Cuando te refías alguien durante mucho tiempo puede que mas adelante tengas un desengaño.
En política el desengaño es mayor y afecta a mucha más gente, exactamente a todo un país.
España ese país gobernado por imbeciles aristócratas que solo piensan en su propio bienestar importándoles muy poco que le sucede al pueblo mientras puedan comer caviar y el resto se muera de hambre.
Todo puede cambiar siempre que el pueblo esté unido y decidan actuar, de otra manera acabarían sin los recursos necesarios para la supervivencia.
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possible l'acord entre Junts pel Sí i la CUP
L'ANC no vol parlar de la hipòtesi d'unes noves eleccions. De fet, veu "molt possible" l'acord entre Junts pel Sí i la CUP, segons ha assegurat aquest dissabte el president de l'ANC, Jordi Sànchez. "És l'únic escenari que contemplem", i ha dit que l'acord "no es tracta només d'escollir la presidència de la Generalitat" sinó de "garantir una majoria sòlida que permeti desenvolupar les bases de la república catalana". Sobre la possibilitat que el vot independentista es desmobilitzi a falta d'un acord de cara les eleccions del 20-D, el president de l'ANC ha afirmat que "l'independentisme tindrà la resposta que la situació política requereix" i ha demanat que no s'interpretin els comicis com "una segona volta de res". "Les forces polítiques han d'anar a Madrid a negociar les condicions democràtiques per exercir el dret a decidir i la construcció de la república", ha defensat Sànchez des d'Ulldecona, on el secretariat nacional fa aquest dissabte una trobada ordinària. En aquest sentit, el president de l'ANC ha dit que espera que aquesta sigui "la darrera legislatura espanyola en què Catalunya hi forma part".
El president de l'ANC ha insistit en el fet que l'Assemblea vol "un acord ràpid i de qualitat". A Junts pel Sí i la CUP "els manifestem el suport i tenim el convenciment que arribaran a un acord", ha dit Sànchez, que els ha demanat "que ho facin ràpid". Segons el president de l'Assemblea, "l'espai de negociació avança adequadament" i espera que s'arribi a un acord "com més aviat millor" i "de manera sòlida" per "posar-nos a treballar".
El president de l'ANC ha insistit en el fet que l'Assemblea vol "un acord ràpid i de qualitat". A Junts pel Sí i la CUP "els manifestem el suport i tenim el convenciment que arribaran a un acord", ha dit Sànchez, que els ha demanat "que ho facin ràpid". Segons el president de l'Assemblea, "l'espai de negociació avança adequadament" i espera que s'arribi a un acord "com més aviat millor" i "de manera sòlida" per "posar-nos a treballar".
analisis sobre las elecciones del 20D
Se acerca la fecha. Nos toca decidir el voto (¿útil?). Bajo mi punto de vista como científico -que es una parte importante de lo que soy- hay tres aspectos cruciales a considerar en un partido político:
Primero y fundamental, el pensamiento racional. Sin pensamiento racional, es difícil llegar lejos. Las supersticiones tienen su lugar en la cultura, pero hemos de trabajar en la realidad. Es una desgracia que se legisle siguiendo los dictados de la Iglesia Católica, como lo es que se de cancha a seudoterapias o seudodolencias. No deja de crecer la lista de Universidades que, buscando funcionar con criterios de rentabilidad económica, admiten entre sus muros lo que nunca debiera entrar.
Segundo, el cambio climático, que me parece el gran reto científico y social del siglo XXI. Sin arreglar esto sí que no llegamos lejos. Este punto es, además, transversal: las múltiples regulaciones que son condición necesaria para frenarlo no son compatibles con el modelo capitalista actual. El libre mercado ya ha demostrado que no tiene herramientas eficaces para dejar el carbono enterrado en el suelo ni para poner en marcha el decrecimiento necesario para que nuestra civilización sobreviva dos generaciones. Así, grandes porciones del programa que parecen ir de economía o política internacional (y sus siglas asociadas: TTIP, FMI…), o de servicios públicos, de modelos de urbanismo, consumo o mobilidad, en realidad son fundamentales para el gran problema del cambio climático. La ciencia nos dice: de esta no salimos cambiando las bombillas.[1]
Tercero, la investigación. Hay que invertir en investigación pública para resolver problemas sociales. A corto, a medio y a largo plazo. Aquí tenemos la otra cara de esa transversalidad: hablando de la carrera investigadora, de la inversión en conocimiento, a la vez se está hablando de la economía y de la industria de la próxima generación. No me parece razonable que aspiremos a ser un país para turistas.
¿Cómo valoro, desde estas tres directrices, a las siguientes organizaciones políticas?
