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viernes, 24 de febrero de 2017

La Quiebra del 'Nuevo Orden Mundial' de Soros







El quiebre del 'Nuevo orden mundial' de Soros
By Julio Vega, carlosagaton.blogspot.com
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Durante décadas, las élites estadounidenses han distorsionado las ideas de la democracia, la globalización y los derechos humanos con el fin de propagar su influencia por el mundo, ganando mercados y suprimiendo sistemas políticos soberanos.


Ahora, la llegada de Donald Trump al poder en el seno del propio liberalismo, es percibida por muchos expertos como una prueba del quiebre de esas ideas.


El especulador financiero y fundador de la Open Society Foundations es acusado de manipular y sobornar a las élites para propagar los así llamados valores de la época postmoderna.


"Pedimos que se emita una orden judicial por las deliberadas acciones [de Soros] encaminadas a desestabilizar y quebrar nuestra economía, promoviendo su agenda de Nuevo Orden Mundial, anti-Americana, de fronteras abiertas, globalista, con la intención de destruir nuestro país", dice la petición, cuya autora es Vanessa Feltner, una activista y compositora de Ohio.


George Soros, de acuerdo con la petición, estaría tratando de destruir EEUU mediante "la compra de nuestros gobiernos, la manipulación de nuestra moneda, la compra de políticos y la perjudicial compra de influencia negativa sobre nuestros valores occidentales".


"Queremos que Estados Unidos siga siendo una nación soberana y republicana", subraya la petición.


"Este hombre y su hijo continuarán intentando destruir nuestros valores occidentales y estamos de acuerdo en que debe ser eliminado o detenido de inmediato para proteger la seguridad de nuestros valores y de nuestro país".


Ígor Pshenichnikov, asesor del director del Instituto Ruso de Estudios Estratégicos, un influyente grupo de expertos con sede en Moscú, explica a Sputnik lo que está en juego en esta batalla ideológica.



Echando un vistazo a lo que se conoce sobre las actividades de Soros a escala global, señala que prácticamente todo lo que está expuesto en esa petición ha sido aplicado durante décadas no solo en EEUU, sino más allá de sus fronteras.


El especulador financiero George Soros arriba a Londres para intervenir en el Club Rusia Abierta (Open Russia Club), 20 de junio de 2016.


"Soros esbozó su visión del mundo en su libro 'The Age of Fallibility' ('La Edad de la falibilidad')" recuerda Pshenichnikov, enfatizando que su principal objetivo es supuestamente crear un mundo sin fronteras, donde todos sean iguales y libres, incluso a costa de que el interés de las minorías prevalezca sobre el interés de la mayoría.


Un nuevo orden mundial nace en América Latina, ¿estás al tanto?


A modo de ejemplo, el experto señala que la ideología de género que promueve Soros "nace en lo profundo del movimiento feminista, que hoy día se ha convertido en una base sociopolítica de la sociedad occidental".


Más allá de la igualdad de género, sin duda, una noble causa, esta ideología le impone a la sociedad moderna la doctrina de "ausencia de identidad de género", sin tener en cuenta que "para él o ella, el género es la forma en la que naturalmente se expresan en el mundo".


Durante el último año, los hackers han presentado al mundo decenas de documentos relacionados con las actividades de la Fundación Open Society.


Entre otras cosas, estos revelan los esfuerzos por quebrar las ideas conservadoras y promover una doctrina de 'post familia' en las sociedades occidentales.


Si se da una lectura a sus páginas, se hará evidente que detrás de la noble causa que expone su título, se esconde la intención de "formatear a los niños europeos desde pequeños, dejando su matriz [de género] innata destruida", apunta Pshenichnikov.


La financiación de diferentes ONGs destinadas a desestabilizar a los países que no cumplen con el sistema de valores de Soros no es secreto para nadie.


En su propia página web, su fundación Soros presume haber gastado miles de millones de dólares en el desarrollo de los 'valores democráticos' alrededor del mundo.


Al llegar al poder, unos de los primeros decretos promovidos por las nuevas figuras fue la prohibición del idioma ruso —lengua natal para la mayoría de los habitantes del sur y oriente ucraniano— lo que catalizó la sublevación contra las nuevas autoridades nacionalistas. Otro claro ejemplo de imposición forzada del interés de las minorías sobre la mayoría.


