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rumanos prefieren el comunismo


Una nueva encuesta vuelve a confirmar que los rumanos prefieren el comunismo




Del blog ‘Un vallekano en Rumania / Un vallekan în România’
La mayoría de los rumanos prefieren al Partido Comunista de Rumania (PCR) que a la retahíla de partidos actuales con diferentes firmas pero idéntica ideología: el neoliberalismo criminal. Así lo ha demostrado una nueva encuesta de la empresa de estudios sociológicos IRES, un nuevo intento infructuoso de que los rumanos respalden por fin a las mafias que se reparten la riqueza de Rumania en los últimos 26 años.

Hasta ahora, desde el golpe de estado de diciembre de 1989, todas las encuestas realizadas por los medios de propaganda de la élite capitalista, intentando sentirse respaldados por sus víctimas y que estas apoyen o confirmen la propaganda anticomunista a la que tanto presupuesto oficial y privado se destina, les han salido rana.

Todas han resultado con la pasmosa realidad de que la mayoría de los rumanos piensa que durante los años de socialismo se vivía mejor y que los políticos “comunistas” eran menos ladrones que los que campan a sus anchas por la dictadura actual.

En la encuesta actual, realizada durante el mes de febrero de esta año 2016, a la pregunta ¿Qué opinión tiene del PCR en comparación con los partidos actuales?, un 52% ha respondido que prefieren el Partido Comunista, y solo un 18% ha contestado lo contrario. Del resto, un 22% no sabe no contesta, y un 8% piensa que “todos son lo mismo”.

En cuanto a las edades, también se ha producido algo sorprendente, y que no ha debido gustar mucho a los delincuentes que viven a costa del resto de los rumanos desde hace un cuarto de siglo: entre los que afirman que sin duda votarían al PCR si este fuera legal (en Rumania hay que recordar que los jueces del régimen rechazan todos los continuos intentos de registrar al Partido Comunista como partido político), un 60,4% tienen entre 51 y 65 años, algo normal pues fueron los que han vivido en primera persona todo el proceso desastroso que ha significado la imposición del capitalismo y la destrucción de puestos de trabajo, industria y dignidad que ha supuesto, pero, y esto es la novedad, un 40% son jóvenes de menos de 25 años, lo que supone que el futuro se muestra inquietante para mafiosos, criminales y sus esbirros.

Por último, en cuanto a la distribución territorial, también los resultados son de lo más lógico: los que piensan que el PCR es una mejor opción que el resto de partidos liberales, socialdemócratas, conservadores o el resto de marcas aparentemente diversas de la misma ideología bárbara, el capitalismo, se consideran mayoritariamente “de izquierda”, el 60%, mientras que también en su mayor parte son de las zonas más pobres del país, donde más se ha sentido el saqueo de la riqueza y la catástrofe economía y social en Rumania, es decir, en el sur (un 54%).

No hemos de olvidar, sin embargo, que, lamentablemente, la encuesta no investiga lo que representa para los rumanos esa afirmación de que el Partido Comunista es mejor considerado que los actuales de la dictadura capitalista.

Pero si analizamos la evolución del comunismo en Rumania y las encuestas realizadas tras el violento golpe de estado del 89, con total seguridad lo que echan de menos los machacados rumanos es el bienestar material (un trabajo seguro y pagado para no tener problemas para llegar a final de mes, servicios sociales y de ocio accesibles, sanidad y educación relativamente gratuita, etc.), es decir, las garantías ofrecidas por el gobierno socialista frente a la inestabilidad, constante empobrecimiento y barbarie capitalista, pero ni mucho menos el hecho de la participación activa, constante y directa en las decisiones políticas de la fábrica, el barrio, la escuela o la administración política, algo que desde los años 60 dejó de fomentarse y, al contrario, se limitó con cada vez más firmeza.

La separación entre partido y masas, la continua burocratización del sistema y la consiguiente constitución de un socialismo burocrático, fue, no obstante, una de las principales causas de la, por ello, inevitable restauración de la tiranía del capital.

Es decir, lo importante para los rumanos, en su anhelo del pasado socialista, son los logros económicos y las garantías sociales, no tanto el significado político del socialismo como gobierno de los que trabajan, lo que supone, un esfuerzo continuo, un sacrificio enorme y la asunción de la responsabilidad personal en la construcción del comunismo, es decir, de una sociedad justa, igualitaria y realmente libre.

