El Ministerio egipcio del Interior, en su página oficial de Facebook,informó el lunes de que cuatro hombres y una mujer, acompañados por dos menores, han sido detenidos en las ruinas de un edificio demolido en la provincia egipcia de Port Saíd.
Una menor de edad, que se encontraba de pie con un vestido blanco cubierto de 'sangre', llamó inmediatamente la atención de un oficial de policía que pasaba por el lugar. Luego se determinó que la sangre sobre la niña, que también sujetaba un oso de peluche y tenía un vendaje falso, resultó ser pintura.
Según se reporta, el fotógrafo admitió que iba a publicar tales fotografías en las redes sociales como si fueran imágenes de Alepo, y así acusar al Ejército sirio y sus aliados de perpetrar ataques contra la población civil en tal localidad.
"El equipo de filmación, que incluía a los asistentes del fotógrafo y los padres de los niños, fue detenido", anunció la Cartera egipcia.
Medios egipcios han informado este martes que el fotógrafo permanecerá detenido durante el transcurso de las investigaciones correspondientes, mientras que el resto fue puesto en libertad bajo fianza.
Desde el inicio de las operaciones del Ejército sirio para hacerse con el dominio de Alepo, la propaganda de los medios de comunicación del Occidente y de la región contra el Ejército sirio se ha recrudecido hasta el punto de que, sistemáticamente, se están ocultando las imágenes en las que se puede ver a la población de esta ciudad celebrando la victoria.
Un ejemplo de lo dicho es la foto de una niña llamada Aya con el rostro cubierto de sangre, que apareció en gran número de medios de comunicación occidentales e impactó al mundo, pero es, en verdad, una farsa, porque no se tomó en Alepo, sino en el hospital de Talbisa, en Homs.
Al margen del envío de 18 agentes rusos a Ankara para investigar el asesinato de su embajador, las fuentes de ese país que informan a Sorcha Faal revelan los primeros datos, que confirman la impresión que he dejado esta mañana.
El ex policía que asesinó al embajador, de nombre Mevlut Mert Artintlas, recibió un permiso de dos días por parte del comandante Kahraman Sezer, en los días que siguieron al golpe de estado que vivió Turquía el pasado 14 de julio, y del que este oficial formó parte.
El seguimiento de su teléfono móvil dice que el asesino del embajador ruso recorrió 386 kilómetros desde su ciudad, Diyarbakirs, hasta Erbil, “en el entorno de la base norteamericana”, estando su teléfono “oscuro” durante 7 horas, después de las cuales regresó a su lugar de origen.
La inconsistencia de su coartada (que había ido a visitar a un primo enfermo que daba clase en la escuela Fetullah Gullen) hizo que fuera suspendido de empleo el pasado 4 de octubre pero, sin más explicaciones, fue reingresado al cuerpo el pasado 16 de noviembre.
La escuela de Fetulah Gullen que el asesino visitó en Erbil (en honor al líder religioso que inspiró el golpe de estado) se cerró el pasado 15 de julio, al comprobarse que tenía relaciones con la CIA, ejecutora del golpe de estado.
La sospecha de que fue Obama quien ordenó la muerte del embajador -tras acusar a Rusia de haber hackeado las elecciones USA- se completa con otra asesinato: la del diplomático Petr Polshivok, que fue tiroteado en Moscú, tan sólo tres días después de las referidas declaraciones del ya ex presidente de los Estados Unidos.
"Turquía es un país de símbolos. Tal vez todo es mucho más fácil, pero tal vez no fue casualidad un disparo por la espalda. Es un símbolo dual: necesitaban una víctima antes de las negociaciones", cree el analista.
Es un símbolo dual: necesitaban una víctima antes de las negociaciones
Avatkov recuerda que el ataque ocurrió en la víspera de la reunión entre Rusia, Irán y Turquía para tratar el alto el fuego en Alepo, programada para este martes en Moscú.
"Probablemente dispararon por la espalda para repetir la "puñalada por la espalda", que tuvo lugar hace un año (refiriéndose al derribo del caza ruso SU-24 por un F-16 de la Fuerza Aérea turca).
