una dirección permanente, si no tienes teléfono o email. Disculpas si no tienes estatus, si te encuentras en la economía informal sin activos o con ingresos inestables. Condolencias si no tienes sellos oficiales de aprobación de los porteros oficiales, como certificados universitarios o registros de empleabilidad en una compañía formal. Adiós si tienes registros negativos de compromiso con instituciones reconocidas, o si estás en un registro criminal o de insolvencia.
Esto no es un problema menor. El Banco Mundial estima que hay dos mil millones de adultos sin cuenta bancaria, y aquellos que la tienen, frecuentemente se apoyan en la flexibilidad informal del efectivo en sus transacciones diarias. Estas personas están marcadas por ser incompatibles en el espacio de las instituciones formales. Son poco beneficiosos para que los bancos justifiquen el gasto de abrirles una cuenta bancaria. Esta es la economía gris, invisible para el sistema.
La economía gris no es sólo para la gente “pobre”. Somos cualquiera que no hayamos interiorizado la narrativa formal del estado-corporación de normalidad, y cualquiera que busque un estilo de vida fuera de la sociedad mainstream. El futuro presentado por los gurús de la innovación auto-creada no tiene sentido para la gente flexible, impredecible o invisible, ya que son los representantes el atraso. El futuro es un mundo de opciones de consumo interminables construido sobre una uniformidad digital inevitable de reglas automatizadas, un matrix donde no puedes existir ni pensar.
Volviendo a Ámsterdam, me vi con Ancilla van de Leest del Partido Pirata holandés. Ancilla sólo va a locales que aceptan cash, fiel a su creencia política de la privacidad individual frente a los ojos cotillas del estado-corporación.
Sería incorrecto asumir, sin embargo, que la principal preocupación de Ancilla es la vigilancia al estilo Gran Hermano. Es cierto que nuestros patrones de consumo rebelan mucho sobre cómo vivimos nuestro día a día. Las implicaciones sobre la privacidad de tener estos registros en una base de datos tan sólo están empezando a revelarse. Sabemos que la vigilancia de los pagos individuales ocurren por el interés del FBI y NSA (Agencia de Seguridad Nacional), pero la rutina de la vigilancia masiva podrían convertirse en norma. Imaginemos sistemas automáticos que se accionan por cualquiera que se vea envuelto en una serie de transacciones consideradas subversivas. Las autoridades estatales están obligadas a crear sistemas que revelen discrepancias entre tus patrones de gasto y tus beneficios declarados.
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Imagen: Scott Garrett
En las reuniones de los fintech en Londres, las excitantes visiones de una sociedad sin efectivo ahora vienen acompañadas de la alerta de que deberíamos pensar en el poder que les estamos dando a aquellos que controlan el sistema. No sólo los intermediarios de pagos pueden ver cada vez que pagas por el acceso a una web porno, sino que tienen la capacidad de censurar tus transacciones, como en el caso en el que Visa, PayPal o MasterCard trataron de ahogar WikiLeaks rechazando procesar las donaciones de la gente. Podríamos imaginar escenarios aberrantes de ciencia ficción donde un régimen teocrático escribe decretos para que los procesadores de pagos bloqueen cualquiera que trate de comprar un libro considerado sexualmente subversivo. Dichos decretos podrían ser puestos en funcionamiento mediante un código, con subprogramas que activen cierres de seguridad inteligentes para mantener a los malhechores bajo arresto domiciliario mientras les cobran una multa de manera automática en su cuenta bancaria.
"La proclamada Muerte del Efectivo es un episodio de un drama mayor, la Muerte de la Privacidad, así como de los comportamientos informales y no auditables"

Estas distopías automatizadas deberían ser evitadas. Así que una pequeña dosis de paranoia sobre los pagos digitales es un impulso sano, aunque sea injustificado. 
Pero este no es exactamente el punto. Lo que es más importante para Ancilla y para mi es la amenazante sensación de un observador externo que nos “asiste”, “guía” o “ayuda” en la vida, siguiendo o registrando nuestros movimientos para influir sobre nosotros. El observador no es una sola entidad. Es un conjunto colectivo que se construye por fases incrementales a través de startups y compañías alrededor del mundo mientras nosotros nos tomamos un café. Lo sentimos infiltrándose cada vez más profundamente en nuestras vidas. Una malla de aparatos conectados, cookies y sensores. Si lo concebimos como un padre benevolente o como los ojos amenazantes de un tirano, no importa. El hecho es que esos ojos tienen la capacidad potencial de vigilarnos, todo el tiempo.
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Imagen: Scott Garrett
La proclamada Muerte del Efectivo es un episodio de un drama más amplio, que es el drama de la Privacidad, la muerte de tener un espacio para respirar, la muerte de la posibilidad de comportarnos sin ser medidos o auditados. Cada acción que lleves a cabo será vinculada para siempre a tu personaje digital, acompañado por un rastro de datos extensible hasta el día de tu nacimiento. Nos enfrentamos a una generación completa de personas que no saben lo que es no estar vigilada.
Para muchos economistas, la Guerra del Efectivo será resuelta por su dios favorito: el mercado. Esta fuerza prevalece cuando la maximización de la utilidad de los productores y consumidores se organizan alrededor de elecciones racionales basadas en la perfección de la información que tienen sobre sus opciones, y con la total libertad de elegir si pueden, o no pueden llevar a cabo esas opciones. Si las transacciones de los pagos digitales reducen los precios, entonces el efectivo morirá. 
El reino prístino de la teoría del mercado es inadecuada para valorar las dinámicas de esta situación. Nuestra percepción de qué constituye una opción legítima no se genera en un espacio vacío. Nacemos en estructuras sociales de poder que nos indican qué es la normalidad, y nos señala si no elegimos “correctamente”.
Probablemente seas un rebelde que desafía las normas culturales vigentes, pero esas normas están creadas por aquellos que detentan el poder financiero y mediático. En este momento, el soporte de la propaganda que ensalza las ventajas a corto plazo de los pagos digitales está disolviendo nuestros impulsos críticos y reconformando nuestro ADN cultural. ¿Quién está pensando en las implicaciones a largo plazo acerca de construir nuestras vidas en torno a estos sistemas, y encerrarnos en una dependencia directa de los mismos? 
Al contrario que una batalla que utiliza la violencia, la hegemonía es el ejercicio de poder que lleva a la gente a creer en ello, a verlo como inevitable, irrefutable y normal. El plan de Visa de cuatro años es uno de esos ejercicios, y una vez que lo hayamos internalizado, elegiremos ayudarles a construir su poder. Nos sentiremos extrañamente tranquilos viendo al Alcalde de Londres llevando la publicidad de MasterCard, descargaremos el ApplePay como un niño aturdido aceptando un regalo.

