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Esta semana que viene hay que volver a reimplantar la República de Catalunya.

Ya que hubo un referéndum y una declaración de independencia, solo hace falta un pleno parlamentario para reactivar la República.



Convocaron elecciones creyendo que las perderíamos, nos impusieron que Puigdemont no podía ser President, ahora nos dicen que los presos políticos no pueden ser consellers. 
Y todo se está perpetrando a partir del estado de excepción que representa el 155, no se basa en ninguna ley, simplemente es el "por mis huevos".

Es evidente que si acatamos lo de los consellers luego será por otra cosa. El 155 será eterno, tal como lo es el de las finanzas que Montoro afirmó con un chulo "va ser que no" cuando le preguntaron si los catalanes podríamos controlar nuestro dinero.

Poco más que decir, hay que reimplantar la República y esta vez defenderla. La única manera de terminar con el secuestro de las instituciones es echar a esas bestias fuera de Catalunya.
¡Que nos dejen actuar!

A cualquier cosa le llaman máster.

Políticos en el punto de mira

El máster de Javier Maroto, el de Pedro Sánchez… Hay muchos más ejemplos: en el año 2013, el PSOE ofertó hasta tres cursos con la denominación de ‘máster’.
13 abril 2018
22:55
A cualquier cosa le llaman máster
El escándalo del máster de Cristina Cifuentes ha levantado una ola de indignación generalizada, pero ha demostrado también una cuestión: a cualquier cosa le llaman máster. Dos ejemplos: los másteres que el diputado del PP Javier Maroto y el líder del PSOE, Pedro Sánchez, aseguraban haber cursado eran en realidad un Programa de Liderazgo en Gestión Pública impartido por el IESE, el centro de negocios perteneciente a la Universidad de Navarra, es decir, al Opus Dei, donde cursó también el dirigente del PP Pablo Casado su “posgrado en Harvard”, como ha publicado el diario.es.
Pero hay muchos más ejemplos. Durante el año 2013, el PSOE ofertó hasta tres cursos con la denominación de ‘máster’: Máster en Acción Electoral, Máster en Políticas Socialdemócratas para el Siglo XXI y Máster en Economía Política. Estos cursillos, sin exámenes ni trabajos, estaban dirigidos a cargos públicos, asesores/as y miembros de gabinetes, responsables orgánicos estudiantes universitarios, militantes y simpatizantes, según la información extraída de la web del partido.
El Máster en Acción Electoral, impartido el 23 y 24 de febrero de 2013, estaba presidido por Óscar López, quien fuera secretario general del PSOE de Castilla y León entre 2008 y 2012 y actual senador, y dirigido por la socióloga Elena Rodríguez Navarro. Entre los ponentes se encontraban algunos cargos del partido como Rafael Simancas, Ramón Jáuregui y María González Veracruz, además de especialistas en campañas electorales como Pablo Pombo o César Calderón.
El 11 y 12 de mayo de ese mismo año se inauguraba el Curso Máster en Economía Política, presidido por Inmaculada Rodríguez-Piñero, ex secretaria general de Infraestructuras del Ministerio de Fomento de 2009 a 2011, y dirigido por César Giner, profesor de Derecho en la Universidad Carlos III y exdiputado en la Asamblea de Madrid. En este caso, sí se hacía referencia en la nomenclatura a un curso, aunque en el título se especifica también la denominación de máster. Este curso tenía una duración de 100 horas, de las cuales 70 se realizaban de forma online y las otras 30 de forma presencial. Entre los ponentes más destacados se encontraban los exministros Valeriano Gómez y Jordi Sevilla.
Según el profesor César Giner, él nunca realizó labores de dirección ni de toma de decisiones. “Yo hice de moderador durante las sesiones, pero quien configuró el programa y decidía sobre el curso era Rafael Simancas”, asegura el profesor de la Carlos III. Sobre la denominación de máster, afirma: “Todos sabemos la validez que tiene según el centro formativo que lo imparta”.
Estos cursos se impartían en el Instituto Jaime Vera, donde, según alegan fuentes del PSOE, la denominación de máster era común para este tipo de programas. Según las mismas fuentes, no era más que una forma de diferenciarlos de otros cursillos de menor importancia. Explican que en ningún momento se señala en la información que estén homologados por ningún organismo, sino que eran cursos internos, y defienden que, en 2013, la palabra máster no tenía la connotación que tiene ahora y que nunca más se volvió a usar dicho término. En 2013, se encontraba en vigor el Real Decreto 1393/2007, de 29 de octubre, que establecía lo siguiente: “Los títulos de Máster Universitario tendrán entre 60 y 120 créditos […] y concluirán con la elaboración y defensa pública de un trabajo de fin de Máster, que tendrá entre 6 y 30 créditos”. Además, para acceder a un máster es necesario contar con un título universitario oficial.
El tercer curso, el Máster en Políticas Socialdemócratas para el Siglo XXI, estaba presidido por Ramón Jáuregui y dirigido por Ignacio Urquizu, y pretendía “analizar cómo afectan los cambios económicos y sociales que se están produciendo actualmente a las políticas progresistas, conocer las aportaciones teóricas actuales más importantes al concepto de socialdemocracia, profundizar en los principales valores progresistas y trabajar sobre los principales retos de la izquierda”. En el cartel se informaba de que la duración del programa era de dos meses, aunque no se especificaba el número de horas.

