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¿A la mierda el trabajo?, perdón, ¿de qué trabajo hablamos?


¿A la mierda el trabajo?, perdón, ¿de qué trabajo hablamos?

CTXT

Cualquier propuesta de acción política que pretenda ser emancipadora debe considerar las desigualdades entre mujeres y hombres e incorporar formas de contribuir a la desarticulación del patriarcado como eje de dominación

Una mujer realiza trabajos domésticos en una calle de Italia. MARIO MANCUSO
El término trabajo se puede entender como la actividad realizada por la especie humana destinada a satisfacer sus necesidades y, por tanto, directamente relacionada con su supervivencia y reproducción. Sin embargo, desde los procesos de industrialización, el concepto de trabajo fue secuestrado por la ideología productivista de las sociedades industriales, estableciéndose una identificación entre trabajo (una actividad) y empleo (una relación social). De esta manera, tradicionalmente, los estudios sobre el trabajo han considerado solo la parte mercantil de la actividad económica y, por tanto, un tipo de trabajo –el empleo– que ha estado socialmente asignado a la población masculina.
Pero una rápida mirada hacia el pasado nos permite observar que a lo largo de la historia de la humanidad se han desarrollado formas de trabajo absolutamente diversas, bajo distintos marcos sociales, con distintos niveles tecnológicos, realizadas por distintos miembros del hogar, dentro o fuera del ámbito doméstico y con o sin remuneración. De estos distintos tipos de trabajo el que históricamente ha ocupado más tiempo y el que siempre ha acompañado al resto de los trabajos es el que podríamos denominar en términos genéricos “de subsistencia directa” y que hoy llamaríamos “doméstico y de cuidados”.
Con la implantación del sistema capitalista (patriarcal), todos los trabajos que se realizan en contextos no mercantiles quedaron devaluados y no reconocidos como trabajo, fundamentalmente, el trabajo doméstico y de cuidados –realizado básicamente por mujeres e implicado directamente en el cuidado de la vida y de los cuerpos-- se hizo invisible, a pesar de ser el eje central de la existencia humana. Este “olvido” teórico y político –que ha ayudado a determinar diferencias profundas en los trabajos y en las vidas de mujeres y hombres-- no es sorprendente, ya que responde a una ideología patriarcal que ha desvalorizado todo aquello realizado tradicionalmente por las mujeres: sus formas de actuar, de pensar, su cuerpo (utilizado y violentado por lo masculino), el tipo de relaciones que establecen, etc. Y cuando estos trabajos salen al mercado, se mantienen como una actividad de nivel inferior. Así se ha ido construyendo un imaginario colectivo que asocia las actividades de cuidados y reproducción social a la baja cualificación.
Podría resultar curiosa o incomprensible esta desvalorización social de una actividad que es fundamental para la subsistencia de las personas y la reproducción social; ya que sin el cuidado que se realiza desde los hogares a lo largo de todo el ciclo vital: alimentación, niñez, cuidado en la salud, enfermedades, envejecimiento, cuidados afectivos y emocionales, etc., la vida no sería posible. Sin embargo, es perfectamente comprensible desde la perspectiva del sistema económico. La producción capitalista no tiene capacidad ni posibilidades de reproducir bajo sus propias relaciones de producción la fuerza de trabajo que necesita. La reproducción diaria, pero sobre todo la generacional, requiere de una enorme cantidad de tiempo y energías que el sistema no podría remunerar. Pero, además, el mercado no puede sustituir los complejos procesos de crianza y socialización que implican afectos, emociones, seguridades, etc. y que permiten que las personas se desarrollen como tales. Sólo la enorme cantidad de trabajo doméstico y de cuidados que se está realizando hace posible que el sistema económico pueda seguir funcionando. De ahí la invisibilidad que mantiene el sistema del nexo que relaciona ambos trabajos, ya que parte de sus beneficios proviene de ese trabajo no remunerado que le reproduce la fuerza de trabajo.
En nuestras sociedades capitalistas, ambos trabajos –mercantil y de cuidados-- son absolutamente necesarios para la subsistencia de las personas, aunque reciben un reconocimiento social muy distinto. El trabajo monetizado goza de valor social (aunque con diferencias importantes según el tipo de actividad), valoración de la que carece el trabajo realizado desde los hogares. Sin embargo, este último es el que está directamente relacionado con el cuidado y la vida de las personas por lo que debiera ser la preocupación social central.
En definitiva, si se quiere reflexionar sobre la cuestión del trabajo, hay que ampliar la mirada y no considerar solo el trabajo remunerado, sino los distintos trabajos necesarios que tienen lugar en nuestras sociedades actuales. Aunque sin olvidar que los distintos trabajos no se realizan todos en un mismo contexto social ni bajo las mismas relaciones sociales; no todos tienen la misma importancia en nuestras vidas; algunos son absolutamente necesarios para la subsistencia y reproducción de la especie (alimentación, cuidados, educación, sanidad, etc.), otros no son básicos pero contribuyen al bienestar y a una vida más humana, y unos terceros pueden ser prescindibles, e incluso, algunos pueden ser indeseables (como muchos trabajos de publicidad, finanzas, etc.). Estos últimos solo son necesarios para la continuidad del sistema económico capitalista. Por tanto, sería necesario replantear el valor de los trabajos en función de su aportación a los procesos vitales.