"Es posible que fuera una venganza de los insurgentes sirios, tales como el Frente Al Nusra o el Estado Islámico", señala Avatkov.
No obstante, el analista también sugiere que el atentado fue provocado por una "tercera parte".
"Está claro que lo que está pasando entre Rusia y Turquía en primer lugar no es algo que le interese a (clérigo opositor Fethullah) Gulen ni a las fuerzas que ostentan el poder en EE.UU.", afirma.
"A lo largo de la historia del mundo, el Reino Unido, por ejemplo, en repetidas ocasiones enfrentaba a Rusia y Turquía.
Ahora, este papel lo desempeña EE.UU.", recuerda el experto.
27 años de la invasión yanqui a Panamá...“Little Hiroshima ”
Era el 19 de diciembre de 1989. Luego de cenar, la pareja se había dedicado a construir el pesebre. Habían colocado casi todo: la Virgen María, San José, los pastores, la vaca, el asno y una buena cantidad de figuritas plásticas. Ella había tenido que explicar veinte veces a Jorge, el menor de cuatro años, por qué se debía esperar hasta el 25 de diciembre para poner al niño Jesús: ese día nacía.
A la hora de irse a dormir, los bebes se opusieron de hacerlo en sus camas. Querían dormir cerca del pesebre. Ana, la madre, aceptó con la condición de que estuvieran al lado opuesto, cerca del ventanal. Ahí les pusieron un colchón.
Había música en algunos lugares cercanos. El ambiente festivo estaba en aumento porque ya se olía a navidad, particularmente en este barrio panameño del Chorrillo.
Su marido se fue a la cama. Ella se sentía extraña. Aunque estaba cansada prefirió sentarse en el piso a leer un libro.
A momentos observaba con ternura a sus dos varoncitos. El tiempo fue pasando.
Miro el viejo reloj que estaba sobre el televisor y se dio cuenta que faltaba poco para que una manecilla tapara la otra: era casi media noche. Entonces el aparato comenzó a vibrar. Ella miró las paredes, el techo y puso los ojos en las figuritas que cambiaban de lugar. ¡ Todo temblaba! Escuchó un terrible estruendo, luego otro y otros. Por unos segundos creyó que era otra maniobra del Ejército estadounidense, acantonado a los alrededores del Canal.
Se levantó como un resorte y se lanzó a la habitación, donde su marido ya estaba parado en calzoncillos. Ambos fueron a la ventana y con temor se asomaron. Vivían en un cuarto piso. Resplandores y explosiones por todas partes: “ ¡la invasión, la invasión!” Fueron los gritos angustiados que escucharon casi a coro. Los helicópteros disparaban cohetes contra el Cuartel del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa Panameña, no muy lejos de ahí.
Corrieron a la sala. Ella abrió la puerta, saliendo al balcón para presenciar el inicio del apocalipsis. Los gritos de terror aumentaban por todas partes, tanto como las explosiones y las ráfagas de tiros. Ella entró y se lanzó sobre los niños, que ya estaban sentados llorando asustados. Los abrazó. Levantó los ojos y vio a su marido parado en la mitad de la sala sin saber qué hacer. “ ¡ Trae un colchón! ¡ Trae un colchón!”, le gritó. El hombre reaccionó, pero para gritarle que debían poner los niños al lado del pesebre para que la Virgen María los protegiera.
“ ¡ Trae un colchón, por Dios, tráelo!”, le gritó desesperada. “ ¡ La virgen no protege ahora!”, le precisó. Al no verlo reaccionar, con resplandores entrando por el ventanal y el terremoto a sus pies, corrió hasta la habitación de los niños, agarró el colchón que sobraba y lo levantó como si fuera pluma. Se los puso encima a los bebes que no paraban de llorar en pánico.
Los aviones supersónicos surcaban, dejando su ruido que reventaba los oídos y los vidrios. El cielo estaba rojizo debido al reflejo de las explosiones y los incendios. El ruido de las aspas de los helicópteros estaba por todas partes. Los cohetes también venían desde la bahía tan próxima: los barcos cañoneaban.
De repente, por la puerta entró una especie de rayo enceguecedor.