El Partido Popular, heredero del nacionalcatolicismo, pone medallas a las Vírgenes, hasta hace poco negaba el cambio climático y se ha cargado la investigación pública en España. No hace falta darle más vueltas.
El PSOE ha plantado históricamente cara (un poco) a la Iglesia Católica. Podría haber hecho más, claro. Y menos también. No se puede dejar de reconocer que duplicó en su día la inversión en I+D. Pero como partido capitalista que es, no trabajará para frenar el cambio climático como necesitamos que lo haga.
A Cs los veo comparables al PSOE, pero con mucha mejor asesoría a la hora de elaborar la parte científica del programa electoral. Comparados con el PSOE, creo que desafiarán algo menos a la religión y algo más a otras supersticiones seudocientíficas. Me parece difícil predecir quién invertirá más en investigación, pero parece claro que Cs invertirá mejor. Sobre todo, mejor para la empresa privada. Ahora bien, sus políticas de libre mercado seguirán alimentando a la locomotora que tira del cambio climático; al menos tanto como las del PSOE o las del PP. Esa postura tampoco es contradictoria con la ciencia, realmente: simplemente consiste en sacrificar a los muchos y a los que están por venir para el beneficio de los pocos y del corto plazo. Algunos viviremos (¿o vivirán?) algo más cómodos algunos años más, pero la cuenta la pagarán los niños de hoy y los pobres de mañana, y esa cuenta será de espanto.[2]
Las fuerzas a la izquierda del PSOE (desde Unidad Popular a Podemos pasando por todos sus aliados reales y potenciales) son, con diferencia, las más beligerantes con la superstición eclesiástica. En cambio, contra las seudociencias a veces son los más débiles. Aquí hay más de una batalla importante por librar, y hemos de comprometernos quienes tenemos formación científica y a la vez buscamos la justicia social: hemos de insistir en que, si bien tiene todo el sentido que se planteen propuestas alternativas a la actualidad económica, que es una construcción humana, no lo tiene el jugar con alternativas a la realidad científica, que es objetiva. En cuanto al cambio climático, las fuerzas que recogen postulados anticapitalistas me parecen la única opción sensata. Aquí sí hay potencial de que nuestros hijos hereden un planeta poco hostil, y de que nuestros nietos hereden una civilización digna de tal nombre. Resultan, por tanto, la única opción responsable con quienes tienen menos y con quienes están por venir, la opción que menos hará que nos maldigan por haber tolerado el lujo a costa de su sacrificio. En cuanto a la investigación, de nuevo, a estas fuerzas les queda (¿nos queda?) trabajo por hacer: no dejarán que se hunda la investigación pública, eso seguro, pero los programas son mejorables. Lo bueno es que estas fuerzas tienden a responder a la presión de la calle cuando gobiernan: en la práctica, para mejorar esos programas habrá que organizarse y trabajar.
[1] Aconsejo mucho leer esta entrevista de Amy Goodman a Kevin Anderson para Democracy Now!, del 8/12/2015
[2] Los primeros refugiados climáticos están pagando ya la cuenta de los excesos cometidos por los más ricos durante las últimas décadas, y quienes vivimos en países acomodados nos tendremos que apretar más el cinturón durante los próximos años por esos mismos excesos: se han (nos hemos) gastado ya casi todo el presupuesto de carbono, y ahora toca emitir poco y tener un cambio climático relativamente moderado, aunque dañino… o seguir emitiendo unos años más y tener un cambio climático desastroso.
Primero y fundamental, el pensamiento racional. Sin pensamiento racional, es difícil llegar lejos. Las supersticiones tienen su lugar en la cultura, pero hemos de trabajar en la realidad. Es una desgracia que se legisle siguiendo los dictados de la Iglesia Católica, como lo es que se de cancha a seudoterapias o seudodolencias. No deja de crecer la lista de Universidades que, buscando funcionar con criterios de rentabilidad económica, admiten entre sus muros lo que nunca debiera entrar.
Segundo, el cambio climático, que me parece el gran reto científico y social del siglo XXI. Sin arreglar esto sí que no llegamos lejos. Este punto es, además, transversal: las múltiples regulaciones que son condición necesaria para frenarlo no son compatibles con el modelo capitalista actual. El libre mercado ya ha demostrado que no tiene herramientas eficaces para dejar el carbono enterrado en el suelo ni para poner en marcha el decrecimiento necesario para que nuestra civilización sobreviva dos generaciones. Así, grandes porciones del programa que parecen ir de economía o política internacional (y sus siglas asociadas: TTIP, FMI…), o de servicios públicos, de modelos de urbanismo, consumo o mobilidad, en realidad son fundamentales para el gran problema del cambio climático. La ciencia nos dice: de esta no salimos cambiando las bombillas.[1]
Tercero, la investigación. Hay que invertir en investigación pública para resolver problemas sociales. A corto, a medio y a largo plazo. Aquí tenemos la otra cara de esa transversalidad: hablando de la carrera investigadora, de la inversión en conocimiento, a la vez se está hablando de la economía y de la industria de la próxima generación. No me parece razonable que aspiremos a ser un país para turistas.