Desde esta mirada pierde sentido la expresión “a la mierda el trabajo” o hablar del “derecho a no trabajar” o del “trabajo como bien escaso”. En el primer lugar, respondiendo a la definición de trabajo, queda claro que para satisfacer las necesidades humanas es necesario trabajar (en algún tipo de trabajo). En el segundo, como participantes de una sociedad, todos y todas deberíamos contribuir al proceso común de dar respuesta a las necesidades tanto individuales como colectivas; quien no trabaja pero está en condiciones de hacerlo estaría parasitando de los/as demás. Y, en el tercero, lo que escasea en realidad no es el trabajo, sino los empleos promovidos por quienes tienen el poder de hacerlo. Además, desde nuestra perspectiva, hay que recordar que todos estos procesos no son neutros sino que están atravesados por distintos ejes de desigualdad, entre los cuales normalmente se “olvida” la desigualdad de género.
Por ello, cualquier propuesta de acción política que pretenda ser emancipadora debería tener una visión amplia en relación a los distintos trabajos –discutiendo cuáles serían básicos, cómo se repartirían, cómo se distribuiría la renta-, pero también debería considerar las desigualdades entre mujeres y hombres y, por tanto, incorporar formas de contribuir a la desarticulación del patriarcado como eje de dominación. Los procesos emancipadores obligan a considerar en conjunto los distintos sistemas de opresión. Sabemos que lo que no se nombra no existe. Por tanto, no hacer explícito el poder patriarcal y sus consecuencias sobre la vida de las mujeres es suponer que el modelo de comportamiento masculino en relación a la violencia contra las mujeres, la no asunción del trabajo de cuidados, etc. se resolverá por sí solo sin ningún tipo de intervención social o política.
La propuesta de una renta universal que sostiene la RBU no considera los aspectos señalados ni con respecto al trabajo ni con respecto a las relaciones patriarcales. En primer lugar, su planteamiento está sesgado hacia el trabajo remunerado, considerando de manera muy marginal los otros trabajos, con lo cual, desde nuestra perspectiva, sus posibles resultados serían limitados. Como señalé anteriormente, todos y todas deberíamos realizar algún tipo de trabajo necesario, pero la RBU no asegura ni plantea la distribución equitativa por ejemplo del trabajo de cuidados o de otros trabajos –seguramente desagradables-- necesarios para la subsistencia de la población. En segundo lugar, es una visión muy monetarizada, que contempla básicamente los aspectos dinerarios. Estamos de acuerdo en que en la situación actual de gran vulnerabilidad social y precariedad laboral, deberían realizarse políticas para evitar la pobreza, pero deberían realizarse junto a políticas que afecten a la reorganización o redistribución de los trabajos entre todas y todos. Por otra parte, la visión monetarizada también se traduce en su idea de pobreza, considerándola solo pobreza de recursos monetarios, sin tener en cuenta otras dimensiones de la pobreza como la falta de acceso a servicios básicos, la cultura o la pobreza de tiempo, característica esta última de la vida de las mujeres en sociedades capitalistas. Por último, la RBU manifiesta un sesgo neoliberal en su visión de la libertad de elección que tendría la población. Sabemos que la libre elección es un mito, una falacia introducida por la ideología neoliberal. Las personas estamos totalmente condicionadas por ideologías, entorno, presiones sociales, etc. En este sentido, las mujeres podrían “elegir voluntariamente” el trabajo doméstico y de cuidados no necesariamente porque sea su opción de vida, sino porque se vean obligadas por la presión social. Y, si no hay una respuesta colectiva y de la población masculina a la organización y la gestión del cuidado, las mujeres lo asumirán, sencillamente, por el valor que le dan a la vida frente a las exigencias del capital. De aquí la importancia de que cualquier propuesta de cambio incluya formas de influir en el comportamiento masculino para ir transformando el imaginario colectivo de la naturalización del cuidado como asunto de mujeres.
Así pues, si se piensa en alternativas viables actualmente, que tengan como objetivo una vida digna y vivible para toda la población –mujeres y hombres- es necesario considerar un proceso de "resignificación" de mujeres y hombres más allá de una sociedad patriarcal, un cambio simbólico que conduzca a valorar socialmente las actividades de cuidados que dan sentido a la vida y que las mujeres han realizado a lo largo de la historia. Las relaciones patriarcales no se diluyen por sí solas ni se transforman solo porque se modifiquen las relaciones capitalistas. Por tanto, las propuestas de acción política deberían incorporar en sí mismas lo que alguna compañera denomina “potencialidad género-transformativa”.
Cristina Carrasco es Economista. Profesora de Teoría Económica de la Universidad de Barcelona. Miembra del Instituto Interunivesitario de las Mujeres y el Género de las Universidades Catalanas y de la International Association for Feminits Economic.
Fuente: http://ctxt.es/es/20170301/Firmas/11223/Debate-a-la-mierda-el-trabajo-desigualdad-mujeres-emancipacion.htm

La CIA estudia a los teóricos franceses Cómo desmantelar a la izquierda cultural

La CIA estudia a los teóricos franceses
Cómo desmantelar a la izquierda cultural

The Philosophical Salon

Traducido para Rebelión por Paco Muñoz de Bustillo

Se suele asumir que los intelectuales tienen poco o ningún poder político. Subidos en su privilegiada torre de marfil, desconectados del mundo real, enredados en debates académicos sin sentido sobre minucias, o flotando en las nubes abstrusas de la teoría de altos vuelos, se suele retratar a los intelectuales como separados de la realidad política e incapaces de tener cualquier impacto significativo sobre ella. Pero la Agencia Central de Inteligencia (CIA) piensa de otra forma.