Cuando abrió los ojos todo seguía iluminado y temblando, pero había una especie de humo con olor imposible a saber. En el lugar del pesebre y el televisor solo había una mancha como de aceite negro y cenizas. Ni la virgen se había salvado.
Su marido, aterrado y mudo, miraba aquello y miraba a donde estaban los bebes. Si no hubiera sido por ella…
Ana recordó que era dirigente comunal, por eso debía calmarse y tratar de ayudar.
Fue a la puerta de salida, encontrando a todo el vecindario en caos, sin saber qué hacer.
Le dijo al marido que había que irse de ahí con los niños, pues una bomba podía acabar con el edificio de siete pisos. Se debía buscar refugio.
El salió cargando los bebes, y ella se fue gradas arriba para exigir que se desalojara la edificación. Entonces vio, en el último piso, a dos viejitos que lloraban y gritaban, pidiéndole al nieto que se quitara del balcón de enfrente.
El joven amenazaba a un helicóptero con un revolver que ya no tenía balas. Ana le gritó que por su culpa iban a bombardear el edificio.
El, como enloquecido, exclamaba a todo pulmón: “ ¡ yanquis asesinos!”, “ ¡ yanquis hijosdeputas!”.
Los tres vieron cuando una especie de rayo laser partió en dos, por la cintura, al joven. Ni una maquina aserradora lo hubiera hecho con tanta facilidad. Gritos y más gritos de pánico e impotencia ante ese horror. Ana empujó a los abuelos, obligándolos a bajar, aunque ya no querían ni vivir.
Abajo se encontró con su marido. Todos los niños que ahí había estaban en pánico total. Ella, con cautela, abrió el portón y fue saliendo. Su marido ni se atrevió a detenerla. Ella era así. En diagonal ardían varias edificaciones. Con cada estallido de las bombas los gritos eran generales, pues se creía que caían sobre sus cabezas.
Mujeres y hombres que corrían en cualquier dirección, llevando en brazos hasta tres niños. Niños que cargaban niños. Ancianos arrodillados en los quicios de las puertas orando.
En la esquina, a unos cien metros vio a tres hombres de civil que disparaban contra los helicópteros. Corrió hasta ellos y pidió un arma. No había.
Regresó desilusionada. Propuso de quedarse ahí porque no había a donde ir. Se acurrucaron, al interior del edificio. Unos se abrazaron. Llorando, hombres y mujeres, se pusieron a esperar que llegara la luz del día, quizás sería menos espantosa aquella horrible pesadilla.
A las 6h15 las explosiones continuaban. Ella abrió el portón lentamente, asomó la cabeza y se encontró con varios hombres con el rostro pintado. Se sintió muerta cuando le apuntaron con sus inmensas armas. Ellos empezaron a gritarle varias cosas, de las que solo entendió “go, go, go”, fuera, fuera, fuera. Hicieron señas para que salieran con las manos en alto. Los invasores ya se habían apoderado de casi todas las casas y edificios. Uno, con cara de latino, les dijo en español que debían ir hacia Balboa, un puerto que queda en la desembocadura del canal de Panamá, por el Océano Pacífico. Como a 5 kilómetros de ahí.
Los tanques estaban entrando al Chorrillo masivamente. De ellos se fueron bajando invasores que, a gritos en inglés, pedían que desocuparan las casas y edificios. Entonces empezaron a tirarles adentro un pequeño dispositivo que las incendiaba. Era una espeluznante magia. Igual estaban haciendo en San Miguelito, otro barrio de gentes humildes.
Ana quiso ayudar a una mujer herida que apenas podía caminar, y que tenía al pequeño hijo en los brazos. Los soldados apuntaban amenazantes. Otra mujer vino en apoyo, a sabiendas que podían ser asesinadas por no levantar los brazos.
Había muchos muertos en las calles, todos civiles. Un niño de unos diez años señaló, horrorizado, los cuerpos de dos compañeritas de estudio en medio de un gran charco de sangre. Ana sintió que se le partía el alma cuando reconoció a su vecina abrazada a sus dos hijos, los tres casi calcinados.