Nos enfrentamos a una generación completa de personas que no saben lo que es no estar vigilada.

Preparémonos para la Guerra del Efectivo. Recordemos que esto no va de una nostalgia romántica de los billetes de 10 con la cara de la reina. Esto va de mantener alternativas ante la asfixiante higiene del panóptico digital construido para servir a las necesidades de los comerciantes burócratas que maximizan el beneficio, reducen costes, monitorean a los clientes, controlan y predicen nuestros comportamientos. Los alemanes están en ello, junto con los criminales, los mendigos, las personas que se ganan la vida en la calle y el ejército de gente cuyas vidas nunca serán valoradas con cinco estrellas por el sistema de reputación mainstream.
Tenemos que crear alianzas con los proveedores de los sistemas monetarios no bancarios, y sí, debemos mantener la opción de poder pagar con tarjeta. Porque la lucha está precisamente en eso: en las opciones.
Artículo traducido por Genoveva López y Carlos Saavedra
El Salmón Contracorriente

La guerra contra el dinero en efectivo por qué hay que luchar contra esto.


La nueva utopía vigilante
5 de diciembre de 2016

La guerra contra el dinero en efectivo

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Bancos, gobiernos, compañías de tarjetas bancarias y evangelistas de la tecnología financiera quieren hacernos creer que el futuro sin dinero en efectivo es inevitablemente bueno. Pero esta utopía no carece de fricciones. Brett Scott relata por qué hay que luchar contra esto.

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La guerra contra el dinero en efectivo
Scott Garrett (CC)  
Hace unos meses me quedé en un hotel poco convencional en Ámsterdam que fabricaba su propia cerveza y que no aceptaba dinero en metálico. En lugar de aceptar dinero líquido me obligaron a usar mi tarjeta Visa, para que mi banco en el Reino Unido transfiriera 4 euros a su banco holandés, a través del complicado sistema de Corresponsalía Bancaria.
Estaba allí para apoyar la campaña de libertades civiles de Ben Hayes. El personal del hotel pensó que estábamos muy irritados por la política anti-cash y por las tasas internacionales que tendríamos que pagar, pero no era eso. Nuestra preocupación era más intuitiva. Lo que nos preocupaba era la imagen de un futuro donde tendríamos que rendir cuentas al banco sobre cualquier movimiento bancario que hiciéramos y el efecto que esto podría tener sobre las personas que no están insertadas en el sistema.

Imagen: Scott Garrett
“Una sociedad sin efectivo” es un eufemismo para referirse a “una sociedad pídele-a-tu-banco-permiso-para-pagar”. En lugar de que exista un intercambio directo entre mi banco y yo, el intercambio toma la forma de un “que tu gente hable con mi gente”. Varios intermediarios hablan para realizar un intercambio entre nuestros respectivos bancos. Quizás sería un opción conveniente en algunos casos, pero en una sociedad sin efectivo dejaría de ser una opción. No tendríamos ninguna elección posible aparte de conformarnos con la burocracia de los autómatas intermediarios, dándoles muchísima información y muchos datos sobre la microtextura de nuestra vida económica.
Nuestras preocupaciones, sin embargo, no están de moda. Sin ninguna declaración explícita, la Guerra al Efectivo ha empezado. Los partidarios de los sistemas de pago digital, apoyados por la tecnología, proclaman la inminente Muerte del Efectivo. Suecia es el líder en conseguir este estado, pero Reino Unido también va en camino. Los autobuses de Londres dejaron de aceptar dinero en efectivo en el año 2014, pero aceptan las tarjetas contactless (sin contacto) MasterCard y Visa.
“Una sociedad sin efectivo” es un eufemismo para referirse a “una sociedad pídele-a-tu-banco-permiso-para-pagar”
Cada transacción en efectivo que hacemos es una transacción donde los intermediarios como Visa no ganan nada. Este es el motivo por el que tiene un interés especial en hacer que el cash parezca superfluo y criminal. En 2016, Visa Europa lanzó su campaña “Sin efectivo y Orgullosos”, para informar a los propietarios de tarjetas que “puede hacer un pago con su tarjeta Visa contactless con tranquilidad y sentirse liberados de la necesidad de llevar dinero”.
La nota de prensa de la compañía afirmaba que la campaña “era el último paso de Visa Reino Unido en su estrategia a largo plazo de convertir el dinero en “innecesario” para el año 2020”.
Ahí está. Esta es su estrategia para hacernos sentir extraños con el dinero en efectivo. La propaganda es una de las armas claves en la guerra, y todos los bandos se presentan a sí mismos como libertadores. Visa se establece como un salvador paternalista que nos asegura – como si fuéramos un bebé dando los primeros pasos- que nos sentiremos satisfechos liberándonos a nosotros mismos los límites que impone la dependencia del efectivo. La tecnología Visa nos proporciona libertad sin dependencias o peligros.

