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viernes, 16 de diciembre de 2016

La guerra contra el dinero en efectivo por qué hay que luchar contra esto.


La nueva utopía vigilante
5 de diciembre de 2016

La guerra contra el dinero en efectivo

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Bancos, gobiernos, compañías de tarjetas bancarias y evangelistas de la tecnología financiera quieren hacernos creer que el futuro sin dinero en efectivo es inevitablemente bueno. Pero esta utopía no carece de fricciones. Brett Scott relata por qué hay que luchar contra esto.

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La guerra contra el dinero en efectivo
Scott Garrett (CC)  
Hace unos meses me quedé en un hotel poco convencional en Ámsterdam que fabricaba su propia cerveza y que no aceptaba dinero en metálico. En lugar de aceptar dinero líquido me obligaron a usar mi tarjeta Visa, para que mi banco en el Reino Unido transfiriera 4 euros a su banco holandés, a través del complicado sistema de Corresponsalía Bancaria.
Estaba allí para apoyar la campaña de libertades civiles de Ben Hayes. El personal del hotel pensó que estábamos muy irritados por la política anti-cash y por las tasas internacionales que tendríamos que pagar, pero no era eso. Nuestra preocupación era más intuitiva. Lo que nos preocupaba era la imagen de un futuro donde tendríamos que rendir cuentas al banco sobre cualquier movimiento bancario que hiciéramos y el efecto que esto podría tener sobre las personas que no están insertadas en el sistema.

Imagen: Scott Garrett
“Una sociedad sin efectivo” es un eufemismo para referirse a “una sociedad pídele-a-tu-banco-permiso-para-pagar”. En lugar de que exista un intercambio directo entre mi banco y yo, el intercambio toma la forma de un “que tu gente hable con mi gente”. Varios intermediarios hablan para realizar un intercambio entre nuestros respectivos bancos. Quizás sería un opción conveniente en algunos casos, pero en una sociedad sin efectivo dejaría de ser una opción. No tendríamos ninguna elección posible aparte de conformarnos con la burocracia de los autómatas intermediarios, dándoles muchísima información y muchos datos sobre la microtextura de nuestra vida económica.
Nuestras preocupaciones, sin embargo, no están de moda. Sin ninguna declaración explícita, la Guerra al Efectivo ha empezado. Los partidarios de los sistemas de pago digital, apoyados por la tecnología, proclaman la inminente Muerte del Efectivo. Suecia es el líder en conseguir este estado, pero Reino Unido también va en camino. Los autobuses de Londres dejaron de aceptar dinero en efectivo en el año 2014, pero aceptan las tarjetas contactless (sin contacto) MasterCard y Visa.
“Una sociedad sin efectivo” es un eufemismo para referirse a “una sociedad pídele-a-tu-banco-permiso-para-pagar”
Cada transacción en efectivo que hacemos es una transacción donde los intermediarios como Visa no ganan nada. Este es el motivo por el que tiene un interés especial en hacer que el cash parezca superfluo y criminal. En 2016, Visa Europa lanzó su campaña “Sin efectivo y Orgullosos”, para informar a los propietarios de tarjetas que “puede hacer un pago con su tarjeta Visa contactless con tranquilidad y sentirse liberados de la necesidad de llevar dinero”.
La nota de prensa de la compañía afirmaba que la campaña “era el último paso de Visa Reino Unido en su estrategia a largo plazo de convertir el dinero en “innecesario” para el año 2020”.
Ahí está. Esta es su estrategia para hacernos sentir extraños con el dinero en efectivo. La propaganda es una de las armas claves en la guerra, y todos los bandos se presentan a sí mismos como libertadores. Visa se establece como un salvador paternalista que nos asegura – como si fuéramos un bebé dando los primeros pasos- que nos sentiremos satisfechos liberándonos a nosotros mismos los límites que impone la dependencia del efectivo. La tecnología Visa nos proporciona libertad sin dependencias o peligros.