¿Cómo valoro, desde estas tres directrices, a las siguientes organizaciones políticas?
El Partido Popular, heredero del nacionalcatolicismo, pone medallas a las Vírgenes, hasta hace poco negaba el cambio climático y se ha cargado la investigación pública en España. No hace falta darle más vueltas.
El PSOE ha plantado históricamente cara (un poco) a la Iglesia Católica. Podría haber hecho más, claro. Y menos también. No se puede dejar de reconocer que duplicó en su día la inversión en I+D. Pero como partido capitalista que es, no trabajará para frenar el cambio climático como necesitamos que lo haga.
A Cs los veo comparables al PSOE, pero con mucha mejor asesoría a la hora de elaborar la parte científica del programa electoral. Comparados con el PSOE, creo que desafiarán algo menos a la religión y algo más a otras supersticiones seudocientíficas. Me parece difícil predecir quién invertirá más en investigación, pero parece claro que Cs invertirá mejor. Sobre todo, mejor para la empresa privada. Ahora bien, sus políticas de libre mercado seguirán alimentando a la locomotora que tira del cambio climático; al menos tanto como las del PSOE o las del PP. Esa postura tampoco es contradictoria con la ciencia, realmente: simplemente consiste en sacrificar a los muchos y a los que están por venir para el beneficio de los pocos y del corto plazo. Algunos viviremos (¿o vivirán?) algo más cómodos algunos años más, pero la cuenta la pagarán los niños de hoy y los pobres de mañana, y esa cuenta será de espanto.[2]
Las fuerzas a la izquierda del PSOE (desde Unidad Popular a Podemos pasando por todos sus aliados reales y potenciales) son, con diferencia, las más beligerantes con la superstición eclesiástica. En cambio, contra las seudociencias a veces son los más débiles. Aquí hay más de una batalla importante por librar, y hemos de comprometernos quienes tenemos formación científica y a la vez buscamos la justicia social: hemos de insistir en que, si bien tiene todo el sentido que se planteen propuestas alternativas a la actualidad económica, que es una construcción humana, no lo tiene el jugar con alternativas a la realidad científica, que es objetiva. En cuanto al cambio climático, las fuerzas que recogen postulados anticapitalistas me parecen la única opción sensata. Aquí sí hay potencial de que nuestros hijos hereden un planeta poco hostil, y de que nuestros nietos hereden una civilización digna de tal nombre. Resultan, por tanto, la única opción responsable con quienes tienen menos y con quienes están por venir, la opción que menos hará que nos maldigan por haber tolerado el lujo a costa de su sacrificio. En cuanto a la investigación, de nuevo, a estas fuerzas les queda (¿nos queda?) trabajo por hacer: no dejarán que se hunda la investigación pública, eso seguro, pero los programas son mejorables. Lo bueno es que estas fuerzas tienden a responder a la presión de la calle cuando gobiernan: en la práctica, para mejorar esos programas habrá que organizarse y trabajar.
[1] Aconsejo mucho leer esta entrevista de Amy Goodman a Kevin Anderson para Democracy Now!, del 8/12/2015
[2] Los primeros refugiados climáticos están pagando ya la cuenta de los excesos cometidos por los más ricos durante las últimas décadas, y quienes vivimos en países acomodados nos tendremos que apretar más el cinturón durante los próximos años por esos mismos excesos: se han (nos hemos) gastado ya casi todo el presupuesto de carbono, y ahora toca emitir poco y tener un cambio climático relativamente moderado, aunque dañino… o seguir emitiendo unos años más y tener un cambio climático desastroso.
Mercadona.- una mafia escondida?
El método Mercadona, derechos laborales de marca blanca
■ El imperio de Juan Roig presiona a sus empleados para evitar bajas por enfermedad y ahorra en despidos forzando expedientes disciplinarios.
El método Mercadona, derechos laborales de marca blanca.
El propietario de Mercadona, Juan Roig, se ha enorgullecido en multitud de ocasiones del escaso absentismo laboral que hay en su empresa frente el alto nivel en el resto del país. “En España hay más de un millón de personas que hoy no ha ido a trabajar pudiendo”, declaró Roig en una de sus intervenciones. Esa cosmovisión empresarial la aplica en su compañía de una manera muy especial.