Pero no hay que perder la perspectiva, y aunque evidentemente el bienestar y la seguridad son condiciones irrenunciables del socialismo, si no se pone la política al frente, como enseñó el camarada Mao, nunca podremos avanzar realmente hacia el Socialismo, sino que, como ha sucedido finalmente en todos los países que se auto consideraban comunistas, la restauración del capitalismo acaba siendo inevitable, para beneficio de unos cuantos delincuentes y perjuicio de los trabajadores.

POR EL COMUNISTA

Cornered Neocons: Trump’s heresy on foreign policy has put Republican hawks in nightmare scenario — backing Hillary Clinton

Clinton represents the status quo on foreign policy — aligning her far more with neocon values than Trump


Cornered Neocons: Trump’s heresy on foreign policy has put Republican hawks in nightmare scenario — backing Hillary ClintonBill Kristol, Donald Trump, Hillary Clinton, Robert Kagan (Credit: AP/Reuters/Janet Van Ham/Wade Payne/Scott Morgan/CBS)
“The war in Iraq was a big, fat mistake. All right? The war in Iraq, we spent $2 trillion, thousands of lives…We should’ve never been in Iraq. We have destabilized the Middle East. You call it whatever you want…They lied. They said there were weapons of mass destruction. There were none. And they knew there were none.” – Donald Trump
A Trump nomination is a nightmare for the Republican establishment. There are many reasons why that’s so, some more obvious than others. To begin with, a Trump-led ticket would mean not just a third consecutive term for the Democrats, it would also result in down-ballot defeats and perhaps even the loss of their majority in the Senate – that’s reason enough to panic.
But one of the less discussed concerns surrounding Trump has to do with foreign policy; specifically, the fact that Trump doesn’t have one, and what he has said scares the hell out of Republican hawks. We saw a glimpse of this at a recent Republicandebate, in which Trump popped the conservative bubble and said what no one else on that stage would – that the Iraq War was a mistake; that zealots exploited questionable intelligence for ideological purposes; and that military adventurism has made us and the world less safe. These are all indisputably true claims, and yet Republicans can’t accept them.
It’s heresy in the GOP to question the neoconservative paradigm – just ask Rand Paul. It’s assumed, as an article of faith, that America is the moral leader of the world; that we must not only defend our values across the world, we must also use force to remake it in our image. This is the thinking that gave us the Iraq War. It’s the prism through which most of the GOP still views international politics. Trump – and Bernie Sanders – represents a departure from this paradigm.
Although it’s unlikely to happen, a Trump-Sanders general election would have been refreshing for at least one reason: it would have constituted a total rejection of neoconservatism.
Most Americans understand, intuitively, that the differences between the major parties are often rhetorical, not substantive. That’s not to say substantive differences don’t exist – surely they do, especially on social issues. But the policies from administration to administration overlap more often than not, regardless of the party in charge. And that’s not necessarily a bad thing. Much of the stability is due to money and the structure of our system, which tends toward dynamic equilibrium. And there are limits to what the president can do on issues like the economy and health care.
But one area in which the president does have enormous flexibility is foreign policy. Which is why, as Politico reported this week, the GOP’s national security establishment is “bitterly digging in against” Trump. Indeed, more than any other wing of the Republican Party, the neoconservatives are terrified at the prospect of a Trump nomination.
“Hillary is the lesser evil, by a large margin,” said Eliot Cohen, a former Bush official with neoconservative ties. Trump would be “an unmitigated disaster for American foreign policy.” Another neocon, Max Boot, says he’d vote for Clinton over Trump: “She would be vastly preferable to Trump.” Even Bill Kristol, the great champion of the Iraq War, a man who refuses to consider the hypothesis that he was wrong about anything, is threatening to recruit a third party candidate to derail Trump for similar reasons.
Just this week, moreover, a group of conservative foreign policy intellectuals, several of whom are neocons, published an open letter stating that they’re “united in our opposition to a Donald Trump presidency.” They offer a host of reasons for their objections, but the bottom line is they don’t trust Trump to continue America’s current policy of policing the world on ethical grounds.
Trump isn’t constrained by the same ideological conventions as other candidates, and so he occasionally stumbles upon unpopular truths. His comments about the Iraq War are an obvious example. But even on an issue like the Israeli-Palestinian dispute, Trump says what any reasonable observer should: we ought to maintain neutrality and work to solve the dispute with an eyes towards our national interest. Now, Trump couldn’t explain the concept of “realism” to save his life, but this position is perfectly consistent with that tradition. And if Republicans weren’t blinkered by religious fanaticism, they’d acknowledge it as well. The same is true of Trump’s nebulous critiques of America’s soft imperialism, which again are sacrilege in Republican politics.
To be clear: Donald Trump is a lunatic; he isn’t fit for public office. His ascendancy is a national embarrassment and the latest signpost on the road to idiocracy. Saying he isn’t a neoconservative does not imply he has an alternative worldview, or even a vague notion of America’s role in the world. He’s merely a blank slate, a question mark, someone the establishment can’t reliably bend to their will. Reagan, too, was a blank slate, but he was malleable, like George W. Bush. Trump, on the other hand, is an exquisite marriage of ignorance and confidence – no one has any idea what he’ll do.
There is a similar – but not identical – dynamic on the Democratic side. Hillary Clinton would be an infinitely better president than Trump – that’s obvious. But there’s no way around the fact that she represents the status quo on foreign policy, which is why neocons are far more comfortable with her than with Trump. And it’s not just Clinton’s support of the Iraq War, about which everyone knows. It’s also her positions on Libya and Syria and Iran, all of which have been maximalist and interventionist. Her views on Israeli-Palestinian relations aren’t particularly encouraging either.
Bernie Sanders and Donald Trump have only one thing in common: they’re appealing to people who’ve lost confidence in their party’s establishment. As a whole Democrats, are immeasurably saner on foreign policy, but there’s a dominant center-right wing of the party, and Hillary Clinton is arguably to the right of that.
Sanders’ economic populism gets a lot of attention (as it should), but, like Trump, he’s articulated some simple but important truths in this campaign. The difference is that Trump’s foreign policy is contained entirely in the quote above, whereas Sanders has laid out a comprehensive vision, which rejects accepted wisdom and offers a sustainable alternative to interventionism. While it’s unlikely that Trump has given serious thought to any of these questions, we can, at least, credit him for being honest about our recent history, as Sanders has been.
Again, we’re unlikely to see a Trump-Sanders general election. As it stands, Hillary Clinton is the overwhelming favorite to win the Democratic nomination. If that happens, she’ll be our next president, and in many ways that will be a good thing, considering the alternative. But it won’t lead to a major shift in our foreign policy. And that’s unfortunate, because Trump’s popularity suggests, among other things, that the country is weary of war and utopian entanglements in the Middle East.