Imagen: Scott Garrett
A Visa se le han unido otros propagandistas. En 2014 Penny for London se hizo presente. Un grupo aparentemente altruista se estableció gracias al Fondo del Alcalde de Londres y Barclaycard, usando una fundación como gancho para que la gente se cambiara a las tarjetas contactless en el metro de Londres. PayPal llenó ciudades con vallas anunciando que “el nuevo dinero no necesita carteras”, junto con un vídeo que proclamaba: “el nuevo dinero no es papel, es progreso”. Las campañas de manipulación como “No Cash Day” están apoyadas por American Express, y señalan que en la guerra anti-cash el importante impacto ambiental de los billetes. Otras tácticas incluyen señalar que los criminales usan efectivo, que fomenta la economía gris, que es poco seguro y que facilita la evasión de impuestos.
Estos argumentos tienen notables limitaciones. Los criminales utilizan muchas cosas que la sociedad mantiene – como los coches - y el combate del crimen no las toma como prioridad. La “economía gris” es un término despectivo utilizado por las élites para describir las actividades económicas de las personas que ni preocupan a estas élites. En relación con la seguridad, que nos roben la cartera es un mal menor en comparación a tener nuestros ahorros anulados en una cuenta digital. Respecto de la justicia fiscal, mejor empezamos a auditar la evasión fiscal masiva de las grandes corporaciones facilitadas por el sector bancario formal.
"La Muerte del Efectivo significa el Surgimiento de Otra Cosa"
El rasgo peculiar de esta guerra es, sin embargo, que sólo un lado está luchando. Muy pocos grandes medios defienden el dinero en efectivo. Se da por sentado que el dinero digital es una utilidad pública, mientras que las plataformas de pago digital están dirigidas por compañías privadas con el interés de inundar los medios con sus mensajes clave. Cuando luchan en esta guerra, su objetivo son nuestras creencias culturales sobre el efectivo, y la creencia de que su suministro debería ser un derecho público.
El gobierno del Reino Unido no se plantea defender ese derecho, y está en connivencia con la industria de los pagos digitales. Su posición está apoyada por el economista Kenneth Rogoff en su nuevo libro “La Maldición del Efectivo”. El autor argumenta que, aparte de facilitar el crimen y la evasión fiscal, el efectivo dificulta a los bancos centrales el establecer tasas de interés negativo. Sin efectivo, todo el mundo estaría obligado a mantener su dinero en forma de depósitos bancarios digitales. Esto implicaría que durante las recesiones los bancos centrales podrían usar el sistema bancario para capturar los depósitos de sus clientes utilizando cargos negativos, inspirándoles a gastar en lugar de ahorrar.
El consenso emergente entre las élites políticas y económicas es que ésta es la dirección a seguir, pero para conseguir esto es necesario una erosión de la resistencia civil gota a gota. Los corazones y las mentes de la gente deben ser imbuidos del concepto de que este cambio representa un progreso inevitable y deseable.
Cualquiera que defienda el dinero en efectivo en este contexto será tachado de anti-progresista, de reaccionario o de ludita nostálgico. Pero no es por este motivo por el que debemos defender el efectivo. Tenemos que poner las fuerzas en señalar que la Muerte del Efectivo significa el Surgimiento de Otra Cosa. Lo que está encima de la mesa es una batalla más amplia sobre mantener o no alternativas al panóptico digital que está emergiendo a nuestro alrededor.
"Mucha de la “disrupción” fintech simplemente implica poner capas más ligeras al viejo emperador".
Para entender este conflicto, tenemos que ir hacia atrás en el tiempo. Una transacción monetaria implica que hay bienes y servicios que están siendo intercambiados por fichas que dan un acceso general a bienes y servicios de otras personas. El dueño del bar me da cerveza por la noche si le doy estas fichas que le permiten obtener cigarros en el estanco por la mañana.
Hay dos formas de implementar esta idea.
La primera es dar fichas de una manera física. En este escenario, “hacerse rico” significa acumular esas fichas físicas y “hacer un pago” significa entregárselas a alguien. Esto es el dinero entendido como depósito de valor, lo que significa que ninguna persona guarda un registro de quién lo posee. Sin embargo, quien lo tiene, lo posee. Esto sería una cartera llena de billetes. Esto es el dinero en efectivo.
Por otro lado, existen los libros de contabilidad. Alguien establece una base de datos con líneas asignadas a personas diferentes. Este libro se utiliza para llevar un registro de quién tiene fichas. Estas fichas no tienen una forma física y adquieren vida cuando se anotan. Son “datos corpóreos”, y se intercambian cuando se cambia el registro. El contable lleva una contabilidad de qué dinero es atribuido a cierta persona, llevando el registro de cada línea asignada. En este sistema “hacerse rico” significa acumular un registro alto en la cuenta. “hacer un pago” implica que el contable identifique a una persona en el libro mediante sistemas de comunicación y pedirle al contable que edite la línea contable del que paga y del que cobra. 
¿Te suena familiar? Esta es tu cuenta del banco.

