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lunes, 27 de junio de 2016
Lo que los Medios no dicen sobre las Causas del Brexit
Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Pensamiento Crítico” en el diario PÚBLICO, 25 de junio de 2016.
Este artículo hace una crítica de la cobertura por parte de los mayores medios de información de la salida de el Reino Unido de la Unión Europea, atribuyendo esta salida al racismo de la clase trabajadora de aquel país.
El artículo cuestiona esta interpretación, mostrando que la mayoría de las clases trabajadoras de los países miembros de la Unión Europea rechazan la Unión Europea actual por las políticas neoliberales que se están imponiendo por el establishment político que gobierna tal Unión.
No hay pleno conocimiento y conciencia en las estructuras de poder político y mediático (que en terminología anglosajona se llama el establishment político-mediático) que gobiernan las instituciones de la Unión Europea, así como las que gobiernan en la mayoría de países que constituyen tal Unión, de lo que ha estado ocurriendo en la UE y las consecuencias que las políticas propuestas e impuestas por tales establishments han estado teniendo en las clases populares de los países miembros.
Durante estos años, después del establecimiento de la Unión, se ha ido germinando un descontento entre estas clases populares (es decir, entre las clases trabajadoras y las clases medias de renta media y baja) que aparece constantemente y que amenaza la viabilidad de la UE.
El rechazo de las clases populares a la UE
Indicadores de tal descontento han aparecido ya en muchas ocasiones.
Una de las primeras fue el resultado del referéndum que se realizó en varios países de la UE que, por mandato constitucional, tenían que hacer para poder aprobar la Constitución europea.
En todos los países donde se realizó el referéndum, la clase trabajadora votó en contra. Los datos son claros y contundentes.
En Francia, votaron en contra el 79% de trabajadores manuales, el 67% de los trabajadores en servicios y el 98% de los trabajadores sindicalizados; en Holanda, el 68% de los trabajadores; y en Luxemburgo, el 69%.
Incluso en los países en los que no hubo referéndum, las encuestas señalaban que, por ejemplo en Alemania, el 68% de los trabajadores manuales y el 57% de los trabajadores en servicios hubieran votado en contra.
Unos porcentajes parecidos se dieron también en Suecia, donde el 74% de los trabajadores manuales y el 54% de los trabajadores en servicios también hubieran votado en contra.
Y lo mismo ocurrió en Dinamarca, donde el 72% de los trabajadores manuales hubieran también votado en contra.
El rechazo a la UE por parte de la clase trabajadora ha ido aumentando
Otro dato que muestra tal rechazo fue el surgimiento de partidos que explícitamente rechazaron la Unión Europea, partidos cuya base electoral fue precisamente la clase obrera y otros segmentos de las clases populares que antes, históricamente, habían votado a partidos de izquierdas, siendo el caso más conocido (pero no el único) el del partido liderado por Le Pen y que, según las encuestas, podría ganar las próximas elecciones en Francia.
En realidad, la identificación de los partidos de izquierda tradicionales con la Unión Europea (y con las políticas neoliberales promovidas por el establishment de tal Unión) ha sido una de las mayores causas del enorme bajón electoral de estos partidos en la UE (y, muy en particular, entre las bases electorales que les habían sido más fieles, es decir, entre las clases trabajadoras).
Para que baste un ejemplo, en Francia, si la mitad de los votos (predominantemente de la clase trabajadora) que habían apoyado al partido de Le Pen hubieran sido para la candidata socialista Ségolène Royal, ésta hubiera sido elegida Presidenta de Francia.
En paralelo con la pérdida de apoyo electoral, los partidos socialdemócratas en la UE perdieron también gran número de sus militantes.
El caso más dramático fue el del Partido socialdemócrata alemán que, junto con la pérdida de apoyo electoral, perdió casi la mitad de sus militantes, de 400.000 en 1997 a 280.000 miembros en 2008.
La evidencia es pues abrumadora que la identificación de tales partidos de izquierda (la mayoría de los cuales han sido partidos gobernantes socialdemócratas que han jugado un papel clave en el desarrollo de las políticas públicas promovidas por la UE) con la Unión ha sido una de las principales causas de su enorme deterioro electoral y de la pérdida de su militancia.
El rechazo a la UE ha ido aumentando más y más entre las clases populares, a la vez que ha ido aumentado el apoyo entre las clases más pudientes
Por desgracia, las encuestas creíbles y fiables sobre la UE (que son la minoría, pues la gran mayoría están realizadas o financiadas por organismos de la UE o financiadas por instituciones próximas) no recogen los datos de la opinión popular sobre la UE según la clase social.