con el culo al aire a Israel


La Pesadilla de SIÓN sería ver presidenciales entre Trump y Sanders... ambos dejarían con el culo al aire a Israel

Los neoconservadores acorralados: la herejía de Trump en la política exterior ha puesto halcones republicanos en el escenario de pesadilla - backing Hillary Clinton
Clinton representa el status quo en la política exterior - la alineación de sus muchos más con los valores neoconservadores de TrumpSEAN ILLING



Bill Kristol, Donald Trump, Hillary Clinton, Robert Kagan (Crédito: AP / Reuters / Janet Van Ham / Wade Payne / a Scott Morgan / CBS)
"La guerra en Irak fue un grande, error de grasa. ¿Todo bien?
La guerra en Irak, que gastó $ 2 billones de dólares, miles de vidas ... Deberíamos haber estado nunca en Irak. Hemos desestabilizado Oriente Medio. Ustedes lo llaman lo que quieras ... Mintieron. Ellos dijeron que había armas de destrucción masiva. No había ninguno.Y sabían que no había ninguno. "- Donald Trump


Una nominación Trump es una pesadilla para el establecimiento republicano. Hay muchas razones por las que es tan, algunos más evidentes que otros. Para empezar, un billete liderada por Trump significaría no sólo un tercer mandato consecutivo para los demócratas, sino que también daría lugar a derrotas electorales abajo-y tal vez incluso la pérdida de su mayoría en el Senado - que ya es suficiente razón para el pánico.
Pero uno de los problemas que rodean a menos discutidos Trump tiene que ver con la política exterior; En concreto, el hecho de que Trump no tiene uno, y lo que ha dicho asusta de halcones republicanos.
Vislumbramos esto a un republicano reciente debate , en el que Trump hizo estallar la burbuja conservador y dijo lo que nadie más lo haría en ese escenario - que la guerra de Irak fue un error; que explotan los fanáticos de inteligencia cuestionable para fines ideológicos; y que la aventura militar ha hecho nosotros y el mundo menos seguro.
Estas son todas las reclamaciones indiscutiblemente verdaderos, y sin embargo, los republicanos no pueden aceptarlas.
Es herejía en el GOP a cuestionar el paradigma neoconservador - sólo hay que preguntar Rand Paul. Se asume, como un artículo de fe, que Estados Unidos es el líder moral del mundo; que no sólo tenemos que defender nuestros valores en todo el mundo, también hay que utilizar la fuerza para rehacer a nuestra imagen.Este es el pensamiento que nos dio la guerra de Irak.
Es el prisma a través del cual la mayor parte del GOP todavía considera la política internacional. Trump - y Bernie Sanders - representa una desviación de este paradigma.
Aunque es poco probable que suceda, una elección general Trump-Sanders habría sido refrescante durante al menos una razón: habría constituido un rechazo total del neoconservadurismo.
La mayoría de los estadounidenses a entender, de manera intuitiva, que las diferencias entre los principales partidos son a menudo retórica, no de fondo. Eso no es para decir que no existen diferencias sustantivas - sin duda lo hacen, especialmente en temas sociales.
Pero las políticas de una administración a superponen más a menudo que no, independientemente del partido a cargo. Y eso no es necesariamente una mala cosa. Gran parte de la estabilidad se debe al dinero y la estructura de nuestro sistema, que tiende hacia el equilibrio dinámico. Y hay límites a lo que el presidente puede hacer en temas como la economía y la atención sanitaria.
Sin embargo, un área en la que el presidente tiene una enorme flexibilidad es la política exterior. Por lo que, como Politico informó esta semana, el establecimiento de seguridad nacional del GOP está "cavando amargura en contra de" Trump. De hecho, más que cualquier otra ala del Partido Republicano, los neoconservadores están aterrorizados ante la perspectiva de una nominación Trump.
"Hillary es el mal menor, por un amplio margen", dijo Eliot Cohen, un ex funcionario de Bush con lazos neoconservadores. Trump sería "un desastre total para la política exterior de Estados Unidos".
Otro de los neoconservadores, Max Boot, dice que votaría por Clinton sobre Trump: "Sería mucho más preferible a Trump."