Imagen: Scott Garrett
Los antiguos bancos utilizaban los libros contables para llevar la contabilidad, pero los bancos modernos utilizan bases de datos digitales alojadas en enormes centros de datos. Se interactúa con ellos a través del portal de internet del banco, la aplicación del móvil o yendo a la sucursal. Este procedimiento no es una cuestión menor en el sistema monetario. En torno al 90% del dinero del Reino Unido no existe físicamente, sino que son apuntes contables en bases de datos bancarias.
Sobre esta estructura subyacente, las compañías de pago con tarjeta como Visa, construyen sus operaciones. Manejan situaciones donde una persona con una cuenta bancaria va a una tienda donde la tendera tiene una cuenta bancaria. En lugar de que el dueño del bar me dé sus datos de cuenta bancaria para una transferencia manual, mi tarjeta manda mensajes a través de la red Visa para que automáticamente, se cambien los registros contables en nuestras respectivas cuentas.
Muchas startups fintech – tecnología financiera- están especializadas en encontrar maneras para mejorar, gamificar u optimizar los elementos de esta estructura subyacente. Por eso, ahora podemos usar un lector de huella dactilar para autorizar cambios en la base de datos del banco. Mucha de la “disrupción” fintech simplemente implica poner capas más ligeras al viejo emperador.
Artículo traducido por Genoveva López y Carlos Saavedra.

Los más de dos millones y medio de ahorradores de la Cuenta 1|2|3 se van a encontrar en 2017 con un coste “inesperado”

Los más de dos millones y medio de ahorradores de la Cuenta 1|2|3 se van a encontrar en 2017 con un coste “inesperado”
Nuevos tiempos, viejas costumbres en el Santander

