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Economia capitalsta Vs Naturaleza.- sus consecuencias

onomía enferma, planeta enfermo Marcelo Colussi Rebelión No puede haber una sociedad floreciente y feliz cuando la mayor parte de sus miembros son pobres y desdichados. Adam Smith I Quien escribe estas líneas no es economista ni especialista en cuestiones ecológicas. Es un ciudadano más del planeta, ni rico ni famoso, uno más del colectivo. Pero como tal me considero con derecho –¿con obligación también?, moralmente, creo que sí– a opinar y a tomar partido por cuestiones que tocan a todos. La economía dominante de nuestras sociedades, el capitalismo, está enferma. O más aún: no ha enfermado recientemente sino que nació enferma. De hecho: tiene un mal incurable. Es genético, no tiene escapatoria. Eso se evidencia en la injusticia reinante (aspectos estructurales), en los descalabros coyunturales como las crisis financieras que se viven cíclicamente (que pagamos, básicamente, los pobres), y en términos de perspectiva histórica como especie: la destrucción de la civilización es una cruel posibilidad, tanto por la catástrofe medioambiental en curso como por la guerra nuclear total. Según se nos dice con conocimiento profundo (la ecología es una ciencia ya ampliamente desarrollada), los actuales modelos económicos de producción y consumo están produciendo desastres en el medio natural con consecuencias catastróficas y probablemente irreversibles. Actuar contra el capitalismo es actuar contra la injusticia, y más aún: es actuar a favor de la sobrevivencia de la vida en nuestro planeta. El capitalismo, guerrerista como es en su esencia, no puede prescindir de las guerras. Eso lo alimenta, es una escapatoria para sus crisis, es negocio. De hecho, en Estados Unidos, la principal economía capitalista, un 25% de su producto bruto interno viene dado por la industria militar, y uno de cada cuatro de sus trabajadores se ocupa en esa producción. Eso es una locura, sin salida, que nos tiene reservada la muerte como punto de llegada…¡pero eso es el capitalismo más desarrollado! Valga este ejemplo: de activarse todo el arsenal atómico disponible en este momento (que comparten unas pocas potencias capitalistas con Estados Unidos a la cabeza junto a Rusia y China) no quedaría ninguna forma de vida en el planeta. Más aún: colapsaría la Tierra, probablemente fragmentándose, con efectos igualmente tremendos para Marte y Júpiter, en tanto las consecuencias de la onda expansiva llegarían a la órbita de Plutón…, pero todo ese espectacular desarrollo científico-técnico no logra terminar con el hambre en el mundo (un muerto por inanición cada 7 segundos). ¡Eso es el capitalismo! Junto a esa catástrofe, tenemos el deterioro del medio ambiente. “Cambio climático” es un tendencioso eufemismo que encubre la verdad: el modelo depredador de desarrollo impulsado por el capitalismo ha provocado desastres monumentales en nuestro planeta. Si el clima cambia, no es por procesos naturales sino por la alocada intervención humana en búsqueda de lucro, de ganancia económica. Según la hipótesis conocida como Gaia, formulada por el científico Lovelock, el conjunto de la biosfera –la atmósfera, los océanos y la superficie externa de los suelos– se comporta como un todo coherente donde la vida –su componente característico– se encarga de autorregular sus condiciones esenciales tales como la temperatura, la composición gaseosa de la atmósfera, la composición química y salinidad en el caso de los océanos, etc. Gaia, con su infinita paciencia de millones de años, y desde el punto de equilibrio en que se estabilice ante cambios catastróficos que pudieran sobrevenir, comenzaría siempre un nuevo proceso evolutivo de la biosfera residual (sea a partir de reptiles, de hormigas o escarabajos, o simplemente de bacterias extremófilas). De esta forma, Gaia juega así como un sistema auto-regulador retroalimentado que tiende al mantener el equilibrio de la biosfera y conservar un entorno físico y químico óptimo para la vida en el planeta. Pero una interpretación interesadamente errónea de esta teoría desprecia las cautelas del Principio de Precaución alegando que no hay que preocuparse por las agresiones ambientales humanas, pues el planeta se encarga de autorregularse. Lamentablemente ello no es así; hay más que sobrados motivos para preocuparnos: la intervención del ser humano está creando condiciones que pueden hacer imposible la continuación de la regulación. La composición gaseosa de la atmósfera no es una constante universal, aunque haya permanecido invariable desde la aparición de la especie humana, desde hace dos millones y medio de años, con el Homo Habilis en el África, hasta ahora. A cada composición distinta de la atmósfera han ido correspondiendo otro espectro bacteriano y otros seres vivos primitivos (animales y plantas). La proporción de la atmósfera ha ido variando sucesivamente hasta llegar a la composición actual. En estos momentos la proporción de los gases de la atmósfera (21 % de oxígeno, 78 % de nitrógeno, 0.032 % de dióxido de carbono –CO2–) es vital para nuestra supervivencia (solo pudieron aparecer el ser humano y los mamíferos superiores cuando se alcanzó ese nivel), siendo muy estrecho el margen de variación que podemos tolerar. Esta atmósfera es la que ahora se está modificando por las actuaciones del propio ser humano (por su voracidad de ganancia económica). Los registros del contenido de CO2 (que se remontan hasta hace 800.000 años) indican que actualmente la proporción es la mayor que existió durante todo el tiempo registrado, y sigue aumentando continuamente por encima de lo previsto por los científicos. Paralelamente, también se está acelerando el deshielo en los polos y glaciares más rápidamente de lo previsto. Se tiende a evaluar el transcurso del tiempo por la duración de la vida humana o de una generación. Esta consideración cortoplacista nos hace insensibles ante cambios sustanciales en la evolución de la biosfera que está produciendo la actividad humana, (a pesar de que su aceleración es miles de veces superior a la evolución previsible naturalmente) y sin que, como interesadamente podría decirse, "haya ocurrido ninguna catástrofe contrariando lo que algunos pronosticaban" . Pero eso da una falsa sensación de seguridad, con lo que se puede despreciar –no sin cierta cuota de irresponsabilidad, o arrogancia incluso–, el Principio de Precaución. La aparición de signos ostensibles de alteración significativa de la biosfera es lenta, por la gran inercia debida a sus mecanismos de estabilidad y autorregulación. Sería ingenuo pensar que se puede producir una catástrofe inmediata, pero sería una gran ceguera no querer percibir que se están produciendo alteraciones muy sustanciales y significativas. Cuando la estabilidad de la autorregulación se rompe y empieza a moverse hacia un cambio orientado (orientado en este caso hacia la regresión), la regresión es ya imparable. Una vez desencadenado el proceso, ya no hay marcha atrás y se retroalimenta. Si el proceso en marcha llega a superar la capacidad de reacomodamiento de la biosfera (que no sabemos hasta dónde llega), sería humanamente indetenible un encadenamiento de causas y efectos que se aceleraría progresivamente hasta hacer totalmente irrespirable el aire y el agua para los vertebrados superiores y que podría arrasar con todo tipo de vida. II Entre otras de las manifestaciones que evidencian ese proceso, puede mencionarse el llamado cambio climático. El mismo muestra la quiebra del equilibrio autorregulado de la biosfera , cuya evolución ha sido tan rápida que sus consecuencias ya son visibles, pero serán más amplias de lo que suele señalarse y más aceleradas de lo que se preveía. Actualmente la alarma por la degradación de la biosfera se centra principal y casi exclusivamente en el cambio climático (si bien existe una información engañosa afirmando que se están tomando medidas que lo pueden controlar) pero, con ser muy grave, no es el principal peligro que amenaza a la biosfera, que es el causado por la contaminación genética. Ese “engaño” con que se mantiene a la población mundial muestra una pretendida preocupación por el medio ambiente, llegándose a hablar de “responsabilidad social empresarial”. Pero mientras en la última Cumbre de la Tierra en París, a fines del año 2015, se hacían pomposas (y mentirosas) declaraciones en pro del medio ambiente, al mismo tiempo, a escasos metros de la reunión se llamaba a consumir ferozmente en vísperas de las fiestas navideñas. La base de la autorregulación de la biosfera son las bacterias cuya masa es enorme, mucho mayor que la masa y volumen de todas las plantas y animales del planeta. El conjunto de seres vivos microscópicos (bacterias, amebas, protozoos, algas