Imagen: Scott Garrett
A Visa se le han unido otros propagandistas. En 2014 Penny for London se hizo presente. Un grupo aparentemente altruista se estableció gracias al Fondo del Alcalde de Londres y Barclaycard, usando una fundación como gancho para que la gente se cambiara a las tarjetas contactless en el metro de Londres. PayPal llenó ciudades con vallas anunciando que “el nuevo dinero no necesita carteras”, junto con un vídeo que proclamaba: “el nuevo dinero no es papel, es progreso”. Las campañas de manipulación como “No Cash Day” están apoyadas por American Express, y señalan que en la guerra anti-cash el importante impacto ambiental de los billetes. Otras tácticas incluyen señalar que los criminales usan efectivo, que fomenta la economía gris, que es poco seguro y que facilita la evasión de impuestos.
Estos argumentos tienen notables limitaciones. Los criminales utilizan muchas cosas que la sociedad mantiene – como los coches - y el combate del crimen no las toma como prioridad. La “economía gris” es un término despectivo utilizado por las élites para describir las actividades económicas de las personas que ni preocupan a estas élites. En relación con la seguridad, que nos roben la cartera es un mal menor en comparación a tener nuestros ahorros anulados en una cuenta digital. Respecto de la justicia fiscal, mejor empezamos a auditar la evasión fiscal masiva de las grandes corporaciones facilitadas por el sector bancario formal.
"La Muerte del Efectivo significa el Surgimiento de Otra Cosa"
El rasgo peculiar de esta guerra es, sin embargo, que sólo un lado está luchando. Muy pocos grandes medios defienden el dinero en efectivo. Se da por sentado que el dinero digital es una utilidad pública, mientras que las plataformas de pago digital están dirigidas por compañías privadas con el interés de inundar los medios con sus mensajes clave. Cuando luchan en esta guerra, su objetivo son nuestras creencias culturales sobre el efectivo, y la creencia de que su suministro debería ser un derecho público.
El gobierno del Reino Unido no se plantea defender ese derecho, y está en connivencia con la industria de los pagos digitales. Su posición está apoyada por el economista Kenneth Rogoff en su nuevo libro “La Maldición del Efectivo”. El autor argumenta que, aparte de facilitar el crimen y la evasión fiscal, el efectivo dificulta a los bancos centrales el establecer tasas de interés negativo. Sin efectivo, todo el mundo estaría obligado a mantener su dinero en forma de depósitos bancarios digitales. Esto implicaría que durante las recesiones los bancos centrales podrían usar el sistema bancario para capturar los depósitos de sus clientes utilizando cargos negativos, inspirándoles a gastar en lugar de ahorrar.
El consenso emergente entre las élites políticas y económicas es que ésta es la dirección a seguir, pero para conseguir esto es necesario una erosión de la resistencia civil gota a gota. Los corazones y las mentes de la gente deben ser imbuidos del concepto de que este cambio representa un progreso inevitable y deseable.
Cualquiera que defienda el dinero en efectivo en este contexto será tachado de anti-progresista, de reaccionario o de ludita nostálgico. Pero no es por este motivo por el que debemos defender el efectivo. Tenemos que poner las fuerzas en señalar que la Muerte del Efectivo significa el Surgimiento de Otra Cosa. Lo que está encima de la mesa es una batalla más amplia sobre mantener o no alternativas al panóptico digital que está emergiendo a nuestro alrededor.
"Mucha de la “disrupción” fintech simplemente implica poner capas más ligeras al viejo emperador".
Para entender este conflicto, tenemos que ir hacia atrás en el tiempo. Una transacción monetaria implica que hay bienes y servicios que están siendo intercambiados por fichas que dan un acceso general a bienes y servicios de otras personas. El dueño del bar me da cerveza por la noche si le doy estas fichas que le permiten obtener cigarros en el estanco por la mañana.
Hay dos formas de implementar esta idea.
La primera es dar fichas de una manera física. En este escenario, “hacerse rico” significa acumular esas fichas físicas y “hacer un pago” significa entregárselas a alguien. Esto es el dinero entendido como depósito de valor, lo que significa que ninguna persona guarda un registro de quién lo posee. Sin embargo, quien lo tiene, lo posee. Esto sería una cartera llena de billetes. Esto es el dinero en efectivo.
Por otro lado, existen los libros de contabilidad. Alguien establece una base de datos con líneas asignadas a personas diferentes. Este libro se utiliza para llevar un registro de quién tiene fichas. Estas fichas no tienen una forma física y adquieren vida cuando se anotan. Son “datos corpóreos”, y se intercambian cuando se cambia el registro. El contable lleva una contabilidad de qué dinero es atribuido a cierta persona, llevando el registro de cada línea asignada. En este sistema “hacerse rico” significa acumular un registro alto en la cuenta. “hacer un pago” implica que el contable identifique a una persona en el libro mediante sistemas de comunicación y pedirle al contable que edite la línea contable del que paga y del que cobra. 
¿Te suena familiar? Esta es tu cuenta del banco.

Imagen: Scott Garrett
Los antiguos bancos utilizaban los libros contables para llevar la contabilidad, pero los bancos modernos utilizan bases de datos digitales alojadas en enormes centros de datos. Se interactúa con ellos a través del portal de internet del banco, la aplicación del móvil o yendo a la sucursal. Este procedimiento no es una cuestión menor en el sistema monetario. En torno al 90% del dinero del Reino Unido no existe físicamente, sino que son apuntes contables en bases de datos bancarias.
Sobre esta estructura subyacente, las compañías de pago con tarjeta como Visa, construyen sus operaciones. Manejan situaciones donde una persona con una cuenta bancaria va a una tienda donde la tendera tiene una cuenta bancaria. En lugar de que el dueño del bar me dé sus datos de cuenta bancaria para una transferencia manual, mi tarjeta manda mensajes a través de la red Visa para que automáticamente, se cambien los registros contables en nuestras respectivas cuentas.
Muchas startups fintech – tecnología financiera- están especializadas en encontrar maneras para mejorar, gamificar u optimizar los elementos de esta estructura subyacente. Por eso, ahora podemos usar un lector de huella dactilar para autorizar cambios en la base de datos del banco. Mucha de la “disrupción” fintech simplemente implica poner capas más ligeras al viejo emperador.
Artículo traducido por Genoveva López y Carlos Saavedra.