El nuevo paradigma de Mercadona sobre las bajas por enfermedad es explicado a los trabajadores nada más llegar a la empresa y consiste, precisamente, en negar la baja. “Tener una enfermedad no siempre tiene que implicar coger la baja”, dice la ficha que se les entrega. Según este método, mientras no sea perjudicial para la salud, se puede trabajar enfermo. Y ni siquiera siempre se respeta esa máxima.
Mercadona posee unos métodos de presión sobre los trabajadores tremendamente efectivos para que no cojan las bajas. En su plan de acogida a los nuevos empleados, Mercadona especifica claramente a los trabajadores que, en caso de accidente, enfermedad, embarazo o consulta médica, deberán notificárselo al coordinador de la tienda para que éste a su vez les facilite el contacto del médico de plantilla de la empresa. Esto impide que el empleado acuda a la mutua o a su médico de cabecera y, por tanto, que haya baja. En este sentido, lo máximo que se conceden son los llamados “días de descanso”, sin baja, y durante los cuales el médico de plantilla llamará cada día al trabajador para que se incorpore al trabajo. En caso de que se permita al empleado acudir a una mutua que trabaje con Mercadona, los profesionales de estas empresas tienen instrucciones precisas de no dar la baja a los trabajadores de Roig. Según David Fernández, de la CNT en Mallorca, son multitud los trabajadores que han declarado que, ante una petición de baja, han recibido contestaciones como “ya sabes lo que hay con Mercadona” o “sabes lo que te pasará si pides la baja en el médico de cabecera”.
merca2
Una empleada de Zaragoza aseguró a La Marea que un médico de la mutua llegó mostrarle la pantalla de su ordenador, en el que aparecía un aviso claro: “No dar la baja a trabajadores de Mercadona”. Según Isabel Gutierrez, de CCOO, los médicos de la mutua que trabajan con la empresa sólo pueden dar la baja al empleado con el permiso del médico de Mercadona.
Peligros graves
Esta práctica habitual ha provocado casos gravísimos en empleados que, presionados por la empresa, siguieron en sus puestos de trabajo con enfermedades no diagnosticadas o diagnosticadas erróneamente. Uno de los más llamativos es el que casi acaba con la vida de José Luis Enríquez, un empleado de Mercadona en Málaga que, tras cuatro meses de dolores insoportables en la espalda y de ser tratado y medicado por el médico de la empresa, tuvo que acudir a urgencias para que le operaran de un trombo que amenazaba su vida. José Luis informó a su coordinador de un dolor punzante en la pierna y, tras varias negativas de éste a concederle la baja, finalmente el médico de la empresa le diagnosticó por teléfono que sufría una ciática y le recetó un medicamento llamado Incitán.
Después de agotar el tratamiento sin sufrir mejoría alguna y sin faltar al trabajo, decidió ir al médico de cabecera debido a que el dolor era insoportable, no sin antes recibir una llamada del médico de la empresa que le instaba a no cogerse la baja médica y a acudir a una clínica privada concertada con Mercadona. Allí volvieron a recetarle el mismo medicamento. Enríquez cada día iba a peor. Tras varias conversaciones con el médico de empresa y su coordinador, y viendo que el dolor no remitía sino que iba a más, el empleado acudió al hospital provincial de Málaga, donde le operaron de dos trombosis –una en cada pierna– que si no llegan a ser tratadas habrían acabado con su vida. Además, casi le hacen perder la pierna izquierda. Casos como este no son excepcionales, denuncia David Fernández, de la CNT, desde donde llevan varios expedientes de trabajadores de Mercadona que han sufrido secuelas de por vida por seguir las indicaciones de la empresa con respecto a las bajas por enfermedad.
Amenazas de despido
Una trabajadora de un supermercado de Mallorca, por ejemplo, ha quedado con el hombro inutilizado tras ser tratada con calmantes y amenazada de despido si se le ocurría faltar a su puesto de trabajo. Según Isabel Gutierrez, del sindicato CCOO, este método para luchar contra el absentismo laboral se sirve además del enfrentamiento entre los propios trabajadores. La empresa exige que para cobrar la prima trimestral por objetivos no se exceda de un número de bajas determinadas, y Mercadona señala ante los trabajadores de un establecimiento a aquellos que se han cogido una baja y han evitado que el resto pudiera cobrar la prima por objetivos prevista.