Sí que los recogen por país, y lo que aparece claramente en estas encuestas es que la popularidad de la UE está bajando en picado.
Según la encuesta de la Pew Research Center, las personas que tienen una visión favorable de la UE ha bajado en la gran mayoría de los 10 mayores países de la UE (excepto en Polonia).
Este descenso, desde 2004 a 2016, ha sido menor en Alemania (de un 58% a un 50%) pero mayor en Francia (de un 78% a un 38%), en España (de un 80% a un 47%).
Grecia es el país que tiene un porcentaje menor de opiniones favorables a la UE (un 27%).
Ahora bien, aunque raramente se recoge información por clase social, sí que se ha recogido el distinto grado de popularidad que la UE tiene según el nivel de renta familiar.
Y, allí, los datos muestran que hay un gradiente, de manera que a mayor renda familiar, mayor es el apoyo a la UE.
Es razonable, pues, suponer que la parte de la población que tiene una visión más desfavorable de la UE es la clase trabajadora y otros componentes de las clases populares.
Y lo que también aparece claro en varias encuestas es que una de las mayores causas de tal rechazo es la percepción que las clases populares tienen del impacto negativo que tiene, sobre su bienestar, la aplicación de las políticas propuestas por el establishment político-mediático de la UE. Esta percepción es mucho más negativa entre las clases populares (clase trabajadora y clases medias, de renda media y baja) que no entre las clases más pudientes.
En realidad, el rechazo, siempre especialmente agudo entre las clases populares, es claramente mayoritario entre la gran mayoría de la población.
Ahí vemos que, según la encuesta Pew, el 92% de la población en Grecia desaprueba la manera como la UE ha gestionado la crisis existente en Europa; tal porcentaje es de 68% en Italia, el 66% en Francia y el 65% en España, países donde precisamente el descenso del porcentaje de población con la opinión favorable de la UE ha sido mayor.
Este rechazo a la UE existe también entre la clase trabajadora del Reino Unido
Es en este contexto descrito en la sección anterior, que debe entenderse el rechazo de las clases populares del Reino Unido, rechazo que ha ido claramente acentuándose en los barrios obreros de aquel país, y muy en especial en Inglaterra y el País de Gales.
El voto de rechazo a la permanencia en la UE procede en su mayoría de las clases populares.
Y ha sido un voto no solo anti-UE pero también (y sobre todo) un voto anti-establishment británico y, muy en particular, anti-establishment inglés, siendo este último el centro del establishment británico, pues concentra los mayores centros financieros y económicos del país.
El establishment británico y el establishment de la UE habían movilizado todo tipo de presiones (por tierra, mar y aire) a fin de que el referéndum fuera favorable a la pertenencia.
De esta manera, es un claro signo de afirmación y poder que las clases populares se opusieran y ganaran al establishment.
Por otra parte, los datos mostraban que lo que ha ocurrido, iba a ocurrir.
La popularidad de la UE en el Reino Unido pasó de ser un 54% (ya uno de los más bajos de la UE) en 2004 a un 44% en 2016 (según Pew).
En realidad, el Reino Unido es el país donde el porcentaje de población opuesta a dar mayor poder a la UE es mayor (65%) después de Grecia (68%)
Y, según otras encuestas, el sector menos entusiasta con la UE eran las clases populares, que gradualmente han ido transfiriendo su apoyo electoral del Partido Laborista al partido UKIP (el partido anti EU).
La supuesta excepcionalidad de España
Es un dicho común en los mayores medios de comunicación que España es uno de los países más pro-EU, lo cual es cierto, pero solo en parte (lo mismo era cierto con Grecia).
Es lógico que Europa, percibida durante muchos años como el continente punto de referencia para las fuerzas democráticas, por su condición democrática y su sensibilidad social, se convirtiera en el “modelo” a seguir por países como España, Portugal y Grecia, que sufrieron durante muchos años dictaduras de la ultraderecha, seriamente represivas y con escasísima conciencia social.
Para los que luchamos contra la dictadura, Europa Occidental era un sueño a alcanzar.
Pero, debido al control o excesiva influencia del pensamiento neoliberal en el establishment político mediático de la UE (muy próximo al capital financiero y al capital exportador alemán, que ha estado configurando las políticas públicas neoliberales que los establishment político-mediáticos de cada país de la UE han hecho suyas), este sueño se ha convertido en una pesadilla para las clases populares, particularmente dañadas por tales políticas neoliberales.