Los más de dos millones y medio de ahorradores de la Cuenta 1|2|3 se van a encontrar en 2017 con un coste “inesperado”

Los más de dos millones y medio de ahorradores de la Cuenta 1|2|3 se van a encontrar en 2017 con un coste “inesperado”
Nuevos tiempos, viejas costumbres en el Santander

CTXT


Ana Patricia Botín. LUIS GRAÑENA
El banco Santander vuelve a estar en el foco de la actualidad y no precisamente por dar buenas noticias. En realidad, se trata de dos cuestiones bien diferentes que afectan a dos tipos de clientes distintos pero que en el fondo beben de los mismos procedimientos, cuando menos, discutibles. Por un lado, los más de dos millones y medio de ahorradores que han suscrito la Cuenta 1|2|3 se van a encontrar, a partir de febrero de 2017, con un coste “inesperado” más mientras que, por otro lado, la Justicia ha dado la razón a varios clientes de banca privada que se querellaron contra el banco por un mal asesoramiento.
El primero de los casos no nos debe llamar a engaño. Después de lanzar un producto tremendamente ambicioso desde el punto de vista financiero como es la Cuenta 1|2|3 no han tardado ni un año y medio en reconocer que, en términos de negocio, no les compensa y que, por tanto, necesitan ingresar más dinero en comisiones para que la operación tenga un efecto netamente positivo en su cuenta de resultados.
Obviamente, estos ingresos mayores en comisiones vienen de exprimir más al cliente obligándole a activar una de las cláusulas que hasta ahora era de contratación voluntaria y que se convierte en obligatoria, una tarjeta de crédito que supondrá otros 36 euros más al año en comisión. Es decir, el banco realmente no incumple su contrato sino que “activa” cláusulas ya existentes y abre la puerta a los clientes descontentos a pasarse a otros de sus productos pero que también soportan cuantiosas cargas en comisiones.
Ante este “hachazo” (que puede ser más o menos gravoso según la capacidad adquisitiva del cliente), ¿cabe lamentarse ante ello y protestar una vez más por mala praxis bancaria? Sin duda, no es tiempo de volver a viejas excusas como “yo no me leí la letra pequeña”, “no me contaron esto” o “confiaba en el empleado que me hizo la gestión”. La historia financiera de España de los últimos años está plagada de estos casos. Desde el mismo momento de su salida al mercado, nuestra postura fue muy clara: pedir cautela a los lectores que veían las ventajas de la cuenta (que sin duda las tiene) pero no los inconvenientes y, por supuesto, poner encima de la mesa las dudas tanto conceptuales como regulatorias que planteaba este producto.
Este es, sin duda, el comienzo de una extensión clara y directa de la cultura financiera en un país que en su mayor parte no la tiene. Siempre hay que pensar que la rentabilidad (ese 3% famoso, claramente muy por encima de cualquier otra remuneración del mercado con tipos de interés cercanos al 0%) no es algo que vaya solo, sino que forma parte de un binomio rentabilidad-riesgo cuya percepción y entendimiento sólo se consiguen estando bien asesorado y conociendo tanto las ventajas como los inconvenientes de la inversión.
Por ello y por primera vez en los medios de comunicación, se advirtió claramente de los problemas que a futuro podrían ser generados por esta Cuenta y de los problemas que al propio banco le causaría por tratarse de una apuesta demasiado arriesgada que se llevaría por delante más del 15% de su margen de intermediación. Este es sólo el primer paso y probablemente haya más en el futuro inmediato hasta incluso materializarse en una rebaja de la rentabilidad del producto, como ya pasó en UK.
En el otro lado de la escena, aunque sea para clientes con más patrimonio y supuestamente con un conocimiento financiero más extenso que el cliente medio, también se repiten los mismos usos y costumbres. Hacer un mal asesoramiento financiero a sabiendas y con conflicto de interés puede provocar grandes pérdidas en los clientes como así ha señalado la sentencia de la Sala Primera del Tribunal Supremo. Da igual que sea por la compra de unas acciones (como es el caso) o por cualquier otra operación financiera.
Por mucho que la regulación avance hacia exigencias como la de explicitar si existe conflictos de interés o la de probar si es independiente o no el asesoramiento financiero, probablemente no será suficiente para atajar este tipo de malas prácticas bancarias, aunque sí sirva en parte para poner coto a algunos de estos procedimientos. Con un coste burocrático que crecerá como la espuma, los agentes financieros se ven obligados a realizar pruebas de conveniencia, idoneidad y a dar toneladas de información para intentar asegurarse de que el cliente conoce los riesgos.
Sea de una forma o de otra, se necesita mucha pedagogía y responsabilidad individual para no repetir hechos como los que hemos descrito. Y, sin duda, resulta imprescindible leer antes de firmar cualquier producto financiero. Es necesario tener mucho cuidado con productos que parecen a primera vista “inofensivos” como es el caso de la Cuenta 1|2|3 para minoristas o una “simple” cuenta de valores para clientes de banca privada que pueden contener cláusulas y condiciones que pueden hacer descarrilar nuestras finanzas y, por ende, la tranquilidad de nuestro patrimonio.
Javier Santacruz Cano es economista socio de China Capital y profesor de IEB.
Fuente: http://ctxt.es/es/20161207/Politica/9901/Banco-Santander-Cuenta-1%7C2%7C3-costes-riesgo.htm

La Economía Mundial en 2017; incertidumbres y retos



Pablo García



El clima de incertidumbre económica y política reinante amenaza con debilitar la ya de por sí frágil recuperación de la economía mundial en 2017. Son cuatro los factores claves que están sembrando de dudas las perspectivas de futuro a medio plazo: la decisión de Reino Unido de abandonar la Unión Europea, la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, el proceso de reajuste en curso de la economía china y la persistente caída de los precios de las materias primas.

En su outlook de octubre, el Fondo Monetario Internacional estima un crecimiento de la economía mundial del 3,4% para 2017. Sin embargo, los pronósticos son inciertos y varían significativamente según las regiones. En términos generales, respecto a las economías avanzadas existe el riesgo de un prolongado estancamiento económico, caracterizado por una débil demanda agregada, alto desempleo y baja inflación, que tendría consecuencias muy negativas sobre el bienestar social. Al mismo tiempo, problemas heredados de la crisis como la vulnerabilidad del sector financiero, los fuertes desajustes en las cuentas públicas o el alto desempleo son motivo de graves temores.

