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viernes, 17 de marzo de 2017

los recortes sirven para que el Gobierno gaste 25 millones de euros en asesores a dedo para los ministros





El Gobierno gasta 25 millones de euros en asesores a dedo para los ministros

Cuatro eventuales cobran más que el presidente y 18, más que los ministros a los que asesoran




Íñigo Méndez de Vigo, portavoz del Gobierno, en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros del viernes pasado. 

El primer Gobierno de Mariano Rajoygastó al menos 25,6 millones de euros en contratar asesores eventuales para sus ministerios. Esa fue la cantidad que destinó entre 2012 y 2015 a pagar los sueldos de trabajadores que no pasan por ningún proceso selectivo para ocupar puestos retribuidos con más de 60.000 euros brutos de media al año. Entre 2012 y 2015, el gasto en asesoría creció un 16,7%
En el primer año de la X legislatura, los 13 ministerios contaban con 123 asesores eventuales, con el Ministerio de Industria, Energía y Turismo, entonces dirigido por José Manuel Soria, a la cabeza de la lista con 18 de estos puestos de confianza. En 2015 también Industria, con 19 asesores, lidera la clasificación, pero en todos los departamentos ministeriales han aumentado estos puestos, que suman 137.
Cuatro de los asesores eventuales que trabajan directamente para ministros y secretarios de Estado cobran más que el propio presidente Mariano Rajoy. Tres de ellos asesoran a Cristóbal Montoro en el Ministerio de Hacienda y uno, a Luis de Guindos en el de Economía. La directora de Comunicación de Montoro percibe hasta un 21% más que Rajoy porque roza los 100.000 euros; el sueldo del presidente en 2015 fue de 78.185 euros.








El gasto ministerial en asesorespulsa en la foto
GRÁFICO: El gasto ministerial en asesores


Cobrar más que un ministro

Hasta 18 de estos trabajadores cobran más que los propios ministros a los que asesoran. Estos últimos percibieron 68.982 euros de retribución bruta en 2015, y hay 18 consejeros cuyos sueldos anuales oscilan entre los 69.000 y los 99.000 euros brutos. Entre ellos hay directores de gabinete de secretarios de Estado, directores de comunicación, asesores parlamentarios y asesores de comunicación.
Pese a que trabajan para todos los ciudadanos y sus sueldos proceden de los Presupuestos Generales del Estado, los asesores de los ministros y del presidente del Gobierno eran hasta la entrada en vigor de la Ley de Transparencia poco menos que un secreto de Estado: ni sus nombres ni sus retribuciones eran públicos. Organizaciones como Civio llevan años reclamando que se conozca quién asesora al Gobierno.
En 2015 el Gobierno publicó por primera vez un listado que los identificaba e informaba del servicio que realizan y su retribución en 2012 y 2013. Sin embargo, desde entonces no solo no lo ha actualizado, sino que ha tratado de evitar por todos los medios volver a dar los datos. Varios de los asesores que vieron sus nombres publicados se quejaron y el Gobierno decidió ocultarlos.
Sus currículos nunca han sido públicos, por lo que los ciudadanos no pueden comprobar si tienen la formación y experiencia necesarias para desempeñar su labor. Algunos son muy versátiles. Al menos cinco asesores han cambiado de ministerio en un mismo año. Ha habido trasvases de Exteriores a Educación, de Fomento a Presidencia, de Agricultura a Presidencia y de Educación a Justicia.
La diferencia con otros puestos es evidente. Cuando se nombra a un funcionario asesor por procedimiento de libre designación, es decir, se le cambia de puesto dentro de la Administración, sí se conoce porque se publica en el Boletín Oficial del Estado, con su nombre y dos apellidos.
Después de una serie de peticiones de información amparadas en la Ley de Transparencia, y de un trámite administrativo de casi año y medio, EL PAÍS ha conseguido los datos de 2014 y 2015 de los asesores de los ministros.
El gasto anual en este tipo de asesoría supone, de media, más de 490.000 euros al año por ministerio, según el análisis realizado a partir de estos datos. El ministerio más austero fue Exteriores, que en 2014 gastó 235.687 euros en los cinco asesores a los que retribuyó ese año. Industria empleó más del triple, 845.208 euros, en los sueldos de sus 19 asesores en 2015.
Por ahora no es posible comparar con Gobiernos anteriores, porque entonces no había una Ley de Transparencia que amparara este tipo de solicitudes.