Las reformas laborales que han dañado el estándar de vida de estas clases y los recortes de gasto público, con el debilitamiento de la protección social y del estado del bienestar, así como la desregulación en la movilidad del capital y del trabajo, han sido un ataque frontal a la democracia y al bienestar de las clases trabajadoras, realidad muy bien documentada
(ver mi libro Ataque a la democracia y al bienestar. Crítica al pensamiento económico dominante, Anagrama, 2015).
La pérdida de soberanía nacional que conlleva la UE ha significado la pérdida de soberanía popular, causa del deterioro de su bienestar.
La evidencia de que ello es así es contundente, clara y convincente.
Es más que obvio que esta Europa no es la Europa de los pueblos, sino la Europa de las empresas financieras y de los grandes conglomerados económicos.
captura 3
¡No es chauvinismo lo que causa el rechazo a la UE!
Ante esta situación, el establishment político-mediático europeo quiere presentar este rechazo como consecuencia de un retraso cultural de las clases populares, todavía estancadas en un nacionalismo retrógrado, que incluye un chauvinismo anti-inmigrante que merece ser denunciado. John Carlin, en el El País, 24.06.16, define este rechazo (Brexit) como resultado “de la mezquindad, ignorancia, carácter retrógrado, xenofobia y tribal” de los que votaron en contra de la permanencia.
Y así se está interpretando, por parte de la mayoría de los medios de comunicación europeos, el voto de rechazo a la UE por parte de las clases populares británicas.
Este mensaje intenta ocultar las causas reales de tal rechazo, causas que he descrito en este artículo.
Olvidan que, si bien todos los xenófobos votaron a favor de la salida del Reino Unido de la UE, no todos los que así votaron eran xenófobos.
En esta manipulación están participando poderes de la socialdemocracia europea que no han entendido todavía lo que está ocurriendo entre lo que solían ser sus bases.
No quieren entender que el rechazo que está ocurriendo es hacia esta Europa que la socialdemocracia ha contribuido a crear, una Europa que carece de vocación democrática y sensibilidad social.
Comp 1_00000
El maridaje de los aparatos dirigentes de las socialdemocracias con los intereses financieros y económicos dominantes en la UE (y en cada país miembro) ha sido la causa de su gran declive, que todavía no entienden porque no quieren entenderlo.
Lo que pasa en Francia, dónde hay un gobierno socialdemócrata que está intentando destruir a los sindicatos (como la señora Thatcher hizo en el Reino Unido), o en España, dónde el PSOE fue el que inició las políticas de austeridad, son indicadores de esta falta de comprensión de lo que está ocurriendo en la UE, y que es el fracaso de las izquierdas para atender a las necesidades de las clases populares.
De ahí la transferencia de lealtades que están ocurriendo, en lo que refiere a los partidos.
Es lógico y predecible que las políticas neoliberales y los partidos que las aplican sean rechazados por las clases populares, pues son éstas las que sufren más cada una de estas políticas, incluyendo la desregulación de la movilidad de capitales y del trabajo.
Regiones enteras en el Reino Unido han sido devastadas, siendo sus industrias trasladadas al este de Europa, creando un gran desempleo en las regiones.
Y la desregulación del mundo del trabajo, acompañada de la dilución, cuando no destrucción, de la protección social, ha creado una gran inestabilidad y falta de seguridad laboral.
En realidad, fueron las políticas del gobierno Blair y del gobierno Brown (1997-2010) las que sentaron las bases para este rechazo generalizado hacia la UE.
Tales gobiernos de la Tercera Vía facilitaron la llegada de inmigrantes a los que los empresarios contrataron con salarios más bajos.
Y así se inició el desapego con la Unión Europea (ver “Don’t blame Corbyn if Brexit wins”, Denis McShane).
En España, frente al descrédito del partido socialdemócrata (PSOE) debido, entre otras razones a su participación en la construcción de esta Europa, han aparecido una serie de fuerzas políticas, tanto en la periferia como en el centro (Unidos Podemos y confluencias), que están canalizando este desencanto popular acentuando, con razón, que esta no es tampoco nuestra Europa, y que se requieren cambios profundos para recuperar la Europa democrática y social a la que aspiramos y que debe construirse.
Así de claro.
WEB DE PROMOCIÓN ALTERNATIVA
La cara oculta del BREXIT
Lo que los Medios no dicen sobre las Causas del Brexit
Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Pensamiento Crítico” en el diario PÚBLICO, 25 de junio de 2016.