En 2010, Mercadona contaba con 63.000 trabajadores en su plantilla total, una cifra que aumentó hasta los 74.000 que tiene en la actualidad la cadena de supermercados. Esto supone un incremento de 11.000 empleados en cuatro años. Sin embargo, el crecimiento se produjo al mismo tiempo que 11.754 trabajadores causaban baja en ese mismo periodo. Este número tan elevado de bajas tiene entre sus causas las fuertes exigencias y presiones impuestas por el método Calidad Total.
En este sentido, cabe destacar que la empresa suele utilizar el despido disciplinario como método para ahorrarse la indemnización por despido. Desde gestión, se alegan excusas falsas o de carácter muy leve que elevan a grave amparándose en el mismo método Calidad Total. Por ejemplo, colocar mal una botella en las estanterías, no sonreír a un cliente, dar un golpe a una puerta o llegar cinco minutos tarde son motivos considerados por Mercadona como constitutivos de un despido disciplinario.
Desde el departamento de comunicación de Mercadona se justifican estas actuaciones por el amplio número de trabajadores en plantilla y la lógica circunstancia de que existen procedimientos de todo tipo. Para sostener estas acusaciones la empresa suele usar la firma de dos o más empleados que, conscientes de las represalias que supondría no colaborar como testigos del despido, firman y apoyan la versión de la empresa. Si el empleado opta por denunciar a la empresa, Mercadona en ocasiones actua al margen de la judicatura con el uso de contratos privados. Estos, según David Fernández, de CNT, incluyen cláusulas de dudosa legalidad, como las que prohíben al trabajador hablar mal o criticar a la empresa en cualquier foro.
Ello no sólo impide al empleado denunciar en el futuro a Mercadona: en el caso de que el extrabajador las incumpla, se vería obligado a pagar un mínimo del triple de lo acordado en la indemnización por el despido. Mercadona se niega a hablar de estos contratos por su carácter privado.
El lado oscuro de Mercadona
Lechugas, coles, escarolas y espinacas marca Verdifresh. Pienso para animales Compy. Detergente, lavavajillas, lejía y bolsas de basura de la firma Bosque Verde. Cremas de belleza, champú y gel Deliplus. Galletas, gazpachos, pizzas, leche, atún y casi la mitad de productos del supermercado bajo un mismo nombre: Hacendado. Son marcas blancas propias de Mercadona, la mayor cadena de distribución alimentaria en España por volumen de ventas. Cerca de la mitad de los artículos que se encuentran en las estanterías de estos hipermercados pertenece a una marca blanca, no comercial. Dentro de ellos, están los que el equipo de Juan Roig denomina “interproveedores” o “productos recomendados”, una figura que implantó la empresa valenciana en los años noventa y que consiste en crear una relación de confianza y dependencia entre las compañías que suministran sus productos para la venta y el supermercado. “Siempre buscando el precio más bajo para nuestro jefe, el consumidor”, tal y como lo expresó son su propio lenguaje Roig durante la presentación de resultados en 2009. Precisamente ese año, el modelo dio un salto cuantitativo y cualitativo cuando la cadena de alimentación hizo desaparecer casi 1.000 referencias de marcas comerciales de sus estanterías. Fue entonces cuando el cliente dejó de tener oportunidad de elegir y la cesta de la compra empezó a llenarse de productos con etiquetados no reconocibles.
Este cambio de filosofía provocó el enfado de muchos fabricantes e hizo que la relación con los interproveedores cambiase. A partir de ese momento Mercadona pasaba a exigir exclusividad a aquellas empresas que trabajasen con ellos. En algunos casos, incluso habían de pactar el beneficio que deberían obtener por trabajar para la cadena de supermercados. Había llegado el momento de los productos que, según el manual de empresa que se entrega a los trabajadores, ofrecían “a un precio más atractivo una calidad aceptable con el margen más óptimo para el distribuidor”. La revolución en el planteamiento de venta produjo la salida del máximo responsable de la relación con los interproveedores, Manuel de Juan. Él había pactado unas condiciones con ellos que a partir de ese momento iban a cambiar. Varias grandes empresas decidieron dejar de vender para la cadena de alimentación y empezaron su proceso de “desengache”, que se alarga hasta tres años.
Mercadona establece con sus interproveedores un contrato de por vida en el que les asegura unas ventas a cambio de que acepten sus reglas del juego. Aunque en público ninguno de ellos quiere explicar esas condiciones, en privado sí se producen algunas quejas. El equipo de Juan Roig controla todo, “exige las inversiones que se deben hacer”, en algunos casos “ha llegado a tener incluso un despacho en la propia empresa” y puede “recomendar” dónde abrir nuevas fábricas “por cercanía con el centro logístico de Mercadona”, explica una fuente del sector que prefiere mantener el anonimato. En la relación comercial entre supermercado y proveedor hay cuatro fases: inicial, de subida, consolidada y de desenganche.