CTXT


Ana Patricia Botín. LUIS GRAÑENA
El banco Santander vuelve a estar en el foco de la actualidad y no precisamente por dar buenas noticias. En realidad, se trata de dos cuestiones bien diferentes que afectan a dos tipos de clientes distintos pero que en el fondo beben de los mismos procedimientos, cuando menos, discutibles. Por un lado, los más de dos millones y medio de ahorradores que han suscrito la Cuenta 1|2|3 se van a encontrar, a partir de febrero de 2017, con un coste “inesperado” más mientras que, por otro lado, la Justicia ha dado la razón a varios clientes de banca privada que se querellaron contra el banco por un mal asesoramiento.
El primero de los casos no nos debe llamar a engaño. Después de lanzar un producto tremendamente ambicioso desde el punto de vista financiero como es la Cuenta 1|2|3 no han tardado ni un año y medio en reconocer que, en términos de negocio, no les compensa y que, por tanto, necesitan ingresar más dinero en comisiones para que la operación tenga un efecto netamente positivo en su cuenta de resultados.
Obviamente, estos ingresos mayores en comisiones vienen de exprimir más al cliente obligándole a activar una de las cláusulas que hasta ahora era de contratación voluntaria y que se convierte en obligatoria, una tarjeta de crédito que supondrá otros 36 euros más al año en comisión. Es decir, el banco realmente no incumple su contrato sino que “activa” cláusulas ya existentes y abre la puerta a los clientes descontentos a pasarse a otros de sus productos pero que también soportan cuantiosas cargas en comisiones.
Ante este “hachazo” (que puede ser más o menos gravoso según la capacidad adquisitiva del cliente), ¿cabe lamentarse ante ello y protestar una vez más por mala praxis bancaria? Sin duda, no es tiempo de volver a viejas excusas como “yo no me leí la letra pequeña”, “no me contaron esto” o “confiaba en el empleado que me hizo la gestión”. La historia financiera de España de los últimos años está plagada de estos casos. Desde el mismo momento de su salida al mercado, nuestra postura fue muy clara: pedir cautela a los lectores que veían las ventajas de la cuenta (que sin duda las tiene) pero no los inconvenientes y, por supuesto, poner encima de la mesa las dudas tanto conceptuales como regulatorias que planteaba este producto.
Este es, sin duda, el comienzo de una extensión clara y directa de la cultura financiera en un país que en su mayor parte no la tiene. Siempre hay que pensar que la rentabilidad (ese 3% famoso, claramente muy por encima de cualquier otra remuneración del mercado con tipos de interés cercanos al 0%) no es algo que vaya solo, sino que forma parte de un binomio rentabilidad-riesgo cuya percepción y entendimiento sólo se consiguen estando bien asesorado y conociendo tanto las ventajas como los inconvenientes de la inversión.
Por ello y por primera vez en los medios de comunicación, se advirtió claramente de los problemas que a futuro podrían ser generados por esta Cuenta y de los problemas que al propio banco le causaría por tratarse de una apuesta demasiado arriesgada que se llevaría por delante más del 15% de su margen de intermediación. Este es sólo el primer paso y probablemente haya más en el futuro inmediato hasta incluso materializarse en una rebaja de la rentabilidad del producto, como ya pasó en UK.
En el otro lado de la escena, aunque sea para clientes con más patrimonio y supuestamente con un conocimiento financiero más extenso que el cliente medio, también se repiten los mismos usos y costumbres. Hacer un mal asesoramiento financiero a sabiendas y con conflicto de interés puede provocar grandes pérdidas en los clientes como así ha señalado la sentencia de la Sala Primera del Tribunal Supremo. Da igual que sea por la compra de unas acciones (como es el caso) o por cualquier otra operación financiera.
Por mucho que la regulación avance hacia exigencias como la de explicitar si existe conflictos de interés o la de probar si es independiente o no el asesoramiento financiero, probablemente no será suficiente para atajar este tipo de malas prácticas bancarias, aunque sí sirva en parte para poner coto a algunos de estos procedimientos. Con un coste burocrático que crecerá como la espuma, los agentes financieros se ven obligados a realizar pruebas de conveniencia, idoneidad y a dar toneladas de información para intentar asegurarse de que el cliente conoce los riesgos.
Sea de una forma o de otra, se necesita mucha pedagogía y responsabilidad individual para no repetir hechos como los que hemos descrito. Y, sin duda, resulta imprescindible leer antes de firmar cualquier producto financiero. Es necesario tener mucho cuidado con productos que parecen a primera vista “inofensivos” como es el caso de la Cuenta 1|2|3 para minoristas o una “simple” cuenta de valores para clientes de banca privada que pueden contener cláusulas y condiciones que pueden hacer descarrilar nuestras finanzas y, por ende, la tranquilidad de nuestro patrimonio.
Javier Santacruz Cano es economista socio de China Capital y profesor de IEB.
Fuente: http://ctxt.es/es/20161207/Politica/9901/Banco-Santander-Cuenta-1%7C2%7C3-costes-riesgo.htm

La Economía Mundial en 2017; incertidumbres y retos



Pablo García



El clima de incertidumbre económica y política reinante amenaza con debilitar la ya de por sí frágil recuperación de la economía mundial en 2017. Son cuatro los factores claves que están sembrando de dudas las perspectivas de futuro a medio plazo: la decisión de Reino Unido de abandonar la Unión Europea, la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, el proceso de reajuste en curso de la economía china y la persistente caída de los precios de las materias primas.

En su outlook de octubre, el Fondo Monetario Internacional estima un crecimiento de la economía mundial del 3,4% para 2017. Sin embargo, los pronósticos son inciertos y varían significativamente según las regiones. En términos generales, respecto a las economías avanzadas existe el riesgo de un prolongado estancamiento económico, caracterizado por una débil demanda agregada, alto desempleo y baja inflación, que tendría consecuencias muy negativas sobre el bienestar social. Al mismo tiempo, problemas heredados de la crisis como la vulnerabilidad del sector financiero, los fuertes desajustes en las cuentas públicas o el alto desempleo son motivo de graves temores.

Respecto a las economías emergentes, se debe prestar especial atención a China y su proceso de reajuste en curso. El ascenso meteórico del gigante rojo en las últimas décadas ha ido acompañado de fuertes desequilibrios estructurales. Conocedor de la situación, el gobierno se ha comprometido a un nuevo programa de reformas con el objetivo de reducir el rol del estado en la economía, fomentar la investigación y la innovación, impulsar el consumo interno, expandir el sistema de seguridad social y mejorar la gobernabilidad y el estado de derecho.