Los asesores del presidente, un misterio

Al dato de los 25,6 millones de euros empleados en cuatro años para pagar las nóminas de estos trabajadores habría que sumar a los que asesoran directamente al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. Pese a que son el grupo más numeroso, este diario no ha conseguido que Presidencia del Gobierno desvele quiénes son ni cuánto ganaron en 2014 y 2015. Sí se sabe, porque así lo hizo público el propio gobierno, que en 2013 eran 26 personas, y costaron más de 1,5 millones de euros al erario público.
"Celebramos que el Gobierno cumpla con la resolución del Consejo en un tema tan relevante para la transparencia y la rendición de cuentas. Esperamos que publiquen los datos del personal del ministerio de Presidencia también", asegura Alba Gutiérrez, portavoz de la organización Access Info. "Hacemos un llamamiento al Gobierno para que las retribuciones con dinero público de publiquen de forma proactiva y no haya que esperar un año y medio para conocer la información", añade.
En los ministerios hay muchas decenas más de trabajadores eventuales nombrados a dedo que en la relación de puestos de trabajo (RPT) de la Administración aparecen, por ejemplo, bajo la figura de "consejero técnico". Habría que sumarles para conocer el gasto total del Gobierno en asesores de confianza, como a los funcionarios de carrera nombrados a dedo para un puesto en el que cobran más que en su plaza. Estos datos, por ahora, son imposibles de obtener.

Nombres que no aparecen

EL PAÍS también ha detectado varios casos de errores y omisiones, tanto en el listado hecho público con datos de 2012 y 2013 como en los datos que los propios ministerios han aportado gracias a la Ley de Transparencia. Hay asesores dedicados a tareas de comunicación cuyos nombres no aparecen (ni sus salarios). Otros han estado contratados por empresas públicas pese a dedicarse a asesoría en gabinetes de secretarios de Estado. Ni el Ministerio de Presidencia ni el de Hacienda y Función Pública explicaron qué criterio se sigue para facilitar unos nombres y no otros.
El número de asesores que pueden tener los miembros del Gobierno se recoge en el Real Decreto 1887/2011. Los gabinetes de los ministros están formados por un director, con rango de director general, y por un máximo de cinco asesores.
Los gabinetes de los secretarios de Estado también tienen director y un máximo de tres asesores. Los directores son altos cargos y se da cuenta de sus nombres y retribuciones en una relación que sí se publica en el Portal de Transparencia. A diferencia de lo que ocurre con los asesores, también se pueden consultar sus currículos.
Los nombres y sueldos de los asesores eventuales deben ser públicos, según el criterio conjuntoelaborado por el Consejo de Transparencia y Buen Gobierno y la Agencia Española de Protección de Datos, porque ocupan "un puesto de especial confianza" y están en él por "un procedimiento basado en la discrecionalidad". Como en el caso de los altos cargos, estas plazas, obtenidas a dedo y donde trabajan directamente bajo las órdenes de ministros y secretarios de Estado, prima el interés público sobre la protección de datos y la intimidad, concluyen los dos organismos públicos.
"No deberíamos tener que esperar tanto para conocer las retribuciones de cargos públicos; si hubiera verdadera voluntad de transparencia se publicarían de forma proactiva", afirma Gutiérrez. "Este cumplimiento de la resolución del Consejo demuestra la importancia de disponer de una Ley de Transparencia", añade. 

Qué hacen otras Administraciones

La Comunidad de Madrid (PP) publica en su página web los nombres y sueldos brutos anuales de sus asesores. Tiene unos 140 que cuestan a los madrileños alrededor de 7,5 millones de euros al año. La Generalitat de Catalunya (Junts pel Sí) también mantiene un listado actualizado mes a mes de sus altos cargos y asesores, con mención incluso a la fecha en la que empezaron a trabajar.
El Ayuntamiento de Madrid, en manos de Ganemos Madrid, publica asimismo mucha información sobre sus cargos a dedo: son 134 asesores que cuestan casi 8,8 millones de euros. Incluye los currículos, de forma que cualquiera pueda comprobar qué formación y experiencia tienen.
investigacion@elpais.es








TRANSPARENCIA FUERZA A GUINDOS A REVELAR QUIÉN LE ASESORA

El ministro de Economía, Luis de Guindos. EFE

El único ministerio que se negó oficialmente a desvelar las retribuciones de la mayoría de sus asesores fue el de Economía. Ocho de los 12 trabajadores a dedo del departamento de Luis de Guindos, entre ellos su directora de comunicación, alegaron cuestiones relativas a protección de datos de carácter personal, y su propio ministerio aceptó esas alegaciones. Sin embargo, sus datos no se consideran especialmente protegidos, es decir, no entran en las excepciones que prevé la ley (ideología, afiliación sindical, religión...). De hecho, los nombres de algunos de ellos figuran en la página web del ministerio. Lo que pretendían ocultar, por tanto, era únicamente su sueldo.
El Consejo de Transparencia tuvo que remitir en enero de 2017 un oficio de reiteración a Economía instando a cumplir su resolución de julio de 2016 en la que daba la razón a EL PAÍS.  "No se entiende las razones por las cuales se ha estimado necesario abrir un trámite de alegaciones", afirma el oficio, que recuerda que la propia Administración publicó datos sobre personal eventual en 2015que siguen disponibles online. Finalmente, y después de casi año y medio, todos los ministerios tuvieron que entregar la documentación.