unicelulares) regula las condiciones de la biosfera, y la composición gaseosa de la atmósfera. Las bacterias continuamente están intercambiando genes y captando plásmidos y segmentos de ácido desoxirribonucleico –ADN– por transferencia horizontal de genes –THG–, por lo que rápidamente son afectadas por la contaminación genética, trasmitiendo a otras bacterias (de la misma o distinta especie) los genes o fragmentos de ADN adquiridos, y difundiéndolos por todo el planeta. Se ha comprobado que las bacterias captan con especial avidez aquellos genes o secuencias genéticas que las confieren mayor agresividad, virulencia, o defensa ante las perturbaciones, por lo que las secuencias captadas suelen hacerlas más letales, facilitar su resistencia a ser agredidas por los antibióticos y facilitar su salto a otros hospedadores distintos de aquellos sobre los que actuaban específicamente. Por lo tanto tienden a capturar los módulos o secuencias de ADN que facilitan atravesar la barrera entre especies difundidos por la liberación ambiental de cultivos transgénicos, lo que amplía la gama de posibles hospedadores de las bacterias. Las bacterias son la base de la vida; si desaparecieran, la biosfera colapsaría y desaparecería inmediatamente toda la vida vegetal y animal del planeta. Puesto que ellas intervienen en todos los procesos fisiológicos y bioquímicos vitales, todo lo que altere el comportamiento bacteriano repercute a través de ellas en los seres vivos. La fácil captura por las bacterias de módulos genéticos añadidos a los cultivos transgénicos induce alteraciones en el universo bacteriano, que se trasmiten a los organismos simples de amebas, protozoos, algas unicelulares oceánicas, etc., cuyo conjunto es responsable de la autorregulación que mantenía la composición gaseosa de la atmósfera constante y respirable para los seres humanos. La contribución de las plantas superiores (selvas latinoamericanas -Amazonas, Petén-, del sureste asiático, etc.) es solo una parte de la regulación, que no sería suficiente por sí sola para sostener la autorregulación gaseosa de la atmósfera (también la productividad de la masa vegetal de los bosques depende, además de la fotosíntesis, de procesos bacterianos edafógenos). La alteración repentina y artificial del espectro bacteriano (“contra natura”, al violar la barrera entre especies) conduce inexorablemente a otra situación de equilibrio y a otra composición gaseosa de la atmósfera. En conclusión, la composición gaseosa de la atmósfera está amenazada: 1) ante todo, por la alteración de los sistemas bacterianos debida a los promotores y vectores artificiales fabricados por síntesis del ADN recombinante. Esto afecta directamente a la actividad fotosintética que realizan las bacterias, y también afecta indirectamente a la fotosíntesis, por la intervención bacteriana en el desarrollo de los vegetales y en la formación de los nutrientes del suelo necesarios para su desarrollo; 2) por alteración en la composición, distribución y eficiencia de los sistemas bacterianos debida al cambio climático; 3) por la presencia de nuevos compuestos químicos, caracterizados en general por tener intensa actividad catalítica, mutágena o disruptora de procesos bioquímicos a los que las diversas especies de bacterias (como también los organismos superiores) tienen muy distinta sensibilidad, por lo que se altera la composición cualitativa y cuantitativa de los sistemas bacterianos, y con ello la naturaleza y proporción de los gases emitidos que pasan a ser componentes de la atmósfera. En otros términos: la situación de la biosfera es mucho más grave que las estimaciones más catastrofistas habituales; y ni que hablar de la versión “light” que cierta prensa del sistema presenta, queriendo reducir su mitigación a nuevas fórmulas técnico-científicas de acción rápida. Sería ineficaz (y tardío para la biosfera) intentar cambiar algunas piezas sin desmontar toda la maquinaria de raíz; es decir: hay que detener los actuales modelos de relacionamiento con la naturaleza, proponer vías nuevas, alternativas viables válidas realmente para la totalidad de la población mundial. Por supuesto que es imperiosamente cierto y necesario aquello de “otro mundo es posible”. Pero no basta con decirlo; es hora de hacer el bosquejo de ese mundo alternativo, de realizar el diseño de las líneas generales de la alterglobalización. Es decir: un sistema alternativo que sea técnicamente posible con la prudente y justa utilización los recursos existentes. No podemos seguir los modelos de consumo “alocado” que ha generado el capitalismo porque ello no tiene salida. III Esto nos lleva a un profundo problema: ¿para dónde ir entonces?, ¿cómo darle forma a la utopía de un nuevo mundo? Proponer nuevos paradigmas de producción y consumo hoy, en un mundo hiper tecnológico donde el confort material se presenta como el paraíso a la mano producto de nuestro imparable desarrollo científico, no significa “volver a las cavernas”, no implica renunciar a las conquistas tecnológicas positivas ni a los ingentes recursos culturales disponibles. Todo lo cual abre interrogantes fundamentales. El ideario del socialismo científico clásico no reparó en estos temas ecológicos porque en el momento de su fundación, en el siglo XIX, aún se vivía la euforia de la naciente revolución científica positivista, y la confianza en las nuevas ciencias parecía infinita. Y además, porque la flamante industria (“el progreso” por antonomasia en aquel momento) aún no había confrontado a la humanidad con los desastres medioambientales que hoy, ya entrado el siglo XXI, tenemos presente. Ahora bien: el desastre no está en la industria misma, ni en las tecnologías aplicadas ni en los conceptos científicos que la sustentan. El desastre está en el modelo económico en que se insertan. Dicho en términos de pensamiento marxista: no está en la forma de las fuerzas productivas del trabajo social sino en el modo de producción. Un sistema que se basa enteramente en el mercado, en el lucro individual, por fuerza tenía que desembocar en el disparate actual, con un desastre ecológico de proporciones globales: la producción no está al servicio de llenar necesidades básicas sino, ante todo, en función de la ganancia privada. Se produce cualquier cosa solo en función de venderla, aunque ese producto sea innecesario, contraproducente, peligroso o dañino. Para eso están las técnicas publicitarias (¿neuromarketing?): “la creación de necesidades y deseos, la creación de la insatisfacción por lo viejo y fuera de moda” , manifestó el gerente de la agencia publicitaria estadounidense BBDO, una de las más grandes del mundo, refiriéndose al núcleo de su trabajo. En esa lógica, el ser humano y la naturaleza son solo instrumentos para lograr la meta. La promoción casi infinita de necesidades superfluas marca el ritmo de toda la dinámica humana actual; y eso, en vez de ayudar a la búsqueda del equilibrio, promueve mayores asimetrías sociales y mayor descalabro con el medio ambiente. La actual catástrofe ecológica lo pone en evidencia en forma alarmante. Por otro lado, ese mismo modelo en que el poder es ejercido por un grupo dominante sobre una gran mayoría, da como resultado una ideología violenta centrada en la superioridad de uno sobre otros y que se mantiene en el ejercicio de la fuerza bruta como garantía final que resguarda el estado de cosas. Es decir: el que tiene el garrote más grande sigue siendo el que manda. De ahí que la proliferación de armas de destrucción masiva –para el caso: energía atómica (12.000 misiles nucleares con ojiva nuclear diseminados por todo el mundo, 6.000 pertenecientes a Estados Unidos)– contribuye también al ataque medioambiental en curso. Como primera cuestión, entonces, para evitar que se pueda concretar esa catástrofe en ciernes, hay que cambiar las relaciones de poder, las relaciones entre explotadores y explotados, entre mega consumidores y famélicos (un tercio de la humanidad pasa hambre). Si hasta el mismo fundador del liberalismo económico clásico, el inglés Adam Smith pudo decirlo 200 años atrás (obviamente sin pensar en lo mismo que piensa el socialismo): " no puede haber una sociedad floreciente y feliz cuando la mayor parte de sus miembros son pobres y desdichados", es imperiosamente necesario terminar con esas diferencias para buscar un mundo más vivible. Pero al mismo tiempo, hay que apuntar a una serie de medidas que permitan la sostenibilidad de la vida humana, que nos alejen de la posibilidad de nuestra autodestrucción. La actual distribución de la riqueza es infinitamente injusta: se produce un tercio más de la comida necesaria para alimentar a toda la humanidad, mientras la primera causa de muerte es el hambre. ¡Eso y no otra cosa es el capitalismo!, aunque la maquinaria