Nunca se había escuchado gritos más desgarradores: un tanque pasó sobre dos hombres, aunque uno de ellos estaba sentado en la calle herido. Las orugas los dejaron como papilla. Los sesos volaron a varios metros. Varias personas vomitaron o cayeron arrodilladas al presenciarlo. Esto se repitió varias veces durante el trayecto.
Se caminaba entre cadáveres. Los invasores tenían libertad para asesinar. Ejecutaban a civiles en plena calle por el tan solo hecho de haberles gritad o “Yankee go home”, ¡Yanqui, fuera!
No se permitió que se auxiliara a los heridos, ni que los familiares tocaran a sus muertos. Los camiones de los invasores venían a buscarlos y se los llevaban. Muchos capitalinos vieron cuando los incineraban con lanzallamas en las playas. Otros cientos de cuerpos fueron lanzados a fosas comunes.
Aunque en los barrios de los ricos salieron a tomarse fotos con los invasores , portando la bandera estadounidense. Esas mujeres querían hasta besarlos. En algunos lugares del campo también se les ofreció Coca-Cola y cigarrillos.
Fue la invasión estadounidense llamada “Causa Justa”: el desembarco aéreo más grande después de la Segunda Guerra Mundial. Sobre este pequeño país de tres millones de habitantes, cayó todo el poder militar de la primera potencia mundial: 26.000 soldados que parecían sedientos de sangre.
La invasión se convirtió en un campo experimental de la tecnología bélica más avanzada, la que luego se utilizaría contra Irak en 1991. Por ejemplo, el rayo que acabó con el pesebre y el televisor de Ana, y que partió al nieto. El avión bombardero invisible “Stealth” tuvo ahí su bautizo.
Las Fuerzas de Defensa de Panamá no tenían ni 3000 hombres de combate. No contaba con defensa aérea. Civiles y militares dieron su vida por la soberanía y la patria, no por el general Manuel Antonio Noriega.
Porque fueron más de 4000 los asesinados bajo el pretexto de capturar al dictador por represor y narcotraficante. Militar que hasta pocos meses antes había sido uno de los preferidos de Estados Unidos en América Latina. Asalariado de la CIA, y gran amigo de George Bush padre, fue el puente entre la mafia colombiana y la CIA para el tráfico de cocaína que financió la guerra contrainsurgente en Centroamérica, en los años ochenta. Pero en un arranque de soberanía, quiso que Estados Unidos no tuviera el mínimo control sobre Panamá, empezando por el Canal. Y los pecados que nunca le habían visto al general, fueron noticia mundial
Cuando invadieron, no lo pudieron encontrar. La CIA quedó ridiculizada. Tuvieron que ofrecer dinero por su captura. El se entregó el 3 de enero de 1990.
Los invasores se ensañaron contra el Chorrillo y San Miguelito porque sabían que ahí ellos no eran bienvenidos.
De esos barrios apenas quedaron algunas columnas de hormigón. Los mismos soldados estadounidenses empezaron a llamar al Chorrillo su “Little Hiroshima ”. La “pequeña Hiroshima”, comparándolo con la bomba atómica soltada por Estados Unidos sobre la ciudad japonesa el 6 de agosto de 1945. La gran mayoría de panameños lo reconocen como el “Barrio Mártir”.
Heroína y mártir fue Ana. Ella dejó a su marido con los niños y se fugó del campo de concentración donde los habían metido en Balboa. Se unió a quienes combatían las tropas invasoras. Les hizo varias bajas y averió un helicóptero. La mujer que disparaba a su lado vio cuando Ana recibió la bala en el pecho. Agonizante, le dijo: “cuéntale a mis hijos de mí”. Por poco no le logran abrir la mano para recuperar el fusil.
Periodista, escritor y realizador colombiano residente en Francia.
Este texto hace parte del libro Latinas de Falda y Pantalón, Ediciones El Viejo Topo, Barcelona 2015.
Algunas fuentes:
Méndez, Roberto. Panamá, 20 de diciembre de 1989: ¿Liberación... O crimen de guerra?
Calloni, Stella. “Panamá: El Día del Lobo”. Revista América: la Patria Grande. N° 8°. México. Julio-Septiembre de 1990.