Este artículo hace una crítica de la cobertura por parte de los mayores medios de información de la salida de el Reino Unido de la Unión Europea, atribuyendo esta salida al racismo de la clase trabajadora de aquel país.
El artículo cuestiona esta interpretación, mostrando que la mayoría de las clases trabajadoras de los países miembros de la Unión Europea rechazan la Unión Europea actual por las políticas neoliberales que se están imponiendo por el establishment político que gobierna tal Unión.
No hay pleno conocimiento y conciencia en las estructuras de poder político y mediático (que en terminología anglosajona se llama el establishment político-mediático) que gobiernan las instituciones de la Unión Europea, así como las que gobiernan en la mayoría de países que constituyen tal Unión, de lo que ha estado ocurriendo en la UE y las consecuencias que las políticas propuestas e impuestas por tales establishments han estado teniendo en las clases populares de los países miembros.
Durante estos años, después del establecimiento de la Unión, se ha ido germinando un descontento entre estas clases populares (es decir, entre las clases trabajadoras y las clases medias de renta media y baja) que aparece constantemente y que amenaza la viabilidad de la UE.
El rechazo de las clases populares a la UE
Indicadores de tal descontento han aparecido ya en muchas ocasiones.
Una de las primeras fue el resultado del referéndum que se realizó en varios países de la UE que, por mandato constitucional, tenían que hacer para poder aprobar la Constitución europea.
En todos los países donde se realizó el referéndum, la clase trabajadora votó en contra. Los datos son claros y contundentes.
En Francia, votaron en contra el 79% de trabajadores manuales, el 67% de los trabajadores en servicios y el 98% de los trabajadores sindicalizados; en Holanda, el 68% de los trabajadores; y en Luxemburgo, el 69%.
Incluso en los países en los que no hubo referéndum, las encuestas señalaban que, por ejemplo en Alemania, el 68% de los trabajadores manuales y el 57% de los trabajadores en servicios hubieran votado en contra.
Unos porcentajes parecidos se dieron también en Suecia, donde el 74% de los trabajadores manuales y el 54% de los trabajadores en servicios también hubieran votado en contra.
Y lo mismo ocurrió en Dinamarca, donde el 72% de los trabajadores manuales hubieran también votado en contra.
El rechazo a la UE por parte de la clase trabajadora ha ido aumentando
Otro dato que muestra tal rechazo fue el surgimiento de partidos que explícitamente rechazaron la Unión Europea, partidos cuya base electoral fue precisamente la clase obrera y otros segmentos de las clases populares que antes, históricamente, habían votado a partidos de izquierdas, siendo el caso más conocido (pero no el único) el del partido liderado por Le Pen y que, según las encuestas, podría ganar las próximas elecciones en Francia.
En realidad, la identificación de los partidos de izquierda tradicionales con la Unión Europea (y con las políticas neoliberales promovidas por el establishment de tal Unión) ha sido una de las mayores causas del enorme bajón electoral de estos partidos en la UE (y, muy en particular, entre las bases electorales que les habían sido más fieles, es decir, entre las clases trabajadoras).
Para que baste un ejemplo, en Francia, si la mitad de los votos (predominantemente de la clase trabajadora) que habían apoyado al partido de Le Pen hubieran sido para la candidata socialista Ségolène Royal, ésta hubiera sido elegida Presidenta de Francia.
En paralelo con la pérdida de apoyo electoral, los partidos socialdemócratas en la UE perdieron también gran número de sus militantes.
El caso más dramático fue el del Partido socialdemócrata alemán que, junto con la pérdida de apoyo electoral, perdió casi la mitad de sus militantes, de 400.000 en 1997 a 280.000 miembros en 2008.
La evidencia es pues abrumadora que la identificación de tales partidos de izquierda (la mayoría de los cuales han sido partidos gobernantes socialdemócratas que han jugado un papel clave en el desarrollo de las políticas públicas promovidas por la UE) con la Unión ha sido una de las principales causas de su enorme deterioro electoral y de la pérdida de su militancia.
El rechazo a la UE ha ido aumentando más y más entre las clases populares, a la vez que ha ido aumentado el apoyo entre las clases más pudientes
Por desgracia, las encuestas creíbles y fiables sobre la UE (que son la minoría, pues la gran mayoría están realizadas o financiadas por organismos de la UE o financiadas por instituciones próximas) no recogen los datos de la opinión popular sobre la UE según la clase social.