El actual presidente de Ucrania, Petro Poroshenko (segundo a la izquierda) y George Soros (a la derecha), fundador y presidente de Open Society Foundations, durante una reunión en Kiev, 13 de enero de 2015.


Varios líderes orientados a conservar los valores tradicionales ya han dejado claro su posición respecto a Soros y sus fundaciones.


Ahora, destaca Pshenichnikov, tras la elección de Donald Trump por la población tradicionalista de EEUU, las masivas manifestaciones organizadas por ONGs, que usualmente tenían lugar en los países en desarrollo, han comenzado a aparecer en los propios Estados Unidos con características muy similares a sus predecesoras, como un único color e identidad de marca.


¿Quién saldrá victorioso en la batalla ideológica en el seno del globalismo liberal? Sólo el tiempo dirá…





















































¿Qué significa hoy democratizar la comunicación? Basta de letanías

Medios de comunicación (imagen referencial)

¿Qué significa hoy democratizar 

la comunicación? Basta de letanías


¿Hablamos solo de redistribución de frecuencias radioeléctricas para garantizar el derecho humano a la información y la comunicación? 
¿De qué forma la redistribución equitativa de frecuencias —éstas patrimonio de la humanidad— entre los sectores comercial, estatal o público, y popular (comunitario, alternativo, etc.) puede garantizar la democratización de la comunicación e impedir la concentración mediática?
A veces pienso que nos instan, nos empujan a pelear en campos de batalla equivocados o perimidos, mientras se desarrollan estrategias, tácticas y ofensivas en nuevos campos de batalla. 

El mundo avanza, la tecnología avanza… y pareciera que nosotros —desde lo que llamamos el campo popular— seguimos aferrados a los mismos reclamos, reivindicaciones de un mundo que ya (casi) no existe.

El mundo cambia sí, pero el tema de la comunicación, de los medios de comunicación social, sigue siendo, como en 1980 cuando el Informe Mc Bride, fundamental para el futuro de nuestras democracias. 
El problema de hoy es la concentración oligopólica: 1500 periódicos, 1100 revistas, 9000 estaciones de radio, 1500 televisoras, 2400 editoriales están controlados por sólo seis trasnacionales. Pero ese no es el único problema.
© Sputnik/ Oleg Vyazmitinov

Hoy los temas de la agenda mediática tienen que ver con la integración vertical de proveedores de servicios de comunicación con compañías que producen contenido, la llegada directa de los contenidos a los dispositivos móviles, la trasnacionalización de la comunicación y su cortocircuitos con los medios hegemónicos locales, los temas de la vigilancia, manipulación, transparencia y gobernanza en internet, el "ruido" en las redes y el vídeo como formato a reinar en los próximos años.

Estos son, hoy en día, juntos al largamente anunciado ocaso de la prensa gráfica y la vigencia de la guerra de cuarta generación y el terrorismo mediático, los vértices fundamentales para reflexionar sobre el tema de la democracia de la comunicación, mirando no hacia el pasado, sino hacia el futuro que nos invade.
Hipotéticamente, si realmente en nuestra región, el 33% de las frecuencias fueran concedidas a los medios populares, ¿quién abastecería de contenidos a tal cantidad de canales y radios? Entonces, ¿de qué estamos hablando cuando reclamamos la democratización de la comunicación y de la información?
Los que controlan los sistemas de difusión, cada vez más inalámbricos, satelitales, eligen, producen y disponen cuáles serán los contenidos, en una planificada apuesta por monopolizar mercados y hegemonizar la información-formación del ciudadano.
¿Adiós televisión? Controlar los contenidos
Pasaron 140 años desde que Alexander Graham Bell utilizó por primera vez su teléfono experimental para decirle a su asistente de laboratorio: "Señor Watson, venga, quiero verlo". 
Su invención transformaría la comunicación humana y el mundo. La empresa creada por Bell creció hasta transformarse en un inmenso monopolio: AT&T.
El gobierno estadounidense consideró luego que era demasiado poderosa y dispuso la desintegración de la gigante de las telecomunicaciones en 1982… pero AT&T ha regresado, anunciando la adquisición de Time Warner, una de las principales compañías de medios de comunicación y producción de contenidos a nivel mundial, para conformar así uno de los más grandes conglomerados del entretenimiento y las comunicaciones del planeta.

