miércoles, 25 de mayo de 2016

Globalización: La dictadura de las multinacionales

Globalización: La dictadura de las multinacionales

Arturo Van den Eynde
IAR Noticias


Las 200 empresas multinacionales mas poderosas dictan la política mundial y el comportamiento de gobiernos y ejércitos. El comercio mundial (en más de un 50%) y la inversión de capital en el extranjero (en más de un 75%) se concentran en tres únicos polos: EEUU, Japón y la UE. Y excluye áreas enormes del planeta, en África por ejemplo, marginándolas de los flujos de mercancías y de capitales. Las cadenas del viejo colonialismo militar reaparecen en la etapa de la globalización como cadenas financieras y económicas.


D espués de algunos titubeos, la palabra globalización se ha impuesto, diríase que definitivamente, para designar los cambios económicos producidos en las dos últimas décadas del siglo XX, y los cambios políticos, sociales y culturales relacionados. 
Puede que la impresionante manifestación de Seattle contra la reunión de la Organización Mundial del Comercio haya sido el momento simbólico de una toma de conciencia colectiva e internacional. Antes de la que ha dado en llamarse "primera movilización del siglo XXI", hubo otras acciones que se describieron como protestas o revueltas contra la globalización, pero lo eran en un sentido objetivo, por así decir, independiente de la intención explícita de los protagonistas.
En cambio, en Seattle había ya conciencia de resistir y protestar contra la globalización capitalista, y conciencia del ámbito realmente global de la protesta.
Polémicas
Podemos considerar casi zanjada la polémica que se venía desarrollando en los medios de izquierda acerca de la realidad o no de un globalización entendida como una etapa especial, como un salto, en la evolución económica del sistema dominante, que se habría producido más o menos en el último cuarto del siglo que acaba y vendría a definir los datos de partida del nuevo siglo, del que comienza.
En la polémica de los años noventa, algunos autores vinculaban las posiciones de izquierda a la negación de la globalización: "un mito" según algunos, "nada más que imperialismo" según otros. El último libro de Marta Harnecker todavía rinde cuentas de esta polémica, y cita a Hirst y Thompson como los más voluntariosos defensores de esta negación, y muy merecidamente a François Chesnais como el especialista que más ha hecho para que la realidad de la globalización fuese aceptada y considerada desde una óptica marxista.(2)
La verdad de esa larga polémica es que quienes, desde la izquierda, se obstinaban en negar la realidad de un salto en la interpenetración mundial del capitalismo, en el proceso histórico de formación de un mercado mundial o en la división internacional del trabajo, lo que realmente lograban demostrar eran las limitaciones y las contradicciones del salto dado.
Ciertamente, la globalización del sistema capitalista no es la creación de un ámbito económico mundial barrido por corrientes niveladoras, integradoras y enriquecedoras, como pretenden los entusiastas del mercado.
De un lado tiene limitaciones insalvables, por ejemplo, el porcentaje de la producción mundial destinado a la exportación, aún hoy, ronda tan sólo el 15%(3).
De otro lado, presenta desigualdades crecientes, pues el comercio mundial (en más de un 50%) y la inversión de capital en el extranjero (en más de un 75%) se concentran en tres únicos polos: EEUU, Japón y la UE. Y excluye áreas enormes del planeta, en África por ejemplo, marginándolas de los flujos de mercancías y de capitales.
Negando los mitos de la globalización, este sector de la izquierda cayó en pensar que la propia globalización era un mito. Queriendo destacar las limitaciones y contradicciones del hecho, vino a decir que el hecho no existía.
Hoy las cosas están más en su punto: la globalización es una realidad económica, un verdadero salto en la concentración mundial del capital, pero un hecho contradictorio, atravesado por fuertes corrientes desniveladoras, desintegradoras y excluyentes de países y de seres humanos.
Hasta hace poco la izquierda mantenía viva otra polémica. La globalización económica, para algunos, vendría a ser un resultado perverso de las políticas neoliberales de ciertos gobiernos de la derecha. Y apenas nada más. Quizá James Petras fuese el más conocido defensor de este punto de vista.
La conexión compleja entre los hechos económicos, sociales y políticos, los cambios tecnológicos, los efectos de la concurrencia capitalista sobre la concentración de los capitales, el agotamiento de otras vías de desarrollo del capitalismo, etc., se dejaba entonces en la sombra.
Pero ahora asistimos a una conciencia mayor en los movimientos sociales y partidos de la izquierda, del carácter "global" de la propia globalización, en el sentido de que se trata de un proceso con dimensiones políticas, pero también técnicas, económicas, sociales y culturales; en definitiva, de un giro histórico notable del capitalismo.
Si admitimos que la cumbre internacional convocada desde Chiapas fue, antes de Seattle, la convocatoria más significativa de los tiempos que corren, cabe recordar su lema: Por la humanidad contra el neoliberalismo. Poner la atención en las políticas neoliberales, con preferencia a la globalización, era característico de toda la izquierda de los años noventa.
En Seattle, en cambio, la protesta contra las nuevas propuestas "liberalizadoras" de la Organización Mundial del Comercio ya se llamó protesta contra la globalización.
Es un progreso. A través de las polémicas, la izquierda está admitiendo que la globalización designa un giro económico notable en el desarrollo del sistema capitalista y está ya investigando sus características, sus efectos de todo orden y buscando las mejores estrategias a seguir.
Empresas mayores que Estados
Además, las primeras definiciones de la globalización eran todavía muy abstractas. Manejaban conceptos demasiado amplios de manera muy poco precisa: "subordinación de la política a la economía", "funcionamiento del capital como unidad mundial en tiempo real", "capitalismo especulativo", o la que hizo mayor fortuna: "dictadura de los mercados"(4). En los últimos tiempos se suele identificar con otra idea: "la economía Internet" o "nueva economía".
Cada una de estas definiciones pone el acento en una particularidad real de la globalización, y ofrece un punto de partida para su investigación en profundidad.
Pero poco a poco, todas estas líneas de investigación han ido confluyendo en torno a un hecho primordial, el más fundamental de esta etapa económica: el dominio abrumador de un reducido número de empresas transnacionales de dimensiones gigantescas, mayores que Estados, sobre la producción, el comercio y las finanzas mundiales.
La concentración del capital mundial en estos grupos o Compañías, en una proporción aplastante, que implica modificaciones de todo tipo, en la economía, en la sociedad, en la vida política, en la cultura, etc., es seguramente el aspecto más definitorio de la globalización.
Se trata de algo muy concreto. Aproximadamente un tercio de todo el comercio mundial se realiza dentro de las 37.000 "multinacionales" censadas en 1994(5), entre sus casas matrices y sus filiales, y otro tercio entre unas y otras, en definitiva dentro del sector multinacional.
Pero incluso estas cifras son pobres para retratar la realidad de la globalización. Hay que quedarse con las 200 mayores empresas, por ejemplo, para lograr una imagen realista del sistema económico que gobierna la vida material de los seis mil millones de seres humanos que habitamos este planeta. Clairmont y Cavanagh(6) tienen el mérito de haber señalado a los verdaderos amos del mundo, al revelar el poder real, concreto, físico, de los 200 mayores grupos transnacionales.
La cifra de negocio anual de estos gigantes es nada menos que la cuarta parte (26,3%) de la producción mundial, crece a un ritmo doble de lo que crece el Producto Interior Bruto de los 29 países industrializados que integran la OCDE, y supera ya a la producción total sumada de los otros 182 países que no forman parte de la OCDE, pero donde vive la inmensa mayoría de la humanidad.
Aquí no estamos ya en el terreno de los conceptos, sino en el de las fuerzas físicas, con sus nombres y apellidos y sus modos de actuar, confrontados a la realidad de un poder que se eleva sobre todos los demás poderes humanos de una manera muy clara y agresiva.