Sí que los recogen por país, y lo que aparece claramente en estas encuestas es que la popularidad de la UE está bajando en picado.
Según la encuesta de la Pew Research Center, las personas que tienen una visión favorable de la UE ha bajado en la gran mayoría de los 10 mayores países de la UE (excepto en Polonia).
Este descenso, desde 2004 a 2016, ha sido menor en Alemania (de un 58% a un 50%) pero mayor en Francia (de un 78% a un 38%), en España (de un 80% a un 47%).
Grecia es el país que tiene un porcentaje menor de opiniones favorables a la UE (un 27%).
Ahora bien, aunque raramente se recoge información por clase social, sí que se ha recogido el distinto grado de popularidad que la UE tiene según el nivel de renta familiar.
Y, allí, los datos muestran que hay un gradiente, de manera que a mayor renda familiar, mayor es el apoyo a la UE.
Es razonable, pues, suponer que la parte de la población que tiene una visión más desfavorable de la UE es la clase trabajadora y otros componentes de las clases populares.
Y lo que también aparece claro en varias encuestas es que una de las mayores causas de tal rechazo es la percepción que las clases populares tienen del impacto negativo que tiene, sobre su bienestar, la aplicación de las políticas propuestas por el establishment político-mediático de la UE. Esta percepción es mucho más negativa entre las clases populares (clase trabajadora y clases medias, de renda media y baja) que no entre las clases más pudientes.
En realidad, el rechazo, siempre especialmente agudo entre las clases populares, es claramente mayoritario entre la gran mayoría de la población.
Ahí vemos que, según la encuesta Pew, el 92% de la población en Grecia desaprueba la manera como la UE ha gestionado la crisis existente en Europa; tal porcentaje es de 68% en Italia, el 66% en Francia y el 65% en España, países donde precisamente el descenso del porcentaje de población con la opinión favorable de la UE ha sido mayor.
Este rechazo a la UE existe también entre la clase trabajadora del Reino Unido
Es en este contexto descrito en la sección anterior, que debe entenderse el rechazo de las clases populares del Reino Unido, rechazo que ha ido claramente acentuándose en los barrios obreros de aquel país, y muy en especial en Inglaterra y el País de Gales.
El voto de rechazo a la permanencia en la UE procede en su mayoría de las clases populares.
Y ha sido un voto no solo anti-UE pero también (y sobre todo) un voto anti-establishment británico y, muy en particular, anti-establishment inglés, siendo este último el centro del establishment británico, pues concentra los mayores centros financieros y económicos del país.
El establishment británico y el establishment de la UE habían movilizado todo tipo de presiones (por tierra, mar y aire) a fin de que el referéndum fuera favorable a la pertenencia.
De esta manera, es un claro signo de afirmación y poder que las clases populares se opusieran y ganaran al establishment.
Por otra parte, los datos mostraban que lo que ha ocurrido, iba a ocurrir.
La popularidad de la UE en el Reino Unido pasó de ser un 54% (ya uno de los más bajos de la UE) en 2004 a un 44% en 2016 (según Pew).
En realidad, el Reino Unido es el país donde el porcentaje de población opuesta a dar mayor poder a la UE es mayor (65%) después de Grecia (68%)
Y, según otras encuestas, el sector menos entusiasta con la UE eran las clases populares, que gradualmente han ido transfiriendo su apoyo electoral del Partido Laborista al partido UKIP (el partido anti EU).
La supuesta excepcionalidad de España
Es un dicho común en los mayores medios de comunicación que España es uno de los países más pro-EU, lo cual es cierto, pero solo en parte (lo mismo era cierto con Grecia).
Es lógico que Europa, percibida durante muchos años como el continente punto de referencia para las fuerzas democráticas, por su condición democrática y su sensibilidad social, se convirtiera en el “modelo” a seguir por países como España, Portugal y Grecia, que sufrieron durante muchos años dictaduras de la ultraderecha, seriamente represivas y con escasísima conciencia social.
Para los que luchamos contra la dictadura, Europa Occidental era un sueño a alcanzar.
Pero, debido al control o excesiva influencia del pensamiento neoliberal en el establishment político mediático de la UE (muy próximo al capital financiero y al capital exportador alemán, que ha estado configurando las políticas públicas neoliberales que los establishment político-mediáticos de cada país de la UE han hecho suyas), este sueño se ha convertido en una pesadilla para las clases populares, particularmente dañadas por tales políticas neoliberales.