fuel pais

votar és "antidemocràtic? per al PP sembla que sí


El PP envia una carta a tots els eurodiputats que diu que votar és "antidemocràtic"
Esteban González Pons i Santiago Fisas diuen a tots els eurodiputats que fer un referèndum era il·legal el 2014 i “encara ho serà la tardor del 2017”




ACN Estrasburg .- El grup del Partit Popular espanyol al Parlament Europeu ha replicat al correu electrònic que van escriure ERC i el PDECAT sobre la sentència del 9-N assegurant que “no hi ha res més antidemocràtic que vulnerar la llei”. En un escrit a tots els eurodiputats, el cap de files del grup del PP espanyol, Esteban González Pons, i l’eurodiputat del PP català, Santiago Fisas, asseguren que la sentència del 9-N “no tracta la legalitat o il·legalitat de fer un referèndum, sinó la desobediència de les autoritats del govern català a una ordre del Tribunal Constitucional”. Al correu, però, el PP espanyol també remarca que fer una consulta “era il·legal sota el marc legal espanyol el 9-N” i “encara serà il·legal la tardor del 2017”.


“Els líders polítics condemnats”, assegura el correu del PP espanyol, “eren els encarregats de fer complir la llei”. “No només no ho van fer, sinó que van contravenir deliberadament el Tribunal Constitucional”, diu el missatge, que han rebut els 751 eurodiputats del Parlament Europeu i els seus assistents.





“No hi ha acció més antidemocràtica que vulnerar les lleis que el poble espanyol s’ha donat a sí mateix, especialment si es tracta de la Constitució, la llei fonamental que estableix el nostre estat de dret”, indiquen González Pons i Fisas.


Els dos eurodiputats assenyalen que “si la llei no es respecta, la democràcia pateix” i mencionen l’informe de la Comissió de Venècia sobre la reforma del Tribunal Constitucional per indicar que “el primer mandat d’un demòcrata és obeir les decisions judicials”.





“El govern espanyol ha de fer complir la Constitució i la llei i garantir que es compleixen”, diu el correu electrònic, que afegeix que “no està a les mans dels governs negociar un referèndum que era il·legal” pel 9-N i que “encara serà il·legal la tardor del 2017”.


Els eurodiputats d’ERC i el PDECAT van assegurar dimarts a tot el Parlament Europeu que la condemna a Artur Mas, Irene Rigau i Joana Ortega pel 9-N és “vergonyosa i antidemocràtica”. En un correu electrònic dirigit a la resta d’eurodiputats, els catalans Ramon Tremosa (PDECAT), Josep-Maria Terricabras (ERC) i Jordi Solé (ERC) van dir que la sentència “no aturarà la voluntat del poble català d’expressar-se a les urnes”.





“De nou, el govern espanyol converteix una qüestió que s’hauria de debatre amb diàleg i responsabilitat en un judici polític”, van remarcar els tres eurodiputats, assenyalant que el govern català “ha demanat reiteradament” l’inici de converses amb l’Estat espanyol per pactar un referèndum.





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aquest va caure de la secretaria general del PSOE dies més tard. Quan va fer el mateix, i en anglès, per donar suport a Hillary Clinton, qui superava a Donald Trump en totes les enquestes, el resultat va acabar en la mateixa direcció: victòria del magnat nord-americà.
















PORTADA
@BESTIARI2014
OPINIÓ
EDITORIAL
LLIBRES
































Els tres escenaris que preveu l’ANC pels propers mesos

  1. Els tres escenaris que preveu l’ANC pels propers mesos

L'entitat sobiranista defensa que si l'Estat veta el referèndum, el Parlament -o l'Assemblea de Càrrecs Electes- ha de declarar la independència