Por eso no es un slogan izquierdista ni una frase de efecto decir que la globalización es la dictadura económica mundial de 200 multinacionales, más o menos. Y poco a poco, entre las fuerzas sociales y políticas que resisten a los efectos de la globalización y se preguntan sobre las alternativas, se está llegando precisamente a esta conclusión. Nombres y apellidos
La lista de estos 200 gigantes está en perpetuo movimiento, precisamente porque las fusiones y absorciones entre ellas, y entre las mayores de ellas, constituyen uno de los medios principales de mantenerse en la cumbre de esta pirámide del poder económico. Pero, para dar nombres, enumeremos, por ejemplo, a algunas de las mayores empresas transnacionales de carácter no financiero: Shell, General Motors, Ford, Exxon, IBM, Exxon, AT&T, Mitsubishi, Mitsui, Merck, Toyota, Philip Morris, General Electric, Unilever, Fiat, British Petroleum, Mobil, Nestlé, Philips, Intel, DuPont, Standard, Bayer, Alcatel Alston, Volkswagen, Matsushita, Basf, Siemens, Sony, Brown Bovery, Bat, Elf, Coca-Cola... entre las clásicas; Microsoft, Cisco, Oracle, entre las nuevas. Entre los bancos: IBJ/DKB/Fuji, el Deutsche, BNP/Paribas, UBS, Citigroup, Bank of America, Tokio/Mitsubishi...
¿Dimensiones de estos gigantes? Si nos atenemos a sus ventas, las de General Motors han superado la producción nacional de Dinamarca y de cerca de otros doscientos países. Si nos fijamos en su valor bursátil, sólo había en marzo de este año, en todo el mundo, diez Estados cuya producción nacional superase en valor al de las acciones de la empresa de sistemas de Internet Cisco Systems.
Si hablamos de beneficios, los que repartió entre sus accionistas la General Electric en 1997 superaban la producción anual compartida por los 40 millones de habitantes del Congo-Zaire. Si hablamos de empleados, los de la General Motors superan a las fuerzas armadas de muchos Estados del mundo.
Pero detrás de los nombres de las empresas que dominan el mundo están los nombres y apellidos de sus propietarios. Y llegados a este punto, la globalización nos enfrenta con una oligarquía mundial de una riqueza y de un poder tan concentrados como no se vieron en ninguna otra etapa histórica de la humanidad.
Casi nada queda de la vieja aristocracia de siglos atrás, si no tuvo la precaución de participar de las grandes empresas capitalistas, cosa que sí han hecho las familias reales de Gran Bretaña y Holanda, o algunas dinastías árabes.
Estas dinastías supieron transformar sus viejos privilegios de sangre en acciones contantes y sonantes. Pero ahora el sistema capitalista creó a lo largo del siglo XX nuevas dinastías, mucho más poderosas que las de siglos atrás.
Sus apellidos ya no nos remiten a unas tierras, sino a un automóvil, un chocolate, una nevera o una cerveza. Entre los más ricos de los ricos, muchos nombres de familia están en los escaparates del capitalismo: Guinness, Ford, Philip, Merck, Ferrero, Henkel, Peugeot, Bosch, Dassault, Michelin, Heineken o Barilla...
Son sus mayores accionistas. Y hay otros apellidos no menos, sino más conocidos que los nombres de sus empresas, como el del ser humano supuestamente más rico del mundo, al menos hasta este mes de abril: Billy Gates (Microsoft), o el famosísimo especulador Georges Soros, o Larry Ellison, de Oracle, que según dicen ha destronado a Gates. En fin, junto a estos novísimos ricos hay familias industriales y financieras muy antiguas, casi con solera: las de los Agnelli, amos de la Fiat, los Quandt (40% de BMW), los Rothschild, los Rockefeller de la Stardard Oil, en España los Botín del BSCH.
Cuando se cita ese dato espeluznante de que 225 de entre estos multimillonarios poseen fortunas personales superiores a los ingresos anuales de 2.500 millones de personas, las más pobres del planeta, hablamos de su injusta e insultante riqueza.
Pero cuando los relacionamos con la propiedad de esas 200 empresas que concentran una desproporcionada parte del capital mundial, entonces hablamos ya de su poder, no sólo de su riqueza.
Más escandalosa que su riqueza es el hecho de que, para mantenerla y acrecentarla, dirigen en provecho privado una parte tan notable de la fuerza productiva de la humanidad, que convierte al resto de las personas en súbditos suyos, y como tales, explotados, expoliados o empobrecidos. Mercado y monopolios
Explicar la globalización como un triunfo del mercado no deja de ser una ironía. Estamos hablando de empresas cuyo dominio sobre el mercado presenta muy pocas fisuras. A través de una escalada de macrofusiones, va quedando en cada sector económico un número tan reducido de empresas que, por acuerdo mutuo, están en condiciones de determinar para bastante tiempo, no sólo los precios de venta, sino incluso los precios de compra.
Imponen a las empresas menores que les suministran materias primas y auxiliares, componentes y productos semiacabados, precios de compra imposibles.
Se habla de "triunfo del mercado" en un sentido propagandístico, cuando los gobiernos desmantelan los viejos monopolios nacionales y liberalizan el sector. Pero la consecuencia es la ocupación del sector, a una escala continental o mundial, por media docena de compañías multinacionales que dejan muy poca libertad al mercado.
Con ocasión de la reciente fusión entre Volvo y Renault, se hizo patente que entre sólo tres grupos transnacionales copaban el 65% de todo el mercado mundial de camiones. Y entre cinco cubren casi el 60% del de automóviles. Las 10 primeras empresas de comunicaciones controlan el 86% del mercado...
Pero la conciencia de que la globalización no es tanto libertad de mercado como concentración monopolista de alcance mundial está sobre todo vinculada al proceso que las autoridades norteamericanas de vigilancia de la competencia emprendieron contra Billy Gates y su empresa Microsoft.
La política de Billy Gates, que encarna como nadie al capitalismo actual, es un ejemplo de utilización de una elevadísima cuota de mercado (en este caso en Software) para imponer otro producto suyo (Explorer) contra los de la competencia. Este poder puede servir para innovar (en teoría), lo mismo que para controlar y suprimir, si cabe, la investigación.
Precisamente la creciente importancia de la conexión informática entre empresas y particulares se ha convertido en un terreno especialmente propicio para prácticas monopolistas. La red que, en principio parecía un nuevo espacio de libertad, es objeto hoy de la especulación de las mayores empresas del mundo, en casi todos los sectores. Aspiran a convertirla en una red cautiva desde la cual imponer la circulación de sus productos y excluir los de la competencia.(7)
Especulación y producción
Los primeros análisis de la globalización comenzaban por destacar, sobre todo, la amplitud y la violencia de los movimientos especulativos del capital, a lo ancho del mundo, y las dimensiones del capital de especulación, que apenas entraba en la inversión productiva.
La importancia del fenómeno era tal que algunos vieron la globalización como un capitalismo donde el beneficio especulativo dirigiría la producción. Se ponía tanto énfasis en este aspecto parcial de la realidad, que a veces se ocultaba la otra cara de la moneda: que este parásito insaciable que es el capital especulativo, no puede alimentarse de meros títulos (acciones, bonos, etc.) sino que devora materia viva.
Por grande que sea la especulación, no vive del aire, sino que consume la parte de la producción que queda como beneficio de las empresas. El capital ocioso sólo puede reventar como un globo vacío o vivir alimentándose de las ganancias del capital productivo (del que es un parásito).
Poco a poco ha ido quedando también más claro que los agentes principales de la especulación son las mismas empresas multinacionales, financieras o no. La inversión meramente especulativa es una parte complementaria de la actividad económica principal de casi todas estas 200 empresas, financieras, industriales, o comerciales, hacia la que canalizan su capital "sobrante" (que no pueden invertir con los mismos márgenes de ganancia en su actividad principal) o inmovilizado, como ocurre con los fondos de pensiones.
Como la mayor parte de los movimientos especulativos son anticipaciones de decisiones de política industrial o comercial, los grupos transnacionales se parecen a aquellos que en las apuestas sobre carreras y combates son a la vez apostadores y competidores, por lo que ganan casi siempre.
Las compras o ventas de títulos, divisas, bonos, etc., por parte de los especuladores ligados a las grandes transnacionales anticipan las fusiones, ampliaciones o crisis de sus propias empresas, sea para ampliar las ganancias, sea para compensar las pérdidas.