Las reformas laborales que han dañado el estándar de vida de estas clases y los recortes de gasto público, con el debilitamiento de la protección social y del estado del bienestar, así como la desregulación en la movilidad del capital y del trabajo, han sido un ataque frontal a la democracia y al bienestar de las clases trabajadoras, realidad muy bien documentada
(ver mi libro Ataque a la democracia y al bienestar. Crítica al pensamiento económico dominante, Anagrama, 2015).
La pérdida de soberanía nacional que conlleva la UE ha significado la pérdida de soberanía popular, causa del deterioro de su bienestar.
La evidencia de que ello es así es contundente, clara y convincente.
Es más que obvio que esta Europa no es la Europa de los pueblos, sino la Europa de las empresas financieras y de los grandes conglomerados económicos.
captura 3
¡No es chauvinismo lo que causa el rechazo a la UE!
Ante esta situación, el establishment político-mediático europeo quiere presentar este rechazo como consecuencia de un retraso cultural de las clases populares, todavía estancadas en un nacionalismo retrógrado, que incluye un chauvinismo anti-inmigrante que merece ser denunciado. John Carlin, en el El País, 24.06.16, define este rechazo (Brexit) como resultado “de la mezquindad, ignorancia, carácter retrógrado, xenofobia y tribal” de los que votaron en contra de la permanencia.
Y así se está interpretando, por parte de la mayoría de los medios de comunicación europeos, el voto de rechazo a la UE por parte de las clases populares británicas.
Este mensaje intenta ocultar las causas reales de tal rechazo, causas que he descrito en este artículo.
Olvidan que, si bien todos los xenófobos votaron a favor de la salida del Reino Unido de la UE, no todos los que así votaron eran xenófobos.
En esta manipulación están participando poderes de la socialdemocracia europea que no han entendido todavía lo que está ocurriendo entre lo que solían ser sus bases.
No quieren entender que el rechazo que está ocurriendo es hacia esta Europa que la socialdemocracia ha contribuido a crear, una Europa que carece de vocación democrática y sensibilidad social.
Comp 1_00000
El maridaje de los aparatos dirigentes de las socialdemocracias con los intereses financieros y económicos dominantes en la UE (y en cada país miembro) ha sido la causa de su gran declive, que todavía no entienden porque no quieren entenderlo.
Lo que pasa en Francia, dónde hay un gobierno socialdemócrata que está intentando destruir a los sindicatos (como la señora Thatcher hizo en el Reino Unido), o en España, dónde el PSOE fue el que inició las políticas de austeridad, son indicadores de esta falta de comprensión de lo que está ocurriendo en la UE, y que es el fracaso de las izquierdas para atender a las necesidades de las clases populares.
De ahí la transferencia de lealtades que están ocurriendo, en lo que refiere a los partidos.
Es lógico y predecible que las políticas neoliberales y los partidos que las aplican sean rechazados por las clases populares, pues son éstas las que sufren más cada una de estas políticas, incluyendo la desregulación de la movilidad de capitales y del trabajo.
Regiones enteras en el Reino Unido han sido devastadas, siendo sus industrias trasladadas al este de Europa, creando un gran desempleo en las regiones.
Y la desregulación del mundo del trabajo, acompañada de la dilución, cuando no destrucción, de la protección social, ha creado una gran inestabilidad y falta de seguridad laboral.
En realidad, fueron las políticas del gobierno Blair y del gobierno Brown (1997-2010) las que sentaron las bases para este rechazo generalizado hacia la UE.
Tales gobiernos de la Tercera Vía facilitaron la llegada de inmigrantes a los que los empresarios contrataron con salarios más bajos.
Y así se inició el desapego con la Unión Europea (ver “Don’t blame Corbyn if Brexit wins”, Denis McShane).
En España, frente al descrédito del partido socialdemócrata (PSOE) debido, entre otras razones a su participación en la construcción de esta Europa, han aparecido una serie de fuerzas políticas, tanto en la periferia como en el centro (Unidos Podemos y confluencias), que están canalizando este desencanto popular acentuando, con razón, que esta no es tampoco nuestra Europa, y que se requieren cambios profundos para recuperar la Europa democrática y social a la que aspiramos y que debe construirse.
Así de claro.
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dimisiones tras el BREXIT
Estas renuncias abren una fuerte crisis en el partido laborista del Reino Unido tras el triunfo del Brexit
EFE / LONDRES
Nueve portavoces del Partido Laborista británico dimitieron hoy en protesta por la falta de liderazgo de Jeremy Corbyn, renuncias que abren una fuerte crisis en la principal formación opositora del Reino Unido tras el "" decidido en las urnas.