De hecho, el organismo responsable de planificar golpes de Estado, cometer asesinatos y manipular clandestinamente a gobiernos extranjeros no solo cree en el poder de la teoría, sino que asignó importantes recursos para mantener un grupo de agentes secretos dedicados a estudiar a fondo lo que algunos consideran la teoría más recóndita e intricada jamás producida. Un documento de investigación escrito en 1985 y que recientemente ha sido desclasificado y publicado con ligeras adaptaciones, haciendo uso de la Ley de Libertad de Expresión, revela que la CIA dispuso de agentes dedicados a estudiar las complejas e influyentes teorías asociadas a los autores franceses Michel Foucault, Jacques Lacan y Roland Barthes.
La imagen de unos espías estadounidenses reuniéndose con asiduidad en cafés parisinos para estudiar y comparar notas sobre los popes de la intelectualidad francesa puede chocar a quienes asumen que este grupo de intelectuales eran lumbreras cuya sobrenatural sofisticación no podría caer en una trampa tan vulgar, o que, por el contrario, no eran sino charlatanes de retórica incomprensible con poco o ningún impacto en el mundo real. Sin embargo, no sorprenderá a quienes están familiarizados con la prolongada y continua utilización de recursos de la CIA en la guerra cultural global, incluyendo el respaldo a sus formas más vanguardistas, lo que ha quedado bien documentado gracias a investigadores como Frances Stonor Saunders, Giles Scott-Smith y Hugh Wilford (yo he realizado mi propia contribución con el libro Radical History & the Politics os Art).
Thomas W. Braden, antiguo supervisor de las actividades culturales de la CIA, explicaba el poder de la guerra cultural de la agencia en un relato sincero y bien informado publicado en 1967: “Recuerdo el inmenso placer que sentí cuando la Orquesta Sinfónica de Boston [que contaba con el respaldo de la CIA] ganó más elogios para EE.UU. en París de los que pudieran haber ganado John Foster Dulles [i] o Dwight D. Eisenhower con cien discursos”. No se trataba, de ninguna manera, de una operación liminal o sin importancia. De hecho, como sostenía acertadamente Wilford, el Congreso para la Libertad Cultural con sede en París, que posteriormente resultó ser una organización tapadera de la CIA en tiempos de la Guerra Fría, fue uno de los principales patrocinadores de la historia mundial y prestó apoyo a una increíble gama de actividades artísticas e intelectuales. Contaba con oficinas en 35 países, publicó docenas de prestigiosas revistas, participaba en la industria editorial, organizó conferencias y exposiciones artísticas de alto nivel, coordinaba actuaciones y conciertos y proporcionó generosa financiación a diversos premios y becas culturales, así como a organizaciones encubiertas como la Fundación Farfield.
El “aparato” en París: el agente de la CIA y presidente del Congreso para la Libertad Cultural Michael Josselson (centro) en un almuerzo de trabajo con John Clinton Hunt y Melvin Lasky (dcha.)
La agencia de inteligencia consideraba que la cultura y la creación teórica eran armas cruciales del arsenal global dirigido a perpetuar los intereses estadounidenses en todo el mundo. El documento de investigación de 1985 recién publicado, titulado “Francia: la deserción de los intelectuales de izquierda”, examina –indudablemente con el fin de manipularla– a la intelectualidad francesa y el papel fundamental que desempeñaba en la configuración de las tendencias que generan la línea política. El informe, a la vez que sugería que en la historia de la intelectualidad francesa existía un equilibrio ideológico relativo entre la izquierda y la derecha, destaca el monopolio de la izquierda en la era inmediatamente posterior a la Segunda Guerra Mundial –al que, como sabemos, se oponía de modo furibundo la CIA– a causa del papel fundamental que jugaron los comunistas en la resistencia al fascismo y que, en último término, permitió ganar la guerra. Aunque la derecha estaba enormemente desacreditada a causa de su contribución directa a los campos de exterminio nazis, así como su agenda xenófoba, anti-igualitaria y fascista (según las propias palabras de la CIA), los agentes secretos anónimos que escribieron el borrador del informe resumen con palpable regocijo el retorno de la derecha a partir de los inicios de la década de los setenta.
Más concretamente, los guerreros culturales clandestinos aplauden lo que consideran un movimiento doble que contribuyó a que los intelectuales apartaran a Estados Unidos del centro de sus críticas y las dirigieran a la Unión Soviética. Por parte de la izquierda se produjo una desafección gradual hacia el estalinismo y el marxismo, una progresiva retirada de los intelectuales radicales del debate público y un alejamiento teórico del socialismo y del partido socialista. Más hacia la derecha, los oportunistas ideológicos a los que se denominaba Nuevos Filósofos y los intelectuales de la Nueva Derecha lanzaron una campaña mediática descarada de difamación contra el marxismo.