Guifré Jordan @enGuifre – L’ANC es prepara per l’Assemblea General ordinària que aquest any celebrarà el 29 d’abril a Granollers i ha fet públic el full de ruta pels propers mesos que proposa als socis. El referèndum és un punt irrenunciable per l’entitat, i entra a detallar que hauria de ser binari, amb victòria pel Sí si arriba al 50%+1 vots i sense mínim de participació. No obstant això, l’Assemblea és conscient que l’Estat podria recórrer a alguna maniobra coercitiva que l’impedís, i és per això que planteja tres escenaris possibles pels propers mesos per garantir que el camí cap a la plena sobirania segueix fins i tot en cas de suspensió de l’autonomia. Cap d’ells preveu unes eleccions substitutòries al referèndum. 
Escenari 1: Llei de transitorietat, referèndum, independència
El primer escenari, ideal per a l’independentisme però poc probable, preveu l’aprovació de la llei de transitorietat jurídica, la convocatòria d’un referèndum, la celebració de la votació sense oposició de Rajoy i l’inici de negociacions amb Madrid per fer efectiu el canvi de fronteres si guanya el Sí. En cas que guanyi el No, fi del procés. Amb tot, les opcions que el govern espanyol es quedi de braços creuats són ínfimes.
Escenari 2: Bloqueig espanyol previ a la llei de transitorietat, veto al referèndum, declaració d’independència
El segon escenari és un bloqueig de l’executiu popular al primer dels passos descrits en l’escenari 1: la llei de transitorietat. En aquest supòsit, l’ANC “activarà les accions dirigides a exercir la plena sobirania del poble català en consonància amb el reconeixement únic de les institucions catalanes com a representants polítiques legítimament i democràticament escollides”. I si Rajoy continua amb el bloqueig fent impossible el referèndum per la via de les inhabilitacions o suspensions competencials, l’entitat farà lobby perquè el Parlament proclami la independència. En aquesta possibilitat, es preveu activar l'Assemblea d'Electes de Catalunya si el Parlament també caigués a mans de l’Estat per la força.
Escenari 3: Aprovació de la llei de transitorietat, veto al referèndum, sobirania de Catalunya
L’últim supòsit és que la llei de transitorietat pugui ser aprovada però que Espanya veti per la força l’execució d’un referèndum. En aquest cas, “l’ANC només considerarà com a vigent la legislació sortint de la llei de transitorietat jurídica, [i] en farà obediència”. Així, promourà que Catalunya comenci a exercir la sobirania, és a dir, que passi a ser independent de facto.  

Por qué seguirá ganando el sistema?