No obstante, un proceso de reestructuración de tal magnitud conlleva retos y dificultades más que notables. En particular, a pesar de que los beneficios ulteriores son innegables, en el futuro inmediato podemos esperar efectos negativos transitorios como caídas en el empleo y la producción. Sin duda, esta transición podría presentar sobresaltos inesperados tanto para China como para la economía global. Otra fuente de preocupación es la capacidad de adaptación de las economías exportadoras de materias primas, principalmente de petróleo, a una caída persistente de los precios de las mismas.

Los riesgos de origen no económico continúan también en 2017 en primer plano. En primer lugar, el auge de los movimientos anti-establishment en las sociedades avanzadas es alarmante. Estos movimientos han sabido empatizar con una sociedad decepcionada con la clase política tradicional y con un sistema que ha cargado sobre los más débiles sus consecuencias en forma de austeridad y recortes. Hoy en día representan un riesgo real para la estabilidad social y política de la economía mundial al mismo tiempo que obstaculizan los esfuerzos orientados a abordar los desequilibrios estructurales a largo plazo.

En segundo lugar, el futuro de varios países, principalmente en Oriente Medio, se verá fuertemente condicionado por el desarrollo de conflictos armados internos y la lucha contra el terrorismo. Como señala el FMI, podría tener importantes ramificaciones transfronterizas.

Siempre es muy arriesgado hacer pronósticos pero en este caso la gran incertidumbre política, especialmente en el seno de la Unión Europea, el retraso en la resolución de los problemas heredados de la crisis y las fuertes tensiones geopolíticas hacen de cualquier predicción una aventura.

En materia de política económica la prioridad debe ser reforzar las perspectivas de crecimiento mediante la aplicación de medidas estructurales. No obstante, las autoridades deberán estar preparadas para hacer frente a eventuales tensiones financieras o shocks inesperados en 2017 que pongan en peligro la ya de por sí débil recuperación de la economía mundial.

Todo un golpe de Estado financiero contra el bolsillo de los italianos y los europeos

Quebró la banca italiana



En medio de la nocturnidad de un domingo, con la apatía cómplice de un fin de semana y con el inmoral juego al despiste de la prensa, la UE y el estado italiano deciden, en esta madrugada del lunes, cargar a los ciudadanos las catastróficas pérdidas de la quiebra del 3° banco del país, el Monte dei Paschi de Siena. Y todo su sistema desnuda una fragilidad de arena al borde del colapso generalizado.
Todo un golpe de Estado financiero contra el bolsillo de los italianos y los europeos
El obligado rescate se realizará con fondos del presupuesto del estado (O sea con dinero de los contribuyentes) y con emisión monetaria indirecta del Banco Central Europeo (O sea, con más deuda pública para las futuras generaciones).
Y aún falta por conocer el brutal castigo social a que serán sometidos los ciudadanos que nada tuvieron que ver con este vaciamiento corrupto del sistema bancario, acompañado de una desastrosa gestión y del error de políticas perniciosas para la gente.
Es otra de las tantas y sonadas consecuencias de una atroz y lapidaria política económica de especulación, vaciamiento de la producción, expolio de los patrimonios públicos y castigo a la ciudadanía.
Una consecuencia más de 25 años de deriva y caos financiero provocadas por los centros de poder, en la concentración de riquezas, aplastando a la sociedad con el empobrecimiento generalizado y el chantaje crónico con mensajes de terror y caos.
En el mismo día de este atropello, y cuando se cumple justo una semana del furibundo rechazo electoral y popular a estas políticas, el propio sistema, con directrices expresas de Alemania, nombra por decreto a un nuevo gobierno tecnócrata en Italia, otro más sin pasar por las urnas. Un perfecto calco de continuidad del defenestrado hace casi nada de días. Mateo Renzi sigue al poder, a la sombra, pero con su gabinete mandando.
Una auténtica burla a las voluntades de las urnas
El Monte dei Paschi de Siena es el banco más antiguo del mundo. Fue fundado en 1472 con fondos públicos y con el formato de «Monte de Piedad», el embrión histórico de las que luego fueran las futuras cajas de ahorro, que durante siglos dieron un fundamental soporte al funcionamiento económico de los pueblos.
Durante más de 500 años, estas cajas de ahorro fueron la única alternativa a los usureros y a la prepotencia de banqueros inescrupulosos.  Soportaron guerras, revoluciones, dictaduras, tiranías, genocidios, cambios de modelos económicos y todos los rigores del paso del tiempo. Fueron administradas por todo tipo de personajes públicos y privados, políticos o religiosos, ignorantes o cultos, tramposos o decentes, y entre ellos, los eternos obsecuentes al poder y a la corrupción. Pero sin embargo, las cajas sobrevivieron a todo y a todos durante siglos. Fueron inmunes porque eran «los bancos del pueblo».
Pero llegó LA GLOBALIZACIÓN y acabó con ellas. Se impuso, en el ambiente bancario la repugnante cultura de la avaricia, la tiranía de la especulación, el crecimiento permanente y desesperado, la timba de las inversiones burbujeantes y el abandono de las tradicionales funciones y metas de los bancos.
Ha muerto definitivamente la caja de ahorros más vieja del mundo. O lo que quedaba de ella. Hace poco pasó lo mismo con Caja Madrid, de 300 años de historia. Y el mundo sigue andando. Y la prensa sigue mintiendo.
El sistema consigue así absorber a su más honesta competencia, en un sector donde la honestidad es la gran ausente y a la vez da otra cruel vuelta a la tuerca de la asfixia financiera mundial.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Trump, un cambio de estrategia del capitalismo