Además, explica una extrabajadora que conoce los métodos de trabajo de Mercadona, “están los que se catalogan como al coll (al cuello), que quiere decir que tienen tan poco margen de beneficio y una dependencia tan grande que no se les puede apretar más”. El supermercado asegura que su proyecto con los interproveedores es “abierto, de estabilidad y a largo plazo”. Sobre la dependencia de sus distribuidores de marca blanca sostiene que “ya no se exige exclusividad” y que quien fabrica para la cadena “tiene un alto volumen de venta, por lo que los estándares de calidad y seguridad alimentaria son consensuados, definidos y contrastados de forma conjunta entre el equipo de calidad del proveedor y el de Mercadona”.
José Luis Estruch es miembro del Comité de Empresa y trabajador de la firma Juan y Juan, del grupo Dulcesol, que abandonó Mercadona en 2009 coincidiendo con la nueva política con los interproveedores. “Se notó el cambio cuando nos fuimos. La empresa se asustó mucho, pero salimos adelante y ahora somos casi 200 empleados más que entonces”, explica Estruch. De forma velada, apunta la presión que ejerce Mercadona: “Nos pedía ser interproveedor en exclusiva; puede hacer de ti lo que quiera y no te deja expandirte ni vender a otro. […] Quiere toda la producción para ellos, con todo lo que eso implica”, sentencia. Dulcesol elabora productos de marca blanca para Carrefour y Lidl, entre otros supermercados españoles. El año pasado incrementó sus ventas un 7% y se ha expandido a Francia y Argelia.
Fondos de inversión al rescate
Las condiciones que impone la cadena de alimentación valenciana son tan fuertes que en algunas ocasiones llevan a la ruina al propio proveedor, y Mercadona ha tenido que acudir en su rescate. Es lo que sucedió en el año 2010 con el suministrador de pescado Caladero, el segundo mayor abastecedor de la cadena, con una venta mensual de 34,1 millones de euros. Fuentes conocedoras del caso explican a La Marea que Mercadona contrató los servicios de una auditora y ésta le comunicó que las cuentas no estaban muy claras y que debido a la presión con los márgenes con los que se trabajaba, la empresa estaba en quiebra. En ese momento llegó al rescate el fondo de inversión Atitlán, en el que participa Roberto Centeno, yerno de Juan Roig. El fondo encargó una due diligence (un informe legal, fiscal y de valoración de empresa) y acabó comprando Caladero a bajo precio por las contingencias encontradas en la auditoría. Tras la operación financiera volvió a ser interproveedor en exclusiva de Mercadona.
Al igual que sucedió con Caladero, Atitlán ha participado en otras accciones de recapitalización de interproveedores: hizo lo mismo con Ibersnacks, fabricante de aperitivos; Bynsa, de comida para animales; Dafsa, de zumos; y Naturvega, fabricante de sándwiches, salsas y ensaladillas. Este tipo de apuestas económicas le supusieron al fondo de inversión un beneficio neto de 63,9 millones una vez vendidas las empresas, según recoge su memoria del ejercicio 2013. Todas estas compañías en las que intervino Atitlán acabaron trabajando como interproveedores en exclusiva de la cadena de supermercados valenciana.
El mayor proveedor de Mercadona, el distribuidor de cárnicas Martínez Loriente, también contó con la participación de Atitlán: el fondo poseía el 10% de las acciones hasta su venta, el pasado mes de mayo. El tercer mayor interproveedor, Casa Tarradellas, es uno de los pocos fabricantes a los que la cadena permite distribuir su propia marca fuera de las tiendas de Roig.
Desde Mercadona rechazan cualquier tipo de relación con Atitlán. “En la época en que era difícil para las pymes acceder al crédito, Atitlán como empresa de capital riesgo fue socio financiero de cuatro de nuestros interproveedores. Una vez fueron generando sus recursos adquirieron la totalidad de las acciones”, se justifican desde el supermercado. “Desde hace tres años no hace ninguna operación con nosotros”, concluye un portavoz.
El problema de la Denominación de Origen
La excesiva dependencia de sus marcas blancas ha hecho que Mercadona esté en el punto de mira de muchos organismos defensores de la Denominación de Origen (D.O.), que ven en sus productos una competencia desleal. La cadena de supermercados es valenciana en origen. Su máximo accionista, Juan Roig, asumió en 1981 las carnicerías de sus padres para crear un imperio, pero eso no ha sido suficiente para que se haya puesto en duda su modelo en lo que respecta a tres productos clásicos del País Valenciano y que están en el centro de la polémica: la horchata, el arroz y el turrón.