Rodríguez, Mario. La Operación Just Cause en Panamá. Fundación Omar Torrijos. Panamá, 1991. http://www.radiolaprimerisima.com/noticias/general/214705/se-cumplen-27-anos-de-la-invasion-yanqui-a-panama
El enfrentamiento de Trump con la CIA es un secreto a voces que, como es lógico, no obedece en absoluto a discrepancias de tipo personal y está muy lejos de haber llegado a su final, a pesar de que el traspaso de poderes en la Casa Blanca se producirá en muy pocos días.
A Trump no le queda otro remedio que ordenar una depuración a fondo de los cargos directivos más importantes de la agencia de espionaje, cuyo alcance tampoco se conoce hasta la fecha.
En Estados Unidos la CIA no es cualquier cosa, sino una hidra con numerosos tentáculos y ramificaciones tendidas durante más de medio siglo, especialmente en los medios de comunicación, verdadera palestra en la que se están ridiculizando unos a otros.
La depuración está abriendo una etapa de navajazos por debajo de la mesa entre unos y otros, llenos de reproches, con la virtud de poner al descubierto los planes que tenía la CIA para el caso de que Clinton hubiera llegado a la Casa Blanca y, de rebote, los que Trump puede poner en marcha.
Por medios indirectos, los defensores de la CIA se lamentan de que les espera “la purga más horrible de toda su historia”, a la que posiblemente se le añada una “reestructuración” y un recorte de fondos en beneficio de otras instituciones de espionaje, menos castigadas por el fracaso cosechado en la Guerra de Siria.
A la mayor parte de los que lloran en los medios de comunicación de Estados Unidos por este“ataque contra la CIA” las nuevas políticas de Trump le importan un comino, pero eso de reducir los fondos, la lluvia de dólares... eso es otro cantar.
Lo peor de todo es que el encargado de meter mano a la CIA no es otro que el general Flynn. Ya le llaman “el terrible Flynn”.
Algunos sitios de noticias que alardean de “contrainformación” y presumen de ser“alternativos”, tanto en España como fuera de ella, han silenciado la captura de numerosos oficiales de la OTAN dirigiendo a las hordas salafistas en los barrios del este de Alepo.
La noticia ha levantado suspicacias entre quienes se niegan a mirar la realidad de frente y piden a los demás que mencionen unas fuentes que no pedirían a la CNN. Ese tipo de exigencias se deben dirigir a las grandes agencias de comunicación, que son quienes tienen los medios y los corresponsales y quienes, además, disponen de mucha más información verdadera, de la que no publican nada, por lo que se tienen que inventar una realidad inexistente.
Lo que ha suscitado dudas ha sido la mención explícita de la OTAN en la noticia, que parece contradecirse con el hecho de que sólo uno de los nombres que ha trascendido corresponde a un país de la alianza imperialista.
Es como suponer que todos los espías de la CIA llevan encima un pasaporte estadounidense y se lo presentan al primer oficial del ejército sirio que le apunta con su fusil.
Si la noticia se hubiera encabezado con un titular como el de “Capturados en Alepo varios espías del imperialismo que ayudaban a los terroristas”, no hubiera suscitado ninguna duda.
El problema es la concreción, ya que la noticia apunta directamente contra la OTAN, que desde su fundación es el núcleo militar del imperialismo que ha estado presente en todas las guerras de agresión desencadenadas desde la caída de la Unión Soviética en 1990, oficial u oficiosamente.
En Siria lo que todo el mundo tiene delante de sus narices no es otra cosa, precisamente, que una guerra de agresión y sepan todos que de sus consecuencias no sólo son responsables los que la dirigen y participan en ella, uniformados o no, sino los que la ocultan, la disimulan, la silencian y la tergiversan. Es bueno que lo tengan en cuenta desde ahora mismo.
El escepticismo sobre el verdadero papel protagonista de la OTAN en Siria, que se ha disipado con el paso del tiempo, procede a veces de una concepción ingenua de la guerra ligada a una ignorancia absoluta de las leyes militares por las que se rige cualquiera de ellas.