Indignación y protestas por todo Occidente
Por qué seguirá ganando el sistema

Perry Anderson
Le Monde Diplomatique


Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos


Brexit, victoria de Trump, movimientos populistas de Europa: desde la izquierda a la derecha, Occidente protesta contra las ortodoxias neoliberales y globalistas de los últimos 40 años.
Hace 25 años era usual utilizar el término “movimientos antisistema” (1) para caracterizar a fuerzas de la izquierda que se alzaban contra el capitalismo. Actualmente no ha perdido relevancia en Occidente, aunque ha cambiado su significado. Los movimientos de revuelta que se han multiplicado en la última década ya no se rebelan contra el capitalismo, sino contra el neoliberalismo —flujos financieros desregulados, servicios privatizados y aumento de la desigualdad social, esa variante específica del reinado del capital establecido en Europa y Estados Unidos desde la década de 1980. El orden económico y político resultante ha sido aceptado casi indistintamente por gobiernos de centro derecha y de centro izquierda, de acuerdo con el principio fundamental de la pensée unique, el dictado de Margaret Thatcher de que “no hay alternativa”. Actualmente se presentan dos tipos de movimientos contra este sistema. El orden establecido los tilda de amenaza del populismo, ya sea de derecha o de izquierda.
 No es casual que estos movimientos aparecieran antes en Europa que en Estados Unidos. Sesenta años después del Tratado de Roma, la razón es clara. El mercado común de 1957, un producto de la comunidad del carbón y del acero del Plan Schuman, concebido tanto para evitar cualquier retorno de un siglo de hostilidades franco-alemanas como para consolidar el crecimiento económico de la postguerra en Europa occidental, fue el producto de un período de pleno empleo y aumento de los ingresos populares, afianzamiento de la democracia representativa y desarrollo de los sistemas de bienestar. Sus disposiciones comerciales incidieron muy poco en la soberanía de las naciones que lo formaban, que resultaron más fortalecidas que debilitadas. Los presupuestos y los tipos de cambio los determinaban internamente los parlamentos nacionales que tenían que rendir cuentas al electorado nacional y en los que se debatían enérgicamente políticas opuestas políticamente. París rechazó los intentos de agrandarse de la Comisión de Bruselas. No sólo Francia bajo la dirección de Charles de Gaulle, sino también, a su propia manera más discreta, Alemania Occidental bajo Konrad Adenaue siguieron unas políticas exteriores independientes de Estados Unidos y capaces de desafiarlo.
El final de los trente glorieuses supuso un cambio fundamental para esta construcción. Como analiza el historiador estadounidense Robert Brenner, (2) desde mediados de la década de 1970 el mundo capitalista avanzado entró en una larga recesión: tasas de crecimiento más bajas y aumentos más lentos de productividad década tras década, menos empleo y mayor desigualdad, salpicados de fuertes recesiones. Desde la década de 1980 se invirtieron las direcciones políticas, empezando en Reino Unido y Estados Unidos para a continuación extenderse a Europa gradualmente: se recortaron los sistemas de bienestar, se privatizaron las industrias y servicios públicos, y se desregularon los mercados financieros. Había llegado el neoliberalismo. En Europa esto ocurrió con el tiempo para adoptar una forma institucional excepcionalmente rígida: la cantidad de Estados miembros de lo que era la Unión Europea se multiplicó por más de cuatro al incorporar una vasta zona de bajos salarios en el este.
Austeridad draconiana
 Desde la unión monetaria (1990) al Pacto de Estabilidad (1997) y después el Acta del Mercado Único (2011) se anularon los poderes de los parlamentos nacionales en una estructura supranacional de autoridad burocrática protegida de la voluntad popular, tal como había profetizado el economista ultraliberal Friedrich Hayek. Una vez instalada esta maquinaria se pudo imponer a los electorados indefensos la austeridad draconiana bajo la dirección conjunta de la Comisión y una Alemania reunificada, ahora el Estado más poderoso de la Unión, donde importantes pensadores anuncian francamente su vocación de hegemonía continental. Externamente, en el mismo periodo la UE y sus miembros dejaron de desempeñar cualquier papel significativo en el mundo contrario a las directrices estadounidenses y se convirtieron en la vanguardia de las políticas de una nueva Guerra Fría respecto a Rusia establecidas por Estados Unidos y pagadas por Europa.
Así pues, no es de extrañar que al desobedecer la voluntad popular en los sucesivos referendos e incorporar al derecho constitucional los decretos presupuestarios, el cada vez más oligárquico elenco de la UE haya generado tantos movimientos de protesta en su contra. ¿Qué panorama ofrecen estas fuerzas? En el núcleo de la UE anterior a la ampliación, la Europa occidental de la era de la Guerra Fría (la topografía de Europa oriental es tan diferente que se puede dejar de lado a este respecto), los movimientos de derecha dominan la oposición al sistema en Francia (Frente Nacional), los Países Bajos (Partido para la Libertad, PVV), Austria (Partido de la Libertad de Austria), Suecia (Demócratas Suecos), Dinamarca (Partido del Pueblo Danés), Finlandia (Finlandeses Verdaderos), Alemania (Alternativa para Alemania, AfD) y Gran Bretaña ([Partido de la Independencia de Reino Unido] UKIP).
En España, Grecia e Irlanda han predominado los movimientos de izquierda: Podemos, Syriza y Sinn Fein. De manera excepcional, Italia tiene tanto un fuerte movimiento antisistémico de derecha en Lega como otro aún mayor más allá de la división izquierda/derecha en el Movimiento Cinco Estrellas (M5S): su retórica extraparlamentaria sobre las tasas y la inmigración lo sitúa a la derecha aunque a la izquierda lo sitúan su trayectoria parlamentaria de continua oposición a las medidas neoliberales del gobierno de Matteo Renzi (particularmente respecto a la educación y a la desregulación del mercado laboral) y su papel fundamental en la derrota de la apuesta de Renzi para debilitar la constitución democrática de Italia (3). Se puede añadir Momentum, que surgió en Gran Bretaña tras la inesperada elección de Jeremy Corbyn como líder del Partido Laborista. Todos los movimientos de derecha excepto AfD son anteriores a la crisis de 2008; algunos se remontan a la década de 1970 e incluso antes. Syriza creció y M5S, Podemos y Momentum nacieron a consecuencia directa de la crisis financiera.