En los últimos años se ha hablado sobre todo de estos fondos privados de pensiones. Los fondos de pensiones están formados por una parte del salario aplazado del trabajador, que la empresa negocia en la esfera financiera, antes de retornarlo a sus asalariados (si no hay quiebra) como pensión de jubilación. Parece que las dimensiones de estos fondos superan ya las de los bancos. Los de las tres grandes del automóvil norteamericano (Ford, General Motors y Chrysler) en 1995 doblaban de sobra "las reservas del Estado japonés, que es el Estado que tiene más reservas en el mundo".(8)
Más recientemente destacan los intentos de las grandes empresas de pagar a sus empleados en acciones a largo plazo (Telefónica), convirtiendo así una parte del salario en capital de especulación, animando la tendencia observable en Estados Unidos a convertir el ahorro popular en capital de especulación, incluso de especulación de alto riesgo.
Colonización y destrucción de recursos
Las multinacionales tienen patria: la de sus propietarios mayoritarios. De eso no debe caber la menor duda. Las 200 mayores tienen sus sedes bien establecidas en tan sólo 17 países de los 211 Estados independientes que cuenta la tierra. Pero 176 de ellas, según Clairmont, están radicadas en sólo 6 potencias financieras. Bastante más de una tercera parte (74) son norteamericanas.
Para que no quede duda de que se trata de lo más parecido a un club de 200 bandidos, la única multinacional española contada entre ellas es Telefónica, es decir una empresa cuyos beneficios están asociados, según los sindicatos, a la sobreexplotación del trabajo precario; según los consumidores, al monopolismo y al fraude; según los países latinoamericanos donde se ha instalado, al colonialismo; una empresa en cuya dirección reina, según los partidos de izquierda, el nepotismo político y la corrupción.
Después de Estados Unidos, el Estado donde están radicadas más multinacionales es Japón, con 152 de las 500 mayores no estadounidenses; hay 75 inglesas, 47 francesas, 42 alemanas, 22 canadienses, y 15 italianas, por lo que el Grupo de los Siete (el G-7) viene a representar al 80% de las multinacionales. Fuera de este grupo, apenas Suiza, Corea, Suecia, Australia, y Holanda pasan de la docena.(9)
El caso es que la nacionalidad de las 200 multinacionales traza un mapa del reparto del poder en el mundo entre los Estados, con más precisión que cualquier otra circunstancia económica (demografía, crecimiento de la producción, recursos naturales, nivel cultural...).
Todos sabemos el peso de la tecnología en la eficiencia productiva. Imaginemos que un Estado quiere competir en este terreno, dedicando medios humanos y financieros a la investigación. ¿Pero acaso un Estado, como fuerza económica, puede medir sus recursos con los de uno de estos gigantes del capital privado, capaz de monopolizar la investigación científica en varios países? Hoy los países industrializados acaparan el 97% de las patentes, monopolizando el progreso.
Como consecuencia, la desigualdad entre países ricos y pobres no puede verse como un punto de partida. Debe considerarse como un efecto constante y creciente del sistema económico mundial. Si en 1960, el 20% más rico de la humanidad disponía de una riqueza 30 veces mayor que el 20% más pobre, hoy la proporción es de 74 veces.(10)
El Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, teóricamente creados para facilitar el crédito a los países necesitados para su desarrollo o en crisis y emergencias, se convierten en instituciones que indirectamente potencian el dominio de las grandes multinacionales.
Naciones que son por recursos naturales y humanos verdaderas potencias, como Brasil, México o Pakistán, permanecen sometidas a través del crédito (la Deuda externa). El crédito se renueva sobre la base de condiciones cada vez más duras y precisas, pero siempre favorables a la implantación de las multinacionales de los países acreedores en los países deudores. Y la ayuda al desarrollo, nada generosa, se utiliza con los mismos fines.
De este modo, las líneas aéreas, telefónicas, eléctricas, férreas, y hasta la tierra, los bosques y los ríos de los países más poblados del mundo van pasando a manos de las compañías transnacionales, acentuando su dependencia económica y sus dificultades para abordar un desarrollo autónomo y sostenido.
Las movilizaciones del pueblo mapuche contra la presa de Biobío, de los bolivianos de Cochabamba contra las tarifas del agua, han sacado a la luz el poder que las multinacionales (en estos casos españolas: la FECSA-Enher en Chile, y la Abengoa en Bolivia) han llegado a adquirir en estos países y en muchos otros, y de la manera destructiva en que lo utilizan.
En los gravísimos conflictos por la tierra que vive Latinoamérica desde México hasta el sur de Chile, en la resistencia a la deforestación de sus selvas, en las luchas en torno a los precios del café o de otros productos agrícolas, lo que subyace es la penetración de capital transnacional interesado en el control de las materias primas del planeta. Como poderes extranjeros arrasan la cultura y la naturaleza que encuentran a su paso, con más violencia que los conquistadores de hace cinco siglos.
El peso adquirido por las multinacionales bien podría llamarse recolonización. Las cadenas del viejo colonialismo militar, tras un paréntesis de independencia, reaparecen en la etapa de la globalización como cadenas financieras y económicas, pero no por ello menos pesadas. Deslocalización, paro y precariedad
El efecto social que nos es más próximo es el crecimiento del paro y la precariedad, cuyo salto en las últimas décadas debe considerarse el reverso de la concentración del capital internacional que llamamos globalización.
La globalización no extiende la producción, la concentra. Incluso los momentos de auge económico de las últimas tres décadas presentan índices de crecimiento de la producción inferiores a los de las dos décadas anteriores.
Al concentrarse la producción, aumenta la productividad del trabajo, pero al precio de expulsar mano de obra en proporciones siempre mayores hacia empleos menos cualificados y peor pagados, precarios o sencillamente al paro. Las reformas laborales que han ido recortando los derechos adquiridos de los trabajadores a fuerza de luchas sindicales y políticas, han sido hechas para adaptar la legislación a las condiciones que querían imponer las mayores empresas.
Desde los primeros años ochenta, todavía antes de que se produjesen los cambios de legislación laboral más importantes en Europa, se hizo notar una característica del capital transnacional: su deslocalización, su facilidad, no absoluta por supuesto, pero sí real, de desplazar sus inversiones productivas de un país a otro, de una ciudad a otra, a la busca de las llamadas "ventajas comparativas".
Y entre ellas, una legislación laboral ventajosa para la empresa era y es una de las más importantes. Así, desde la década de los ochenta comenzó una sorda pugna entre los Estados y las ciudades para atraer la inversión de las mayores de estas empresas, lo que contribuyó no poco a recortar los derechos obreros.
En los EEUU, donde llegó más lejos esta tendencia, los sindicatos practicaron una política suicida llamada de "concesiones", por la que competían entre ellos, los de una ciudad contra los de otra, ofreciendo a las empresas acuerdos ventajosos para retenerlas o para conseguir sus inversiones, con un coste elevado para los asalariados.
Y si esto hacían algunos sindicatos, no puede chocarnos que los parlamentos, unos tras otros, fuesen adaptando el mercado laboral a las pautas que reclamaban las empresas multinacionales con tal de mover fácilmente sus inversiones: del coste humano ya se ocuparían los subsidios de desempleo...
Hoy, por desgracia, nuestros sindicalistas están acostumbrados a oír las amenazas fundadas, o incluso los faroles de su empresa transnacional: "si no os parece bien, llevaremos la producción a tal o cual país". Política y economía La idea de que la globalización sustituye la economía por la política podría muy bien ceder su sitio a otra idea más precisa: el poder político de la inmensa mayoría de los Estados hoy existentes nada o casi nada puede frente a empresas de dimensiones superiores a los Estados. Al menos, mientras esos gobiernos y esas empresas se muevan en un mismo terreno, el de la economía capitalista mundial. ¿Y qué gobiernos se sienten en condiciones de moverse fuera de la esfera del mercado mundial capitalista? En todo caso, no los que hoy conocemos.