Mientras otros tentáculos de la organización de espionaje de alcance mundial se dedicaban a derribar gobiernos elegidos democráticamente, a proporcionar servicios de inteligencia y financiación a dictadores fascistas y a apoyar escuadrones de la muerte de extrema derecha, el escuadrón parisino de la CIA recogía información sobre el giro hacia la derecha que estaba teniendo lugar en el mundo y que beneficiaba directamente a la política exterior de EE.UU. Los intelectuales simpatizantes de la izquierda de la posguerra fueron abiertamente críticos con el imperialismo estadounidense. La influencia en los medios de comunicación que ejercía la crítica marxista sin pelos en la lengua de Jean Paul Sartre y su notable papel –como fundador de Libération– a la hora de revelar la identidad del responsable de la CIA en París y de docenas de agentes encubiertos fue seguida de cerca por la Agencia y considerada un grave problema.
Por el contrario, el ambiente antisoviético y antimarxista de la emergente era neoliberal sirvió para desviar el escrutinio público y proporcionó una excelente excusa para las guerras sucias de la CIA, al “dificultar en extremo cualquier oposición significativa de las élites intelectuales a las políticas estadounidenses en América Central, por ejemplo”. Greg Grandin, uno de los más destacados historiadores de Latinoamérica, resumió perfectamente esta situación en su libro The Last Colonial Massacre (La última masacre colonial): “Aparte de realizar intervenciones notoriamente desastrosas y letales en Guatemala en 1954, República Dominicana en 1965, Chile en 1973 y El Salvador y Nicaragua en los ochenta, Estados Unidos ha prestado apoyo financiero, material y moral silencioso y continuo a estados terroristas asesinos y contrainsurgentes […] Pero la enormidad de los crímenes de Stalin aseguraba que dichas historias sórdidas, por muy convincentes, rigurosas o condenatorias que fueran, no interfirieran en la fundación de una visión del mundo comprometida con el papel ejemplar de Estados Unidos en la defensa de lo que ahora conocemos como democracia”.
Este es el contexto en el que los mandarines enmascarados elogian y apoyan la incesante crítica que una nueva generación de pensadores antimarxistas como Bernard-Henri Levy, André Glucksmann y Jean-François Revel desencadena contra “la última camarilla de eruditos comunistas” (compuesta, según los agentes anónimos, por Sartre, Barthes, Lacan y Louis Althuser). Dada la inclinación izquierdista de aquellos antimarxistas en su juventud, constituyen el modelo perfecto para construir las narrativas falaces que fusionan una pretendida evolución política personal con el avance continuo del tiempo, como si la vida individual y la historia fueran simplemente una cuestión de “evolución” y de reconocer que la transformación social igualitaria es algo del el pasado, personal e histórico. Este derrotismo condescendiente y omnisciente no solo sirve para desacreditar nuevos movimientos, particularmente aquellos liderados por los jóvenes, sino que también caracteriza de forma errónea los éxitos relativos de la represión contrarrevolucionaria como progreso natural de historia.
El filósofo francés antimarxista Raymond Aron (izda.) junto a su esposa Suzanne, de vacaciones con el agente encubierto de la CIA Michael Josselson y Denis de Rougemont (dcha.)
Incluso teóricos no tan opuestos al marxismo como estos intelectuales reaccionarios contribuyeron de modo significativo a la atmósfera de desencanto hacia el igualitarismo transformador, al alejamiento de la movilización social y al “cuestionamiento crítico” desprovisto de puntos de vista radicales. Esto es crucial para comprender la estrategia general de la CIA en sus amplias y poderosas iniciativas para desmantelar a la izquierda cultural en Europa y otros lugares. Reconociendo la dificultad de abolirla por completo, la organización de espionaje más poderosa del mundo ha pretendido apartar la cultura de izquierdas de las políticas decididamente anticapitalistas y transformadoras y redirigirla hacia posiciones reformistas de centro-izquierda, menos abiertamente críticas con la política interna y la política exterior de Estados Unidos. En realidad, tal y como ha demostrado minuciosamente Saunders, la Agencia continuó las políticas del Congreso liderado por McCarthy en la posguerra con el fin de apoyar y promover de manera directa aquellos proyectos que desviaban a productores y consumidores de la izquierda decididamente igualitaria. Amputando y desacreditando a esta última, aspiraba también a fragmentar a la izquierda en general, dejando lo que quedaba del centro-izquierda con un mínimo poder y apoyo público (y a la vez potencialmente desacreditada a causa de su complicidad con la política del poder de las derechas, un tema que continúa extendiéndose como una plaga por los partidos institucionalizados de la izquierda).
Es en este contexto donde debemos situar la afición de la agencia de inteligencia por las narrativas de conversión y su profundo aprecio por los “marxistas reformados”, un leitmotiv transversal al informe de investigación sobre los teóricos franceses. “A la hora de socavar el marxismo –escriben los agentes infiltrados– son aún más eficaces aquellos intelectuales convencidos, dispuestos a aplicar la teoría marxista en las ciencias sociales, pero que acaban por rechazar toda la tradición marxista”. Citan en particular la enorme contribución realizada por la Escuela de los Annales, de historiografía y estructuralismo –especialmente Claude Lévi-Strauss y Foucault– a la “demolición crítica de la influencia marxista en las ciencias sociales”. Foucault, a quien se refieren como “el pensador francés más profundo e influyente”, es especialmente aplaudido por su elogio de los intelectuales de la Nueva Derecha, cuando recuerda a los filósofos que “la teoría social racionalista de la Ilustración y la era Revolucionaria del siglo XVIII ha tenido consecuencias sangrientas”. Aunque sería un error echar por tierra las políticas o los efectos políticos de cualquiera basándose en una sola posición o resultado, el izquierdismo antirrevolucionario de Foucault y su perpetuación del chantaje del Gulag –es decir, la afirmación de que los movimientos expansivos radicales que pretenden una profunda transformación social y cultural solo resucitan la más peligrosa de las tradiciones– están perfectamente en línea con las estrategias generales de guerra psicológica de la agencia de espionaje.