publicitaria nos muestre escaparates llenos y la “libertad de elección”. Además de terminar con esas inequidades, con esa “enfermedad” de las relaciones económicas (enfermedades de las relaciones de poder entre los seres humanos mejor dicho), hay que terminar con el modelo de producción y consumo en el que el capitalismo nos ha metido, paradigma sumamente dañino, disfuncional, agresivo. Entre otras cosas, es necesario reequilibrar la proporción de habitantes que vive en el medio rural y en el medio urbano. La ciudad –más aún las macrourbes que no dejan de crecer, con todos los problemas sociales asociados que conllevan– es radicalmente insostenible. Difícilmente se puede conseguir un planeta sostenible cuando la población urbana ha superado ya a la que vive en el medio rural (51 % contra 49 %). Pero para fijar la población en el medio rural es necesaria una agricultura en manos de pequeños agricultores y de verdaderas cooperativas campesinas, junto a la pequeña industria de transformación de los productos agropecuarios. Una agricultura ecológica, que demanda mano de obra abundante, conserva la biocenosis edafógena de los suelos, evita la contaminación ambiental permitiendo una alimentación sana y nutritiva. Es decir: el socialismo deberá entenderse como la búsqueda de un equilibrio social sin explotadores ni explotados (ni clases sociales, ni géneros dominantes, ni supremacías étnico-culturales) además de un real respecto por nuestra casa común: la naturaleza. IV Si el planeta común es de todos, a todos afecta su destrucción. No debe haber transculturización súbita sino desarrollo endógeno, solidario, sostenible. La globalización puede ser una buena noticia en la historia humana, pero dependiendo de cómo y para qué se haga. Si globalización es obligar a toda la humanidad a tomar Coca-Cola y a cambiar el modelo de teléfono celular cada año, eso es un disparate absoluto, injusto e irracional en términos de sobrevivencia. Luego de las primeras experiencias socialistas del pasado siglo, tomando sus gestas heroicas y todo lo bueno que de ellas continúa vigente como legado imperecedero, hoy día d e lo que se trata es de refundar una nueva conciencia socialista pensando en una nueva globalización, que obviamente no es la neoliberal en boga. Junto a la globalización de la multinacionales voraces se debe levantar la globalización de la solidaridad; junto a la globalización del hiper consumo irresponsable se debe proponer un proyecto de vida responsable con nuestro medio natural. La idea de “desarrollo sostenible” propuesta desde un marco capitalista –allá por 1987, en el documento “ Nuestro futuro común” elaborado por la entonces Primera Ministra de Noruega Gro Harlem Brundtland– sin dudas marca un camino. Se definía allí como sostenible “aquel desarrollo que satisface las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades”, noción que recoge la preocupación creciente entre los sectores de poder del mundo capitalista que ya veían el desastre ecológico a que estaba llevando el modelo consumista en curso. Retomando esa propuesta, y pensando en un enfoque socialista que supere la irracionalidad del mercado y la producción basada en el lucro, es preciso encarar ese “otro mundo posible” con la responsabilidad del caso. Terminar con el consumismo no significa volver para atrás en la historia, desechar el confort que nos posibilitan las tecnologías modernas. Hoy día, mientras muere de hambre una persona cada siete segundos a escala planetaria, un tercio de la población estadounidense y un porcentaje creciente de la población europea es obesa, sabiéndose que una dieta mejor y más austera sería mejor solución para resolver ese problema (el de la obesidad) en vez de aumentar el gasto dedicado a investigar sobre el gen de la gordura como actualmente se hace (y que, seguramente, nunca se va a encontrar). Pero no obstante la locura en juego, de la que los sectores de poder son conscientes, en vez de cambiar hábitos de consumo se continúa con “más de lo mismo”. Ello evidencia, en definitiva, que el sistema tiene una fuerza determinante sobre las individualidades. Si la tónica es consumir, porque así lo manda el mercado o la clase dominante –“la ideología dominante es la ideología de la clase dominante”–, mientras no haya cambio de sistema, difícilmente se pueda cambiar algo profundo en forma sostenible. De todos modos, viendo el desastre en juego, en el seno mismo de la economía capitalista se han prendido señales de alarma. Ante una economía a todas luces enferma, se llegan a plantear opciones que, sin tocar la estructura de base, intentan paliativos. Surgió así, como decíamos, la idea de desarrollo sostenible, del que luego se sigue la noción de “crecimiento cero”, para llegar en la actualidad a la idea de “decrecimiento”. Según lo presenta con claridad Francisco Fernández Buey, “lo que los teóricos del decrecimiento [Serge Latouche, Vincent Cheynet, François Schneider, Paul Ariés, Mauro Bonaiuti] llaman economía sana o decrecimiento sostenible se basaría en el uso de energías renovables (solar, eólica y, en menor grado, biomasa o vegetal e hidráulica) y en una reducción drástica del actual consumo energético, de manera que la energía fósil que actualmente se utiliza quedaría reducida a usos de supervivencia o a usos médicos. Esto implicaría, entre otras cosas, la práctica desaparición del transporte aéreo [valga decir que el 94 % de los seres humanos no ha viajado nunca en avión] y de los vehículos con motor de explosión, que serían sustituidos por la marina a vela, la bicicleta, el tren y la tracción animal; el fin de las grandes superficies comerciales, que serían sustituidas por comercios de proximidad y por los mercados; el fin de los productos manufacturados baratos de importación, que serían sustituidos por objetos producidos localmente; el fin de los embalajes actuales, sustituidos por contenedores reutilizables; el fin de la agricultura intensiva, sustituida por la agricultura tradicional de los campesinos; y el paso a una alimentación mayormente vegetariana, que sustituiría a la alimentación cárnica. En términos generales todo esto representaría, en suma, un cambio radical de modelo económico, o sea, el paso a una economía que, en palabras de los teóricos del decrecimiento, seguiría siendo de mercado, pero controlada tanto por la política como por el consumidor” . Vemos así que, incluso sin salirse de un planteamiento económico capitalista, la magnitud de la catástrofe ecológica que se vive lleva a plantear soluciones en forma urgente. Es que los problemas acumulados por este modelo económico son tantos que, sin cambiar el mundo, sin cambiar la estructura social de base, sin modificar las relaciones de poder entre clases, ya comienza a haber conciencia que el camino que transita hoy la humanidad no conduce sino a problemas, quizá insolubles y catastróficos. ¿Será que las elites ya tienen preparada su nueva morada fuera de este invivible planeta? La ciencia ficción siempre queda superada por la realidad cruda y dura. Pero no solo se trata de buscar paliativos para no intoxicarnos. Debemos apuntar a un cambio radical en la manera de llevar la vida, buscando justicia y buscando seguir sobreviviendo como especie. La progresiva falta de agua dulce, la degradación de los suelos, los químicos tóxicos que inundan el globo terráqueo, la desertificación, el calentamiento global, el adelgazamiento de la capa de ozono que ha aumentado un 1.000% la incidencia del cáncer de piel en estos últimos años, el efecto invernadero negativo, el derretimiento del permagel, la posibilidad de un descalabro universal a partir de la contaminación genética producto de los transgénicos o de una guerra nuclear total son todas consecuencias de un modelo depredador que no tiene sustentabilidad en el tiempo. ¿Cuánto más podrá resistirse esta devastación de los recursos naturales? Las sociedades agrarias llamadas “primitivas” (llamadas así por los ¿desarrollados? países industrializados), o inclusive las tribus del neolítico que aún se mantienen en la actualidad, son mucho más racionales en su equilibrio con el medio ambiente que el modelo industrialista consumidor de recursos no renovables que abrió el capitalismo. Si buscamos un nuevo mundo, una nueva ética, nuevos y superadores valores, la cultura del consumo debe ser abordada con tanta fuerza revolucionaria como las injusticias sociales. Tener un planeta más sano significa tener una economía más sana. Y el capitalismo ya ha dado repetidas muestras de estar “enfermo” crónicamente, aunque se lo siga haciendo continuar con respiradores artificiales. Por lo tanto, no quedan más alternativas que ayudarlo a morir de una vez para hacer nacer algo nuevo y superador. Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes

Argelia se hunde silenciosamente

Argelia se hunde silenciosamente Jean-Pierre Séréni Orient XXI Traducido del francés para Rebelión por Francisco Fernández Caparrós. La crisis petrolera más grave de los últimos 30 años, un presidente ausente, un déficit presupuestario de 30 mil millones de dólares y unos candidatos a la sucesión del Gobierno que no encuentran ningún punto de acuerdo -salvo respecto a un peligroso inmovilismo-, hacen particularmente incierto el final del cuarto mandato presidencial de Abdelaziz Bouteflika. A pesar de algunos artículos de la prensa francesa que tienden a hacer creer lo contrario. Dos años después del estallido de la crisis petrolera mundial, Argelia se encuentra paralizada por un triple bloqueo que amenaza con empeorar aún más la situación del país. El impasse político surgido de la incapacidad de las figuras del régimen para ponerse de acuerdo respecto al sucesor del actual presidente del país, Abdelaziz Bouteflika, completamente incapaz de mantener las riendas del poder, impide cualquier progreso serio respecto a la solución de la grave crisis financiera que atraviesa el Estado y el sector público. Además, Argelia, que vive del petróleo y del gas que exporta, no conseguido, a diferencia de Arabia Saudí, Rusia, Iraq o Irán, incrementar sus exportaciones y compensar, al menos parcialmente, la caída de los precios. Desde hace 10 años su producción se reduce, al mismo tiempo que su consumo interno se disparada y su capacidad para exportar disminuye. Para revertir esta situación, sería necesario una inversión masiva; y el Estado argelino, debido a la crisis financiera que atraviesa, se encuentra en el peor momento para hacer ese esfuerzo. La compañía nacional Sonatrach ha sido deficitaria en el último año, y el impasse político impide revisar las condiciones poco atractivas ofertadas a las compañías extranjeras que, desde el año 2010, ignoran el subsuelo argelino. El país no puede salir del círculo vicioso en el que se encuentra si previamente no supera dicho impasse y, a su vez, resuelve la cuestión de la sucesión que arrastra desde la primavera de 2013 con el traslado al hospital parisino de Val-de-Grâce del presidente Bouteflika, víctima de un ataque al corazón del que, en verdad, nunca se ha recuperado. Poco antes de las elecciones presidenciales de 2014, Abdelmalek Sellal fue sugerido como candidato a Jefe de Gobierno, pero se opuso in extremis el Jefe del Ejército, el general Ahmed Gaïd Salah. En el inicio de 2016, Ahmed Ouyahia ‒ director del gabinete presidencial y un superviviente nato de la vida política local ‒ es el nombre que ha circulado para el cargo de primer ministro (puesto que ya ha ocupado en otras tres ocasiones). Sin embargo, sus rivales temían que, en caso de la muerte repentina de Abdelaziz Bouteflika, Ouyahia ocupara una posición de poder respecto a la sucesión; por eso han desatado una campaña de críticas contra él. Inmovilidad política y déficit presupuestario Los tres principales actores de esta tragicomedia son: el Ejército, los servicios de seguridad y la familia Bouteflika. Todos ellos se neutralizan y no consiguen ponerse de acuerdo respecto al statu quo. El viceministro de Defensa y Jefe del Estado Mayor del Ejército, el general Gaïd, es un buen candidato para la presidencia del Gobierno, sin embargo el «colegio» militar no quiere que uno de los suyos asuma el poder en unas circunstancias más que difíciles y prefiere dejar esa ingrata tarea a un civil. Saïd Bouteflika, el “pequeño” hermano del actual presidente, no tiene ni el respaldo ni la seriedad que exigen el cargo. Por último, al ex Jefe del Gobierno, Sellal, le falta, dolorosamente, credibilidad y apoyos. A su vez, la oposición está dividida y cumple un papel testimonial, a falta de disponer de un mínimo de libertades ‒ a pesar de las promesas y de la revisión constitucional del inicio de año ‒ . En esta inmovilidad política en la que cada uno de los candidatos, conocido o desconocido, pone la zancadilla, es urgente no demorar más las «reformas» que las instituciones internacionales y los analistas recomiendan para plantar cara a la grave situación financiera del Estado. La inacción se va a pagar a un alto precio. La renta petrolera se ha derrumbado (70 mil millones de dólares de pérdidas antes de la crisis; 27 mil millones se esperan para este año) y el déficit presupuestario que se prevé para 2016 podría alcanzar los 30 mil millones de dolares, casi el 20% del PIB. ¿De dónde se sacaría todo este dinero? Los ahorros acumulados durante la etapa del boom petrolero (2004-2013) se han reducido rápidamente y el Fondo de Regulación del Petróleo (FRR) que desde hace seis años ha financiado el déficit presupuestario se agotará antes del final del año próximo. Después de dos años de vacilación, Argel parece resignada a endeudarse de nuevo con el exterior. Sin embargo, será difícil conseguir más de 4 o 5 mil millones de dolares del Banco Mundial o del Banco Africano de Desarrollo (BAD). En todo caso, es insuficiente. El mercado financiero internacional es, de hecho, inaccesible para Argelia sin el respaldo del Departamento del Tesoro norteamericano o japonés (respaldo que sí ha obtenido, en cambio, el país vecino, Túnez); para los argelinos, traumatizados aún por la anterior crisis financiera de los años 90 que condujo a un plan de ajuste estructural ruinoso para los salarios del sector público y los consumidores, semejante patronato sería visto como una humillación nacional. El crecimiento económico en apuros En el plano interno, el gran «Préstamo Nacional para el Crecimiento Económico» (ENCE) ha sido un auténtico fracaso, a pesar de las presiones ejercidas sobre los banqueros y las aseguradoras (que apenas han recuperado 2 mil millones de dólares), le ha costado su puesto al ministro de finanzas, Abderrahmane Benkhalfa. ¿Qué otra solución le queda a su sucesor, el tercer ministro de Finanzas en dos años, sino la de emitir moneda y devaluar salvajemente el dinar con la complicidad del nuevo gobernador del Banco Central? Forzosamente, la consecuencia de todo ello será una inflación de dos cifras, escasez y un doloroso empobrecimiento para la población, una triple amenaza para la estabilidad social y política del régimen. La última reunión del tripartido (Gobierno, patronal y Unión General de Trabajadores Argelinos, UGTA), el pasado 5 de junio, ilustra la incapacidad del régimen, a pesar de la urgencia, para coger el toro por los cuernos. Abdelmalek Sellal no tuvo la osadía de hacer público el balance presupuestario preparado por su equipo para el ejercicio 2016-2019, y la única medida que anunció ‒ el retorno de la edad de jubilación a los 60 años ‒ ha sido pospuesta. El Fondo Nacional de las Pensiones (CNR), aún deficitario, hizo saber algunos días más tarde a través de la prensa que las jubilaciones anticipadas tras 25 años de trabajo no serían cuestionadas. Por su parte, las principales federaciones de la UGTA negaron, durante la reunión, el apoyo de su central y reivindicaron el mantenimiento de los acuerdos conseguidos hasta el momento. Respecto al frente petrolero, cabe esperar la misma demora. Al final de mayo, con la ayuda de la Unión Europea, Salah Khebri, el ministro de Energía, organizó en Argel un foro destinado a atraer compañías internacionales para volver a explotar y expoliar el subsuelo sahariano (en particular, recursos gasísticos). Los debates se convirtieron en un diálogo de sordos: las demandas de modificaciones por parte de las compañías sobre la fijación del precio del gas o sobre la propiedad de los yacimientos ‒de los que, actualmente, el 51% se encuentran en manos argelinas ‒ , fueron rechazadas, y la perspectiva del retorno de las inversiones extranjeras en el sector fueron poco elogiadas. En un contexto de bajada de los recursos de las compañías y de fuerte competencia entre países productores, Argelia está más lejos que nunca, a los ojos de las empresas petroleras, de ser un destino atractivo. Finalmente, la única decisión tomada después de ese fiasco fue destituir al ministro, lo que, por otra parte, no quiere decir que su sucesor vaya a ser más escuchado. Represión anunciada Las grandes potencias han querido creer que la jubilación del general Mohamed Mediène, conocido como «Toufik», a la cabeza de los servicios de inteligencia durante más de veinte años ‒ la omnipresente Dirección de Inteligencia y de Seguridad (DRS) ‒, así como la reorganización de su antiguo feudo, inaugurarían una transición hacia un Estado «civil», más respetuoso con las libertades y la oposición o, incluso, una modernización del régimen. Los indicios que tenemos en este sentido, dejando a un lado la inestabilidad ministerial, son poco alentadores: la justicia acata órdenes, el Parlamento está marginalizado, los políticos locales domesticados y los cuatro últimos periódicos independientes se encuentran amenazados y privados de publicidad oficial. El encarcelamiento sin juicio a más de nueve meses de cárcel a un general retirado que se había atrevido a criticar al hermano del presidente Bouteflika o el acoso infligido a Issad Rebrab, el hombre de negocios ‒dicen‒ más rico de Argelia, apuntan a que, pronto, a la inacción política y a la grave situación económica, también se sumará la represión. Jean-Pierre Séréni es periodista, antiguo director de Nouvel Économiste y ex redactor jefe de L'Express. Fuente: http://orientxxi.info/magazine/l-algerie-s-enlise-silencieusement,1388

10 aparatos que más consumen

Los 10 aparatos eléctricos que más consumen estando apagado

Author IRIA LORENZO

Los aparatos eléctricos nos facilitan considerablemente la vida. Sin embargo, debemos saber que existen una serie de ellos que consumen energía a pesar de estar en el denominado modo ‘stand by’.

Un estudio llevado a cabo por el Lawrence Berkely National Laboratory del Departamento de Energía de Estados Unidos ha desvelado el listado de los dispositivos eléctricos que más vatios consumen por hora estando apagados.

Muchos de ellos (lo reconozco) en mi casa están siempre con el botón rojo encendido.

CAFETERA
¿Quién apaga la cafetera cuando termina el café de la mañana?
A una servidora se le olvida más de una vez. Pues bien, debemos tener en cuenta que el simple hecho de tenerla enchufada hace que consuma más de 1 vatio por hora.

CARGADOR DE MÓVIL
El cargador del móvil es el aparato del listado que menos consume, 0,26 vatios por hora, pero ¿realmente es necesario dejar el enchufe puesto si la carga ya está al 100%? Recuerda que todo suma a final de mes. Otra alternativa es cargar el móvil sin enchufarlo a la corriente.

MICROONDAS
El microondas consume 3,8 vatios de media por hora pero ¡ojo! si dejas su puerta abierta, el consumo se eleva a 25 vatios, lo que supone ocho veces más. Si terminas de calentar el arroz, no te olvides de cerrar la puerta.

TELEVISOR
En el caso de los televisores difiere bastante si se trata de un modelo u otro. Las actuales TV de pantalla LCD tienden a consumir menos energía. Sin embargo, el antiguo modelo de proyección trasera (y todavía quedan) puede consumir el doble. Para un mejor mantenimiento de la pantalla de tu televisor puedes tomar nota de estos consejos.