La fusión propuesta, que aún debe ser sometida a estudio por las autoridades, representa desde ya no solo una significativa amenaza a la privacidad y a la libertad básica de comunicarse, sino también un cambio paradigmático en lo que a lo que hoy entendemos como comunicación. 
Sería la mayor adquisición hasta la fecha y llegaría un año después de que AT&T comprara a DirecTV.
AT&T es hoy la décima entre las 500 compañías más grandes de Estados Unidos y si adquiriera Time Warner, que ocupa el lugar 99 de la lista Forbes, se crearía una enorme corporación, integrada verticalmente que controlaría no solo una amplia cantidad de contenidos audiovisuales, sino o la forma en que la población accedería a esos contenidos.
Según Candace Clement, de Free Press, esta fusión generaría un imperio mediático nunca antes visto. 
AT&T controlaría el acceso a Internet móvil y por cableado, canales de televisión por cable, franquicias de películas, un estudio de cine y televisión y otras empresas de la industria. 
Eso significa que AT&T controlaría el acceso a Internet de cientos de millones de personas, así como el contenido que miran, lo que le permitiría dar prioridad a su propia oferta y hacer uso de recursos engañosos que socavarían la neutralidad de la red.
Pelear guerras que ya no existen
El mundo no es el mismo de antes (tampoco el del 1980 cuando el Informe McBride), aunque tanto derecha como izquierda crean que seguimos en 1990. 

Es difícil, a quienes como uno vienen de la época de la tipografía y la linotipia, de los télex y teletipos —o del dogmatismo y la repetición de consignas, asimilar los cambios tecnológicos y la realidad del mundo actual, del big data, de la inteligencia artificial, de la plutocracia…

Según los últimos cálculos, en el mundo hay unos 10 zetabytes de información (un zetabyte es un 1 con 21 ceros detrás), que si se ponen en libros se pueden hacer nueve mil pilas que lleguen hasta el sol. 
Desde 2014 hasta hoy, creamos tanta información como desde la prehistoria hasta el 2014. 
Y la única manera de interpretarlos es con máquinas.
El Deep Learning es la manera como se hace la Inteligencia Artificial desde hace cinco años: 
son redes neuronales que funcionan de manera muy similar al cerebro, con muchas jerarquías. 
Apple y Google y todas las Siri en el teléfono, todos lo usan.
El Big Data permite a la información interpretarse a sí misma y adelantarse a nuestras intenciones, cuánto saben las grandes empresas de nosotros, y lo que más le preocupa: lo fácil que está siendo convertir la democracia en una dictadura de la información, haciendo de cada ciudadano una burbuja distinta.

Si uno tiene Gmail en su celular con wifi, puede ver en Google Maps un mapa mundial que muestra dónde estuvo cada día, a cada hora, durante los últimos dos o tres años (no tiene por qué creerme: vea www.google.com/maps/timeline). 
Es una información que uno les permite coleccionar al aceptar los términos de licencia cuando instala la aplicación.
También las empresas telefónicas, que uno supone que sólo nos cobran el plan, hacen buenos negocios con nuestros datos. 
Por ejemplo, Smart Steps es la empresa de Telefónica que vende los datos de los celulares Movistar. 
De la noche a la mañana, la gente pasó a tener un sensor de sí mismo 24 horas al día. Hoy se puede saber dónde están las personas, pero también qué compran, qué comen, cuándo duermen, cuáles son sus amigos, sus ideas políticas, su vida social.
El alemán Martin Hilbert, asesor tecnológico de la Biblioteca del Congreso de EEUU, señala que algunos estudios ya han logrado predecir un montón de cosas a partir de nuestra conducta en Facebook. 

"Se puede abusar también, como Barack Obama y Donald Trump lo hicieron en sus campañas, como Hillary Clinton no lo hizo, y perdió. 

Esos son los datos que Trump usó. 

Teniendo entre 100 y 250 likes (me gusta) tuyos en Facebook, se puede predecir tu orientación sexual, tu origen étnico, tus opiniones religiosas y políticas, tu nivel de inteligencia y de felicidad, si usas drogas, si tus papás están separados o no", señala el científico.

Y "con 150 likes, los algoritmos pueden predecir el resultado de tu test de personalidad mejor que tu pareja. 
Y con 250 likes, mejor que tú mismo. 
Este estudio lo hizo Kosinski en Cambridge, luego un empresario que tomó esto creó Cambridge Analytica y Trump contrató a Cambridge Analytica para la elección".
"Usaron esa base de datos y esa metodología para crear los perfiles de cada ciudadano que puede votar. 