La interpretación que realiza la CIA de la obra teórica francesa debería servirnos para reconsiderar la apariencia chic que ha acompañado gran parte de su recepción por el mundo anglófono. Según una concepción estatista de la historia progresiva (que por lo general permanece ciega a su teleología implícita), la obra de figuras como Foucault, Derrida y otros teóricos franceses de vanguardia suele asociarse intuitivamente a una crítica profunda y sofisticada que presumiblemente va más allá de cualquier relación con el socialismo, el marxismo o las tradiciones anarquistas. No cabe duda y es preciso resaltar que el modo en que el mundo anglófono acogió la obra de los teóricos franceses, como acertadamente ha señalado John McCumber, tuvo importantes implicaciones políticas como polo de resistencia a la falsa neutralidad política, las tecnicidades cautelosas de la lógica y el lenguaje, o al conformismo ideológico puro activo en las tradiciones de la filosofía anglo-americana apoyada por [el senador] McCarthy. No obstante, las prácticas teóricas de aquellas figuras que dieron la espalda a lo que Cornelius Castoriadis denominó la tradición de la crítica radical –la resistencia anticapitalista y antiimperialista– ciertamente contribuyeron al alejamiento ideológico de la política transformadora. Según la propia agencia de espionaje, los teóricos posmarxistas franceses contribuyeron directamente al programa cultural de la CIA destinado a persuadir a la izquierda de inclinarse hacia la derecha, al tiempo que desacreditaban el antiimperialismo y el anticapitalismo, creando así un entorno intelectual en el cual sus proyectos imperialistas pudieran medrar sin ser estorbados por un escrutinio crítico serio por parte de la intelectualidad.
Como sabemos gracias a las investigaciones realizadas sobre los programas de guerra psicológica de la CIA, la organización no solo ha vigilado e intentado coaccionar a los individuos, sino que siempre ha intentado comprender y transformar las instituciones de producción y distribución cultural. De hecho, su estudio sobre los teóricos franceses señala el papel estructural que desempeñan las universidades, las editoriales y los medios de comunicación en la formación y consolidación de un ethos político colectivo. En las descripciones que, como el resto del documento, deberían invitarnos a pensar críticamente sobre la actual situación académica del mundo anglófono y otros lugares, los autores del informe destacan cómo la precarización del trabajo académico contribuye al aniquilamiento del izquierdismo radical. Si los izquierdistas convencidos no podemos asegurarnos los medios materiales para desarrollar nuestro trabajo, o si se nos obliga más o menos sutilmente a ser conformistas para conseguir empleo, publicar nuestros escritos o tener un público, las condiciones estructurales que permitan la existencia de una comunidad izquierdista resuelta se ven debilitadas. Otra de las herramientas utilizadas para conseguir este fin es la profesionalización de la educación superior, que pretende transformar a las personas en eslabones tecnocientíficos integrados en el aparato capitalista, más que en ciudadanos autónomos con herramientas solventes para la crítica social. Los mandarines teóricos de la CIA alaban, por tanto, las iniciativas del gobierno francés por “presionar a los estudiantes para que se decidan por estudios técnicos y empresariales”. También señalan las contribuciones realizadas por las grandes casas editoriales como Grasset, los medios de comunicación de masas y la moda de la cultura americana para lograr una plataforma postsocialista y antigualitaria.
¿Qué lecciones podemos extraer de este informe, especialmente en el contexto político en que nos encontramos, con su ataque continuo a la intelectualidad crítica? En primer lugar, el informe debería servirnos para recordar convincentemente que si alguien supone que los intelectuales no tienen ningún poder y que nuestras orientaciones políticas carecen de importancia, la organización que se ha convertido en uno de los agentes más poderosos del mundo contemporáneo no lo ve así. La Agencia Central de Inteligencia, como su nombre irónicamente sugiere, cree en el poder de la inteligencia y de la teoría, algo que deberíamos tomarnos muy seriamente. Al presuponer erróneamente que el trabajo intelectual sirve de poco o de nada en el “mundo real”, no solo malinterpretamos las implicaciones prácticas del trabajo teórico, sino que corremos el riesgo de hacer la vista gorda ante proyectos políticos de los que fácilmente podemos convertirnos en embajadores culturales involuntarios. Aunque es verdad que el Estado-nación y el aparato cultural francés proporcionan a los intelectuales una plataforma pública mucho más significativa que muchos otros países, la obsesión de la CIA por cartografiar y manipular la producción teórica y cultural en otros lugares debería servirnos a todos como llamada de atención.