DECODIFICADOR TV SATÉLITE

Aquí también hay diferencias entre los distintos tipos de decodificadores. Sin embargo, estos aparatos llegan a consumir de media 43,4 vatios, especialmente en el modelo de cable con grabador de vídeo.

PORTÁTIL
¿Pensabas que dejar el portátil en ‘modo stand by’ consumiría poco?. Te equivocas, estos aparatos consumen de media 15,7 vatios. Si está apagado pero sí enchufado puede llegar a consumir hasta 8,9 vatios por hora.

EQUIPO DE SONIDO
La diferencias entre los diferentes aparatos de sonido también es notable pero lo que sí es real es que, según el estudio estadounidense, si el equipo de sonido incluye radio y se mantiene encendido el consumo se eleva a 14,4 vatios.

CONSOLA
Si apagas totalmente la videoconsola, ésta gasta 1 vatio . Sin embargo, si la pones en el ‘modo lista para usar’ la cifra se eleva hasta 23,3 vatios. Un dato a tener en cuenta siempre que terminemos la partida.

TELÉFONO INALÁMBRICO
El teléfono inalámbrico consume una media de 0,98 vatios por hora pero si tiene el contestador puesto el consumo sube a 2,9 vatios. Es un aparato que, por defecto, siempre está enchufado pero de noche, ¿es necesario?

ORDENADOR DE ESCRITORIO
Los ordenadores de escritorio, ese equipo que siempre permanece en modo hibernación en nuestra casa, en realidad consume bastante: 21,1 vatios, y si permanece encendido sin hacer nada con el monitor apagado puede llegar a gastar 73,9 vatios por hora. Una buena razón para apagarlo… y desconectar.

Escenario apocalíptico con miles de misiles

EE.UU. e Israel se preparan para el escenario apocalíptico de un ataque con miles de cohetes

En las maniobras a gran escala fueron involucrados hasta seis diferentes sistemas de defensa antimisiles pertenecientes a ambos países.

Israel y EE.UU. han llevado a cabo con éxito un ejercicio militar a gran escala en el que se simuló un masivo ataque con misiles disparados desde el Líbano e Irán contra la nación hebrea, informa el diario 'Times of Israel'.

En las maniobras fueron involucrados seis diferentes sistemas de defensa antimisiles; los israelíes David's Sling (Honda de David), Arrow-2 y Arrow-3, y los estadounidenses THAAD, Patriot y Aegis. "El escenario de la prueba constaba de múltiples ataques simulados con misiles y cohetes contra Israel, en el que los complejos antiaéreos, tanto de EE.UU. como de Israel, destruyeron exitosamente las amenazas entrantes", señaló el Ministerio de Defensa israelí.

Este ejercicio, que tuvo una duración de cinco días y que concluyó el pasado 22 de junio, tenía como objetivo poner a prueba la interoperabilidad de los sistemas de defensa antiaérea de ambos países para garantizar que podrían operar conjuntamente en caso de un masivo ataque con misiles, agregó el Ministerio.

¿Son necesarios los partidos políticos tal como los conocemos?