Casi 250 millones de perfiles. 

Obama, que también manipuló mucho a la ciudadanía, en 2012 tenía 16 millones de perfiles, pero acá estaban todos. 

En promedio, tú tienes unos 5000 puntos de datos de cada estadounidense. 

Y una vez que clasificaron a cada individuo según esos datos, los empezaron a atacar", señala Hilbert.

Por ejemplo, si Trump dice "estoy por el derecho a tener armas", algunos reciben esa frase con la imagen de un criminal que entra a una casa, porque es gente más miedosa, y otros que son más patriotas la reciben con la imagen de un tipo que va a cazar con su hijo. 
Es la misma frase de Trump y ahí tienes dos versiones, pero aquí crearon 175 mil. 
Claro, te lavan el cerebro. No tiene nada que ver con democracia. Es populismo puro, te dicen exactamente lo que quieres escuchar". 
Lo más delicado es que no sólo pueden mandar el mensaje como más le va a gustar a esa persona, sino también pueden mostrarle sólo aquello con lo que va a estar de acuerdo.
Al final, el juego con la tecnología siempre ha sido ver cuáles tareas se pueden automatizar y cuáles no. Si un robot reconoce células de cáncer, uno se ahorra al médico. Más del 50% de los actuales empleos son digitalizables, afirma Hilbert. 
Y ya no hablamos de reemplazar a los obreros, como en la revolución industrial, sino también los trabajos de la clase más educada: médicos, contadores. 
El 99% de las decisiones de la red de electricidad en EEUU son tomadas por IA que localiza en tiempo real quién necesita energía.
No es en ningún caso el fin de la humanidad, es la evolución que sigue su camino. Y lo más importante es entender en qué mundo vivimos. 
Por eso llama la atención que operadores mediáticos, que se autodefinen como radicales de izquierda, sigan insistiendo en la necesidad de pelear en escenarios que ya no existen, con léxicos que no corresponden a las realidades reales y tampoco a las virtuales, en aferrarse al pasado, lo cual es por demás retrógrado.
La dictadura y la posverdad
Hoy más que nunca la dictadura mediática, en manos de cada vez menos "generales" de las corporaciones, busca las formas novedosas de implantar hegemónicamente imaginarios colectivos, narrativas, discursos, verdades e imágenes únicas. Es el lanzamiento global de la guerra de cuarta generación, directamente a los usuarios digitalizados de todo el mundo.
Si hace cinco décadas la lucha política, la batalla por la imposición de imaginarios, se dilucidaba en la calle, en las fábricas, en los partidos políticos y movimientos, en los parlamentos (o en la guerrilla), hoy las grandes corporaciones de transmisión preparan una ofensiva que saltean los medios tradicionales para llegar directamente, con sus propios contenidos de realidades virtuales, a los nuevos dispositivos móviles de los ciudadanos.

¿De qué estamos hablando cuando reclamamos la democratización de la comunicación y de la información? 
¿Hablamos de redistribución de frecuencias radioeléctricas cuando hoy el control emerge de la conjunción de medio y contenido? 
Los que controlan los sistemas de difusión, cada vez más inalámbricos, satelitales, eligen, producen y disponen cuáles serán los contenidos, en una planificada apuesta por monopolizar mercados y hegemonizar la información-formación del ciudadano.
Cambia la radio. Bajo la mirada vigilante de otras naciones, Noruega se ha convertido desde el enero de 2017, en el primer país del mundo en apagar su señal de Frecuencia Modulada (FM), considerando que tiene 22 estaciones nacionales de radio digital, y aún hay espacio en su plataforma digital para otras 20.
La tendencia mundial —y latinoamericana— demuestra que los jóvenes televidentes ya están pasando del uso lineal de televisión hacia un consumo en diferido y a la carta, que bien puede optar el dispositivo fijo (el televisor) y optar por una segunda pantalla (computadora, tablet, teléfonos inteligentes).
Para los comunicólogos optimistas, de receptores pasivos, los ciudadanos están pasando a ser, mediante el uso masivo de las redes sociales, 
productores-difusores, o productores - consumidores

Para los menos optimistas, si bien esa es una posibilidad teórica, la práctica demuestra que la producción y difusión quedarán en manos de grandes corporaciones, en especial estadounidenses, y los ciudadanos podrán ocupar la casilla de consumidores, en una arremetida del pensamiento, el mensaje, la imagen únicos.