Las dimisiones, sucedidas de forma concertada en las últimas horas, se suman a la marcha del portavoz de Exteriores, Hilary Benn, que fue destituido anoche por el líder tras confirmarse que promovía un golpe interno para derrocarle.
Los miembros del gabinete de la oposición que han dimitido son las portavoces de Sanidad, Heidi Alexander; Educación, Lucy Powell; de Medioambiente, Kerry McCarthy; Transporte, Lilian Greenwood; el portavoz para Escocia, Ian Murray; de Justicia, Charles Falconer; para Irlanda del Norte, Vernon Coaker y las responsables del Tesoro, Seema Malhotra; y Juventud, Gloria de Piero.
Por contra, han defendido al líder, elegido en septiembre con el apoyo arrollador de las bases laboristas, el portavoz de Economía, John McDonnell, y la titular de Cooperación Internacional, Diane Abbott, viejos aliados del dirigente socialdemócrata.
El portavoz de Interior, Andy Burnham, ha dicho también que no piensa participar en un golpe porque "no tiene sentido sumirse en una guerra civil" cuando el país está sumido en la incertidumbre tras el voto favorable al "brexit".
McDonnell ha insistido en que Corbyn no va a dimitir y ha advertido de que, si los diputados rebeldes fuerzan otro concurso por el liderazgo, volverá a presentarse y posiblemente a ganar, pues tiene el apoyo de la militancia.
Críticas a Corbyn
Corbyn, de 66 años y que defiende un programa contra la austeridad, cuenta además con el apoyo de los principales sindicatos del país, que han instado al partido a unirse en torno al líder para luchar contra el dividido Gobierno conservador.
Los diputados dimisionarios acusan a Jeremy Corbyn de haber tenido un pobre papel en la campaña del referéndum de la UE, si bien han cuestionado su liderazgo desde que fue elegido en septiembre con el apoyo popular pero sin la confianza del grupo parlamentario, políticamente más a la derecha.
El grupo de diputados laboristas debatirá el lunes una moción de confianza a Corbyn presentada por dos diputadas, y seguramente el martes se celebre una votación secreta entre los parlamentarios, aunque el resultado no es vinculante.
Según las normas de la formación, puede convocarse otro concurso por el liderazgo si al menos 50 diputados apoyan a un nuevo candidato.
El Partido Conservador está sumido también en un conflicto interno por la sucesión del primer ministro y líder "tory", David Cameron, que el viernes anunció su dimisión tras el voto favorable a la salida de la UE en el referéndum del 23 de junio.
Según la prensa, la próxima semana se postulará para el cargo el exalcalde de Londres y líder de facto de la campaña del "brexit", Boris Johnson, que cuenta con el apoyo de las bases pero es en cambio una figura divisoria dentro del grupo parlamentario conservador
666 el número romano
Descifrando el número del diablo: 666
A veces usamos a la Biblia, sobre todo el libro de las revelaciones de San Juan, para tratar de explicar los fenómenos naturales o artificiales que jamás se habían presentado. Algunos ejemplos serían el calentamiento global, plagas e incuso el accidente nuclear de Chernóbil.
Aunque quizá su autor no escribió este oscuro texto de la biblia para intentar profetizar eventos futuros, sino que algunos símbolos y códigos trataban de advertir a los cristianos de aquella época sobre el emperador y para organizar un ataque contra él.
La puta de Babilonia
Esta caricatura pretendía burlarse de la diosa Roma. Este dibujo fue inspirado en las monedas donde aparecía esta mítica diosa sentada sobre 7 lomas; la prostituta estaba sentada sobre una criatura de 7 cabezas y con ropa muy parecida a la que ocupaba la realeza.
Armagedón
La escena donde Dios se enfrenta contra Satanás durante los últimos días de la Tierra. Sin embargo, su nombre proviene del Monte de Megido, ubicad en Israel, en donde se encontraba la legión más despiadada de toda Roma y que también usaban cómo campo de batalla.
Los jinetes del Apocalipsis
Según la biblia, una de las fases del fin del mundo será cuando aparezca un gobierno maligno, causando que Jesús rompa los sellos del pergamino que Dios tiene en su mano derecha, librando así a 4 jinetes que traerán hambruna, muerte y destrucción a aquellos que no adoren al verdadero ser supremo. El verdadero significado es que los peores de los males caerán sobre Roma por no permitir la religión cristiana.