Desde la época del capitalismo burgués, el ejercicio político prácticamente ha sido encomendado a profesionales de la política, salvo en casos puntuales que surgen como anécdota, simplemente para alimentar la voluntad de poder individual, no satisfecha con la distinción basada en la pertenencia a la clase superior. El capitalismo ha dirigido los hilos durante siglos, situándose en la trastienda del negocio, a través de empleados fieles a la doctrina, permitiendo que vuelen libremente dentro de los límites fijados por el sistema. La cuestión es que, si gozan de un cierto grado de libertad positiva y habida cuenta del significado asignado al ejercicio del poder oficial, ¿no sucederá que acaben por gobernar con independencia? Para evitarlo, ya desde aquella época, se construyeron dos sólidas limitaciones al ejercicio de la voluntad de poder -antes había una meramente simbólica, a la que Maquiavelo llamó razón de Estado-, se trataba del sometimiento a las normas del ordenamiento jurídico y pasar por el sufragio periódico -no necesariamente por sus resultados-. Con lo que la posibilidad de caminar por libre se estrechaba.
Por otra parte, el arraigo del sentido institucional frente al personalismo, convirtió al Estado en soberano del ejercicio político, es decir, en empleador de los políticos. De ahí que su actividad se venga centrando, primero, en acceder a un puesto en el organigrama mediante la lucha de partidos y, segundo, en hacerlo vitalicio. En contraprestación se les abonará un salario digno. El acceso responde a las estrategias ideológicas propias de la lucha política, con la mirada puesta en el ejercicio del poder. La conservación pasa por la habilidad del individuo para reaccionar ante las circunstancias cambiantes y adaptarse a ellas. De todo esto le queda el poder personal residual que aún permite satisfacer la voluntad de poder. En tales condiciones, la actividad del político aparece definida en términos de burocracia, su patrón es el Estado, los individuos, sus administrados u objeto sobre el que ejerce el poder, mientras que el capitalismo y las masas se definen en el sistema como sus jefes. No hay que dar al término burócrata un sentido peyorativo porque no lo tiene, ya Weber dejó meridianamente claro que burocracia en sentido técnico, si bien acusa el problema de la lentitud, suele ser segura y eficaz.
La política burocratizada viene siendo la representación de la tendencia seguida por la política práctica a lo largo de los dos últimos siglos, auspiciada por un capitalismo centrado en dirigir la actividad económica, pero en el presente parece intuirse un cambio de postura por parte del capitalismo dirigente. Una de las causas que se puede apuntar es que el proyecto de mundialización de la economía, en el que el capitalismo basa sus recursos, se ha desbordado de los cauces previstos. El vender y especular sin limitaciones, arrasando cuanto se presenta como obstáculo o explotando lo que pueda ser objeto de explotación, ha llevado al capitalismo a entregarse a la irracionalidad desde el punto de vista de los espectadores, aunque sea simple racionalidad para sus intereses. Las masas reclaman regulación, y la burocracia de los Estados hegemónicos, influenciada, de un lado, por el interés electoral y, de otro, por la conservación del estatus político, han mostrado cierta disposición a llevarla a la práctica. Esto supone aumentar las funciones del aparato estatal. Tales funciones han superado las primitivamente asignadas al Estado guardián del orden, asumiendo demasiadas competencias con la creación del Estado benefactor, todavía más al ascender a la condición de Estado moderador. La consecuencia para la política es que maneja un operativo colmado de funciones, lo que deriva en un incremento de ese poder residual.