En segundo lugar, en la actualidad los agentes del poder están particularmente interesados en cultivar una intelectualidad cuya visión crítica esté atenuada o destruida por las instituciones que los patrocinan basadas en intereses empresariales y tecnocientíficos, que equipare las políticas de izquierda-derecha con lo “anticientífico”, que relacione la ciencia con una pretendida –pero falsa– neutralidad política, que promueva los medios de comunicación que saturan las ondas hertzianas con cháchara conformista, aísle a los izquierdistas convencidos de las principales instituciones académicas y de los focos mediáticos y desacredite cualquier llamamiento al igualitarismo radical y a la transformación ecológica. Idealmente, intentan nutrir una cultura intelectual que, si es de izquierdas, esté neutralizada, inmovilizada, apática y se muestre satisfecha con apretones de manos derrotistas o con la crítica pasiva a la izquierda radical movilizada. Esa es una de las razones por las que podemos considerar a la oposición intelectual al izquierdismo radical, que predomina en el mundo académico estadounidense, una postura política peligrosa: ¿acaso no es cómplice directa de la agenda imperialista de la CIA en todo el mundo?
En tercer lugar, para contrarrestar este ataque institucional a la cultura del izquierdismo resolutivo, resulta imperativo resistir la precarización y profesionalización de la educación. Similar importancia tiene la creación de esferas pública que posibiliten un debate realmente crítico y proporcionen una amplia plataforma para aquellos que reconocen que otro mundo no solo es posible, sino necesario. También necesitamos unirnos para contribuir a la creación o el mayor desarrollo de medios de comunicación alternativos, diferentes modelos de educación, instituciones alternativas y colectivos radicales. Es vital promover precisamente aquello que los combatientes culturales encubiertos pretenden destruir: una cultura de izquierdismo radical con un marco institucional de apoyo, un amplio respaldo público, una influencia mediática prevalente y un amplio poder de movilización.
Por último, los intelectuales del mundo deberíamos unirnos para reconocer y aprovechar nuestro poder con el fin de hacer todo lo posible para desarrollar una crítica sistémica y radical que sea tan igualitaria y ecológica como anticapitalista y antiimperialista. Las posturas que uno defiende en el aula o públicamente son importantes para establecer los términos del debate y marcar el campo de posibilidades políticas. En oposición directa a la estrategia cultural de fragmentación y polarización de la agencia de espionaje, mediante la cual ha pretendido amputar y aislar a la izquierda antiimperialista y anticapitalista, deberíamos, a la vez que nos oponemos a las posiciones reformistas, federarnos y movilizarnos, reconociendo la importancia de trabajar juntos –toda la izquierda, como Keeanga-Yamahtta nos ha recordado recientemente– para cultivar una intelectualidad verdaderamente crítica. En lugar de pregonar o lamentar la impotencia de los intelectuales, deberíamos utilizar la aptitud para decir la verdad a los poderosos, trabajando juntos y movilizando nuestra capacidad de crear colectivamente las instituciones necesarias para un mundo de izquierdismo cultural. Porque solo en un mundo así, y en las cámaras de resonancia de inteligencia crítica que provoque, será posible que las verdades expresadas sean realmente escuchadas y se produzca el cambio de las estructuras de poder.
Nota: 
[1] Secretario de Estado con el presidente Eisenhower entre 1953 y 1959.
Fuente: http://thephilosophicalsalon.com/the-cia-reads-french-theory-on-the-intellectual-labor-of-dismantling-the-cultural-left/
Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, al traductor y Rebelión como fuente de la traducción.

Obama aplicó el espionaje sin orden judicial contra los ciudadanos desde 2012, no es raro que lo haya hecho contra Trump

“Obama aplicó el espionaje sin orden judicial contra los ciudadanos desde 2012, no es raro que lo haya hecho contra Trump”

CX36, Radio Centenario



  
Edward Snowden, el norteamericano que filtró detalles acerca de los programas de espionaje telefónico y cibernético de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) 
“Es muy probable que Obama hubiera utilizado los medios de Inteligencia para el espionaje contra Trump”, dijo el sociólogo norteamericano, profesor James Petras, en su columna de análisis de la coyuntura internacional en CX36 (*). “La gran mentira de Obama es que –como sabemos estaba investigando y usando el espionaje para millones de ciudadanos- ahora dice que no utilizaba las mismas tácticas contra Trump”, agregó y recordó que aunque los medios “traten de negar que Obama lo hizo” en 2012 el propio “Obama firmó un Decreto permitiendo el espionaje sin necesidad de ninguna orden judicial”, tal cual lo denunció el ex agente Edward Snowden. En ese marco, Petras dijo dudar de que el Congreso pueda llevar adelante una investigación seria ya que “no puede confiar en las Agencias de Seguridad –excepto en la CIA que tiene ahora nuevo Jefe- pero la Policía Federal (FBI) y la Agencia de Seguridad Nacional, siguen encamisados con Obama”. En otro orden, analizó la situación argentina, el avance estadounidense en territorio sirio, las elecciones francesas y la situación de China. Transcribimos este completo análisis internacional que Ud. puede volver a escuchar aquí:
https://www.ivoox.com/analisis-james-petras-cx36-audios-mp3_rf_17379251_1.html  
María de los Ángeles Balparda: Buenos días Petras. ¿Qué tal? ¿Cómo está?
James Petras: Buen día, Ángeles. ¿Cómo estás?
MAB: Muy bien, Petras.
Esperándote para escucharte sobre temas importantes. Y queríamos comenzar con nuestro continente, con Argentina, donde se ve venir una semana muy agitada que comienza con un paro docente. Dos días de huelga docente que apoyan las cinco centrales.