Todos los gobiernos que hoy existen tratan de establecer convenios con las empresas multinacionales, en una relación de fuerzas muy desequilibrada a favor de las últimas. La política fiscal, el precio de los terrenos, la calidad y la programación de las infraestructuras, la legislación laboral, la docilidad de los sindicatos, la venalidad de los políticos y de la justicia, y otros muchos factores entran en juego cuando la Volkswagen, por ejemplo, trata con el gobierno de Madrid y el de Praga para decidir sus inversiones.
Antes se decía: "lo que es bueno para la General Motors es bueno para los Estados Unidos". Pero esta asociación entre el interés de las grandes empresas y el interés nacional sólo tiene sentido en seis o siete países en todo el mundo. En los demás, el interés de la multinacional extranjera pesa más en la balanza que el llamado interés nacional.
En estos momentos, Gran Bretaña vive una crisis laboral por la decisión de la BMW de abandonar la Rover, que cuenta con 18.000 obreros y de la que dependen hasta 50.000 empleados en la industria auxiliar. La empresa alemana había exigido al gobierno de Tony Blair que entrase en el euro, y al no conseguirlo, optó por vender su filial inglesa a una compañía gestora.
La operación implica despidos por encima de los 5.000. Pero uno de los posibles compradores finales, Ford, también planea cerrar una factoría inglesa (y más de 3.000 despidos). Para colmo, Honda anunció por las mismas fechas recortes de su producción en Inglaterra de hasta el 50%.
En una de las grandes potencias industriales, decisiones de política económica nacional al más alto nivel, como lo es la adhesión o no a la unidad monetaria europea, se discuten entre un gobierno a la defensiva y unas pocas empresas multinacionales extranjeras prepotentes. El empleo y el salario para decenas de miles de hogares ingleses están en juego. Casos como éste, se dan todos los días, y no sólo en los países pobres ni medianos.
Las decisiones políticas de Estados más débiles son todavía más manejables. En 1989 la Siemens AG destinó una pequeña partida de sus superbeneficios (una propina de 369 millones de pesetas) a uno de los patrones de Filesa para que el gobierno de Felipe González adaptase los planes del tren de alta velocidad español (AVE) a los intereses de la empresa alemana.
Esta práctica es de lo más corriente. Lo raro es que un tribunal llegue a sacarla a la luz. Lo imposible es que ninguna justicia basada en el derecho de propiedad privada llegue a impedir que la voluntad de los gobiernos, partidos y parlamentos se acabe rindiendo ante propinas tan generosas.
Ni siquiera el poder político del más fuerte de los Estados hace temblar a quienes se saben verdaderos amos del mundo, en cuanto a poder económico. De cara a la galería, la condena de Microsoft por monopolismo puede pasar por ejemplo de supremacía del poder político sobre el económico.
Pero resortes muy poderosos actúan detrás del escenario judicial. La empresa de Billy Gates recientemente formó un lobby en Washington con la misión de comprar la voluntad de políticos influyentes de los dos partidos.
Una empresa cuyo valor en bolsa ha perdido sumas comparables al valor de la producción nacional anual española, ¿acaso no puede destinar fondos capaces de garantizar que la administración presidencial norteamericana que surja de las próximas elecciones sea más propicia a los intereses de Microsoft? Por supuesto que puede hacerlo, y que así se financian las campañas.
Mientras la política se mueva dentro de las reglas de juego del sistema capitalista (propiedad privada, beneficio, mercado), la supeditación creciente de la política de los Estados al interés económico de las empresas es una consecuencia de la concentración del capital mundial en 200 o poco más de ellas. Guerras
Como algunas de las mayores compañías de prensa, radio y televisión pertenecen a este selecto club de las multinacionales, y como los restantes medios de difusión dependen de las otras grandes empresas, no podemos esperar que nos informen de los intereses más sórdidos que están en juego en las guerras.
Una parte de los aspectos políticos e incluso ideológicos implicados en las guerras de nuestros días aparecen en los medios de comunicación, aunque evidentemente deformados, cuando no falsificados. Pero la censura es mayor, sin ningún género de dudas, en lo que toca a los móviles económicos de las guerras y la implicación de las empresas.
Y sin embargo, la guerra, que la humanidad padece como una explosión de irracional barbarie, no deja de figurar como un mercado importantísimo en las previsiones de algunas de las instituciones más influyentes de nuestra época, concretamente de las multinacionales.
Y no sólo de las empresas de armamentos. Los propios móviles de la guerra son valorados, aprobados o descartados, por las mayores empresas mundiales.
La guerra del Golfo en 1991 es el ejemplo más claro, pero no el único caso. Se luchó por el control de las fuentes y de los precios del petróleo. Y la participación de los Estados fue "estimulada" con las generosas donaciones que el grupo kuwaití KIO distribuyó a los políticos, y también con ofertas variadas de participación en los previsibles negocios de la reconstrucción.
También la guerra de Chechenia es una guerra petrolera por la ruta del crudo del Mar Caspio. La implicación personal de lo que los rusos llaman "la familia" del Kremlin en las empresas rusas del sector (Lukoil, Gazprom) explica su obstinación en exterminar a este pueblo que se interpone entre Moscú y los oleoductos.
Pero la escandalosa complicidad occidental tampoco puede separarse de la asociación de las principales petroleras angloamericanas en el consorcio internacional que explota el petróleo transportado por Rusia a través de Chechenia.
Basta considerar el elevado número de petroleras que hay entre las mayores transnacionales para comprender también la importancia de esta materia prima en todos los escenarios de guerra, en las maniobras estratégicas de las grandes potencias y alianzas (la OTAN en el Este de Europa), y en otros dramáticos acontecimientos recientes como el genocidio de Timor Oriental.
Todos estos hechos, más que otros, han potenciado la conciencia de que la globalización, como proceso económico, se confunde con la concentración del capital en un número tan reducido de empresas que, por su talla y su poder, se elevan sobre muchos de los actuales Estados, y de esta manera modifican también las condiciones políticas y culturales de nuestra vida.
Esta conciencia no aporta todavía soluciones, sino incógnitas. Muchos de los recursos empleados por los pueblos, sus ciudadanos, sus trabajadores, los sindicatos y partidos, en las condiciones históricas anteriores, se revelan ahora poco eficaces y requieren una reconsideración y una renovación.
Pasando del terreno económico al político, parece que la resistencia y la protesta contra la globalización se encuentra en fase de tanteos y de reflexión, o quizá de respuestas parciales, lejos todavía de una alternativa global.
Pero es legítimo pensar que a una alternativa global sólo llegaremos después de muchos tanteos y a base de combinar muchas alternativas parciales. Y quizá desarrollando en la propia sociedad civil un poder de otra naturaleza que el de los actuales Estados, no sólo capaz de cambiarlos sino de sustituirles por un poder de mayor envergadura social.
Quizá sea este poder de una sociedad civil alternativa el que, desarrollándose, llegue un día a estar en condiciones de medirse con el poder, hoy por hoy incontenible, de la oligarquía financiera mundial que a través de unas pocas centenas de compañías capitalistas tiene a la humanidad en un puño.
* Arturo Van den Eynde (1945-2003) Ver biografía
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1. Autor del libro Globalización. La dictadura mundial de 200 empresas, Barcelona 1999.
2. Marta Harnecker, La izquierda en el umbral del siglo XXI, Madrid 1999. Sin embargo, a François Chesnais no le gustaba el término de "globalización" y propuso sin éxito el de mundialización en su principal trabajo: François Chesnais, La Mondialisation du capital, París 1994.
3. Richard Du Boff & Edward Herman.
4. Ignace Ramonet.
5. UNCTNC, 1994.
6. F.F. Clairmont y J. Cavanagh, Sous les ailes du capitalisme planetaire, 1994, y F.F. Clairmont, Ces firmes géants qui se jouent des Etats, 1999.
7. Van den Eynde, Mitos de la Nueva Economía, en La Aurora, mayo de 2000
8. Harnecker, citando al US News and World Report.
9. Forbes abril de 1999.
10. PNUD, 1999.