Quizá aquellos que estamos desde hace años en la lucha creemos que la discusión sobre la democratización de las comunicaciones está socializada/masificada en nuestras sociedades. 
No lo está siquiera en aquellos donde se han hecho esfuerzos de esclarecimiento en este campo, como Argentina y Ecuador. 
Hay quienes sostienen que aún se trata de una discusión elitesca, entre los militantes políticos, de la comunicación y allegados.
¿De qué estamos hablando cuando reclamamos la democratización de la comunicación y de la información en la que ahora se da en llamar la época de la posverdad, donde los hechos objetivos son menos influyentes en la opinión pública que las emociones, los imaginarios y las creencias personales?
Hoy, la posverdad es el arma de desorientación masiva de la opinión pública que emplean los grandes medios de comunicación y todos los líderes políticos. 
La sociedad es hoy un monumental simulacro, un plexo cuasi-infinito de significaciones sin referente ni realidad que las apoye, una especie de monumental ciencia-ficción que nos domina, dijera Baudrillard.
En 2016, The Economist hablaba del arte de la mentira, y señalaba que Trump es el principal exponente de la política de la posverdad, que se basa en frases que se sienten verdaderas, pero que no tienen ninguna base real. 

Una cosa es exagerar u ocultar, y otra, mentir descarada y continuadamente sobre los hechos. Y lo peor es que esas mentiras se van imponiendo en el imaginario colectivo.

Hoy se manipulan, se omiten, se tergiversan o se falsifican desde las cifras de la desocupación o del costo de la vida, mientras opinadores muy mediatizados predican distintas variantes del there is no alternative (no hay alternativa) thatcheriano.
Disculpe, entonces, ¿de qué estamos hablando cuando reclamamos la democratización de la comunicación y de la información?
By Aram Aharonianmundo.sputniknews.com

El diario The New York Times difundió falacias

El diario The New York Times difundió falacias


La presentadora del programa de Telesur Empire Files responde a un artículo publicado The New York Times, en el que se distorsiona su trabajo en el canal Russia Today, sección América.

Renuncié a la cadena Russia Today en mis propios términos en febrero de 2015 porque quería hacer trabajos de investigación de mayor profundidad, no porque creyese que fuera un aparato de propaganda.

El largamente esperado reporte del Director Nacional de Inteligencia (DNI en inglés), el cual supuestamente prueba la "interferencia" rusa en la elección de Estados Unidos y que incluye una sección entera para vapulear a Russia Today, específicamente se refiere a mi antiguo programa que llevaba por nombre "Breaking the Set", el cual dejó de transmitirse hace 2 años, señalándolo como un vector propagandístico que marcaba el primer intento del Kremlin de subvertir la democracia estadounidense.

En un intento desesperado para darle continuidad a esta narrativa de la inteligencia estadounidense, el diario The New York Times señaló el reporte como "concluyente y sorpresivamente detallado", mientras agregaban que en realidad no se incluía evidencia alguna.

Al día siguiente, el 7 de enero, el NYT publicó otro artículo llamado "Rusia y su RT, la cadena implicada en la interferencia electoral".

En dicho artículo, el periodista del NYT Russel Goldman usó dos argumentos descaradamente falsos sobre mi trabajo en la cadena RT, para apoyar el argumento de que RT es simplemente un medio de comunicación propagandístico de Putin.

Primero, manifestó que "...los dos anclas que renunciaron durante una transmisión en vivo dijeron que el medio es un aparato de propaganda".

Yo no renuncié durante una transmisión en vivo, y tampoco dije que la cadena fuese un aparato de propaganda. El periodista continuó argumentando "... Abby Martin, quien antes de renunciar dijo: 'Lo que hizo Rusia estuvo mal'.

Cualquiera que quiera investigar sobre la cita mencionada -cuando hablé en contra de la entrada militar de Rusia en Crimea y la glorificación de la cadena por ello- encontrarán que no solo no renuncié estando al aire, sino que continué con mi programa durante un año entero después de ello.

Me entrevistaron sobre mi comentario al aire en diferentes medios importantes, desde la BBC hasta CNN, donde defendí mi libertad editorial y también desafié su doble moral y la hipocresía de su cobertura.

RT emitió un comunicado oficial en apoyo a mi libertad de expresar mi opinión en la cadena. Durante el año siguiente, continué emitiendo mis opiniones sobre Rusia, desde el MH-17 hasta la crisis de Ucrania, sin filtro alguno.