Respecto a las economías emergentes, se debe prestar especial atención a China y su proceso de reajuste en curso. El ascenso meteórico del gigante rojo en las últimas décadas ha ido acompañado de fuertes desequilibrios estructurales. Conocedor de la situación, el gobierno se ha comprometido a un nuevo programa de reformas con el objetivo de reducir el rol del estado en la economía, fomentar la investigación y la innovación, impulsar el consumo interno, expandir el sistema de seguridad social y mejorar la gobernabilidad y el estado de derecho.

No obstante, un proceso de reestructuración de tal magnitud conlleva retos y dificultades más que notables. En particular, a pesar de que los beneficios ulteriores son innegables, en el futuro inmediato podemos esperar efectos negativos transitorios como caídas en el empleo y la producción. Sin duda, esta transición podría presentar sobresaltos inesperados tanto para China como para la economía global. Otra fuente de preocupación es la capacidad de adaptación de las economías exportadoras de materias primas, principalmente de petróleo, a una caída persistente de los precios de las mismas.

Los riesgos de origen no económico continúan también en 2017 en primer plano. En primer lugar, el auge de los movimientos anti-establishment en las sociedades avanzadas es alarmante. Estos movimientos han sabido empatizar con una sociedad decepcionada con la clase política tradicional y con un sistema que ha cargado sobre los más débiles sus consecuencias en forma de austeridad y recortes. Hoy en día representan un riesgo real para la estabilidad social y política de la economía mundial al mismo tiempo que obstaculizan los esfuerzos orientados a abordar los desequilibrios estructurales a largo plazo.

En segundo lugar, el futuro de varios países, principalmente en Oriente Medio, se verá fuertemente condicionado por el desarrollo de conflictos armados internos y la lucha contra el terrorismo. Como señala el FMI, podría tener importantes ramificaciones transfronterizas.

Siempre es muy arriesgado hacer pronósticos pero en este caso la gran incertidumbre política, especialmente en el seno de la Unión Europea, el retraso en la resolución de los problemas heredados de la crisis y las fuertes tensiones geopolíticas hacen de cualquier predicción una aventura.

En materia de política económica la prioridad debe ser reforzar las perspectivas de crecimiento mediante la aplicación de medidas estructurales. No obstante, las autoridades deberán estar preparadas para hacer frente a eventuales tensiones financieras o shocks inesperados en 2017 que pongan en peligro la ya de por sí débil recuperación de la economía mundial.

Todo un golpe de Estado financiero contra el bolsillo de los italianos y los europeos

Quebró la banca italiana



En medio de la nocturnidad de un domingo, con la apatía cómplice de un fin de semana y con el inmoral juego al despiste de la prensa, la UE y el estado italiano deciden, en esta madrugada del lunes, cargar a los ciudadanos las catastróficas pérdidas de la quiebra del 3° banco del país, el Monte dei Paschi de Siena. Y todo su sistema desnuda una fragilidad de arena al borde del colapso generalizado.
Todo un golpe de Estado financiero contra el bolsillo de los italianos y los europeos
El obligado rescate se realizará con fondos del presupuesto del estado (O sea con dinero de los contribuyentes) y con emisión monetaria indirecta del Banco Central Europeo (O sea, con más deuda pública para las futuras generaciones).
Y aún falta por conocer el brutal castigo social a que serán sometidos los ciudadanos que nada tuvieron que ver con este vaciamiento corrupto del sistema bancario, acompañado de una desastrosa gestión y del error de políticas perniciosas para la gente.
Es otra de las tantas y sonadas consecuencias de una atroz y lapidaria política económica de especulación, vaciamiento de la producción, expolio de los patrimonios públicos y castigo a la ciudadanía.
Una consecuencia más de 25 años de deriva y caos financiero provocadas por los centros de poder, en la concentración de riquezas, aplastando a la sociedad con el empobrecimiento generalizado y el chantaje crónico con mensajes de terror y caos.
En el mismo día de este atropello, y cuando se cumple justo una semana del furibundo rechazo electoral y popular a estas políticas, el propio sistema, con directrices expresas de Alemania, nombra por decreto a un nuevo gobierno tecnócrata en Italia, otro más sin pasar por las urnas. Un perfecto calco de continuidad del defenestrado hace casi nada de días. Mateo Renzi sigue al poder, a la sombra, pero con su gabinete mandando.
Una auténtica burla a las voluntades de las urnas
El Monte dei Paschi de Siena es el banco más antiguo del mundo. Fue fundado en 1472 con fondos públicos y con el formato de «Monte de Piedad», el embrión histórico de las que luego fueran las futuras cajas de ahorro, que durante siglos dieron un fundamental soporte al funcionamiento económico de los pueblos.
Durante más de 500 años, estas cajas de ahorro fueron la única alternativa a los usureros y a la prepotencia de banqueros inescrupulosos.  Soportaron guerras, revoluciones, dictaduras, tiranías, genocidios, cambios de modelos económicos y todos los rigores del paso del tiempo. Fueron administradas por todo tipo de personajes públicos y privados, políticos o religiosos, ignorantes o cultos, tramposos o decentes, y entre ellos, los eternos obsecuentes al poder y a la corrupción. Pero sin embargo, las cajas sobrevivieron a todo y a todos durante siglos. Fueron inmunes porque eran «los bancos del pueblo».
Pero llegó LA GLOBALIZACIÓN y acabó con ellas. Se impuso, en el ambiente bancario la repugnante cultura de la avaricia, la tiranía de la especulación, el crecimiento permanente y desesperado, la timba de las inversiones burbujeantes y el abandono de las tradicionales funciones y metas de los bancos.
Ha muerto definitivamente la caja de ahorros más vieja del mundo. O lo que quedaba de ella. Hace poco pasó lo mismo con Caja Madrid, de 300 años de historia. Y el mundo sigue andando. Y la prensa sigue mintiendo.
El sistema consigue así absorber a su más honesta competencia, en un sector donde la honestidad es la gran ausente y a la vez da otra cruel vuelta a la tuerca de la asfixia financiera mundial.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Trump, un cambio de estrategia del capitalismo