Una guerra moderna, como la de Siria, sólo la pudo dirigir desde el principio la OTAN por muchísimas razones, pero la enumeración de todas ellas olvidaría lo fundamental: todas las guerras habidas en el mundo desde la caída de la URSS, e incluso antes, como la de Afganistán, han estado dirigidas por la OTAN, empezando por los Balcanes, siguiendo por Irak y luego Libia.
Allá donde la OTAN no pudo poner sus pies sobre el terreno de una manera directa, como en el Cáucaso, la victoria fue más sencilla.
Sólo las fuerzas de la OTAN están adiestradas para coordinar el cúmulo de fuerzas complejas que el campo de batalla pone en funcionamiento. En Alepo no han capturado a un elenco disperso de espías de diverso origen nacional. Cada uno de esos espías y cada uno de esos países no hacía la guerra por su cuenta.
Aunque países como Israel o Arabia saudí, no forman parte de la OTAN, estaban presentes en el lugar del crimen en su condición de peones de la más absoluta confianza de la OTAN, del Pentágono y de la CIA, que han sido quienes han repartido los papeles que cada uno de ellos tenía que desempeñar en la guerra.
En Siria, lo mismo que en las agresiones anteriores, desencadenadas todas ellas por la OTAN, se han puesto en funcionamiento las técnicas propias de la modernidad, como los satélites, los misiles guiados de largo alcance, el cifrado y descifrado automático de comunicaciones o los geolocalizadores de precisión, todos los cuales no sólo exigen un personal especializado sino, además, un largo adiestramiento que sólo una gran potencia tiene.
Hasta el más inepto de los periodistas tiene que ser capaz de entender que cualquiera no puede manejar esos medios técnicos, ni siquiera con un curso de aprendizaje y, sobre todo, que esa destreza técnica y militar no se puede poner a disposición de cualquiera, por muy amiguete que sea.
Son equipos sujetos a unas normas de confidencialidad muy estricta. Estados Unidos no ha permitido nunca que el control de determinados equipos bélicos avanzados, como los satélites espaciales, estén a disposición de otros países de la OTAN, por fieles lacayos que hayan demostrado ser.
En la Guerra de Siria el despliegue de medios técnicos es tan importante y tan avanzado que ni siquiera la intervención de una potencia militar, como Irán, fue capaz de neutralizarla durante años. Sólo Rusia se ha mostrado al mismo nivel, lo cual demuestra quiénes son realmente los que están al otro de las trincheras.
Si se tratara sólo de bandadas de milicianos fanatizados, no hubieran tenido suficiente potencia de fuego para hacer frente a un ejército regular, como el sirio, y mucho menos a dos de ellos, si tenemos en cuenta también al iraní.
La Guerra de Siria es una continuación de la de Irak, en donde la estrategia militar ha cambiado drásticamente en los 14 años transcurridos desde la invasión de 2003, como el mismo Pentágono ha puesto de manifiesto.
Además de unidades de inteligencia, hoy las potencias imperialistas están poniendo sobre el terreno comandos especiales que combaten sin distintivos y cuya presencia en Siria se ha venido negando sistemáticamente hasta fechas muy recientes.
El centro operativo de mando de los criminales de la OTAN y sus secuaces salafistas nunca estuvo -ni está- en Mosul, ni en Raqqa. Su madriguera era Alepo y en ella no sólo dirigían la guerra una docena de ratas inmundas sino, al menos, 1.500 especialistas procedentes tanto de países miembros de la Alianza, como de otros que no pertencían a ella.
A los espías y a las fuerzas irregulares que combaten sin distintivos nacionales, de manera subrepticia, no les ampara la Convención de Ginebra, por lo que no son prisioneros de guerra, es decir, pueden ser fusilados de manera fulminante según las normas del Derecho Internacional, que son las mismas en Alepo que en Porriño.
Si a pesar de los 300.000 asesinatos cometidos por ellos en Siria, el gobierno de Bashar Al-Assad ni siquiera está procediendo a su detención, es por un exceso de humanitarismo y por las insoportables presiones que están ejerciendo los imperialistas para salvaguardar la vida de sus agentes y espías.