Cargos públicos con estos másteres en su currículum

Tal y como se puede leer en la información relativa a estos másteres sui generis, sus destinatarios principales eran cargos públicos. Algunos de ellos así lo han reflejado en su CV, como la presidenta de la Asamblea de Extremadura, Blanca Martín Delgado. Según se podía leer en su biografía de la página web de la Cámara autonómica antes de que La Mareacontactara con ella, la presidenta contaba con un Máster en Acción Electoral.  Posteriormente, se ha realizado un añadido sin modificar el término máster: “Máster en Acción Electoral: Nuevos tiempos, nuevas campañas. Impartido por el Instituto Jaime Vera de la Fundación ideas para el progreso”.
El profesor Giner cree que esto es un problema personal “de alguien que en su biografía no da las explicaciones pertinentes” y por eso podría llevar a confusión. Desde el PSOE, argumentan que en ningún momento la presidenta de la Asamblea haya mentido ya que no se dice que el máster esté homologado por ninguna universidad u organismo. A diferencia de la presidenta, la diputada extremeña María Sol Mateos Nogales, portavoz adjunta del Grupo Parlamentario Socialista, sí señalaba en su biografía dónde cursó el máster (Instituto Jaime Vera y la Fundación Ideas para el progreso) y el número de horas (100 horas). E incluye en su CV otro máster en Comunicación Plus: Marketing online y redes sociales otorgado por la Fundación Centro de Estudios Presidente Rodríguez Ibarra (176 horas) en 2014. Obviamente, esto no es el caso Cifuentes. Pero sí una prueba de lo que decíamos al principio: a cualquier cosa le llaman máster

Medios que dependen de Silicon Valley

El poder de Facebook y Google representa el mayor cambio de paradigma en la era digital.
27 diciembre 2017


Medios que dependen de Silicon Valley
Bill y Melinda Gates. FUNDACIÓN BILL Y MELINDA GATES
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La filantropía, muchas veces, se resume de la siguiente forma: un empresario acumula tan mayúsculo capital que distribuye cierto excedente entre la clase más baja para desactivar cualquier pretensión de mejora social. En lo referente al periodismo sirve para mantener vivas determinadas estructuras mediáticas inmersas en una crisis sin precedentes y, al mismo tiempo, expandir la doctrina económica que agrava su situación. A través de miles de millones de fondos privados invertidos en decenas de medios de comunicación principalmente europeos y estadounidenses, las corporaciones llevan décadas sufragando con sus fundaciones programas para financiar el periodismo. Hoy lo hacen entre proclamas a favor de la verdad y la democracia.
Con la llegada de Internet, que ha digitalizado la piel del capitalismo, no solo no se han eliminado las dinámicas neoliberales que han azotado a los diarios durante los últimos años, sino que se ha ido un paso más allá. Bajo el mantra de la innovación, los medios están comenzando a depender del duopolio de Google y Facebook en lo que se asemeja a una versión beta de una nueva relación feudal adaptada al mundo digital. Si un artículo no se ciñe a sus normas, pierde posicionamiento y visibilidad. Nos encontramos así ante una suerte de imprenta global donde el ecosistema mediático comienza a girar en torno a las reglas de dos compañías, que determinan buena parte del proceso de creación de opinión pública.
Este tipo de filantropía se remonta a los años 1930, cuando la Fundación Rockefeller empezó a financiar los primeros programas de investigación en comunicación, aunque no fue hasta después del estallido de la Segunda Guerra Mundial cuando creció el apoyo directo a gran escala, gracias a la contribución de la Fundación Ford para establecer el sistema de televisión educativa estadounidense, que se convirtió en la Televisión Educativa Nacional (NET) en 1963. No obstante, el pico se produjo a principios de este siglo, después de que Bill y Melinda Gates levantaran su propia organización.
Entre 2009 y 2011, un total de 1.012 fundaciones financiaron 12.040 subvenciones relacionadas con medios de comunicación y la educación universitaria en esta rama por valor de casi 2.000 millones de dólares —alrededor de un cuarto de este total fue destinado a apoyar concretamente el periodismo. Pero de los 527 millones de dólares asignados a ese fin, el 65% provino de tan solo diez fundaciones (entre ellas la Knight, Ford o MacArthur), de acuerdo a los datos del Foundation Center, centro que publica información sobre el mundo de la filantropía. Las fechas no son casuales, sino que coinciden con la crisis financiera y también con la del modelo de negocio a través del que se financiaban los medios. Según estima el Pew Research Center, de 2005 a 2013, los ingresos por publicidad de los periódicos cayeron de 49.000 millones de dólares a poco más de 20.000 millones.
En EEUU, la crisis periodística fue más pronunciada porque el sector de medios apoyados por el gobierno era más reducido que en otros países europeos. Los pilares de su sistema de medios públicos son el Servicio Público de Radiodifusión y la Radio Pública Nacional (PBS y NPR por sus siglas en inglés), con una financiación de los contribuyentes que asciende a cuatro dólares per cápita. Nada comparado con los 50 dólares que reciben los medios de servicio público en Francia, los 91 dólares de Gran Bretaña o los 130 dólares de Alemania, Noruega o Dinamarca. Por otro lado, en total, las fundaciones donaron 13,4 millones de dólares al periodismo de investigación entre 2015 y 2016, según el Foundation Center. Un ejemplo concreto es el del fondo de Google para la innovación en noticias digitales, que desde 2015 ha otorgado más de 70 millones de euros a más de 350 proyectos en 29 países europeos.