Desde la época del capitalismo burgués, el ejercicio político prácticamente ha sido encomendado a profesionales de la política, salvo en casos puntuales que surgen como anécdota, simplemente para alimentar la voluntad de poder individual, no satisfecha con la distinción basada en la pertenencia a la clase superior. El capitalismo ha dirigido los hilos durante siglos, situándose en la trastienda del negocio, a través de empleados fieles a la doctrina, permitiendo que vuelen libremente dentro de los límites fijados por el sistema. La cuestión es que, si gozan de un cierto grado de libertad positiva y habida cuenta del significado asignado al ejercicio del poder oficial, ¿no sucederá que acaben por gobernar con independencia? Para evitarlo, ya desde aquella época, se construyeron dos sólidas limitaciones al ejercicio de la voluntad de poder -antes había una meramente simbólica, a la que Maquiavelo llamó razón de Estado-, se trataba del sometimiento a las normas del ordenamiento jurídico y pasar por el sufragio periódico -no necesariamente por sus resultados-. Con lo que la posibilidad de caminar por libre se estrechaba.
Por otra parte, el arraigo del sentido institucional frente al personalismo, convirtió al Estado en soberano del ejercicio político, es decir, en empleador de los políticos. De ahí que su actividad se venga centrando, primero, en acceder a un puesto en el organigrama mediante la lucha de partidos y, segundo, en hacerlo vitalicio. En contraprestación se les abonará un salario digno. El acceso responde a las estrategias ideológicas propias de la lucha política, con la mirada puesta en el ejercicio del poder. La conservación pasa por la habilidad del individuo para reaccionar ante las circunstancias cambiantes y adaptarse a ellas. De todo esto le queda el poder personal residual que aún permite satisfacer la voluntad de poder. En tales condiciones, la actividad del político aparece definida en términos de burocracia, su patrón es el Estado, los individuos, sus administrados u objeto sobre el que ejerce el poder, mientras que el capitalismo y las masas se definen en el sistema como sus jefes. No hay que dar al término burócrata un sentido peyorativo porque no lo tiene, ya Weber dejó meridianamente claro que burocracia en sentido técnico, si bien acusa el problema de la lentitud, suele ser segura y eficaz.
La política burocratizada viene siendo la representación de la tendencia seguida por la política práctica a lo largo de los dos últimos siglos, auspiciada por un capitalismo centrado en dirigir la actividad económica, pero en el presente parece intuirse un cambio de postura por parte del capitalismo dirigente. Una de las causas que se puede apuntar es que el proyecto de mundialización de la economía, en el que el capitalismo basa sus recursos, se ha desbordado de los cauces previstos. El vender y especular sin limitaciones, arrasando cuanto se presenta como obstáculo o explotando lo que pueda ser objeto de explotación, ha llevado al capitalismo a entregarse a la irracionalidad desde el punto de vista de los espectadores, aunque sea simple racionalidad para sus intereses. Las masas reclaman regulación, y la burocracia de los Estados hegemónicos, influenciada, de un lado, por el interés electoral y, de otro, por la conservación del estatus político, han mostrado cierta disposición a llevarla a la práctica. Esto supone aumentar las funciones del aparato estatal. Tales funciones han superado las primitivamente asignadas al Estado guardián del orden, asumiendo demasiadas competencias con la creación del Estado benefactor, todavía más al ascender a la condición de Estado moderador. La consecuencia para la política es que maneja un operativo colmado de funciones, lo que deriva en un incremento de ese poder residual.
En conclusión, ponderando su dependencia electoral y las atribuciones asumidas, empieza a ser un riesgo para el capitalismo, aunque todo su funcionamiento esté en manos del capital financiero. Como el eje de la política, los partidos, depende para su financiación del capital -entre otras dependencias que no es menester considerar ahora-, en este punto no habría problemas de fidelidad. Sin embargo, los mismos argumentos que en su día surgieron para limitar la voluntad del poder -el Derecho y la democracia representativa-, hoy se presentan como obstáculos para el capitalismo. La racionalidad jurídica no puede ser disfrazada, tiene que descender al terreno real, donde encuentra las bases para su funcionamiento, y aquí se exige poner límites a la sinrazón capitalista. Las masas, conforme progresan en calidad de vida, se vuelven menos tolerantes en algunos puntos y reclaman, además de bienestar, coherencia. Ambos resultan ser un problema que pesa sobre la dependencia a través de la financiación, porque son un componente decisivo a los efectos de mantenerse en activo como político percibiendo la nómina mensual y obteniendo los réditos personales del ejercicio del poder residual. En conclusión, la política burocratizada ya no tiene motivos para ser servil en exclusiva con el capitalismo, porque seguramente ponderen más los resultados de las urnas que el dinero.
En la política global, basada en la publicidad empresarial y la cultura industrializada, de la que hablaba Habermas, se ha recaído en la práctica de las creencias, frente a las tesis de racionalidad y utilidad que estableció el capitalismo. Pero las masas, aun contando con la ilustración dirigida desde la propaganda gubernamental, a veces despiertan del letargo, movidas por la realidad existencial que, por otra parte, no le interesa gran cosa al gran patrón si no ofrece rendimiento directo. Tal es el caso de tener que compartir la tarta del bienestar con extraños en el plano nacional. Si el tema se airea y azuza por los ideólogos contestatarios -ahora se llaman de derechas-, que aspiran a ocupar posiciones en el organigrama estatal como ejercientes del poder, aparecen los primeros signos de oposición a la política oficial. En definitiva de lo que se trata, primero, se quiere estar a los beneficios derivados de la globalización, siempre que sean directamente perceptibles para el Estado-nación y no se dilapiden por el Imperio; segundo, se exige que tales beneficios repercutan sólo en los nacionales -estar fuera para lo malo y dentro para lo bueno-. La crisis de la idea imperial dirigida por la burocracia tiene un primer exponente práctico en los resultados del brexit. Aunque sin duda calculada por el capitalismo, a la política le cogió por sorpresa y ha dejado tocado una parte del poder residual asumido con la práctica del neoliberalismo, pero el capitalismo aspira a más que una simple llamada de atención a la política burocratizada.
Parece que el capitalismo no está por la labor de dejarse conducir por veleidades políticas de los que basan su poder en la dependencia de la nómina estatal. Inevitablemente la acción tiene que partir del Estado hegemónico desde el que se ejerce la realidad imperial, sede de la elite del poder capitalista, para que surta efectos a nivel global. Sus nacionales han votado y al final han descubierto el resultado de la votación. Estamos ante esa realidad dominante expresada en el caso Trump, en el que el capitalismo ha bajado a la arena política y ha descolocado a la política oficial. En primer término, ha situado en la escena electoral a uno de los suyos, un capitalista de clase, es decir, ya no se trata del político profesional asalariado del sistema, sino de un representante directo del poder real. Para reafirmar su posición como capitalista, el presidente electo no oculta su condición y la confirma renunciando a su salario como futuro presidente de USA e incluso, ya por una cuestión de imagen, deja aparcada su condición de capitalista ejerciente en tanto mantenga la presidencia. Finalmente, su equipo se nutre de aquello que Wright Mills llamaba la elite del poder. El capital que se decía estaba con su rival político, resulta que ahora celebra en Wall Street, como nunca lo ha hecho, el triunfo del candidato elegido. Pese a lo dicho, no puede evitarse que surja una duda ¿será realmente un cambio de estrategia del capitalismo para poner orden frente al avance de la burocracia política del Imperio?
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