 El hecho fundamental es el mayor peso global de los movimientos de derecha respecto a los de izquierda, tanto por la cantidad de países donde tienen ventaja como por fuerza de voto. Ambos son reacciones a la estructura del sistema neoliberal, que encuentra su expresión más marcada y concentrada en la actual UE, con su orden basado en la reducción y privatización de los servicios públicos, la derogación del control y la representación democráticos, y la desregulación de los factores de producción. Los tres están presentes a nivel nacional en Europa, como en otras partes, pero tiene un nivel mayor de intensidad a nivel de la UE, como atestiguan la tortura de Grecia, el hecho de pisotear los referendos y la magnitud del tráfico de personas. En el ámbito político esas son las cuestiones que más preocupan a la población y mueven las protestas contra el sistema respecto a la austeridad, la soberanía y la inmigración. Los movimientos antisistema se diferencian por la importancia que otorgan a cada uno, a qué color de la paleta neoliberal son más hostiles.
 Los movimientos de derecha predominan sobre los de izquierda porque desde muy pronto hicieron suya la cuestión de la inmigración jugando con las reacciones xenófobas y racistas para lograr un amplio apoyo entre los sectores más vulnerables de la población. Con excepción de los movimientos en los Países Bajos y Alemania, que creen en el liberalismo económico, eso está típicamente vinculado (en Franca, Dinamarca, Suiza y Finlandia) no a la denuncia del Estado de bienestar sino a su defensa; se afirma que la llegada de inmigrantes lo mina. Pero sería erróneo atribuir toda su ventaja a esta carta, en ejemplos importantes (el Frente Nacional (FN) en Francia es el más significativo) también tienen ventaja en otros frentes.
La unión monetaria es el ejemplo más obvio. La moneda única y el Banco Central, diseñados en Maastricht, han hecho de la austeridad y la negación de la soberanía popular un sistema único. Los movimientos de izquierda pueden atacarlos tan vehementemente como cualquier movimiento de derecha, si no más. Pero las soluciones que proponen son menos radicales. A la derecha, el FN y Lega tiene remedios claros para las tensiones de la moneda única y la inmigración: salir del euro y detener el flujo. A la izquierda, con excepciones aisladas, nunca se han hecho unas demandas tan inequívocas. En el mejor de los casos, se sustituyen por ajustes técnicos de la moneda única, demasiado complicados para tener mucha aceptación popular, y por alusiones vagas y avergonzadas a las cuotas, que los votantes no entienden tan fácilmente como las francas propuestas de la derecha.
El reto de la cada vez mayor emigración
La inmigración y la unión monetaria crean dificultades especiales a la izquierda por razones históricas. El Tratado de Roma se basó en la promesa del libre movimiento de capital, mercancías y mano de obra dentro de un mercado común europeo. Mientras la Comunidad Europea estuvo confinada a países de Europa occidental, los factores de producción donde más importaba la movilidad eran el capital y las mercancías: en general la migración a través de las fronteras internas de la Comunidad eran bastante escasa. Pero a finales de la década de 1960 ya eran significativas las cifras de mano de obra inmigrante procedente de las antiguas colonias africanas, asiáticas y caribeñas, y de regiones semicoloniales del antiguo imperio Otomano. Más adelante la ampliación de la UE hacia el este de Europa incrementó drásticamente la migración interna de la UE. Por último, las aventuras neoimperialistas en las antiguas colonias del Mediterráneo —el bombardeo de Libia y el alimentar por intermediación la guerra civil en Siria— han provocado grandes oleadas de refugiados a Europa, junto con represalias terroristas por parte de militantes procedentes de una región en la que Occidente continua instalado como cacique, con sus bases, sus bombarderos y sus fuerzas especiales.
Todo esto ha provocado xenofobia: los movimientos antisistema de derecha se han alimentado de ella y los movimiento de izquierda han luchado contra ella leales a la causa del internacionalismo humano. Los mismos compromisos subyacentes han llevado a la mayor parte de la izquierda a oponer resistencia a cualquier idea de acabar con la unión monetaria, lo que se considera una regresión a un nacionalismo responsable de las pasadas catástrofes de Europa. Para ellos el ideal de unión europea sigue siendo un valor esencial. Pero la actual Europa de integración neoliberal es más coherente que cualquiera de las vacilantes alternativas que han propuesto hasta ahora. Austeridad, oligarquía y movilidad de factores forman un sistema interrelacionado. La movilidad de factores no se puede separar de la oligarquía: históricamente no se ha consultado a ningún electorado europeo acerca de la llegada de mano de obra extranjera o sobre la magnitud de esta; esto siempre ocurría a su espalda. La negación de la democracia, que se convirtió en la estructura de la UE, excluía desde el principio cualquier opinión acerca de la composición de su población. El rechazo de esta Europa por parte de movimientos de derecha es más consecuente políticamente que el de la izquierda, otra razón de la ventaja de la derecha.
Unos niveles récord de descontento de los votantes