Mercadona asegura que su horchata es de origen valenciano. De hecho apunta que su interproveedor, Dafsa, compra el 48% de la chufa que se produce en Valencia y que está firmando acuerdos para “incrementar ese porcentaje”. Desde la Denominación de Origen Chufa de Valencia desmienten a la compañía y explican que la única garantía de que esto sea así es que el envase muestre el logotipo que ellos otorgan, algo que no sucede con Mercadona pero sí con otras marcas blancas que suministran a otros supermercados.
De igual manera, el arroz o el turrón Hacendado carecen del sello de Denominación de Origen. En el caso del turrón, la encargada de la marca blanca es la empresa Sanchis Mira, perteneciente al grupo Antiu Xixona, ubicado en Alicante. Pese a ello, el envase no tiene el sello de D.O., algo que sí sucede con los productos que el fabricante realiza con su marca comercial. Mercadona no exige a sus interproveedores sellos de Denominación de Origen aunque sí obliga a conocer la procedencia y la trazabilidad del producto. El sello que otorga el Consejo Regulador de Jijona y Turrón de Alicante se refiere tanto a la materia prima como a la forma de elaborar el dulce. La cadena valenciana descarga la responsabilidad en sus interproveedores: “Ellos deciden qué añade valor al cliente y qué no”. Los “productos recomendados” por el mayor supermercado español apuestan por el lema de la propia companía, “SPB: Siempre Precios Bajos”. Del coste que eso suponga no dice nada el acuerdo que firman los comerciantes de la marca blanca con Juan Roig.
Este cambio de filosofía provocó el enfado de muchos fabricantes e hizo que la relación con los interproveedores cambiase. A partir de ese momento Mercadona pasaba a exigir exclusividad a aquellas empresas que trabajasen con ellos. En algunos casos, incluso habían de pactar el beneficio que deberían obtener por trabajar para la cadena de supermercados. Había llegado el momento de los productos que, según el manual de empresa que se entrega a los trabajadores, ofrecían “a un precio más atractivo una calidad aceptable con el margen más óptimo para el distribuidor”. La revolución en el planteamiento de venta produjo la salida del máximo responsable de la relación con los interproveedores, Manuel de Juan. Él había pactado unas condiciones con ellos que a partir de ese momento iban a cambiar. Varias grandes empresas decidieron dejar de vender para la cadena de alimentación y empezaron su proceso de “desengache”, que se alarga hasta tres años.
Mercadona establece con sus interproveedores un contrato de por vida en el que les asegura unas ventas a cambio de que acepten sus reglas del juego. Aunque en público ninguno de ellos quiere explicar esas condiciones, en privado sí se producen algunas quejas. El equipo de Juan Roig controla todo, “exige las inversiones que se deben hacer”, en algunos casos “ha llegado a tener incluso un despacho en la propia empresa” y puede “recomendar” dónde abrir nuevas fábricas “por cercanía con el centro logístico de Mercadona”, explica una fuente del sector que prefiere mantener el anonimato. En la relación comercial entre supermercado y proveedor hay cuatro fases: inicial, de subida, consolidada y de desenganche.
Además, explica una extrabajadora que conoce los métodos de trabajo de Mercadona, “están los que se catalogan como al coll (al cuello), que quiere decir que tienen tan poco margen de beneficio y una dependencia tan grande que no se les puede apretar más”. El supermercado asegura que su proyecto con los interproveedores es “abierto, de estabilidad y a largo plazo”. Sobre la dependencia de sus distribuidores de marca blanca sostiene que “ya no se exige exclusividad” y que quien fabrica para la cadena “tiene un alto volumen de venta, por lo que los estándares de calidad y seguridad alimentaria son consensuados, definidos y contrastados de forma conjunta entre el equipo de calidad del proveedor y el de Mercadona”.
José Luis Estruch es miembro del Comité de Empresa y trabajador de la firma Juan y Juan, del grupo Dulcesol, que abandonó Mercadona en 2009 coincidiendo con la nueva política con los interproveedores. “Se notó el cambio cuando nos fuimos. La empresa se asustó mucho, pero salimos adelante y ahora somos casi 200 empleados más que entonces”, explica Estruch. De forma velada, apunta la presión que ejerce Mercadona: “Nos pedía ser interproveedor en exclusiva; puede hacer de ti lo que quiera y no te deja expandirte ni vender a otro. […] Quiere toda la producción para ellos, con todo lo que eso implica”, sentencia. Dulcesol elabora productos de marca blanca para Carrefour y Lidl, entre otros supermercados españoles. El año pasado incrementó sus ventas un 7% y se ha expandido a Francia y Argelia.