Renuncié a la cadena en mis propios términos en febrero de 2015 porque quería hacer trabajos de investigación de mayor profundidad, no porque creyese que fuera un aparato de propaganda.

El NYT publicó una corrección luego que estas falacias estuvieron en el portal web del diario durante 19 horas, sin embargo, su corrección presenta los hechos de manera confusa para ayudar a su narrativa.

La corrección dice "este artículo expuso erróneamente que cuando la presentadora Abby Martin dejó la cadena RT, en realidad lo hizo tiempo después de haber denunciado al aire la guerra de Rusia en Ucrania, no lo hizo en vivo".

El error no es únicamente acerca de cuando renuncié, sino sobre la razón y las circunstancias para hacerlo. El artículo deja implícito que renuncié por un desacuerdo político.

Asimismo, quitaron del artículo la línea que decía "los dos anclas que renunciaron durante una transmisión en vivo dijeron que el medio es un aparato de propaganda", pero no hacen la anotación respectiva al respecto, como se acostumbra.

El artículo ahora incluye una oración modificada " Abby Martin dejó la cadena RT tiempo después de haber denunciado al aire la incursión militar rusa

'Lo que Rusia hizo está mal', dijo la Srta. Martin". 
De nuevo, esta línea distorsiona la realidad, omite los hechos, e irónicamente contradice el argumento por completo.

La realidad es que yo hablé sobre las acciones de Putin, Rusia y la cobertura de la cadena estando al aire, y no solo no me despidieron, sino que mantuve mi programa de opinión en horario estelar durante todo un año seguidamente.

Entonces le pregunto al New York Times
Si RT es simplemente un vocero del Kremlin, ¿Cómo es que pude hacer esto y mantener un programa estelar en la cadena televisiva?

Parece que el NYT está nuevamente, tratando de impulsar una perpectiva falsa promovida por el Gobierno de EEUU, sus representantes y agencias, con el fin de presentar a RT de una forma caricaturesca y totalitaria - y así promover la idea de que subvierte la democracia estadounidense - lo cual representa una peligrosa propaganda de estado que sí debería preocuparnos.

By Julio Vegacarlosagaton.blogspot.com

'The Telegraph recicla y publica de nuevo una vieja Noticia Falsa

Milo Djukanovic, el primer ministro de Montenegro, rodeado de sus compatriotasReuters

'Noticia falsa reciclada': Diplomáticos rusos denuncian las mentiras de un diario británico

"Como siempre, no hay evidencia, pura insinuación",  aseguran en Twitter los diplomáticos rusos en respuesta a un extenso artículo publicado en el diario 'The Telegraph' bajo un titular sensacionalista. 
Según los británicos, Rusia había orquestado un complot en Montenegro el otoño pasado, que supuestamente buscó "sabotear el plan del país de adherirse a la OTAN".
El primer ministro montenegrino, Milo Djukanovic, era blanco de "oficiales de inteligencia rusos con el apoyo y la bendición de Moscú", asegura el corresponsal Ben Farmer
Hace referencia, sin especificar nombres, a sus "fuentes en Whitehall", el barrio con varias sedes gubernamentales.
La única 'prueba' que cita el autor es una fotografía del ministro ruso de Relaciones Exteriores, Serguéi Lavrov, donde también aparecía (sin contacto visual con el diplomático) uno de los ciudadanos serbios acusados de su implicación en la causa.
 La imagen fue tomada en Belgrado en diciembre pasado, aparentemente después de que Lavrov depositara flores a un monumento nacional y con mucha posterioridad respecto a los hechos investigados.
"Participaron activamente": Lavrov nombra a los países que intervinieron en las elecciones en EE.UU.
Todo el reporte es un "reciclaje de noticias desechadas hace tiempo" que busca "atizar las tensiones con Rusia", aseguran en la Embajada de Rusia. 
Aún en octubre pasado Moscú descartó rotundamente la posibilidad de estar relacionada con cualquier actividad ilegal en Montenegro.
Por su parte, el fiscal especial del país balcánico para la delincuencia organizada, Milivoje Katnic, admitió que una "poderosa organización" podría estar detrás de la conspiración y que entre los sospechosos había "nacionalistas de Rusia". 
Al mismo tiempo negó que hubiera prueba alguna de que Rusia como Estado estuviera involucrada "en cualquier sentido".

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