La filantropía como horizonte neoliberal

Atrapados entre el cambio en el mercado de noticias y la negación de recurrir al sector público, la filantropía se ha presentado como la panacea a buena parte de los problemas de la prensa. Emily Bell, del Centro de Periodismo Digital de la Escuela de Periodismo de Columbia, es una de las voces que lo propugnan con más convencimiento: “El periodismo independiente necesita más que nunca una transferencia de riqueza de Silicon Valley. Las cuatro o cinco empresas tecnológicas líderes podrían donar mil millones para dotarle de un nuevo motor”. La idea no ha sido nada bien recibida entre los círculos más críticos. “Debemos recordar que las donaciones no son gratuitas, sino que constituyen una reorientación de los recursos públicos (dólares que podrían ir al gobierno si no fuera por generosas deducciones fiscales) a fundaciones no transparentes que inexplicablemente han asumido responsabilidades en la política mediática”, señala el sociólogo Rodney Benson, de la Universidad de Nueva York.
Pongamos un ejemplo actual delentramado tecnocrático que se ha generado. Una de las fundaciones más influyentes, la John S. and James L. Knight Foundation, anunció a finales de septiembre una iniciativa de 2,5 millones de dólares “para apoyar el papel del periodismo fuerte y de confianza como esencia para una democracia saludable”. La Comisión Knight estará presidida por Jamie Woodson, presidente ejecutivo y consejero delegado de Tennessee State Collaborative on Reforming Education, una organización que en 2013 recibió la financiación de los Gates‘ para seguir implementando sus planes disruptivos en la educación –como desarrollar sistemas pedagógicos para suplantar al profesorado por sistemas de inteligencia artificial y donde la extracción de datos es el principal fin–, y estará dirigido por el Instituto Aspen.
Esta última organización, que en España recibe el patrocinio de la plana mayor del Ibex 35 (Repsol, Telefónica, Caixabank, Acciona, Iberdrola), cuenta con el apoyo de las fundaciones Carnegie, Ford, Rockefeller y Gates. Entre los comisionados que monitorizarán que las investigaciones encuentren la forma de recuperar la confianza en el periodismo, destacan dos altos cargos de Google y Facebook.
Un asunto que también es digno de consideración es si el abrazo de las fundaciones surge por el rápido cambio en la práctica del periodismo impulsado por la tecnología digital. En este sentido, la posición central de los académicos contra las fundaciones es que son un componente importante en el establecimiento y mantenimiento de las estructuras existentes de control de la élite financiera y tecnológica. Según un estudio de 2007 realizado por Robert Arnove y Nadine Pinede, “las tres grandes fundaciones de Estados Unidos, Ford, Rockefeller y Carnegie, han desempeñado un papel crucial en la creación de un sistema de información mundial cada vez más interconectado con la potencia norteamericana como epicentro, promoviendo un enfoque elitista y tecnocrático del cambio social y la labor periodística”.
Dan Schiller, profesor emérito de la Universidad de Illinois y autor de distintos libros sobre la relación entre los medios y el capital en la era digital, lo resume de la siguiente forma: “En las últimas tres décadas de hegemonía neoliberal, las páginas y pantallas de los medios de comunicación integrados globalmente han ejercido una poderosa violencia simbólica, normalizando el poder de las finanzas y despolitizando a los lectores y trabajadores, a los que vieron como meros consumidores de los empresarios que financiaban la actividad periodística. Hoy en día, la nueva economía basada en el capitalismo digital es igual de susceptible a ejercer la influencia que llevó a cabo su predecesor”. Según distintas previsiones, Facebook y Google acapararán más del 60% de la inversión publicitaria en 2017. Aunque este dato solo tiene en cuenta de forma indirecta el poder que tiene Silicon Valley sobre la prensa que señalaba Schiller.
“La batalla que se avecina no será sobre el control de los mercados en el sentido tradicional. Se tratará de la batalla por el control sobre la información de los consumidores. Los titanes tecnológicos están en una carrera para ver cuál de ellos puede construir una mejor réplica digital de sus consumidores, lo que significa encontrar una manera de no solo recoger datos de usuarios, sino también dificultar dicha labor en sus competidores. Los monopolios de mañana no podrán ser medidos solo por la publicidad que nos venden. Estarán basados en lo mucho que saben sobre nosotros y cuánto mejor pueden predecir nuestro comportamiento respecto a los competidores”, señalaba un análisis de la Harvard Business Review. Y aquí está el quid: para Silicon Valley, los medios de comunicación son competidores directos a la hora de implantar su plan para controlar la información global.

Hacia una imprenta digital global

El académico de la Universidad de Columbia Efrat Ne-chushtai ofrece una de las lecturas más claras acerca del control que ejerce Silicon Valley sobre los medios: “El elemento más importante en las relaciones de Google y Facebook con las organizaciones de noticias es el hecho de que han llegado a proporcionar la mayor parte de la audiencia de sus noticias al mismo tiempo que son fuentes importantes de su crecimiento potencial, algo sin lo cual estos medios de comunicación no podrían existir”. Se trata de una especie de burbuja especulativa de las audiencias en la que los medios, gracias a los servicios de intermediación de estas dos empresas, llegan a muchas más personas de las que lo harían imprimiendo su periódico y distribuyéndolo. “Además –añade–, dotan a las organizaciones de noticias de herramientas para la producción de noticias, les proporcionan datos sobre el alcance de las historias y ofrecen herramientas de análisis e información”.
Todo esto tiene un precio. Según el académico, nos encontramos ante una nueva forma de captura corporativa que puede denominarse captura infraestructural: “Circunstancias en las que un organismo de escrutinio como son los medios no solo es incapaz de operar de forma sostenible sin los recursos físicos o servicios  digitales proporcionados por los negocios que en teoría supervisa, sino que depende de ellos”. Se trata del cambio de paradigma más importante que experimenta la prensa en la era digital, todo aquello que va desde reivindicar la independencia periodística frente a los editores y propietarios que han puesto en peligro la profesión durante las últimas décadas a ensalzar la dependencia de nuevos propietarios digitales y editores inteligentes. Como recuerda Nechushtai: “Incluso si las organizaciones de noticias mantienen la soberanía sobre sus plataformas y herramientas, la mayoría de sus lectores se generan ahora a través de plataformas como Google y Facebook”.
El analista Harry Browne interpreta este tipo de movimientos de una forma más profunda: “No existe un ‘interés público’ en el que, por ejemplo, Mark Zuckerberg y un refugiado sirio compartan una perspectiva común sobre un problema. En sociedades como la nuestra, los intereses son inevitablemente diversos y potencialmente antagónicos. Esto debería ser obvio, pero se esconde bajo los discursos de interés público, distintos pero que se superponen, del periodismo y la filantropía”. Según Browne, en la medida en que Google y Facebook equiparan la idea de “interés público” con combatir las “noticias falsas” que se generan en su plataforma –fruto de la influencia corrupta ejercida por el capitalismo digital sobre los medios–, estos últimos sucumben a una versión mitológica que en realidad suprime la diversidad y el pluralismo en línea para abrazar un “ecosistema de medios” monopolizados por dos corporaciones.
Browne se refiere a los planes que están llevando a cabo tanto Google, a través de la iniciativa de noticias digitales (DNI), como Facebook, con un proyecto periodístico que lleva su propio nombre. A primera vista, dos simples fondos para ayudar a los medios a sobrevivir se alzan como una de las primeras muestras de esta especie de relación similar a la que imperaba en el feudalismo entre los propietarios de la imprenta global y los periódicos, a los que tratan como sus inquilinos. Como lo definió The New York Times recientemente, ellos dos son “miembros de la realeza de la corte, los que proveen noticias de calidad son sus suplicantes y siervos”.
En definitiva, nos encontramos ante el intento por culminar la “aldea global” que predijo McLuhan, una forma sutil de señalar que la hegemonía cultural de la industria estadounidense se convertiría en un océano al que tienden las corrientes del resto de Occidente. Pero con una salvedad: la aldea global no nos conecta culturalmente, sino económicamente. Y nuestros datos, transportados por el libre flujo de capital, se concentran en Silicon Valley. En una ocasión el periodista del diario aleman Süddeutsche ZeitungHeribert Prantl señaló que los periódicos son vitales para el sistema. “Pero el sistema para el cual son vitales no se llama economía de mercado, ni sistema financiero, ni capitalismo, sino democracia”. Hoy pareciera como si no lo entendieran quienes depositan en el “nuevo periodismo”, es decir, en el digital, la fe ingenua de alcanzar una prensa verdaderamente libre.