La llegada de M5S, Syriza, Podemos y el AfD marcó un aumento del descontento popular en Europa. Las encuestas actuales registran unos niveles récord de desafección de los votantes a la UE. Pero, ya sean de derecha o de izquierda, el peso electoral de los movimientos antisistema sigue siendo limitado. En las últimas elecciones europeas los tres mejores resultados para la derecha —UKIP, el FN y el Partido del Pueblo Danés— supusieron aproximadamente el 25 % de los votos. En elecciones nacionales la cifra media en toda Europa occidental para estas fuerzas de derecha y de izquierda unidas es de aproximadamente el 15 %. Este porcentaje de electorado supone una amenaza pequeña para el sistema; el 25 % puede representar un quebradero de cabeza, pero a día de hoy el “peligro populista” del que alertan los medios sigue siendo muy modesto. Los únicos casos en los que un movimiento antisistema ha llegado, o pareciera que podría llegar, al poder son aquellos en los que un mal reparto deliberado de escaños, a través de una prima electoral creada para favorecer a la clase dirigente, sale mal o puede salir mal, como en Grecia e Italia.
En realidad, existe una enorme diferencia entre el grado de desilusión popular con la actual UE neoliberal (el verano pasado las mayorías en Francia y España expresaron su aversión a ella e incluso en Alemania apenas la mitad de las personas encuestas tenía una opinión positiva de ella) y la magnitud del apoyo a fuerzas que se declaran contrarias a ella. Es común la indignación o la aversión por aquello en lo que se ha convertido la UE, pero desde hace algún tiempo el determinante fundamental de las pautas de las elecciones europeas ha sido, y sigue siendo, el miedo. Se detesta de manera generalizada el status quo socioecónomico, aunque este es ratificado regularmente en las elecciones con la reelección de aquellos partidos que son responsables de él debido al temor a que alterar dicho estatus y alarmar a los mercados conlleve una miseria aún mayor. La moneda única no ha acelerado el crecimiento en Europa y ha infligido enormes penalidades a los países del sur más afectados. Pero la posibilidad de una salida aterroriza incluso a aquellas personas que ahora saben cuánto han sufrido por ella. Hay más miedo que ira. De ahí la conformidad del electorado griego con la capitulación de Syriza ante Bruselas, los reveses de Podemos en España, el arrastrar de pies del Parti de Gauche en Francia. Lo que subyace en todas partes es lo mismo. El sistema es malo, hacerle frente es arriesgarse a un castigo.
Entonces, ¿cómo se explica el Brexit? En toda la UE se teme a la inmigración masiva. Ese temor lo fomentó la campaña a favor de la salida en Reino Unido, campaña en la que Nigel Farage fue un destacado orador y organizador, junto con importantes conservadores. Pero por sí misma la xenofobia no es en absoluto suficiente para tener más peso que el temor a un colapso económico. En Inglaterra, como en todas partes, ha ido creciendo a medida que un gobierno tras otro mentía acerca de la magnitud de la inmigración. Pero si el referéndum sobre la UE hubiera sido simplemente una contienda entre estos miedos, como trató de hacer la clase dirigente política, sin lugar a dudas el voto a favor de permanecer habría ganado por un amplio margen, como ocurrió en el referéndum de 2014 sobre la independencia escocesa.
Había otros factores. Después de Maastricht la clase política británica rechazó la camisa de fuerza del euro, solo para seguir con un neoliberalismo nativo más drástico que cualquiera de los del continente: en primer lugar, el desmedido orgullo financializado del Nuevo Laborismo que sumió a Gran Bretaña en una crisis bancaria antes que cualquier otro país de Europa, a continuación un gobierno conservador-liberal demócrata de una austeridad más drástica que cualquiera de las generadas en Europa sin una coacción externa. Los resultados de esta combinación son únicos económicamente. Ningún otro país europeo se ha polarizado tan drásticamente por regiones entre metrópolis encerradas en una burbuja y con altos ingresos en Londres y el sudeste, y un norte y noreste empobrecidos y desindustrializados donde los votantes consideran que tienen poco que perder votando a favor de salir (que, significativamente, es una perspectiva más abstracta que abandonar el euro), pasara lo que pasara a la City y la inversión extranjera. El miedo contó menos que la desesperación.
Desde el punto de vista político, tampoco ningún otro país europeo ha manipulado tan descaradamente un sistema electoral: UKIP era el mayor partido británico individual en Estrasburgo bajo representación proporcional en 2014, pero un año más tarde, con el 13 % de los votos, obtuvo una sola plaza en Westminster, mientras que el Partido Nacional Escocés, con menos del 5 % obtuvo 55 escaños. Según los intercambiables regímenes laborista y conservador producidos por este sistema, los votantes situados en la parte inferior de la pirámide de ingresos dejaron de votar. Pero cuando de pronto se les concedió, por una vez, una verdadera posibilidad en un referéndum nacional, regresaron en masa para dar su veredicto sobre las devastaciones de Tony Blair, Gordon Brown y David Cameron.
Por último, y de forma contundente, está la histórica diferencia entre Gran Bretaña y el continente Durante siglos el país no solo fue un imperio que empequeñeció culturalmente a cualquier rival europeo, sino que, a diferencia de Francia, Alemania, Italia o la mayor parte del resto del continente no sufrió derrota, invasión u ocupación alguna en ninguna de las dos Guerras Mundiales. Por lo tanto, la expropiación de los poderes locales por parte de una burocracia en Bélgica estaba más abocada al fracaso que en otros lugares: ¿Por qué un Estado que había derrotado dos veces el poder de Berlín habría de someterse a la mezquina intromisión de Bruselas o Luxemburgo? Las cuestiones de identidad podrían superar más fácilmente a las cuestiones de interés que en el resto de la UE. Así pues, no funcionó la fórmula normal (el miedo a un castigo económico es superior al miedo a la inmigración extranjera), resentida por una combinación de desesperación económica y amour-propre nacional.
Estados Unidos salta en la oscuridad