La bestia de siete cabezas
Esta bestia saldrá del mar y en cada cabeza habrá un nombre blasfemo. Las siete leyes de Roma son representadas por las cabezas del monstruo y los nombres blasfemos significa el error de los emperadores por autodenominarse dioses.
El número de la bestia: su verdadero significado
A pesar de lo anterior, la profecía más conocida y representativa del fin del mundo es el número de la bestia: 666. Según la profecía este será el numero con el que todos los habitantes de la Tierra serán marcados para poder vivir en ella bajo el influjo de una bestia.
Sin embargo, se cree que este número se usa para referirse al emperador de Roma de aquellos tiempos, Nerón Cesar. La teoría recae en que las letras del griego y hebreo tenían un número para cifrar nombres, entonces, si escribimos el nombre de Cesar en hebreo tendremos 50 + 200 + 6 + 50 para Nerón y 100 + 60 + 200 para Cesar que dan un total de 666.
En la antigüedad era común ver mensajes ocultos en cosas muy simples, cómo un número, así que lo más seguro es que nuestra percepción de la biblia sea la equivocada y no sea más que una forma de rebelión. Tu qué opinas, déjanos escucharte en los comentarios.
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Los antibióticos que pueden causar sordera
Un grupo de antibióticos esenciales para tratar una infección muy grave –aminoglucósidos- posee un reverso oscuro que hace que, al mismo tiempo que salvan la vida de las personas afectadas, estos acaban por perder su audición.
Y, según un equipo investigadores de la Oregon Health & Science University (EE.UU.), son las propias infecciones las que multiplican este efecto secundario de los antibióticos.
En un trabajo que publican en revista «Science Translational Medicine», los investigadores han visto que los pacientes afectados con infecciones bacterianas están en mayor riesgo de pérdida auditiva de lo que previamente se había pensado. El problema radica en que inflamación de las infecciones bacterianas aumenta considerablemente la susceptibilidad a la discapacidad auditiva mediante el incremento de la absorción de antibióticos aminoglucósidos en el oído interno.
Los aminoglucósidos, antimicrobianos que son indispensables para el tratamiento de infecciones bacterianas que amenazan la vida, son tóxicos para el oído. Se emplean para tratar la meningitis, bacteriemia e infecciones respiratorias en la fibrosis quística, aunque se sepa que matan las células sensoriales del oído interno que detectan el sonido y el movimiento.
Alternativas menos agresvas
«En la actualidad se acepta que el precio que algunos pacientes tienen que pagar por sobrevivir a una infección bacteriana potencialmente mortal es la pérdida de su capacidad para oír», señala el investigador Peter S. Steyger. En su opinón es preciso buscar alternativas cuanto antes para «encontrar tratamientos para estas infecciones mortales que no sacrifiquen la capacidad de los pacientes de oír».
La mayoría de los casos en los que los pacientes son tratados con aminoglucósidos corresponden a bebés con infecciones que amenazan su vida, señala. «Y los costes de esta pérdida incalculable están a cargo de los pacientes y la sociedad. Cuando los niños pierden la audición, comienzan un proceso largo y difícil que aprender a escuchar y hablar que puede interferir con su trayectoria educativa y el desarrollo psicosocial».
Los bebés ingresados en unidades de cuidados intensivos neonatales corren un riesgo especial. Cada año, señala, aproximadamente el 80% de las 600.000 admisiones en estas unidades en EE.UU. es tratado con aminoglucósidos. Y se sabe que la tasa de pérdida de la audición es de 2 a 4% en comparación con 0,1 a 0,3% de los nacimientos a término por causas congénitas de pérdida de audición.
Cuando el equipo de Steyger administró a ratones sanos una baja cantidad de aminoglucósidos, los roedores experimentaron un pequeño grado de pérdida auditiva. Sin embargo, si los animales tenían una inflamación de las que se tratan habitualmente con aminoglucósidos en los seres humanos, experimentaron una pérdida auditiva mucho mayor.
Fármacos más específicos
Para proteger la audición de los pacientes, los investigadores creen que es preciso desarrollar aminoglucósidos más específicos e instan a los médicos a ser más selectivos y a seleccionar antibióticos no ototóxicos o medicamentos antiinfecciosos para tratar a pacientes afectados con infecciones graves. Sn embargo, debido a su amplia disponibilidad y bajo coste, los aminoglucósidos se utilizan con mucha frecuencia en todo el mundo. Los expertos creen que sus resultados podrían ayudar a personalizar mejorar las pautas de antibióticos para proteger la audición de los pacientes.
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