Soros, el multimillonario que acabó con el valor crítico del periodismo financiándolo



Soros, el multimillonario que acabó con el valor crítico del periodismo financiándolo (I)


“George Soros le enseña al periodismo una lección importante: la industria tiene futuro siempre que la billetera de los filántropos esté abierta”, sostiene Ekaitz Cancela.
20 mayo 2018
13:00


George Soros durante un seminario del FMI en Washington. Foto: FMI/Michael Spilotro.


EKAITZ CANCELA

redaccion@lamarea.com




La mera existencia de George Soros es un hecho de lo más rocambolesco para ilustrar tanto el presente momento histórico del capitalismo global como la forma en que se ha consolidado. Se trata de un magnate que ha acumulado semejante riqueza mediante la especulación en un sistema financiero que ha dejado a miles de personas en la cuneta y emplea su excedente en promover la democracia y los derechos humanos en el mundo. Desde 1985 hasta 2015 ha gastado 12.000 millones de dólares en la hazaña, según recoge la escritora Anna Porter en un libro sobre el filántropo. Y hay visos de que la cuantía siga en aumento después de conocerse la transferencia de 18.000 millones que hizo de su propia riqueza hacia la Open Society, fundación filantrópica que fundó en 1984. Mediante ella, de acuerdo a los datos de Porter, el magnate húngaro invierte la friolera de mil millones de dólares cada año en alterar las políticas globales.

Cuestiones como las de acabar con la desigualdad deben alejarse progresivamente de objetivos como los de sostener un Estado del bienestar poderoso. Se trata de un círculo endogámico asentado en eliminar la política en favor de un sistema de gobernanza privado. De esta forma, unas pocas personas eligen con sus inversiones cómo administrar los recursos en una sociedad al tiempo que se ahorran pagar impuestos al fisco gracias a sus donaciones.

La relación que todo ello guarda con el periodismo no deja de ser controvertida. Los ricos se han elevado a una esfera de la sociedad en la que cada vez son más impunes y pueden seguir minando los sistemas públicos mediante ingeniería fiscal sin que ocurra ningún escándalo. Los medios participan de esta arquitectura social erigida a nivel global con una fe ciega en que la filantropía pueda contribuir a salvar el periodismo, y así este pueda resucitar la democracia. Lejos aún de poder cumplir esta función mesiánica, nunca ha sido tan palmaria la relación entre investigar al poder económico con el dinero que el periodismo recibe de las fundaciones filantrópicas y su escasa capacidad para provocar el más mínimo cambio en la estructuras de poder que la aparición de George Soros en los Papales del Paraíso.

El dato de que el magnate se sirvió de una sociedad offshore para administrar su riqueza fue revelado recientemente por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigaciones (ICIJ), ganadores de un premio Pulitzer por la información en los Papeles de Panamá, a cuya publicación también contribuyó el millón y medio de dólares que se sabe aportó la fundación Open Society. Pese a que Soros no quiso hacer ningún comentario sobre los Papeles del Paraíso, su fundación declaró públicamente en 2016 que esta filtración “ilustra que la supervisión y rendición de cuentas son esenciales para monitorear los flujos financieros. Sin ellas, grandes cantidades de riqueza podrían moverse furtivamente alrededor del mundo, a veces a expensas del público”. La contradicción ilustra que se ha roto el hechizo, ya no existen medias tintas: el capitalismo ha entrado en una fase, eso que las élites han acuñado como posverdad, en la que un empresario oculta dinero de forma dudosa en paraísos fiscales al mismo tiempo que financia su descubrimiento.

Los tentáculos de la Open Society

Durante décadas, George Soros ha creado a través de su fundación una red de dimensiones estratosféricas vinculada solo en Estados Unidos con más de 30 medios de noticias. En 2011, el Media Research Center (MRC) publicó un informe—el cual llegó a difundir el Wall Street Journal, propiedad Rupert Murdoch— donde apuntaba que desde 2003 hasta 2009 había gastado entre 48 y 52 millones de dólares en subvencionar la infraestructura mediática del paísmediante la financiación directa a medios de propiedad privada, distintas organizaciones de periodismo de investigación e incluso a escuelas periodísticas. Huelga decir que el MRC es un organismo que se dedica a monitorizar a los medios estadounidenses, forma parte del movimiento conservador y sus objetivo manifiesto es “neutralizar el brazo propagandístico de la izquierda liberal”. Lo cual dice mucho del rol que juega el periodismo en esta especie de lucha entre republicanos y demócratas. Pero vayamos por partes.

Aludiendo a la “dramática disminución en la cobertura de noticias de las elecciones en Estados Unidos”, la Open Society destinó 1,8 millones de dólares en 2010 a un proyecto de la Radio Pública Nacional que proporcionaría informes detallados sobre las acciones del gobierno en los 50 estados norteamericanos. Esta iniciativa, que avanza en una lógica orwelliana en la que el periodismo de servicio público es financiado por dinero privado, se ha extendido a buena parte de los medios progresistas privados, que ya dependen de subvenciones filantrópicas para sobrevivir. En lo que respecta a la fundación de Soros existen organizaciones que no reciben fondos directos, pero que se conectan con ella porque perciben dinero de uno o más grupos que sí reciben financiación de forma directa. Otros entramados son más complejos, relaciones endogámicas donde un halo de mimetismo ético diluye la distinción entre periodistas y empresarios.