clases de globalización


Así pues, dentro del proceso de globalización, podemos distinguir varios tipos:
-Globalización económica. La globalización se caracteriza en la economía por la integración de las economías locales en una economía de mercado mundial, donde los modos de producción y los movimientos de capital se configuran a escala planetaria, cobrando mayor importancia el papel de las empresas multinacionales y la libre circulación de capitales, junto con la implantación definitiva de la sociedad de consumo.
-Globalización política. Este tipo de globalización consiste en la creciente integración de las distintas políticas nacionales en una única política mundial. A través de organismos internacionales, y bajo la constante presión de las empresas multinacionales, las decisiones políticas de importancia mundial están siendo fomentadas y extendidas por todo el planeta para que afecten a todos los países del mundo. Aunque no sólo son políticas económicas, también se han ‘globalizado’ políticas medioambientales (ONGs) , políticas de defensa (OTAN), políticas de cultura (UNESCO), políticas sociales (ONU)…
-Globalización cultural. En la que las prendas, música, modas, formas de actuar, pensamiento, etc. adquieren dimensiones y presencia globales. Las tendencias occidentales se difunden por todo el mundo, y se adoptan en países como Brasil, Egipto, Malasia, Bolivia o la India. Hoy en día se pueden ver camisetas de fútbol de equipos europeos en cualquier país del mundo, así como zapatillas de Nike o películas de Hollywood.
En estos tres tipos de globalización están muy presentes las empresas multinacionales. De hecho, son ellas quienes ayudan a que cualquier aspecto de la vida cotidiana (política, cultura, economía…) adquiera dimensiones globales. Las multinacionales están siendo el principal conducto por el cual la globalización se está desarrollando y, a su vez, ésta está promoviendo el rápido desarrollo de las empresas multinacionales (es decir, que las empresas se transnacionalicen o que las que ya han acometido ese proceso crezcan aun más, fusionándose con otras o ampliando sus mercados). Así pues, globalización y multinacionales van de la mano y se autoalimentan, reforzándose mutuamente.
INTERESANTE: Globalización: la dictadura de las multinacionales (rebelion.org)
Pero, si la globalización fomenta el crecimiento de las multinacionales, cabe preguntarse hasta dónde puede llegar el tamaño de estas empresas. Adam Smith decía que el tamaño de las empresas estaba relacionado con el tamaño del mercado. Siguiendo esta hipótesis se puede decir que la globalización, ampliando los mercados para las empresas, por un lado, y aumentando la competencia, por otro, crea unas enormes oportunidades para el desarrollo de las empresas y de los países donde están ubicadas.
José Luis Sampedro decía que la tan celebrada globalización no era mas que un proceso en el que se transfería el poder de los Estados a las multinacionales. Efectivamente, con el proceso de globalización son las empresas y no los gobiernos y los Estados los que toman la iniciativa y el protagonismo en la economía mundial, si bien es cierto que estos últimos tienen todavía en sus manos los instrumentos de regulación para asegurar un mundo más competitivo y más justo (económica y socialmente). En el fondo, la globalización consiste en que el poder pase desde la política a la economía.

Cabreo de Bilderberg

Bilderberg está enfadado con el mundo,
Nos espera la guillotina?
Liliya Khusainova Asistente regular de Bilderberg y editor asociado del 'Financial Times', Martin Wolf destaca que el poderoso club Bilderberg está muy descontento por el estado actual de las cosas y, en particular, por los altos niveles de popularidad del multimillonario y precandidato republicano a la Presidencia de EE.UU., Donald Trump.
De acuerdo con la información en su perfil, Wolf está "asombrosamente bien conectado con los círculos de la élite para los cuales está escribiendo" y cuenta con muchos amigos íntimos entre banqueros centrales influyentes, lo que indica que está bien al tanto de lo que dice.
En su artículo titulado 'Los perdedores económicos están en rebelión contra las élites' ('The economic losers are in revolt against the elites'), Wolf escribe que los "perdedores" económicos han rechazado a "las élites que dominan la vida económica y cultural de sus países" y que "las posibles consecuencias son aterradoras". Afirmando que "ya puede ser demasiado tarde" para detener la ola de populismo de Trump, Wolf señala que las élites "se han distanciado de lealtades y preocupaciones nacionales, formando en su lugar una superelite global". "Populistas nativistas no deben ganar. Ya conocemos la historia: se termina muy mal. En el caso de EE.UU., el resultado se transformará en graves consecuencias mundiales".
¿Por qué el club Bilderberg no está satisfecho con Donald Trump?
Las palabras de Martin Wolf parecen una amenaza para el mundo entero por no obedecer las reglas del mentor omnipresente. ¿Pero por qué el club Bilderberg no está satisfecho con Donald Trump? La primera razón que puede preocupar a la élite mundial son los acuerdos comerciales, por ejemplo, el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP).
Según varias estimaciones, solo en EE.UU. para el 2025 se perderán otros 450.000 puestos de trabajo llevándose por delante la vida de muchos ciudadanos de EE.UU. y de su economía.
Mientras Bilderberg y el Consejo de Relaciones Exteriores y globalistas de Rockefeller, según destaca en su blog candidato al Congreso de EE.UU., Jon Rappoport, están contando con el TPP. "Es uno de sus bebés preciosos. Quieren socavar la economía de EE.UU. Es parte de su programa para allanar el camino de un planeta único bajo un único sistema de gestión.
Un imperio globalista". Parece que Donald Trump desbarata sus planes para el caos económico global y la supremacía indiscutible de las megacorporaciones.
Rusia no da tregua al club Bilderberg
La segunda tendencia que puede convertirse en una piedra en el zapato de los más poderosos de este mundo es su postura hacia Rusia y el presidente Putin.
El multimillonario reiteró en varias ocasiones que respalda las acciones de Rusia en Siria y señaló que la oposición armada siria, apoyada por Washington, puede ser peor para el país y el mundo. Además, en una rueda de prensa que tuvo lugar el 17 de diciembre, el presidente ruso Vladímir Putin afirmó que Trump es "un hombre talentoso y brillante", que además es "el líder absoluto de la carrera presidencial en EE.UU", a lo que Donald Trump, ha contestado calificándolo como un "gran honor”.
La posible victoria de Trump puede abrir una nueva etapa en las relaciones entre EE.UU. y Rusia, algo que no es lucrativo para el club Bilderberg, que no quiere un candidato presidencial fuera de su control.
Está claro que con sus riquezas y posibilidades el club Bilderberg no va a parar ante nada para conseguir sus objetivos y poner en primer plano a su candidato, por ejemplo, a Hillary Clinton, como si se tratara de una guillotina para el mundo. Pero el estado actual de las cosas muestra que el mundo se encuentra en una etapa de transición y despertando de la hibernación impuesta por la élite mundial.
Espero que el sentido común del mundo multipolar y las relaciones justas logren prevalecer.