La crisis italiana puede generar una nueva crisis del euro

Rescate del "Monte dei Paschi di Siena"
La crisis italiana puede generar una nueva crisis del euro

El salmón contracorriente


Con el posible rescate del tercer banco italiano y la dimisión de su Primer Ministro, Italia se encuentra en una delicada situación que podría arrastrar al resto de Europa a otro episodio de la crisis financiera. El economista Sergi Cutillas nos explica los puntos claves en este artículo.
El domingo 4 de diciembre el pueblo italiana voto NO en el referéndum sobre el cambio constitucional que pretendía centralizar poder y favorecer la gobernabilidad de la República de Italia en mayor sincronía con los mercados financieros. Los inversores privados que se habían comprometido hace unos meses a poner 5.000 millones de euros para recapitalizar el banco Monte dei Paschi di Siena (MPS) -tercer banco italiano por volumen de activos y en quiebra técnica desde 2014- si la propuesta de Renzi en el referéndum tenía éxito retiraron su compromiso después de la derrota. Esta situación genera un riesgo sistémico para la banca italiana, por lo que debió formarse un gobierno provisional rápidamente para solucionar la crisis bancaria y llevar a cabo reformas que estabilicen la situación bancaria.
Después de la derrota, el presidente del Consiglio Matteo Renzi impulsor de la reforma constitucional, renunció a su cargo. Las autoridades italianas quisieron aprovechar el vacío de poder como pretexto para postergar la reestructuración del banco MPS, evitando así el rescate público con bail-in, el cual supondría cargar pérdidas de alrededor de 2.000 millones de euros sobre los 40.000 pequeños inversores en deuda subordinada, que ostentan la mayor parte de tal deuda del banco. Por ello la administración italiana solicitó la semana pasada al supervisor bancario europeo posponer este proceso de reestructuración hasta mediados de enero, argumentando que la formación de un gobierno dará garantías de estabilidad y permitirá atraer de nuevo a inversores privados -principalmente el fondo soberano de Qatar-, evitando el rescate público con bail-in. Para ejercer presión sobre las instituciones la administración italiana amenazó repetidamente con culparlas -principalmente al Banco Central Europeo (BCE)- si no se proporcionaba una vía de rescate blando que protegiera a los pequeños inversores. Parece que la amenaza ha dado cierto resultado, dado que el brazo supervisor del BCE, a pesar de que en un principio pareció denegar esta petición el pasado viernes 9 diciembre según la agencia de noticias Reuters, ha ofrecido hasta final de año a la dirección del MPS para que intente encontrar capital privado para reestructurar el banco.
Paralelamente el jueves el Consejo del BCE envío dos mensajes intentando reconciliar a las distintas partes europeas de esta crisis cada vez más irresoluble: en el corto plazo continúan las compras de bonos de deuda en cantidades de 80.000 millones de euros mensuales, y a partir de abril se reducirán las compras a 60.000 millones de euros mensuales hasta final del próximo año.
Con la primera parte se intenta estabilizar la situación italiana, manteniendo el margen amplio de intervención del BCE en los mercados para contener los tipos de interés de los bonos de deuda pública de los estados de la periferia europea. Las compras de bonos deben llevarse a cabo de forma proporcional para todos los estado miembros, por lo que existe el riesgo de no poder comprar deuda periférica en suficiente cantidad para contener las ventas de bonos italianos si no existe suficiente deuda soberana de estados del centro de Europa disponible para comprar. Un pérdida de confianza repentina en la capacidad de intervención del BCE combinada con un deterioro de las perspectivas de solvencia de los estados periféricos podría generar una crisis que escapara al control del banco central. Si la crisis no pudiera ser sofocada, seguramente llevaría a la quiebra financiera de uno o varios estados periféricos, y generaría una crisis aún sin precedentes en la zona euro y la UE. De momento dos de las tres grandes agencias de calificación de deuda han lanzado sus avisos y han bajado la perspectiva de la deuda italiana, lo que supone situarla a un paso del bono basura. Italia tiene una posición deudora en el sistema de pagos bancario europeo Target 2 de 359.000 millones de euros, más elevada que en el pico de la crisis del euro de 2012. Esto podría significar que la huida de capitales ya está sucediendo de forma silenciosa, aunque aún es pronto para afirmarlo. La contraparte de tal deuda es principalmente Alemania, que tiene una posición acreedora de 754.000 millones de euros, lo cual supone que la quiebra de Italia podría llevar a la quiebra a la banca alemana, y podría acabar con el proyecto europeo. Sin embargo el gobierno alemán no muestra atisbos de duda. El ministro Schäuble no se desvía del guión: «reformas, reformas o reformas».