En conclusión, ponderando su dependencia electoral y las atribuciones asumidas, empieza a ser un riesgo para el capitalismo, aunque todo su funcionamiento esté en manos del capital financiero. Como el eje de la política, los partidos, depende para su financiación del capital -entre otras dependencias que no es menester considerar ahora-, en este punto no habría problemas de fidelidad. Sin embargo, los mismos argumentos que en su día surgieron para limitar la voluntad del poder -el Derecho y la democracia representativa-, hoy se presentan como obstáculos para el capitalismo. La racionalidad jurídica no puede ser disfrazada, tiene que descender al terreno real, donde encuentra las bases para su funcionamiento, y aquí se exige poner límites a la sinrazón capitalista. Las masas, conforme progresan en calidad de vida, se vuelven menos tolerantes en algunos puntos y reclaman, además de bienestar, coherencia. Ambos resultan ser un problema que pesa sobre la dependencia a través de la financiación, porque son un componente decisivo a los efectos de mantenerse en activo como político percibiendo la nómina mensual y obteniendo los réditos personales del ejercicio del poder residual. En conclusión, la política burocratizada ya no tiene motivos para ser servil en exclusiva con el capitalismo, porque seguramente ponderen más los resultados de las urnas que el dinero.
En la política global, basada en la publicidad empresarial y la cultura industrializada, de la que hablaba Habermas, se ha recaído en la práctica de las creencias, frente a las tesis de racionalidad y utilidad que estableció el capitalismo. Pero las masas, aun contando con la ilustración dirigida desde la propaganda gubernamental, a veces despiertan del letargo, movidas por la realidad existencial que, por otra parte, no le interesa gran cosa al gran patrón si no ofrece rendimiento directo. Tal es el caso de tener que compartir la tarta del bienestar con extraños en el plano nacional. Si el tema se airea y azuza por los ideólogos contestatarios -ahora se llaman de derechas-, que aspiran a ocupar posiciones en el organigrama estatal como ejercientes del poder, aparecen los primeros signos de oposición a la política oficial. En definitiva de lo que se trata, primero, se quiere estar a los beneficios derivados de la globalización, siempre que sean directamente perceptibles para el Estado-nación y no se dilapiden por el Imperio; segundo, se exige que tales beneficios repercutan sólo en los nacionales -estar fuera para lo malo y dentro para lo bueno-. La crisis de la idea imperial dirigida por la burocracia tiene un primer exponente práctico en los resultados del brexit. Aunque sin duda calculada por el capitalismo, a la política le cogió por sorpresa y ha dejado tocado una parte del poder residual asumido con la práctica del neoliberalismo, pero el capitalismo aspira a más que una simple llamada de atención a la política burocratizada.
Parece que el capitalismo no está por la labor de dejarse conducir por veleidades políticas de los que basan su poder en la dependencia de la nómina estatal. Inevitablemente la acción tiene que partir del Estado hegemónico desde el que se ejerce la realidad imperial, sede de la elite del poder capitalista, para que surta efectos a nivel global. Sus nacionales han votado y al final han descubierto el resultado de la votación. Estamos ante esa realidad dominante expresada en el caso Trump, en el que el capitalismo ha bajado a la arena política y ha descolocado a la política oficial. En primer término, ha situado en la escena electoral a uno de los suyos, un capitalista de clase, es decir, ya no se trata del político profesional asalariado del sistema, sino de un representante directo del poder real. Para reafirmar su posición como capitalista, el presidente electo no oculta su condición y la confirma renunciando a su salario como futuro presidente de USA e incluso, ya por una cuestión de imagen, deja aparcada su condición de capitalista ejerciente en tanto mantenga la presidencia. Finalmente, su equipo se nutre de aquello que Wright Mills llamaba la elite del poder. El capital que se decía estaba con su rival político, resulta que ahora celebra en Wall Street, como nunca lo ha hecho, el triunfo del candidato elegido. Pese a lo dicho, no puede evitarse que surja una duda ¿será realmente un cambio de estrategia del capitalismo para poner orden frente al avance de la burocracia política del Imperio?
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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