Estafar tiene premio en España

Un empresario elogiado por el Alto Comisionado de Marca España tiene deudas millonarias con Hacienda
El máximo responsable de Marca España recibe en la sede de Exteriores al promotor inmobiliario Juan Tirado y le felicita por su labor al frente de la Asociación Nacional de Criadores de Caballos de Pura Raza Española Dos de las empresas del promotor extremeño, propietario de las Bodegas Habla, deben a Hacienda 5.238.541 euros, según el listado de morosos de la Agencia Tributaria
Otras dos compañías administradas por él antes de caer en la insolvencia deben otros cinco millones al Fisco, aunque Tirado niega relación alguna con ellas
23 may 201620:29
Es posible deber más de cinco millones de euros al Fisco español y recibir halagos, fotografía mediante, del Alto Comisionado de la Marca España.
Es lo que ha ocurrido con el extremeño Juan Tirado Agudo, empresario inmobiliario, productor vitivinícola y ganadero, que en su condición de presidente de la asociación que representa al colectivo de criadores de caballos de pura raza española, ANCCE, fue recibido el pasado viernes por el empresario Carlos Espinosa de los Monteros (máximo responsable de la Marca España, con rango de secretario de Estado) en la sede de Marca España en el Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación.
La web de la ANCCE destaca que el Alto Comisionado de la Marca España “felicitó al presidente por su destacada labor al frente de la asociación matriz del Pura Raza Español a nivel mundial, destacó la importancia que tiene para España que desde ANCCE se irradie actividad de una raza autóctona a más de 65 países del mundo, y agradeció los profundos lazos de colaboración que han nacido entre ambas entidades”.
No ha sido posible comentar con Marca España la circunstancia de que Tirado acumule una deuda de 5.238.541 euros con la Hacienda pública española a través de dos de sus empresas, Tasa de Promotores Inmobiliarios y Dosvasal SL, según la lista de morosos publicada por la Agencia Tributaria en diciembre pasado.
La primera, que acaba de entrar en liquidación, entró en concurso de acreedores en 2009 y ha tenido a Tirado como administrador único hasta este mismo año.
La segunda todavía está activa y Tirado es su único administrador. Tasa de Promotores Inmobiliarios debe a Hacienda 3.181.314 euros y Dosvasal, otros 2.057.227 euros. Tirado, ganadero de caballos de pura raza española y vacuno selecto (raza Limousin) en su Finca la Torrecilla en Trujillo (Cáceres), preside la ANCCE desde junio de 2014 y desde ese puesto ha actuado como interlocutor ante la Agencia Tributaria para intentar rebajar el IVA del 21% que se aplica a la venta de caballos (tipo que calificó de "injusticia total" en una reciente entrevista en RNE) y, por exigencias del cargo, se ha fotografiado con líderes políticos como la presidenta andaluza, Susana Díaz, y varios de sus consejeros.
El empresario extremeño, apasionado de las pruebas de enganche hípico (como el dueño de Vitaldent, Ernesto Colman), es propietario de una de las principales yeguadas de España y de las Bodegas Habla, proyecto que inauguró en 2003 junto a su socio y paisano el ex vicepresidente ejecutivo de Seur España José Civantos. Con una superficie de 12.000 metros cuadrados en una parcela de 200 hectáreas en Trujillo, la bodega cuenta con unas instalaciones de última generación en las que sus socios invirtieron cerca de 40 millones de euros y produce los vinos de alta gama 'Habla', adscritos a la zona de Vinos de la Tierra de Extremadura.
“Nosotros queremos ser el Chanel del vino”, explicaba Civantos a Expansión en 2008, cuando empezaban a ver la luz los primeros caldos de la bodega. Otros cinco millones de deuda
Tirado, que no ha querido hacer comentarios a eldiario.es sobre sus deudas con Hacienda y se ha remitido a sus abogados, no amasó su fortuna con los vinos, ni con los caballos, sino con el ladrillo.
Hasta que la burbuja estalló.
Otras dos empresas que han estado vinculadas a él también están en la lista de morosos de Hacienda, con deudas de casi cinco millones: Grupo Tasa de Inversiones (de la que fue administrador único hasta enero de 2013), que debe 2.380.507 euros, y la constructora Conait (2.582.213 euros de deuda con el Fisco), que en sus mejores años llegó a facturar más de 25 millones de euros anuales y con la que Tirado participó en los años 90 en proyectos tan emblemáticos como la construcción de las Torres Kio o el Auditorio Nacional de música, en Madrid. Tirado, que en julio de 2007, cuando la burbuja del ladrillo empezaba a flojear, decía que “a partir de ahora, sólo quedarán los profesionales” (“No somos especuladores; hacemos toda la línea del producto, desde la urbanización hasta la promoción y la postventa de las viviendas”, aseguraba), niega relación alguna con esas dos empresas, que actualmente tienen el mismo administrador, Alejandro Malo Arrazola. Malo, con el que no ha sido posible contactar, actualmente sólo gestiona empresas que han estado vinculadas a Tirado y fue entre agosto de 2010 y julio de 2012 el administrador único de Habla de Vinos SL, la empresa que explota Bodegas Habla. Entonces, esta firma tenía su sede en las oficinas del despacho de Cristina Tirado, una de las abogadas de Juan Tirado y especialista en Derecho Concursal y reestructuraciones empresariales, según la web de su bufete. Su socio y representante de Juan Tirado, Raúl Jiménez, declina confirmar si existe vínculo familiar entre Cristina Tirado y su representado porque “no es de interés informativo”. Albañiles en la ruina
Mientras Tirado vende sus vinos y la “nobleza” de los caballos de pura sangre española, el derrumbe de Conait se ha llevado por delante a varios proveedores de su antigua constructora. Uno de ellos es Contratas y Construcciones Olimar, SL, la microempresa de una familia de albañiles de Yepes (Toledo). El pasado 15 de abril, el juzgado de primera instancia Nº 6 de Valdemoro condenó a Conait a pagar 196.000 euros más intereses y costas a Olimar por el impago de diversos trabajos de albañilería en una promoción de viviendas que la antigua constructora de Tirado le había subcontratado y se había comprometido a abonarle mediante pagarés a los que nunca hizo frente entre abril y agosto de 2008.
En esas fechas, según documento elevado ante notario por Juan Tirado el 8 de agosto de 2008, Conait, Grupo Tasa de Inversiones y Tasa de Promotores inmobiliarios eran “parte del mismo grupo empresarial” pilotado por el dueño de los bodegas Habla y actual estandarte de Marca España. Pero, tras haberse desvinculado de esas empresas mediante diversas operaciones societarias, Tirado no quiere saber nada de esa deuda, que ha dejado a los dueños de Olimar en la ruina. Dada la situación de insolvencia de Conait, pese a esa sentencia favorable, esa familia de albañiles difícilmente podrá recuperar esos 196.000 euros, dado lo tardío de la fecha de la declaración del concurso (febrero de 2014), aun en el caso de que este fuera declarado culpable.
El juez encargado del concurso es un gran aficionado a los caballos y la gastronomía, Andrés Sánchez Magro (el magistrado que ilegalizó Uber en España).