JP: Si. Es un paso adelante, porque las condiciones se han empeorado en el último año y no hay ningún respiro.
Creo que esta huelga tiene mucha influencia porque no sólo está incluyendo a los principales sindicatos, sino también a mucha pequeña y mediana industria, comerciantes, estudiantes, están metidos en esta gran marcha.
Y esto debemos ponerlo en un contexto.
(El presidente argentino, Mauricio) Macri tenía algún respaldo en primera instancia por las promesas de rectificar los problemas económicos y sociales. Y en vez de eso ha hecho mucho daño, los índices han tenido una caída brutal y más allá de eso, la economía en su conjunto no tiene ningún indicio decrecimiento ni mucho menos de mejorar la situación.
Creo que en el próximo período vamos a ver varias cosas. Las primeras huelgas van a inaugurar un tiempo de mayor agitación y confrontaciones. La primera no va a ser la última. Y creo que los sindicatos, los burócratas, que están participando van a ser superados porque no están preparando una lucha continua. Y las elecciones en el otoño (la primavera en Argentina) van a tener muchos problemas, muchos conflictos.
Considero que dentro de un año Macri podría enfrentar un gran levantamiento, porque no tiene ninguna salida y las deudas se están acumulando, los inversionistas no están estimulando la Economía, los capitales de Wall Street cobraron lo que querían y nadie va a volver a Argentina en crisis, con muchos conflictos y una incapacidad del gobierno.
MAB: En Argentina con toda esa problemática que crece también ha habido represión y amenazas de represión.
JP: Es la única solución que tiene Macri, como no tiene soluciones cae el palo.
Eso tiene un efecto boomerang. El primer impacto podría intimidar a algunos sectores, puede asustar a otros, pero tarde o temprano va a provocar una reacción más fuerte. La represión nunca es solución, sino que es una muestra de debilidad política y económica. Uno no puede mandar sentado arriba de palos. En ese sentido creo que la represión va a aumentar la protesta y más allá de protestas, enfrentamientos más profundos e intensos.
MAB: Ayer en los medios argentinos veíamos que en esta semana están citados Cristina Fernández y sus hijos al Juzgado, y encima de toda la tensión que se está generando, están sin fútbol, porque también hay huelga en el futbol.
JP: Es una indicación de la profundidad del descontento. Los jugadores de fútbol están entre los mejores pagados entre los trabajadores, y si los futbolistas están protestando y en huelga, es una indicación de la profundidad de la crisis. Hay que reconocer que muchos futbolistas hace semanas o incluso meses que no cobran.
Entonces, es una falta de la clase capitalista. No hay que olvidar que Macri forma parte de esta élite de dueños del fútbol y es una persona ahora muy desprestigiada entre la clase profesional, que incluye los futbolistas, pero no sólo a los futbolistas, incluye a médicos, profesores y otros sectores que no son exactamente obreros, y estaban entre los profesionales mejores pagados. Y eso significa que está perdiendo el apoyo de la clase media, de la clase media acomodada; y los que quedan con Macri ahora son los de clase alta, los militares y la represión, y eso no es suficiente para mantenerse en el poder por un tiempo extendido.
MAB: Bien. Pasamos al tema Siria. ¿Qué está sucediendo allí?
JP: En Siria, tenemos las últimas noticias que señalan que observadores dicen que los carros armados, los tanques norteamericanos, con la bandera de Estados Unidos ya están entrando en Siria y apoyando a los terroristas, supuestamente luchando contra ISIS. Pero es una situación muy precaria, porque una vez que los tanques norteamericanos entran en Siria hay grandes posibilidades que choquen con el gobierno auténtico y también con los rusos que apoyan a sus aliados., Entonces, es muy peligroso, pero a la vez un indicio de que las fuerzas apoyadas por EEUU no tienen la capacidad de mantenerse y están debilitados Y la entrada norteamericana es casi necesaria para suplementar a los terroristas que han perdido terreno en los últimos seis meses.
MAB: Y no es solo Siria, todo el Medio Oriente están muy agitado.
JP: Si, está muy agitado en el sentido de que en Irak hay una pelea en Mosul.
Pero debemos entender que las fuerzas del terrorismo en Irak han bajado porque los EEUU con el gobierno títere de Irak, abrieron un paso para que los terroristas salgan de Mosul para ir a Siria. Hay miles de terroristas que salieron de Mosul para avanzar en Siria y quedarse luchando contra el gobierno de Bashar Al Asad. Mientras que en Mosul hay resistencias, muy exageradas, por parte de la Casa Blanca y los medios.
Yo creo que es inevitable que Mosul caiga en las fuerzas apoyadas por los EEUU, los kurdos y los demás, pero quiere montar el escenario de una gran pelea contras las fuerzas unidas de los terroristas, pero en realidad han liberado a más de la mitad para que salgan hacia Siria.
MAB: ¿Será por eso que Donald Trump decidió excluir a Irak del decreto migratorio?
JP: Si, sigue esta política. Pero no han encontrado el respaldo judicial. Entonces todo está en el aire. Hay algunas expulsiones, más o menos al rimo que tenía (en el gobierno de Barack) Obama.
Quiero repetir que la salida hacia EEUU siempre era bloqueda y las deportaciones fueron parte de la política de Obama y ahora se sigue aplicando las mismas medidas. No hay diferencia a pesar de que los medios se enfocan en Trump, lo que hace es una continuación de la política migratoria, anti inmigrante, de los gobiernos anteriores.