La oportunidad de Oro


 ¿Son necesarios los partidos políticos tal como los conocemos?
Remontar el vuelo no es fácil después del trompazo que se está llevado la sociedad civil al desinflarse el globo del Estado del bienestar. Los movimientos sociales, aun sabiendo lo que pretenden, no son capaces de articular concreciones, es mucha la dificultad al partir del cero más absoluto. Es necesario un embrión para que surja nueva vida. Este texto es una aportación en pos de este embrión, que al desarrollarse de alas para remontar otra vez el vuelo. Se trata de una variante conceptual de las redes sociales, tan al uso, que con los instrumentos a disposición se puede plantear la democracia totalmente al revés de cómo se ha aplicado hasta ahora. El principio es invariable: la democracia solo se puede alterar, modificar, o transformar en más democracia. En este principio se sustenta Community.
Este esbozo de idea precisa, inexorablemente, de tú aportación que con entusiasmo y ingenio le proporcione la forma. Dicho eso entremos en cuestión, digamos que es un prototipo que no pretende ningún anhelo ortodoxo, tan sólo aspira a poner de manifiesto que algo se puede hacer, para cuanto menos frenar el gran deterioro disimulado del basamento ético de las instituciones del Estado que llevan a la sociedad civil a la ruina por la persistencia de políticos y poderosos de poner el carro delante del caballo. El poder económico y financiero por delante de la ciudadanía y el sentido común. Los gobiernos de toda índole, por activa o por pasiva, permitieron que el poder de los bancos y las multinacionales se desarrollara a sus anchas sin limitación ni tasa alguna. A todo ello se añadieron las incomprensibles triquiñuelas del sistema capitalista que llegó a la perfección de la codicia entronizado por el sistema monetarista del dólar. La amalgama, cuando eclosiona succionando parasitariamente la savia del sistema democrático. Las artimañas del capitalismo se sustentaron en la ignorancia y la falta de información. De ahí viene el repertorio de despropósitos que, durante la larga representación teatral, se vuelca implacablemente sobre la ciudadanía y lleva todo al traste.
Veamos en síntesis el asunto que nos trae. Hasta ahora, unos que llamaremos “políticos” fundaban, refundaban o daban continuidad a una asociación que llamaremos “partido”. A través de sus ideas políticas concurren a unas elecciones con un propósito de actuación que llamaremos “programa”. No hace falta extenderse demasiado en lo que todo el mundo conoce, tan sólo es una referencia de que unos pocos acaparan todo el poder y se monta un circo con la apariencia de que los ciudadanos al votar han delegado su voluntad en aquellos que se van a partir el pecho por los demás. La auténtica democracia está en las antípodas de la que se ha aplicado, a través de los espabilados, que nos hicieron creer que es representativa y que todo lo hacen por nuestro bien.
¿No sería más democrático que las propuestas las elaborara el pueblo, de forma consensuada, y los partidos políticos se vieran obligados a escoger entre ese abanico de proposiciones, aquellas que más sintonicen con su ideario y formaran con ellas su “programa”? Cien años atrás no era posible, hoy no hace falta extenderse en ello cuando las comunicaciones han avanzado en un desarrollo tecnológico que deja la papeleta de voto como un asunto medieval. Entremos en materia aunque todo se aguante con pinzas. Community sería un foro donde se debatirían 100 propuestas para un Mundo Mejor. El invento no tiene mayor pretensión que crear un foro con la intención de que los jóvenes, y no tan jóvenes, todos los electores, que pululan por Internet se interesen por la política y entre todos poder dar forma a 100 propuestas que regeneraran la vida política, las relaciones laborales, la fiscalidad, el medio ambiente y todo en general que sirviera para construir un mundo más justo y equitativo.
Puede haber múltiples variantes, pero para empezar una: Se trata que cada uno, de forma individual o colectiva formule una propuesta que se estructura bajo unos parámetros. La propuesta tiene que ser clara y concisa y no superar las ciento cincuenta palabras. A cada propuesta se le asignaba automáticamente un número y asociado a este, un texto que argumenta y sostiene la propuesta en menos de dos folios. Las propuestas se individualizaban y cada individuo que la suscribe una tiene que buscar entre los que acuden al foro los apoyos necesarios para superar el trámite de la fase preparatoria. Son necesarios cien individuos (es a título de ejemplo la cantidad puede ser la que se acuerde) que apoyen la propuesta, que a veces necesitará de correcciones o ampliaciones que se añadían en letra cursiva al texto inicial para poder acceder al Hall de la Fama donde se incluían las 100 mejores propuestas subdivididas en capítulos (Enseñanza, Justicia, Medio Ambiente, ..).
En este estadio los impulsores de una propuesta competirán con otros, unas veces con argumentación a su favor y otras con pactos que establecían apoyos para situar en un ranking de las 10 mejores. En el fondo, de lo que se trata es de establecer prioridades de actuación sobre las propuestas que interesen al colectivo, quedando rezagadas aquellas que carecen del favor popular. Con este formato y con reglas adicionales, que sobre la marcha se pueden ir introduciendo, se puede llegar a  un acalorado debate de lo que más puede interesar al país, propuesto por aquellos a los que se les acusa de no interesarse por nada concreto que no fuera la protesta sistemática o el desinterés generalizado.
Un ejemplo de propuesta puede ser la siguiente, que desmonta a la estructura del Estado los paraísos fiscales al proponer un registro público de los ingresos (no lo que se declara sino lo que se ingresa en las arcas del Erario público) de las grandes empresas.
“Propuesta 1247ª IMPUESTOS CLAROS, ESTABLES, COMPRENSIBLES Y EQUITATIVOS,- Los impuestos habrán de configurarse de modo claro y sistemático, haciéndolos comprensibles para el común de los ciudadanos. Las tarifas deben ser estables en el tiempo. Se modificara el Impuesto de Sociedades para que la base sobre la que tributa coincida con el beneficio contable real de las empresas. Se potenciará el seguimiento fiscal de las grandes empresas y se expondrá un registro público entre los resultados obtenidos y la cuantía que realmente ha ingresado como impuesto la Hacienda Pública. El Congreso de los Diputados modificara la ley fiscal que tiende al camino fácil de los impuestos indirectos donde pobres y ricos pagan la misma tasa. La Administración fiscal debe poner todos los medios de atención y consulta para que los contribuyentes cumplan sus obligaciones sin la necesidad de recurrir a asesores o especialistas”.