En lo que respecta al periodismo de investigación, los lazos de la Open Society se extienden hasta la ganadora de varios premios Pulitzer, ProPublica. La organización recibió de forma directa una contribución de 125.000 para dos años en 2010. Las donaciones, como explica ProPublica en su página, son deducibles de impuestos. Lo mismo ocurre con el Journalismfund.eu, una organización independiente sin ánimo de lucro establecida en 1998 con el objetivo de “estimular el periodismo transfronterizo y en profundidad en Europa”, que entre 2009 y 2017 ha recibido 559.900 euros, según se desprende del análisis de los datos que ha hecho públicos la propia entidad. También la organización internacional de editores Project Syndicate, aliada con otras 500 en 150 países, está asentada bajo la financiación de la Open Society. En 2014, por ejemplo, recibió 350.000 euros del magnate.

Esta estructura también genera relaciones sociales y complacencia con el poder privado, como podemos encontrar en el Center for Investigative Reporting (CIR), al que la fundación de Soros destinó un millón de dólares entre 2003 y 2009. Pese a que no hay datos publicados por la organización desde entonces, entre los miembros que han pasado por el CIR se encuentran el director de contenido del periódico Hearst, el del Seattle Times o el ex director ejecutivo del The Washington Post. Algunos de los medios asociados al CIR son aquellos que se manifiestan abiertamente progresistas, como Salon.

Por otro lado, el Center for Public Integrity (CPI) recibió en 2009 la friolera de 100.000 euros de la Open Society, la misma cifraque entre 2015 y 2016. La organización nació para servir “a la democracia al revelar los abusos de poder, la corrupción y la traición a la confianza públicautilizando las herramientas del periodismo de investigación” y en 2010 se unió al la rama de investigación del Huffington Postpara crear “una de las redacciones de investigación más grandes del país”. El resultado: dos Pulitzer, en 2014 y 2017.

Según argumentó la Open Society, la primera subvención que recibió el CPI tenía el objetivo de respaldar un programa piloto para crear una red colaborativa de organizaciones de periodismo de investigación sin fines de lucro con el fin de “responsabilizar al poder gubernamental y corporativo a nivel local, nacional e internacional”. Por eso la junta directiva de la organización estuvo compuesta por Christiane Amanpour, presentadora del programa de asuntos políticos de la cadena televisiva ABC, o Arianna Huffington, cofundadora del sitio web que lleva su nombre. También el banquero de inversiones Frederic Seegal, que ocupó altos cargos ejecutivos en Lehman Brothers, pasó a formar parte de la directiva de lo que en castellano se traduciría como Centro de Integridad Pública.

¿Quién puede saber lo que es la integridad mejor que un acólito de uno de los grandes responsables de la crisis económica mundial, de la transferencia de riqueza a manos privados y del fraude más grande de la historia, como lo fue la quiebra del gigante financiero Lehman Brothers en 2008? El caso de Huffington también habla mucho de esa idea de “integridad pública” que se dice defender mediante el periodismo. Abandonó el precario negocio de la prensa para formar parte del consejo asesor de Uber y “arreglar la cultura de Silicon Valley”, según sus propias palabras. Después creó una especie de start-upllamada Thrive Global, con el fin de ofrecer soluciones privadas en sanidad mediante la tecnología.

Como vemos, el interés corporativo se ha antepuesto al interés público que supuestamente debería defender la cultura del periodismo. La profesión tolera e incluso participa de estas dinámicas que conectan a la parte más alta de la sociedad con la más baja mediante finas y delicadas conexiones entre proclamas de hacer a los poderosos saldar cuentas. En otro tiempo, ganar el Pulitzer podía ser sinónimo de haber tumbado un gobierno mediante una rigurosa investigación. Desde la posguerra fría, cuando las fuerzas del mercado se antepusieron a la lógica política, el premio ha dejado de surtir efecto alguno porque el poder al que debe de vigilar es económico. Y financia sus investigaciones.

El mimetismo ético de las fundaciones, la Universidad y el periodismo

Teniendo en cuenta este contexto, no parece sorprendente descubrir que la Universidad de Columbia, escuela de periodismo fundada precisamente por el periodista demócrata Joseph Pulitzer en 1892, fuera la elegida para recibir algunas de las sumas más cuantiosa de dinero. Aunque día de hoy su página web no refleja que la Open Society sea uno de sus principales donantes, este organismo de creación de conocimiento público ha recibido 9,7 millones de dólares del multimillonario, según el citado laboratorio de ideas conservador Media Research Center (MRC).

A día de hoy la Universidad participa con la fundación de Soros mediante un programade becas universitarias. La idea es financiar los estudios de la próxima camada de periodistas, como muchos antes que han pasado a trabajar para medios de la talla de The New York Times, Bloomberg, Los Angeles Times, The Washington Post o USA Today. Muchos de estos alumnos también han acabado incorporándose a varios medios manifiestamente progresistas, entre ellos Mother Jones, The Huffington Post o The Nation. En No pienses en un elefante, el lingüista George Lakoff señalaba que los conservadores habían logrado provocar un cambio social enmarcando correctamente sus valores. Planificar con tiempo por delante, conceder becas, buscar buenos trabajos… “Si quieres difundir tu visión del mundo, lo indicado es asegurarse de que, para el largo plazo, tienes el equipo humano y los recursos necesarios”. Parece que, al fin, los llamados progresistas aprendieron la lección de Lakoff.

Como señalábamos en el número 54 de La Marea, no era otra que Emily Bell, profesora de la Universidad de Columbia, quien pedía “la transferencia de riqueza de Silicon Valley” a los medios para que la profesión sobreviviera. ¿A qué precio?

Al mismo tiempo, la Open Society está relacionada con el que fuera nombrado decano de la Escuela de Postgrado de Periodismo de la Universidad de Columbia, Steve Coll, pero que previamente fue director de la fundación New America, un think-tank que ha recibido 4.2 millones de dólares de los fondos del filántropo desde el año 2000, también de acuerdo al MRC. También, como se desprende de su página, entre 2016 y 2017 recibió más de un millón de dólares de la Open Society. Esta fundación fue criticada recientemente por despedir a uno de sus académicos tras ser excesivamente crítico con el monopolio que ostenta Google en una de sus investigaciones. Esta empresa, junto a Apple, Microsoft, Facebook, Netflix y también la Open Society de Soros aportaron fondos para su instituto de “tecnología abierta” entre 2016 y 2017. Y no parece que estas inversiones en ideas carezcan de ánimo de lucro, pues esta industria es una de las grandes apuestas de Soros. A finales de 2013, el inversor volvió a incrementar su participación en Microsoft. LinkedIn, Google, NetApp, Motorola u otras corporaciones tecnológicas componen la cartera de Soros Fund Management, la cual gestiona 9.100 millones. En concreto, sus negocios tecnológicos absorben el 26% de las inversiones del magnate húngaro, como publicó Expansión.