MAB: ¿Cómo hay que tomar las acusaciones de Trump contra Obama por espionaje?
JP: Yo creo que es muy grave. Hay indicaciones concretas de que Obama estaba usando la Policía Federal (FBI), la policía clandestina, durante toda su Presidencia, o hay que olvidarse de Edward Snowden, que fue el gran informante de documentos norteamericanos sobre infiltración y espionaje de millones de norteamericanos. Y cómo es que Snowden no aparece ahora en los diarios para confirmar la posibilidad real de que Obama utilizaba la misma táctica con Trump, que utilizaba con todos los ciudadanos.
Creo que es muy probable que Obama hubiera utilizado los medios de Inteligencia para el espionaje contra Trump. Ahora, la gran mentira de Obama –que como sabemos estaba investigando y usando el espionaje para millones de ciudadanos- dice que no utilizaba las mismas tácticas contra Trump. Los medios tratan de negar e inventar ficciones de que Obama no lo hizo, pero en 2012 el señor Obama firmó un documento permitiendo el espionaje sin necesidad de ninguna orden judicial -para investigar en forma silenciosa necesitas de un Juez legalizándolo y permitiéndolo- y no por razones de política. Pero es ahora muy evidente que Obama aplicaba su propio Decreto de 2012 para el espionaje. Creo que la investigación va a salir a partir del Congreso, pero el Congreso no puede confiar en las Agencias de Seguridad –excepto en la CIA que tiene ahora nuevo Jefe- pero la Policía Federal (FBI) y la Agencia de Seguridad Nacional, siguen encamisados con Obama.
Entonces, la investigación va a ser muy conflictiva entre una agencia y la otra.
MAB: Respecto a las relaciones entre Trump y Vladimir Putin. ¿Qué es lo que hay atrás?
JP: Nada. Es común que los representantes de Rusia tengan conversaciones con todos los Senadores involucrados en la política externa. Eso ocurrió en el pasado y ocurrió con los congresistas en los últimos períodos.
Segundo, no es nada de espión aje si los medios de comunicación rusa utilizan información para publicar y educar al público norteamericano, sobre las diferentes tramas que esté utilizando EEUU.
Tercero, debemos reconocer que Trump ganó con el voto de decenas de millones de votantes que no tiene nada que ver con Rusia, sino con el descontento interno.
En fin, no hay ninguna justificación como para involucrar a Rusia como determinante en las elecciones, como factor en las intrigas de la Presidencia norteamericana.
MAB: ¿Hay algún otro tema al que quieras referirte?
JP: Sí, creo que debemos considerar varias cosas. En particular las elecciones en Francia. Es obvio que François Fillon no va a participar o no va a tener éxito en las elecciones primarias, en la primera vuelta. Lo que va a pasar es que en la segunda vuelta se enfrentarán Emmanuel Macron y Marine Le Pen. Yo creo que la posibilidad es muy alta de que Macron gane a partir de acumular toda la oposición como partidarios, incluso grandes sectores de la burocracia del Partido Socialista. Entonces tiene todo el apoyo de la derecha y del centro del electorado. En todo caso, creo que Le Pen conseguiría hasta un 45% del apoyo del electorado, contra un 55% de Macron. Y tal vez un margen menor. Pero creo que Le Pen va a tener un buen apoyo particularmente en las clases populares y la pequeña burguesía. Mientras que Macron podría combinar el apoyo de la gran burguesía, la pequeña burguesía y algunos sectores atrasados de las clases populares. En todo caso es muy probable que Macron y Le Pen pasen a segunda vuelta. Y creo que Le Pen todavía está sufriendo muy mala publicidad y ataques en el proceso judicial.
Por otro lado, quiero citar algo importante. La prensa burguesa ha dicho cada año, cada mes, que hay una crisis en China, que las clases populares están con mucho desafecto (hacia el gobierno), que China sigue siendo un país atrasado y que en cada momento enfrenta una u otra crisis.
Es totalmente falso.
Y también dicen que China representa un peligro hacia los EEUU. Los chinos tienen un presupuesto militar que es una quinta parte de lo que gastan los EEUU. Los EEUU gastan más de 680 mil millones, mientras que China sólo gasta 145.
China es el principal manufacturero de robots en el último tiempo, tiene 25.000 escuelas técnicas para preparar a sus trabajadores bien calificados, China crece a un paso de 6.5% el año pasado y va rumbo a duplicarlo. China no tiene crisis, sus salarios son superiores a los de Argentina, Brasil, Colombia, México, etc.; y en poco tiempo más China va a ser un país que alcance los salarios de Europa y EEUU. Creo que en diez años más podría alcanzarlos y superarlos.
Los trabajadores en China ahora ganan más de 3.60 dólares por hora. Por tanto, creo que debemos dejar de pensar en China como un país pobre y atrasado e incapaz de superar las contradicciones de la actualidad.
MAB: Petras, te agradecemos mucho por este tiempo. Hasta el lunes.
JP: Un gran abrazo.
(*) Escuche en vivo la audición de James Petras por CX36, Radio Centenario desde Montevideo (Uruguay) en el 1250AM del dial uruguayo y para todo el mundo a través de www.radio36.com.uy todos los lunes a las 11 horas (hora local).

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