Tan sólo una propuesta de este asunto puede dar lugar a miles de entradas de internautas que aportan información vinculante de las grandes empresas que prácticamente, por las exenciones fiscales, no pagan un euro sobre unos beneficios descomunales. También habra aquellos que con un salario de subsistencia reciban de Hacienda una liquidación complementaria que aún le rapiñaba el sueldo de un mes. Todo esto te lo podías encontrar en un lugar del foro llamado el Buzón de las Verdades donde podías colgar la prueba documental de tu verdad.
Otro ejemplo de propuesta puede ser esta:
“Propuesta 912ª CRECIMIENTO CERO EN COMBUSTIBLES FOSILES.- El Gobierno elaborará un nuevo y definitivo Plan Estratégico con un compromiso de crecimiento cero en la utilización de combustibles de origen fósil como el petróleo, el carbón y el gas natural. Las nuevas demandas deberán atenderse con energías alternativas. El Gobierno obligará a las petroleras que en los puntos de servicio los usuarios puedan disponer de carburante de combustión limpia como pueden ser los biocarburantes y el biodiesel”.
Esta propuesta puede llegar hasta lo más alto después que sus impulsores tuvieran que batallar lo suyo y finalmente unir esfuerzos con otro grupo que añadió en letra cursiva su predicamento.
La democracia en los últimos cien años ha evolucionado por la autopista de la comunicación por la que viajaban los elegidos, los electores continúan caminando por el camino de las piedras. Desde el invento de la televisión y la transmisión en masa de consignas, mensajes y mentiras de la propaganda política que prometía lo que hiciera falta para cumplir lo que les diera la gana se ha instaurado como una democracia al uso y costumbre. Los partidos políticos gastan más tiempo durante la campaña electoral en descalificar al adversario que en establecer un programa de gobierno. El contrato que habían suscrito con los electores de desarrollar el programa político que habían mencionado de soslayo se diluye entre tanta bronca y queda en agua de borrajas. En nada, al final de la legislatura nadie les pedía cuentas y todo se reduce a más propaganda y más descalificaciones de los adversarios en una cada vez más costosa campaña electoral.
Community, es más democracia. Los ciudadanos elaboran las propuestas que entre la población se consensuan, es decir aquellas de exclusivo interés general. Los lobbys y los políticos quedan concernidos en un ámbito reducido de actuación. El voto dejaría de ser un acto de fe en que un grupúsculo de políticos profesionales se hartan de hacer promesas que ni tan siquiera piensan cumplir. La importancia suprema que se le otorga al político y el partido se resitúa. El “programa” lo confeccionan los ciudadanos. Los ciudadanos de derechas impulsaran propuestas conservadoras y los de izquierda tendrán un matiz progresista. El político y el partido tienen que escoger, entre las 100 propuestas, aquellas que sintonicen con su ideario y llevarlas a buen puerto por lo que el cumplimiento le suma puntos y lo contrario le resta. Llegado a un reiterativo inclumplimiento ya no se puede volver a presentar a las elecciones. Han perdido los puntos que les permitía conducir. El “político” continuará siendo político pero estará adosado al cumplimiento de un “programa”. Veríamos si entonces estarían más preocupados de las elecciones o de cumplir con su trabajo. Es evidente, que las 100 propuestas no se pueden convertir en la carta a los reyes magos y se tendría que establecer una fórmula que actuara como filtro y evaluara su coste para no entrar en una quimera que alejara a los ciudadanos de la realidad.
Veamos ahora que alternativas hay. El uso espurio de la democracia, está visto que, mantiene al ciudadano distanciado del poder. Se supone que el acto de votar le transforma como el auténtico soberano, pero lo es tan sólo por un instante. Cuando el elector vota realiza simultáneamente dos actos: uno instantáneo y otro espaciado en el tiempo. El acto instantáneo corresponde con la democracia electoral que cambia o confirma un gobierno. El espaciado en el tiempo corresponde con la democracia representativa que elige a unos representantes para que actúen en su nombre, en el ámbito del poder, durante un determinado periodo de tiempo. Es en esta delegación de voto donde la democracia al uso hace aguas. Los partidos políticos se desentienden de su compromiso con los electores y no hay nadie que les de el alto. Sus reducidas camarillas de la cúpula se hacen dueños de los votos que a su conveniencia trafican con el poder económico. No hace falta que me extienda en lo que ha llevado esta confraternización en la que millones de personas se ven desamparadas por un Estado – nación que ha ido menguando a favor de los señores del dinero.
Al día de hoy se puede estar plenamente convencido que esta clase de democracia ha llegado a su fin. Se debe de transformar para llenar de contenido los derechos de participación política. Community es tan solo una idea que pretende mejorar la calidad de nuestra democracia. La realidad de la calle nos demuestra que el descontrol económico y en consecuencia la falta de credibilidad en la clase política desestabiliza la única forma fiable de auto organizarse como es la democracia que a bien seguro que tiene mucho que mejorar.
No debe de ser fácil encontrar soluciones que no sean utópicas, el mundo está lleno de filósofos, pensadores, politólogos, y mentes privilegiadas que no han encontrado una pócima mágica de hacer más participativa la democracia. También puede ser porque nunca nos hemos visto en una situación como esta. Se podría decir que la necesidad obliga. Si nos preguntamos ¿Qué entendemos por democracia? Así de sopetón, lo primero que se nos viene a la cabeza entre varias respuestas, casi todas podían coincidir, que “Vivir en democracia es vivir y dejar vivir a los demás en paz y libertad”. También que los muchos defectos que nuestra democracia pudiera tener sólo podrían ser corregidos con una receta única: más democracia.