Pese a que no sea una escuela de periodismo, la fundación New America sirve para ilustrar la forma en la que la profesión periodística se pervierte mediante los entramados de poder creados a través de las fundaciones filantrópicas. Para más inri, en 2016, unos documentos filtrados revelaron que George Soros había tratado de influir en los miembros de la Corte Suprema de los Estados Unidos para obtener una decisión favorable en un caso clave sobre inmigración. Según señala la nota, los miembros de la fundación pidieron directamente a los medios que escribieran favorablemente para influir en los jueces y defender la orden del expresidente demócrata Barack Obama. Algunos de los miembros de la junta de la Open Society que son miembros de dichos medios incluyen a la académica de la universidad Harvard y columnista del Washington Post,Danielle Allen y, efectivamente, al citado Steve Coll.

La filantropía en la lucha entre izquierda y derecha del capital

En la batalla política estadounidense, Soros ha logrado presentarse con la marca progresista abarcando con sus recursos buena parte del espectro mediático de la izquierda. Así es que el multimillonario ha financiado una amplia gama de medios o portales de noticias extremadamente críticos con el capitalismo. Desde la fundación Pacifica, que a través de las ondas radiofónicas extiende la retórica socialista-marxista de la lucha de clases y el anticapitalismo, hasta fondos para documentales que llevan el lema de la justicia social como estandarte y que fue fundado en 1996. Es precisamente mediante ello como se conecta a la Open Society, junto con la Fundación Ford y Carnegie, con el Democracy Now! de Amy Goodman. La relación también fue denunciada por un centro de ideas conservador, como lo es discoverthenetworks.org, impulsado por el think-tank David Horowitz Freedom Center, quien en el año previo a las elecciones de los Países Bajos donó 250.000 euros al candidato ultraderechista Geert Wilders.

En 2001, la fundación se convirtió en parte del Sundance Institute del actor y director Robert Redford. Y, según el think-tankCapital Research Center, entre 1996 y 2008 Soros le asignó al menos 5,2 millones de dólares para la producción de varios cientos de documentales con un contenido crítico con el sistema capitalista que empapa la sociedad estadounidense. Otros ejemplos de financiación de Soros son el Independent Media Center (IMC), que nació para cubrir las manifestaciones de los movimientos antiglobalización contra la Organización Mundial del Comercio en 1999, o el Independent Media Institute, creado para dotar a las organizaciones de izquierda de recursos para alcanzar sus “objetivos de justicia social”. Todo ellos lo explicaba la profesora Leah Lievrouw en su libro Alternative and Activist New Media: la plataformas como la IMC, que combinan el elitismo y la tecnocracia con la visión contracultural de un sociedad más justa y abierta, ha sido fundamental para el desarrollo de algunos proyectos de activismo.

Por otro lado, como señalábamos cuando citábamos los orígenes de la procedencia de los datos sobre los fondos de la Open Society, los medios ultraconservadores norteamericanos han acusado de forma reiterada a George Soros de operar como gobernante en la sombra y haber fraguado su fortuna a través de negocios de dudosa procedencia. Pero Soros también se ha dedicado a financiar a grupos que analizan a los medios conservadores. Un ejemplo es el Media Matters For America, al que durante varios años la Open Society financió de manera indirecta, otorgando sus subsidios a través de otras organizaciones respaldadas por Soros a este centro, que se define como progresista y tiene el fin de “monitorear” y “corregir” información falsa de los medios de comunicación conservadores del país. Algunos de esos intermediarios eran la Fundación Tides, Democracy Alliance o el Center for American Progress. Todos financiados por Soros de forma directa.

Uno de los proyectos del Media Matters For America fue el NewsCorpWatch, creado gracias a una subvención de George Soros por valor de 1 millón de dólares. En esta ocasión, el filántropo lo justificó abiertamente: “En vistas de la evidencia que sugiere que la retórica incendiaria de los presentadores de Fox News puede incitar a la violencia he decidido apoyar a la organización, uno de los pocos grupos que intenta responsabilizar a esta cadena por la información falsa y engañosa que tan a menudo transmite. Estoy apoyando en el Media Matters en un esfuerzo por publicitar más ampliamente el desafío que plantea al discurso civilizado e informado en nuestra democracia”.

La lucha que tiene entre ambas corrientes políticas de ningún modo exime las crítica que se vierten hacia el filántropo desde líneas conservadoras: el periodismo norteamericano ha dejado de ser tremendamente partidista, como antaño, para ser el escenario de las distintas batallas entre “la izquierda y la derecha del capital”, como le llamara Corsino Vela. La profesión hoy aspira a poco más que a hacer fact-checking al poder político, tarea a la que también George Soros, junto con el fundador de Ebay Pierre Omidyar, destinó 500.000 dólares en Reino Unido. ¿Pero quién hace fact-checking al poder económico?

Todo estos sucesos fueron resumidos por Chris Edges en La muerte de la clase liberal: “El capitalismo fue entendido una vez por los trabajadores como un sistema donde luchar, pero el capitalismo ya no se desafía. Los hombres como Warren Buffett, George Soros y Donald Trump ahora percibidos como sabios, simples famosos o populistas en el peor de los casos. Pero es una lealtad equivocada, la división en Estados Unidos no es entre republicanos y demócratas, sino entre las corporaciones capitalistas y los trabajadores”.

La dependencia del dinero privado como única alternativa a la crisis del periodismo

Las actividades filantrópicas de Soros ilustran a la perfección cómo se fomenta la dependencia del capital privado en la industria periodística. Así se explica que la beca más grande entregada entre 2005 y 2009, de casi 16 millones de dólares, fuera a parar al Media Development Loan Fund, Inc. (MDIF), el único fondo de inversión global del mundo para medios de comunicación independientes. El MDIF ofrece financiamiento y asistencia técnica para negocios independientes de noticiase información ayudándoles a ser financieramente sostenibles. “Invertimos en medios que ofrecen las noticias, la información y el debate que las personas necesitan para construir sociedades libres y prósperas”. Los más de 164 millones de dólares que ha invertido el fondo en 113 negocios de noticias independientes en 39 países de todo el mundo desde 1996 habla bien de que la crisis del periodismo, en lugar de solventarse mediante fondos públicos, debe afrontarse mediante inversores que ofrecen planes privados de riesgo.