Fondos de inversión al rescate
Las condiciones que impone la cadena de alimentación valenciana son tan fuertes que en algunas ocasiones llevan a la ruina al propio proveedor, y Mercadona ha tenido que acudir en su rescate. Es lo que sucedió en el año 2010 con el suministrador de pescado Caladero, el segundo mayor abastecedor de la cadena, con una venta mensual de 34,1 millones de euros. Fuentes conocedoras del caso explican a La Marea que Mercadona contrató los servicios de una auditora y ésta le comunicó que las cuentas no estaban muy claras y que debido a la presión con los márgenes con los que se trabajaba, la empresa estaba en quiebra. En ese momento llegó al rescate el fondo de inversión Atitlán, en el que participa Roberto Centeno, yerno de Juan Roig. El fondo encargó una due diligence (un informe legal, fiscal y de valoración de empresa) y acabó comprando Caladero a bajo precio por las contingencias encontradas en la auditoría. Tras la operación financiera volvió a ser interproveedor en exclusiva de Mercadona.
Al igual que sucedió con Caladero, Atitlán ha participado en otras accciones de recapitalización de interproveedores: hizo lo mismo con Ibersnacks, fabricante de aperitivos; Bynsa, de comida para animales; Dafsa, de zumos; y Naturvega, fabricante de sándwiches, salsas y ensaladillas. Este tipo de apuestas económicas le supusieron al fondo de inversión un beneficio neto de 63,9 millones una vez vendidas las empresas, según recoge su memoria del ejercicio 2013. Todas estas compañías en las que intervino Atitlán acabaron trabajando como interproveedores en exclusiva de la cadena de supermercados valenciana.
El mayor proveedor de Mercadona, el distribuidor de cárnicas Martínez Loriente, también contó con la participación de Atitlán: el fondo poseía el 10% de las acciones hasta su venta, el pasado mes de mayo. El tercer mayor interproveedor, Casa Tarradellas, es uno de los pocos fabricantes a los que la cadena permite distribuir su propia marca fuera de las tiendas de Roig.
Desde Mercadona rechazan cualquier tipo de relación con Atitlán. “En la época en que era difícil para las pymes acceder al crédito, Atitlán como empresa de capital riesgo fue socio financiero de cuatro de nuestros interproveedores. Una vez fueron generando sus recursos adquirieron la totalidad de las acciones”, se justifican desde el supermercado. “Desde hace tres años no hace ninguna operación con nosotros”, concluye un portavoz.
El problema de la Denominación de Origen
La excesiva dependencia de sus marcas blancas ha hecho que Mercadona esté en el punto de mira de muchos organismos defensores de la Denominación de Origen (D.O.), que ven en sus productos una competencia desleal. La cadena de supermercados es valenciana en origen. Su máximo accionista, Juan Roig, asumió en 1981 las carnicerías de sus padres para crear un imperio, pero eso no ha sido suficiente para que se haya puesto en duda su modelo en lo que respecta a tres productos clásicos del País Valenciano y que están en el centro de la polémica: la horchata, el arroz y el turrón.
Mercadona asegura que su horchata es de origen valenciano. De hecho apunta que su interproveedor, Dafsa, compra el 48% de la chufa que se produce en Valencia y que está firmando acuerdos para “incrementar ese porcentaje”. Desde la Denominación de Origen Chufa de Valencia desmienten a la compañía y explican que la única garantía de que esto sea así es que el envase muestre el logotipo que ellos otorgan, algo que no sucede con Mercadona pero sí con otras marcas blancas que suministran a otros supermercados.
De igual manera, el arroz o el turrón Hacendado carecen del sello de Denominación de Origen. En el caso del turrón, la encargada de la marca blanca es la empresa Sanchis Mira, perteneciente al grupo Antiu Xixona, ubicado en Alicante. Pese a ello, el envase no tiene el sello de D.O., algo que sí sucede con los productos que el fabricante realiza con su marca comercial. Mercadona no exige a sus interproveedores sellos de Denominación de Origen aunque sí obliga a conocer la procedencia y la trazabilidad del producto. El sello que otorga el Consejo Regulador de Jijona y Turrón de Alicante se refiere tanto a la materia prima como a la forma de elaborar el dulce. La cadena valenciana descarga la responsabilidad en sus interproveedores: “Ellos deciden qué añade valor al cliente y qué no”. Los “productos recomendados” por el mayor supermercado español apuestan por el lema de la propia companía, “SPB: Siempre Precios Bajos”. Del coste que eso suponga no dice nada el acuerdo que firman los comerciantes de la marca blanca con Juan Roig.
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