Incluso Bill Kristol, el gran defensor de la guerra de Irak , un hombre que se niega a considerar la hipótesis de que se había equivocado en nada, es una amenaza para reclutar un tercer candidato del partido para descarrilar Trump por razones similares.
Esta misma semana, por otra parte, un grupo de intelectuales conservadores de la política exterior, varios de los cuales son neoconservadores, publicó una carta abierta afirmando que están "unidos en nuestra oposición a una presidencia Donald Trump." Ellos ofrecen una serie de razones de sus objeciones , pero la conclusión es que no confían en Trump, mantener la política actual de Estados Unidos de policía del mundo por razones éticas.
Trump no está limitado por las mismas convenciones ideológicas como otros candidatos, y por lo que de vez en cuando se topa con verdades impopulares.
Sus comentarios sobre la guerra de Irak son un ejemplo obvio.
Pero incluso en un tema como el conflicto palestino-israelí, Trump dice lo que cualquier observador razonable debe: tenemos que mantener la neutralidad y el trabajo para resolver el conflicto con una mirada hacia nuestro interés nacional.
Ahora, Trump no pudo explicar el concepto de "realismo" para salvar su vida, pero esta posición es perfectamente coherente con la tradición. Y si los republicanos no fueron blinkered por el fanatismo religioso, que habían reconocen también.
Lo mismo puede decirse de las críticas de Trump nebulosos del imperialismo blando de Estados Unidos, que a su vez son un sacrilegio en la política republicana.
Para que quede claro: Donald Trump es un loco; que no es apto para un cargo público. Su ascenso es una vergüenza nacional y la última señal en el camino a idiocracy. Diciendo que no es un neoconservador no implica que tiene una visión del mundo alternativa, o incluso una vaga idea del papel de Estados Unidos en el mundo.
Es simplemente una pizarra en blanco, un signo de interrogación, alguien del establecimiento no puede doblar de forma fiable a su voluntad. Reagan, también, era una pizarra en blanco, pero era maleable, como George W. Bush.Trump, por el contrario, es una exquisita unión de la ignorancia y la confianza - nadie tiene alguna idea de lo que va a hacer.
Hay un parecido - pero no idénticos - dinámico en el lado demócrata. Hillary Clinton sería un presidente infinitamente mejor que Trump - eso es obvio.
Pero no hay manera de evitar el hecho de que ella representa el status quo en la política exterior, por lo que los neoconservadores son mucho más cómodos con ella que con Trump.
Y no se trata sólo de soporte de la guerra de Irak, de la que todo el mundo sabe de Clinton.
Es también sus posiciones sobre Libia y Siria e Irán, todos los cuales han sido maximalista e intervencionista. Sus puntos de vista sobre las relaciones entre israelíes y palestinos no son particularmente alentadora.
Bernie Sanders y Donald Trump sólo tienen una cosa en común: están apelando a las personas que han perdido la confianza en el establecimiento de su partido. En su conjunto demócratas, son incomparablemente más cuerda en la política exterior, pero hay un ala dominante de centro-derecha del partido, y Hillary Clinton es sin duda a la derecha de eso.
Populismo económico Sanders llama mucho la atención (como debería), pero, como Trump, que está articulado algunas verdades simples pero importantes en esta campaña.
La diferencia es que la política exterior de Trump está totalmente contenida en la cita anterior, mientras que Sanders ha presentado una visión integral , que rechaza la sabiduría aceptada y ofrece una alternativa sostenible al intervencionismo. Si bien es poco probable que Trump ha pensado seriamente a cualquiera de estas preguntas, podemos, al menos, lo acreditan para ser honesto acerca de nuestra historia reciente, como Sanders ha sido.
Una vez más, estamos poco probable que vea una elección general Trump-Sanders.
En su forma actual, Hillary Clinton es la favorita para ganar la nominación demócrata.
Si eso sucede, ella será nuestro próximo presidente, y de muchas maneras que serán una buena cosa, teniendo en cuenta la alternativa.
Pero no va a dar lugar a un cambio importante en nuestra política exterior. Y eso es desafortunado, porque la popularidad de Trump sugiere, entre otras cosas, que el país está cansado de la guerra y enredos utópicas en el Oriente Medio.