En este mismo sentido el segundo objetivo de la declaración de Draghi es contentar al establishment alemán, que presiona para que cese el programa de compras de bonos del BCE. Esto parece no haber dado resultado si uno observa las publicaciones de la prensa posteriores a la declaración del banco: desde la prestigiosa publicación especializada en finanzas Handelsbatt hasta el tabloide demagogo y populista Bild atacaron descarnadamente a Draghi y alertaron de que el programa del BCE supone una bomba de relojería para Europa y en especial para Alemania. En el último Eurogrupo del pasado martes el ministro de finanzas alemán usó de nuevo a Grecia para mandar un aviso a navegantes: «O cumple con los compromisos o deberá salir de la eurozona».
Los retos de los dirigentes en Italia y Europa para sortear la crisis italiana y salvar el euro son varios: en primer lugar formar gobierno, cosa que ya ha sucedido con nombramiento del ministro de exteriores de Renzi, Paolo Gentiloni, como nuevo primer ministro. En segundo lugar hay que llevar a cabo la reestructuración del MPS y posiblemente de otros bancos, que posiblemente deba hacerse aplicando el bail-in, para retornar la confianza a los mercados y cumplir con las exigencias europeas. Si esto es así, sin duda podría generar un gran enfado entre parte de la población que guarda sus ahorros en la banca, por las razones descritas anteriormente. Cabrá ver si la dirección de MPS es capaz de encontrar el capital privada para evitar el bail-in, y en caso contrario si una reestructuración de una parte pequeña del sistema bancario con bail-in generará una crisis de confianza entre los pequeños inversores y depositantes del resto de entidades, que haga que saquen el dinero de sus bancos, como hicieron los griegos durante los distintos momentos de crisis en los últimos años, por miedo a ser los siguientes en ver como se esfuman sus ahorros.
El tercer reto, en vistas de todo este descontento popular, será pararle los pies a las formaciones que plantean la salida de Italia de la Eurozona. La amenaza más clara en este sentido es la formación de Beppe Grillo, el Movimiento 5 Estrellas, que aboga por consultar a la población sobre la permanencia de Italia en la zona euro. También la xenófoba Liga Norte plantea la salida directa del euro si gana las elecciones. Cosa poco probable. Con el actual sistema electoral Italicum Grillo podría ostentar una mayoría cómoda en la Cámara de Diputados, la Cámara baja, en las próximas elecciones, dado que este sistema premia a la formación más votada. El rechazo a la reforma constitucional, la cual hubiera completado la reforma electoral cambiando también el sistema de representación para el Senado haciéndolo no electivo, deja en el limbo el sistema electoral.
La falta de completitud en la reforma electoral para las dos cámaras puede servir de pretexto para contrareformar el Italicum y eliminar el premio a la formación más votada, frenando así la posible mayoría absoluta de los de Grillo. El presidente de la República ya ha anunciado que no habrá elecciones hasta que haya coherencia entre los sistemas electorales de las dos cámaras legislativas, por lo que todo apunta en esta dirección. A todo esto la oposición liderada por Movimiento 5 Estrellas, que ve venir la jugada enciende los ánimos de la población hablando de conspiración para frenarlos y presiona así para que haya elecciones cuanto antes con el vigente sistema. Si se llevara a cabo la reforma de la ley electoral que elimine el premio a la primera fuerza los de Grillo tendrán combustible que alimente su causa. Si además se impide que se lleven a cabo elecciones cuanto antes estarán preparando el terreno para que los de Grillo ganen las siguientes elecciones con mayor márgen. Sin embargo, aunque los de Grillo ganarán las elecciones con comodidad hay un hecho que impide formalmente el referéndum sobre la permanencia en la Eurozona. Para modificar los tratados internacionales italianos hace falta cambiar la Constitución, por lo que no se puede hacer un referéndum sobre el Euro sin cambiar antes la Constitución. Algunos analistas predicen que solo el hecho de poner en duda el euro, con la llegada de un gobierno de Movimiento 5 Estrellas ya podría generar una profecía autocumplida, generándose una huida de capitales y la quiebra financiera del estado y de su banca. Otros viendo la importancia del euro para el proyecto de la UE apuestan a que el establishment noratlántico pondría todos los mecanismos monetarios necesarios para evitar la caída de Italia.
En la UE se está convirtiendo en habitual hacer todo tipo de triquiñuelas políticas para mantener el proyecto europeo en pie, y se hace demasiado a menudo desoyendo la voz de los más perjudicados y enfadados por la crisis económica. Las medidas económicas y los remiendos políticos para salvar el euro están llevando a Europa por una senda cada vez más peligrosa alejada de los principios democráticos y sociales. Todo indica que la actual dinámica está alimentando un sentimiento contra la UE que puede acabar con el proyecto, además de generar nacionalismos y otros movimientos reaccionarios. Sin embargo, aunque los dirigentes europeos superaran todos los problemas financieros y políticos italianos sin que sucediera ningún accidente, esto no solucionaría el problema principal de Italia, que es la brecha de competitividad de su economía con respecto a Alemania, la cual genera estancamiento o déficit en la balanza por cuenta corriente, o las dos cosas a la vez. Mientras Italia no cierre esta brecha, o mientras Alemania no acepte establecer un sistema de transferencias fiscales y financieras para compensar los desequilibrios de las balanzas comerciales, la Eurozona seguirá encaminándose al colapso, o hacia una muerte económica y democrática de su periferia. Un cambio de rumbo alemán no parece probable. Alemania vertebra su posición geopolítica en su modelo de desarrollo mercantilista que le proporciona enormes exportaciones y sitúa al euro como moneda de uso mundial en un nuevo entorno multipolar.
Sin anticipar acontecimientos primero habrá que ver hasta qué punto el experimento euro es capaz de superar las numerosas pruebas de estrés que le esperan en el vertigionoso 2017.
Fuente: http://www.elsalmoncontracorriente.es/?La-crisis-italiana-puede-generar

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