Barack Obama de premio nobel de la paz a provocar guerras

El Legado Oscuro de Barack Obama






El legado oscuro de Barack Obama
original




En la última cena anual del presidente Barack Hussein Obama con la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca, reinaba un ambiente de bromas, sonrisas, amabilidades, alabanzas, especialmente comentarios humorísticos en alusión a Donald Trump, pero no se tocaron o ni siquiera mencionaron, los problemas que están afrontando Norteamérica y el mundo entero.


Y no podía ser de otra forma, pues para cubrir la Casa Blanca, los periodistas tienen que estar alineados completamente con el sistema corporativo globalizado que no acepta cuestionamientos o preguntas complicadas.
Antes de cada reunión o conferencia de prensa en el palacio de Gobierno, los asesores del presidente dan una revisión a las preguntas de los corresponsales o simplemente indican qué es lo que se puede preguntar y qué temas hay que evitar.


La única periodista a la que no lograron "domar" fue a Helen Thomas, quien durante 50 años fue la piedra en el zapato de más de un presidente norteamericano, ella hizo enojar a Dwight Eisenhower en los últimos años de su presidencia (1953–1961) y hasta Barack Obama, especialmente en el 2010 al preguntarle "¿cuándo va a salir EEUU de Afganistán?".
Nadie sabe qué ocurrió, pero unas horas más tarde Helen Thomas anunció su despedida, frustrada con el sistema y con sus colegas que ya consideraban sus preguntas como "absurdas" y "sacadas de la nada".


El sistema norteamericano simplemente consideró que ya no necesitaba más a esta incómoda corresponsal a la que utilizaban para mostrar que los norteamericanos estaban viviendo en una democracia, pues a nadie le interesa este tema y ni al mismo sistema, que al llegar a un nivel superior del cinismo ya no le servía lo que representa la democracia.


Sucedió precisamente durante la presidencia de Barack Obama, el primer presidente afroamericano en la historia de EEUU, alabado por la prensa globalizada al servicio de los "iluminados" corporativos.


Así se deshicieron de Helen Thomas de cuya cobertura de la Casa Blanca nacieron seis libros sobre el periodismo y la política y a la que mostraron como una institución en el tema.
También desde la presidencia de George W. Bush (2001–2009) y durante el gobierno de Barack Obama más de 15 mil periodistas veteranos de investigación y opinión perdieron su trabajo por incomodar al sistema en manos de las transnacionales que buscan el dominio del mundo.


La crema y nata de los hombres y mujeres de prensa norteamericanos han sido desprestigiados, encarcelados, "suicidados", deportados bajo cargos improbables y al final simplemente despedidos sin mayor explicación pues ningún medio los podía, ni puede [o quiere] defender.


Para muestra un botón.
En el 2013, Barack Obama admitió la vigilancia de más de 100 reporteros y editores de Associated Press (AP).


En el mismo año, el famoso periodista de investigación Michael Hastings, quien cubrió intensamente la invasión de Irak, Afganistán, escribió el artículo Why democrats love to spy on americans [Porqué la democracia ama espiar a los estadounidenses] y preparaba un artículo sobre la CIA, murió en un extraño accidente automovilístico.


En el 2014, el reportero crítico de Obama, Dominic Di-Natale, del Fox News West Coast, que cubrió la supuesta muerte de Bin Laden por parte de las fuerzas especiales Seal, murió extrañamente un día después de que el senado norteamericano presentara un informe sobre la torturas de la CIA.
El 12 de febrero del 2015 tres periodistas murieron en el transcurso de 24 horas, todos ellos estaban preparando juntos un documental sobre "La verdad del atentado 11/9" (muy llamativo para redes sociales).




Se trata de Net Colt quien sufrió un ataque al corazón; Bob Simón en un accidente de coche y David Carr del New York Times quien sufrió un colapso horas después de entrevistar a Edward Snowden.
La lista es larguísima.
La prensa globalizada, según el ensayo de James Tracy "La guerra, la propaganda de los multimedios y el Estado policiaco" es manejada por una elite privilegiada.


Actualmente en EEUU seis corporaciones gigantes (GE, News Corporation, Disney, Viacom, The Warner, CBS) controlan el 90% de la información que reciben los norteamericanos, obteniendo más de 200 mil millones de dólares al año. La élite la constituyen 232 ejecutivos que deciden qué es lo que debe saber y ver el público.


Lo mismo sucede en la Unión Europea donde la industria global de telecomunicaciones, igual como en Norteamérica, está bajo el control de la poderosa Agencia de Seguridad Nacional norteamericana (NSA), que tiene sus ramificaciones y poder también en Latinoamérica.
Por eso no es de extrañar que nadie de la prensa globalizada se atreviera a cuestionar la reciente declaración de Obama publicada en The Washington Post indicando que
"América debe mandar.
Otros países deben seguir las reglas establecidas por América y nuestros socios".
Dijo también que "el mundo y las reglas cambian y es EEUU y no países como China, el que debe escribirlas".
No dijeron ni pío sobre esta frase del presidente los periodistas globalizados norteamericanos, ellos al igual que Obama son peones del mismo sistema y se diferencian solamente en el grado de jerarquía.
Para ellos el Presidente tiene el 53% de aprobación, según Gallup supera el promedio de los presidentes poco antes de concluir su mandato, que es de 47%. Y en especial el índice de la popularidad de George W. Bush que al salir en el 2008 era 28%.
Sabemos cómo funcionan las encuestadoras, pero realmente sorprende que economistas de la talla de Paul Krugman declaren que Obama merece una alta calificación por recibir un país con un desempleo del 12% que disminuyó al 5% actual y que su apoyo a las minorías, a la protección del medioambiente y las órdenes para suspender los juicios de deportación de millones de indocumentados han sido relevantes.
Según los demócratas neoliberales, no ha podido hacer más Barack Obama para el pueblo por los obstáculos que los republicanos interpusieron para evitar que se concretara su agenda de reformas.
Si así se expresan premios Nobel de Economía como Krugman, que el año pasado declaró que "la economía mexicana está mejorando gracias a las reformas recientes y ahora México se parece más a Canadá que a Brasil", mientras la crisis mexicana seguía avanzando cruelmente, se puede esperar hasta la nominación de Barack Obama como un pacifista y verdadero demócrata.
Sin embargo, la realidad es completamente diferente.
Legado de muerte
El Premio Nobel de la Paz Barack Obama está dejando al mundo un legado de muerte, destrucción, "caos programado", intentos de golpe de Estado en Bolivia en 2009 y Ecuador en 2010, golpe "institucional" en Honduras en 2009, "Golpe express" en Paraguay en 2012 y los actuales intentos de desestabilizar a los gobiernos progresistas de Bolivia, Ecuador, Venezuela y Brasil.


En el 2008, el candidato antibelicista Barack Obama prometió acabar con la política guerrerista norteamericana, pero apenas elegido olvidó sus promesas electorales.
Durante su presidencia ordenó bombardear siete países: Afganistán, Irak, Paquistán, Somalia, Yemen, Libia y Siria, superando, según el portal PunditFacts, la hazaña de George W. Bush que hizo sangrar a cuatro: Afganistán, Irak, Paquistán y Somalia.




Ya no es ningún secreto que las organizaciones terroristas como el Estado Islámico, Al Qaeda, Frente al Nusra, etc., son creaciones de los servicios de inteligencia norteamericanos, británicos e israelíes.