los motivos reales de EE.UU. en Siria y Oriente Medio


Lo que la mayoría no sabe: Kennedy revela los motivos reales de EE.UU. en Siria y Oriente Medio

La mayoría de los estadounidenses no es consciente de que Washington busca derrocar al gobierno democráticamente elegido de Siria, lamenta Robert F. Kennedy Jr.


Kai Pfaffenbach / Reuters
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La mayoría de los estadounidenses no son conscientes de que Washington busca derrocar al gobierno democráticamente elegido de Siria. Así lo afirmó el abogado Robert F. Kennedy Jr., sobrino del expresidente norteamericano John F. Kennedy, en una entrevista exclusiva con la emisoraSputnik.

En un revelador artículo de la semana pasada para la revista 'Politico', Robert F. Kennedy Jr. explicó que la decisión de Washington de derrocar al presidente de Siria, Bashar al Assad, en gran parte se basó en la negativa de este mandatario a permitir el paso por su país de un gasoducto desde Catar hacia Europa.

De hacerse realidad, el gasoducto, por valor de 10.000 millones de dólares, atravesaría Arabia Saudita, Jordania, Siria y Turquía, garantizando que los reinos suníes del golfo Pérsico tuvieran una ventaja decisiva en los mercados mundiales de gas y fortaleciendo a Catar, que es el aliado más cercano de EE.UU. en la región.

EE.UU. en Oriente Medio: un sólido historial de fracasos

"Si estudiamos la historia de la relación de EE.UU. con Oriente Medio y miramos las intervenciones violentas de EE.UU. en Siria, Irak, Jordania, Arabia Saudita y Egipto a lo largo del tiempo, una cosa extraordinaria y sorprendente es el sólido historial de fracasos catastróficos cada vez que nos aventuramos allí en forma violenta", comentó el jurista durante la entrevista.

Todo por un gasoducto: Un miembro del clan Kennedy revela la verdadera causa de la guerra en Siria

"La mayoría de los estadounidenses son completamente inconscientes de que nosotros intentamos derrocar al gobierno democráticamente elegido de Siria, en contra de nuestra propia política del Departamento de Estado y en contra de los valores estadounidenses", agregó.

Según Kennedy, esto no solo es cierto en el caso de Siria, sino también en el de Irán, Irak y muchos otros países de la región. "Irak es lo mismo. Habíamos desarrollado una serie de acciones en Irak que en realidad trajeron a Saddam Hussein al poder", señaló el jurista a Sputnik.

Kennedy hizo hincapié en que no insta a aliarse con dictadores, pero lo que hace EE.UU. es hipocresía.