 Estas fueron también las condiciones en las que un candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos con unos antecedentes y un temperamento sin precedentes (abominable a ojos de la opinión bipartidista dominante, sin hacer el menor intento de ajustarse a los códigos aceptados de conducta civil o política, y que no gusta a muchos de sus votantes) pudo atraer a suficientes trabajadores blancos del cinturón industrial despreciados como para ganar las elecciones. Como en Gran Bretaña, la desesperación fue mayor que la aprensión en las regiones proletarias desindustrializadas. También ahí y de una manera mucho más cruda y abierta, en un país con una historia más profunda de racismo nativo, se denunció a los inmigrantes y se exigieron muros, tanto físicos como procedimentales. Sobre todo, el imperio no era un recuerdo lejano del pasado, sino un vívido atributo del presente y una reivindicación natural respecto al futuro, aunque había sido dejado de lado por quienes estaban en el poder en nombre de una globalización que significó la ruina para la gente común y la humillación para su país. El eslogan de Donald Trump era “Make America Great Again” [Que Estados Unidos vuelva a ser grande*], que logró deshacerse de los fetiches del libre movimiento de productos y mano de obra, e ignorar las ataduras y devociones del multilateralismo: no se equivocaba al proclamar que su triunfo era un ostensible Brexit. Fue una revuelta mucho más espectacular ya que no se limitó a una única (y para la mayoría de la gente, simbólica) cuestión y careció de toda respetabilidad de la clase dirigente o bendición mediática.
La victoria de Trump ha sumido a la clase política europea, centro derecha y centro izquierda unidos, en una indignada consternación. Es bastante malo romper las convenciones establecidas sobre la inmigración. Puede que la UE haya tenido pocos escrúpulos en encerrar a los refugiados en la Turquía de Recep Tayyip Erdoğan, con sus decenas de miles de presos políticos, su tortura policial y la suspensión de lo que se entiende por el imperio de la ley, o en mirar hacia otro lado ante las barricadas de alambre de espino en toda la frontera norte de Grecia para mantener a los refugiados en las islas del Egeo. Pero, respetando las convenciones diplomáticas, la UE nunca se ha vanagloriado abiertamente de sus exclusiones. La falta de inhibición de Trump en estas cuestiones no afecta directamente a la UE. Lo que sí le afecta, y es motivo de una preocupación mucho más grave, es su rechazo de la ideología del libre movimiento de factores de producción y, aún más, su displicente indiferencia por la OTAN y sus comentarios acerca de mantener una actitud menos beligerante con Rusia. Habrá que ver si algo de esto es más que un gesto que pronto caerá en el olvido, como muchas de sus promesas referentes a cuestiones internas. Pero su elección ha materializado una importante diferencia entre una serie de movimientos antisistema de derecha o de un centro ambiguo y partidos de izquierda, rosas o verdes convencionales. En Francia e Italia los movimientos de derecha se han opuesto sistemáticamente a las políticas de la nueva Guerra Fría y a las aventuras militares aplaudidas por los partidos de izquierda, incluyendo el bombardeo sobre Libia y las sanciones a Rusia.
El referéndum británico y las elecciones estadounidenses fueron unas convulsiones antisistema de la derecha, aunque estuvieron flanqueadas por significativos incrementos antisistema de la izquierda (el movimiento de Bernie Sanders en Estados Unidos y el fenómeno de Corbyn en el Reino Unido), de menor escala, aunque menos esperados. No estará claro qué consecuencias tendrán Trump o el Brexit, aunque sin duda serán más limitadas que las predicciones actuales. El orden establecido está lejos de estar derrotado en ninguno de los dos países y, como ha demostrado Grecia, es capaz de absorber y neutralizar a una velocidad impresionante las revueltas desde cualquier dirección. Entre los anticuerpos que ya ha generado están los simulacros yuppies de avances populistas (Albert Rivera en España, Emmanuel Macron en Francia), que arremeten contra los callejones sin salida y corrupciones del presente, y prometen una política más limpia y dinámica en el futuro, más allá de los partidos decadentes.
Está clara la enseñanza de los últimos años para los partidos antisistema de izquierda en Europa. Para no ser superados por los movimientos de derecha no se pueden permitir ser menos radicales a la hora de atacar el sistema y deben ser más coherentes en su oposición a este. Eso significa hacer frente a la probabilidad de que la UE sea ahora tan dependiente de decisiones previas en su condición de construcción neoliberal que ya no se pueda pensar seriamente en reformarla. Habría que deshacerla antes de poder construir algo mejor, ya sea rompiendo la actual UE o reconstruyendo Europa sobre otras bases y arrojando Maastricht al fuego. A menos que se produzca otra crisis económica más profunda, ninguna de las dos opciones es muy probable.
Notas:

(1) Por parte de Immanuel Wallerstein, Giovanni Arrighi y otros.
(2) Robert Brenner, The Economics of Global Turbulence: the Advanced Capitalist Economies from Long Boom to Long Downturn 1945-2005, Verso, Nueva York, 2006.
(3) Raffaele Laudani, ‘Renzi’s fall and Di Battista’s rise’, Le Monde diplomatique, edición inglesa, enero de 2017.
 * [N. de la t.: Para la traducción de este eslogan véase el interesante artículo  ¿Cómo traducir ‘Make America Great Again’? Esta traductora se ha permitido añadir otra discrepancia: para los estadounidenses el nombre de su país es “America”, ignorando al los demás habitantes tanto de América del Norte como de América Central y Sur.

Perry Anderson enseña historia en la Universidad de California, Los Angeles, y su obra más reciente es The H-Word: the Peripeteia of Hegemony, Verso, Londres, 2017.
Fuente: http://mondediplo.com/2017/03/02brexit
Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y Rebelión como fuente de la traducción.

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