El sistema de referencia tradicional utilizado por los políticos de la antigüedad clásica definieron los tres tipos primarios de sociedades políticas: Monarquía, cuando el predicado de mandar, gobernar o detectar la soberanía lo posee uno. Aristocracia cuando la oligarquía la detectan algunos. Y la Republica también llamada Democracia, cuando se extiende a todos. La democracia no es unívoca, al menos en cuanto a los métodos o canales de desarrollo práctico. A efecto de obtener la autoorganización del pueblo hay tres modelos donde elegir. 1) Democracia asamblearia, que con esta definición está todo dicho. 2) Democracia orgánica: a través de órganos socialmente establecidos de la sociedad civil que pertenece el ciudadano. El individuo no pertenece por si mismo, sino a través de su familia, consejos de fábrica, municipios .. , a la sociedad política. 3) Democracia inorgánica: a través de partidos políticos, organismos instituidos para que el individuo pueda participar en la política común. Los partidos políticos son  insustituibles y el método inorgánico irremplazable.
Los diputados de un partido político elegidos por el pueblo tienen que acatar la disciplina de las consignas de la cúpula del partido que lleva, a lo que ya hemos dicho aquí, que las decisiones se toman entre una camarilla con intereses que no se pueden explicar y muchas veces presionada por el poder económico hace tambalear la democracia por una devoradora partitocracia con sus listas cerradas y bloqueadas. Es ahí donde radica el problema y nos tenemos que centrar en tratar de resolver esta vía de agua que acabará hundiendo el barco. Si la poliarquía, el gobierno de muchos, es pura entelequia las democracias que acogen en sus decisiones políticas las normas de la mayoría, y al equilibrio electoral de las mayorías minoritarias, cuya regla de oro es el respeto a las minorías y el reconocimiento de la posibilidad de que esas minorías puedan llegar a ser mayorías, es un cuento chino dadas las condiciones que imponen los grandes partidos con grandes campañas propagandísticas. El sistema, a los minoritarios los convierte en residuales.
Este es el endemoniado asunto de la democracia inorgánica capitaneada por los partidos políticos que tienen como norte que todo es factible de modificar, de ahí la fábrica de leyes del legislativo, pero el sistema que los encumbra, protege y desarrolla se da por hecho que está en la cumbre y ha tocado el cielo en plena perfección. Ha llegado al no va más. El título de demócrata es la expresión de orgullo y pureza política más elevado. Aparentando demócrata lo demás se da por añadidura, y lo que no se dé, por desvío o error, será en todo caso disculpable. La condición de demócrata parece asegurar al que hace profesión de la garantía de persona en principio irreprochable en la vida pública. Cualquier insinuación de falta de democracia en el sistema es tachada al unísono y clasificada como antisistema y ya te puedes poner bajo tierra porque caen chuzos de punta. Así y todo, aquí nos vamos a exprimir la masa gris para encontrar el indicio hacía una solución.
Desde el invento de la televisión la política es mediática, nos hemos ido creyendo lo que nos decían los medios de comunicación al servicio de poder económico y de la clase política. Mientras se ha ido deteriorando la situación nos la han vendido como un sarampión pasajero, pero ahora que nos hemos estamos pegado el batacazo ya no hay forma de ocultar la influencia en nuestras vidas del poder económico. Ha estado agazapado detrás de las decisiones políticas suplantando la soberanía popular. Si la televisión fue el invento de los elegidos, Internet es el de los electores. Todo evoluciona y la democracia tiene que evolucionar también.
Imaginaros por un momento, que 100 Propuestas para un Mundo Mejor participan todos aquellos ciudadanos que tienen la capacidad legal de voto, no sería difícil mantener segura la identificación con la firma digital. Cada partido político podría incorporar a su propio programa aquellas propuestas del ranking que más se ajusten a su ideología. La condición para poder asumirlas es un contrato, el compromiso de pasar cuentas durante la legislatura conforme progresa en su materialización la propuesta incorporada. El resultado de su gestión acabada la legislatura lo determinara un Tribunal de Sabios, dependiendo de la reincidencia en el incumplimiento de las propuestas limitaría su participación en las contiendas electorales. No es aquí y ahora, el momento de debatir los pormenores de esta idea embrionaria pero si de introducir el concepto, como ya se ha dicho, de que la tecnología de comunicación actual no es la hace cien años. El acto instantáneo de democracia electoral que cambia o confirma un gobierno puede permanecer intacto, pero la delegación de voto espaciado en el tiempo de la democracia representativa se tiene que acabar tal como está configurado, dando paso a un control más efectivo. No es suficiente el control de la oposición al gobierno cuando unos y otros han perdido la confianza de una buena parte de la ciudadanía.
Hoy por hoy se parte de una ventaja, tiempo atrás se intuía que el capitalismo iba desbocado sin que nuestros gobernantes tuvieran un efectivo control al haber cedido el mando de la economía a poderosas organizaciones capitalistas que obsesionados por el beneficio inmediato han llevado todo al traste. Es evidente que no partimos de hipótesis sino de lamentables hechos reales, esta es nuestra ventaja. Todo esto no hubiera pasado si el sistema dispusiera de las instituciones de control efectivas. No podemos permitir que venga otra vez el lobo y se coma a placer todas las ovejas. Es del todo necesario introducir una democracia participativa y ejercer un equilibrio de poder para que el lobo no se indigeste de ovejas. No exigimos nada que no nos corresponda: vivir en paz. En teoría, la oposición tendría que controlar al Gobierno desde el Congreso de los Diputados, pero en realidad todos han ido a comer al mismo restaurante del señor capital que en base a una dieta hipocalórica en favores cada día los partidos políticos se han ido pareciendo más entre sí, en una clonación que los diferencia de la gente de la calle. Community puede ser una solución. La democracia representativa ha muerto, ella sola se mató, La democracia participativa puede tomar el relevo mientras el mundo continúa girando.
Sin mayor pretensión, esta idea embrionaria es una modesta aportación para despejar la inmensa bóveda de silencio levantada sobre nuestras cabezas por ese poder del dinero que todo lo invade, todo lo cubre y todo lo condiciona. No obstante, la declaración de independencia de los Estados Unidos, el 4 de julio de 1776 tenía como meta “la persecución de la felicidad …”. Se feliz. Pero ¿Podías hacer algo? ¿Hay por ahí algún informático? ¿Algún sabio de los ordenadores que pueda hacer un software y colgarlo en la red? Todo tuyo

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