De esta forma, los medios se encuentran obligados a participar en un ecosistema mediático hipercompetitivo, pero siempre bajo una determinada forma de ver el mundo, liberal o conservadora, alejado del intereses público y reflejando los intereses privados de quien les financia. Una conclusión a la que llegaron las principales fundaciones del país en 2011, durante una conferencia en Nueva York que reunió a una serie de fundadores de empresas de medios. Allí se puso de manifiesto que, dada la falta de apoyo comercial y gubernamental, las fundaciones tenían “una gran responsabilidad cívica para encontrar soluciones a la crisis del periodismo”. Lo explicaba en un trabajoacadémico el sociólogo de la Universidad de California en Berkley Rodney Benson, donde señalaba que los medios han quedado atrapados entre el fracaso del modelo de negocio periodístico y la ideología neoliberal, que rechaza ofrecer una respuesta pública a dicha crisis. “Los reformistas decididos a restaurar la edad de oro del periodismo de servicio público de los Estados Unidos han recurrido a la filantropía para salir del atolladero”, apuntaba Benson. Este es quizá uno de los grandes problemas que supone la filantropía para el periodismo: verse obligado a recurrir al mercado para sostener económicamente un derecho como la libertad de expresión, recogido en la primera enmienda de la Constitución estadounidense.

La corrupción y perversión del debate “público”

Por ello, lejos de ver la filantropía de Soros desde la teoría conspirativa de la nueva o la vieja ultraderecha, como las críticas que ha recibido de Breibart con el fin de buscar un enemigo común contra la ideología liberal, se trataría de verlos en otros términos. Por ejemplo, de la misma forma que señalaba el profesor emérito de la London School of Economics (LSE) Leslie Sklair sobre el motivo por el que Soros ha destinado tanto dinero en invertir en medios de comunicación de todo el mundo: “los filántropos corporativos representan el impulso de las relaciones públicas de la nueva clase capitalista transnacional”.

De este modo, al mismo tiempo que financia a los medios de comunicación para que informen de manera libre sobre la actividad política, Soros otorga cuantiosassumas de dinero a partidos políticos de forma directa o indirecta para avanzar en su agenda. En 2004 destinó cerca de 27 millones de dólares en apoyar agendas contrarias al presidente Bush y posteriormente transfirió directamente ocho millones a la campaña de Hillary Clinton, junto al millón que donó a la Fundación Clinton. Ello explica el motivo por el que la antigua secretaria de Estado presionara en su momento en favor de los intereses de Soros, como publicó esta revista en relación a los correos electrónicos filtrados por Wikileaks.

Esta especie de corrupción de la esfera pública habermasiana que lleva a cabo el dinero privado de filántropos mientras dicen salvarla mediante el periodismo libre se ilustra perfectamente con algunos ejemplos concretos. En el año 2009, George Soros propuso a través de Project Syndicate una iniciativa para que los países desarrollados crearan una especie de “fondo verde” para combatir el cambio climático en los países en desarrollomediante la inyección de miles de millones del Fondo Monetario Internacional (FMI) para proyectos agrícolas. La cuestión era de interés para el filántropo puesto que uno de sus fondos tenía más de 200 millones de dólares en Adecoagro, participación que vendió en 2017, una compañía cuya domiciliación legal se encuentra en Luxemburgo. Adecoargo posee cientos de miles de hectáreas de tierras de cultivo en América del Sur y se beneficiaría enormemente de dicha iniciativa.

Una visión favorable al medioambiente que bien puede cambiar según sus intereses lo requieran. Si bien Soros ha incrementado sus inversiones multimillonarias en empresas estadounidenses y extranjeras que extraen petróleo y gas, también defendió una propuesta del gobierno de Barack Obama para emplear el gas natural como un combustible menos intensivo en carbono con el fin de tender hacia un “futuro de energía limpia”. Dicha medida gubernamental ofrecía grandes incentivos a Westport Innovations, una compañía que convierte motores diésel para el uso de gas natural y es parcialmente propiedad de uno de los fonos de Soros, como señalaba The Street.

En resumen, Soros le enseña al periodismo una lección importante: la industria tiene futuro siempre que la billetera de los filántropos esté abierta. Pero la concepción de ‘sociedad abierta’ apoyada por el filántropo es una sociedad dependiente del dinero corporativo. Una interpretación bastante peculiar de aquella idea expuesta precisamente por Karl Popper en el segundo tomo de La Sociedad abierta y sus enemigos: “Si estamos en silencio, ¿quién hablará?”. Ahora todos los medios tienen la capacidad de hablar, pero no de lograr cambios de calado, puesto que quienes corrompen el sistema democrático son los mismos que financian la profesión que debe soportarlo; el componente crítico del periodismo se diluye ante la hegemonía cultural dominante, como revelan los Papeles del Paraíso. Lo resumía a la perfección el escritor Martín Caparrós cuando hablaba precisamente de dicha filtración: “El periodismo es un engranaje necesario de este juego hipócrita: el que obliga a los gobiernos a decir, cada tanto, ‘Oh, qué sorpresa, aquí se roba’, y hacer como si fueran a hacer algo”. Solo que el mercado ya ha superado a los gobiernos. El periodismo, inmerso en una crisis eterna,se encuentra en tierra de nadie batallando contra unos gigantes que no parecen ser otra cosa que molinos de viento. Como le ocurría al Don Quijote dibujado hace siglos por Cervantes.