"No estoy diciendo que debemos aliarnos con los dictadores. Pero nos aliamos con los sauditas, y los sauditas no permiten que las mujeres conduzcan un coche. Va a ir a la cárcel si usted conduce un coche. Torturan a la gente y reprimen la libertad de expresión, y hacen cosas aún peores", apuntó el abogado.
Intereses económicos


Nosotros intentamos derrocar al gobierno democráticamente elegido de Siria, en contra de nuestra propia política del Departamento de Estado y en contra de los valores estadounidenses

En su opinión, los motivos reales de las acciones de Washington en Oriente Medio están casi siempre relacionados con los intereses económicos de las empresas estadounidenses en esta región.

"Si nos fijamos en las raíces de esta guerra [la guerra civil en Siria], veremos una guerra por un gasoducto", insistió el analista. "Es una revolución sunita que fue financiada por nuestros aliados, por Catar y Arabia Saudita. Y en muchos casos, los soldados de la revolución fueron entrenados y armados por EE.UU.", concluyó.

CARTA PARA ENVIAR AL DEFENSOR DEL CLIENTE DE TU BANCO



Lugar y fecha

Soy titular de la (tarjeta, cuenta o préstamo) __________________________ respecto de la cual desearía poner de manifiesto la siguiente irregularidad: la repercusión en mi cuenta de Gastos de Reclamación por importe de 00 € anotado el 00/00/2000, al haberse producido un retraso en el pago de la cuota, sin tener en cuenta la cuantía y duración de la mora, y no obstante la circunstancia de que el retraso ya se me penaliza mediante un tipo interés de demora de por si suficientemente elevado.
A mayor abundamiento, la mera existencia de la referida comisión es ilegal, pues no obedece ni a un servicio solicitado previamente en firme por quien esto suscribe, ni a un servicio efectivamente prestado por la entidad, ni a un gasto que haya debido asumir ésta; de hecho la entidad no me ha reclamado en sentido estricto nada, ni me ha requerido fehacientemente para la regularización de la demora, habiéndose limitado a repercutir en mi cuenta la referida comisión. 
Todo ello vulnera la normativa de disciplina que regula las relaciones entre las entidades de crédito y sus clientes según lo previsto en la norma Tercera, apdo. 3° de la Circular del Banco de España 8/1990, y el Número Quinto de la Orden Ministerial de 19 de diciembre de 1989, sobre Tipos de interés y comisiones, normas de actuación, información a clientes y publicidad.
Quiero recordar que el Servicio de Reclamaciones del Banco de España reitera en su Memoria que las comisiones de este tipo (con independencia del nombre que reciban) no responden a servicio alguno prestado a los clientes, ya que las entidades no pueden acreditar -porque no existen- haber realizado gestiones encaminadas a recuperar el importe de las cuotas impagadas, ni la necesidad de las mismas. 
Entiende dicho Servicio que la aplicación automática de estas comisiones, «tan pronto como se produce una situación de demora no constituye una buena práctica bancaria, sino que las entidades deben tener en cuenta las circunstancias particulares de cada impagado y de cada cliente, analizar en cada caso la procedencia de llevar a cabo la reclamación y acreditar que efectivamente han realizado alguna gestión encaminada al recobro; en suma, una reclamación realizada sin tener en cuenta esas circunstancias particulares nunca podría calificarse como una gestión necesaria e individualizada que ampare la repercusión de la comisión». 
Redunda que su devengo está vinculado a la EXISTENCIA EFECTIVA de gestiones de reclamación realizadas ante el cliente deudor (algo que, a juicio de este Servicio, no está justificado con la simple remisión de una carta periódicamente generada por el ordenador)
Les recuerdo además que la ley del préstamo al consumo de 1995 enuncia en el artículo 13 sobre el cobro indebido:
2. Si el cobro indebido se hubiera producido por malicia o negligencia del empresario, el consumidor tendrá el derecho a la indemnización de los daños y perjuicios causados, que en ningún caso será inferior al interés legal incrementado en cinco puntos, o el del contrato, si es superior al interés legal, incrementado a su vez en cinco puntos.
Les agradeceré que retrotraigan dichas cantidades, y los respectivos intereses, a la mayor brevedad posible; les recuerdo que el plazo de 2 meses a contar desde el recibo de la presente, es el máximo estipulado por la normativa del Banco de España para dar respuesta, ya que de lo contrario me veré obligado a presentar reclamación ante dicha entidad, con las molestias que esto conlleva. 
En el caso de que no atiendan a la petición y el dictamen del Banco de España me sea favorable, presentaré una demanda ante el Juzgado de 1ª Instancia, por lo que sería una mala práctica bancaria y un abuso por parte de su entidad. 
Sin nada más que añadir, y quedando a la espera de que accedan a las peticiones expuestas en el presente escrito, reciba un cordial saludo.

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