One of us, un lobby ultracatolico con intereses económicos detrás


18-05-2018 

Antonio Gómez Movellán
Rebelión

En España la eutanasia es un delito y cualquier persona que ayude a morir a otra persona es considerada un delincuente criminal. Las penas van de cuatro años a ocho años de prisión según el artículo 143 del Código Penal. Sin embargo existe una fuerte presión social para que se despenalice y regule la eutanasia ya que, según las encuestas oficiales, un 83% de españoles quiere una ley de eutanasia. Además, algunas asociaciones como Derecho a Morir Dignamente han impulsado el debate en la sociedad civil.
La presión histórica de la Iglesia católica en España, y en Europa, ha sido clave para mantener los derechos de las personas, y morir dignamente lo debería ser es, congelados. Durante años en España, los derechos de las mujeres, lesbianas u homosexuales, han estado torpedeados por la presión de la Iglesia católica y lo siguen estando. La “sacralidad” de la vida y el enarbolamiento de la bandera de la familia son los argumentos que utilizan para bombardear ideológicamente a la dignidad humana. Todos los gobiernos de la izquierda o de la derecha han sucumbido, durante cuarenta años, al clericalismo católico y ha sido la sociedad civil quien ha impuesto los avances como el matrimonio para homosexuales, la despenalización del aborto o el matrimonio civil y divorcio más rápido. Sin embargo la eutanasia parece una barrera infranqueable.
El lobby europeo One of us (uno de nosotros)- lobby compuesto por organizaciones “próvida” y de organizaciones ultra católicas sectarias- y presidido por el español Jaime Mayor Oreja, ha lanzado una campaña para impedir que, en España, se despenalice la eutanasia y aprovechando el caso el niño británico Alfie Evans han involucrado al Vaticano y al Papa Francisco en la misma.
Esta campaña ultra católica ha coincidido con la presentación, en el parlamento español, de varias iniciativas para la regulación de la eutanasia. Así el Partido socialista ha presentado, recientemente, un tímido proyecto de ley que regula la eutanasia en determinados casos .El proyecto es timorato ya que se basa ,sobre todo, en razones de sufrimientos provocados por enfermedades terminales y se establece órganos fiscalizadores que bien pudieran torpedear la aplicación de la ley si esta se llega a aprobar, aunque sería un paso adelante ya que se despenalizaría la eutanasia en algunos supuestos y se consideraría, la eutanasia, un derecho de la persona a sufragar por la sanidad pública.
El lobby One of us está ya presionando a los grupos parlamentarios españoles-sobre todo a Ciudadanos y al Partido Popular-, para no aprobar, si se llega a votar, este proyecto de ley. El lobby está muy interesado en confrontar la eutanasia con los “cuidados paliativos”. La vida es sagrada y está por encima de la libertad de conciencia ya que la vida es de Dios. En base a esta teología de pacotilla, los hospitales católicos están desarrollando un gran negocio en España en los cuidados paliativos. De tal forma, que organizaciones como el Opus dei o San Juan de Dios, o Hermanas hospitalarias, entre otras organizaciones católicas, están cada vez más involucrados en el negocio de los cuidados paliativos .En España, en algunas regiones, casi el 60% de las plazas de cuidados paliativos están controlados por organizaciones católicas y en otros países europeos pasa lo mismo. Los hospitales católicos se están haciendo fuertes en este negocio. Además, teniendo en cuenta las tendencias privatizadoras de la sanidad pública existe una presión para que este tipo de servicios se presten en los hospitales católicos.
 El presidente del lobby One of us , es un viejo conocido de la política en España y se vanagloria de ser “democratacristiano”. Su tío, Marcelino Oreja , alto funcionario del franquismo, y ministro de asuntos exteriores en el primer gobierno de la transición , fue el negociador de los Acuerdos con la Santa Sede entre el Estado español y la Santa Sede del año 1979 y siempre ha aparecido muy ligado a los intereses del catolicismo en España. También su sobrino, el presidente de One of Us  Jaime Mayor, durante años fue Ministro del Interior, y se caracterizó por su belicismo en la lucha contra ETA. En su tiempo, como ministro del Interior, ETA declaró una tregua unilateral pero Mayor Oreja la combatió y rechazó cualquier negociación. Tal fue así que el nacionalismo vasco moderado le relacionó con los intereses económicos de la protección y seguridad privada en el País Vasco y siempre le acusó de ser un político interesado en la continuidad del conflicto y no en la lucha por la paz. Incuso hoy, que ETA ya no existe y se ha disuelto formalmente, sigue insistiendo en planteamientos belicistas y forzar tensiones inexistentes en la sociedad vasca. Jamás ha condenado el franquismo y considera el aborto como “algo propio de los bolcheviques” y la eutanasia “propio de estados totalitarios”
Detrás de One of US existen organizaciones como Hazte Oir que han sido vinculadas a la secta ultracatólica mexicana El yunque y que se ha caracterizado por sus campañas homofobas y contra los derechos de los transexuales. One of Us constituye una red de organizaciones europeas ultra católicas animadas por grupos de intereses diversos como universidades, hospitales y órdenes y sectas religiosas católicas. Una red de organizaciones prestas a enraizarse y a difundir valores reaccionarios. En su manifiesto se pueden leer cosas del siguiente tenor:. “Somos conscientes de que nuestros valores han estado en declive durante las últimas décadas(..) en España y en Europa donde casi ya no hay distinción de partidos políticos sean de izquierda, derecha o centro donde parecen haberse sometido a intereses globalistas hacia una dictadura contra los seres humanos. Por ello no queremos quedarnos atrapados como un partido político e ir más allá. Queremos abordar esta crisis por sus raíces y sólo será posible con la movilización de miles- millones de ciudadanos.”
En cuanto a la Unión Europeo su proyecto lo expresa en su manifiesto fundacional: “Nuestros principales adversarios, son los que incluyen la falta de sentido último, la pérdida del compromiso social, el subjetivismo individual y el relativismo moral, tienen no sólo una dimensión europea sino también global. La Unión Europea debe ser la expresión de un conjunto de valores basados ​​en raíces judeo-cristianas”. 
One Of Us, ha intentado agrupar a los organizaciones provida más reaccionarias de Europa y con esos mimbres desarrollar un discurso contra el “relativismo moral” que intente movilizar a los católicos para frenar el avance de los derechos de las personas en Europa para imponer una moral católica en la sociedad. One of Us, en nombre de una supuesta la raíz judeocristiana europea, quieren condenar la libertad sexual y la libertad de conciencia de las personas. Ahora le ha tocado a España: frente a la eutanasia plantean los cuidados paliativos en los hospitales católicos. Una alternativa muy cristiana además de muy rentable para los bolsillos de los hospitales católicos.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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