La supuesta lucha de Washington contra estas formaciones es una simple mentira pues el exsecretario del Departamento de Defensa estadounidense, Leon Panetta, reveló en octubre del 2014 que la guerra contra el Estado Islámico durará hasta 2044, es decir el tiempo calculado por Washington para lograr "balcanizar" a todo Medio Oriente dividiendo cada país en varios, incluyendo a Arabia Saudita, para lograr su completa hegemonía en la región y sacando de la región a los rusos y chinos.
En el Medio Oriente se acaba la sonrisa y amabilidad de Obama y aparece un líder imperial brutal que no se inmuta frente a más de 300 mil sirios muertos debido al "caos organizado" promovido por Washington en este país, víctima de las ambiciones norteamericanas que datan desde 1776.
El 4 de julio de aquel año fue lanzada la Declaración de Independencia donde se anunció que "en el curso de los eventos humanos se hace necesario para algunos pueblos disolver uniones políticas que conectaban unos a otros".
De allí Norteamérica empezó su política de cambiar las fronteras en los países según su interés nacional.


Unos 204 años después, el Consejo de Relaciones Exteriores norteamericano (CFR) elaboró el Proyecto 1980:
"La desintegración controlada y el desmantelamiento de las concentraciones industriales científicas avanzadas en el mundo" para tomar el control sobre la economía global.




Todos los presidentes norteamericanos desde Ronald Reagan habían seguido las pautas de aquel proyecto incluyendo a Barack Obama, quien en el caso de Medio Oriente, se convirtió en el propulsor más efectivo de la propagación del fundamentalismo islámico para terminar con los estados nación en la región y recién después levantar su espada contra el fundamentalismo islámico.
El gobierno de Barack Obama tampoco perdió el tiempo en Europa haciendo todo lo posible para prevenir una posible alianza entre la Unión Europea y Rusia, que en el futuro podría perjudicar seriamente las ambiciones imperiales norteamericanas.


Washington lanzó una campaña sofisticada contra Rusia que incluía sanciones económicas y financieras, guerra mediática y los intentos de presiones militares rodeando a Rusia de bases militares para "subyugarla", según el presidente Vladímir Putin, quien advirtió también al presidente Obama que "nadie a lo largo de la historia logró hacerlo ni lo hará".
A la vez, los 17 servicios de inteligencia estadounidenses hicieron su trabajo sucio en la Unión Europea para llenarla de bases militares y calumniar a los dirigentes que se pronunciaban contra una nueva Guerra Fría en Europa.


A nivel nacional, el sonriente y bueno de Obama que durante su campaña electoral prometió una eficaz reforma migratoria, ordenó la deportación de unos tres millones de indocumentados convirtiéndose así en el Presidente que más ha deportado a los inmigrantes en la historia de EEUU.
La recuperación económica norteamericana que los medios globalizados de comunicación están propagando diariamente, incluyendo la reducción del índice de desocupación durante la presidencia de Obama del 12% al 5%, representa una real mentira y desinformación. Según el informe de US-CNS News, 94,5 millones de estadounidenses (37,6 %) en edad laboral están desocupados.


Los estudiosos E. Brynjolfson y A. McAffe señalaron en su libro Race Against the Machine (2012) que en la última década el coeficiente de ocupación se ha reducido del 64 al 58%.
El departamento de Agricultura anunció también que unos 100 millones de ciudadanos reciben la comida subsidiada y de ellos 47 millones sobreviven solo con los cupones de alimentación que cuestan al gobierno federal más de 80 mil millones de dólares al año. El Centro para las familias desamparadas (National Center for Family Homelessness) anunció en 2015 que unos tres millones de niños norteamericanos vivían en refugios, en la calle o en los carros.
El crecimiento económico de EEUU en 2015 era alrededor del 2%.
El Bureau of Labor Statistics advirtió que hubo un declive en la ganancia anual de la clase media en 2015 que variaba del 1,7% para los que ganaban 197 mil dólares al 17,1% de los empleados cuyo sueldo bajó entre 2000 y 2015 de 14 mil 092 a 11 mil 676 dólares al año.
Esta lista de los "éxitos" del gobierno de Barack Obama podría ser infinita si incluimos las deudas de los estudiantes universitarios; la mayor población carcelaria en el mundo de 2,3 millones de presos de los cuales uno de cada 10 están en las prisiones privadas, donde pagan, como en la cárcel bautizada "Angola de Luisiana", de 4 a 20 centavos la hora de trabajo a 18 mil presos.
También en esta época de Obama se observa el declive de la clase media. Según los datos oficiales, pertenecer a la clase media significa que una familia de cuatro personas debería ganar no menos de 40 mil dólares al año y el índice de la pobreza es de 28 mil 400 dólares. Actualmente, el 51% de los trabajadores norteamericanos ganan menos de 30 mil dólares al año y el 38% menos de 20 mil dólares.
Así es el legado interno y externo que está dejando Barack Obama, quien antes de su presidencia solía ser "el comandante de mi sofá", según dijo bromeando el propio Obama durante la cena con los corresponsales de la Casa Blanca. Bromas aparte, Barack Hussein Obama va a ser recordado por la Humanidad como el líder que siguió con mayor intensidad la política imperial norteamericana destinada, según el destacado escritor inglés Charles Dickens (1820-1870), "a degradar el mundo entero".
Vicky Peláez es periodista peruana. Reside actualmente en Rusia. Fuente: Sputnik

tercerainformacion.es


 WEB DE PROMOCIÓN ALTERNATIVA

martes, 24 de mayo de 2016

economia tradicional Vs economia alternativa

Otros tipos de economías: la alternativa frente a la mainstream
Los indicadores presentados en el apartado anterior, que hemos denominado indicadores tradicionales, emanan de una economía convencional, o mainstream, que tiende a relacionar el desarrollo con el crecimiento, pues el sistema establecido se basa en un modelo económico de la competitividad y el beneficio constantes, en el que el único propósito es crecer y ganar. Además, a esta concepción del desarrollo han ayudado muchos teóricos, analistas y estudios, que, desde una visión claramente economicista, han analizado fenómenos que en realidad eran sociales haciendo primar los factores económicos. Es decir, no se ha entendido que el desarrollo no siempre está relacionado con el crecimiento económico o con el progreso y la mejora de los datos bursátiles y financieros.
Características de la economía tradicional y la economía alternativa (Fuente: Dicken, P. 2011, p.554)
Características de la economía tradicional y la economía alternativa (Fuente: Dicken, P. 2011, p.554)



Esta concepción del desarrollo tan ligada al crecimiento se ha perpetuado en los últimos años gracias al fenómeno de la globalización, que ha permitido extender un modelo económico determinado por todo el planeta. Se ha exportado el modelo occidental, y con él, la idea de que el desarrollo va de la mano del crecimiento económico. Esta globalización que a día de hoy es casi total y afecta a todos los rincones del mundo, ha hecho olvidar que existen otros tipos de economías. En palabras de Peter Dicken: “Existe una gran diversidad de economías que ofrecen diferentes tipos de posibilidades y que pueden ocupar diferentes posiciones en relación con la gran economía mundial. Muchas de ellas son ‘community economies’, que en algunos casos está confinadas geográficamente a la escala local, mientras que otros se extienden en una escala global.” (Dicken, P. 2011, p.553)
Tal y como se aprecia en la tabla, para el modelo de economía alternativa el desarrollo es mucho más que una mejora en los resultados económicos. Al margen de la concepción tradicional y neoliberal de la economía, la corriente alternativa ofrece una visión diferente: apuesta por un desarrollo social, sostenible y ecológico.




Un desarrollo que sitúe a las personas y al medio ambiente en el centro de atención, que persiga el bienestar social y el equilibrio territorial, que sea sostenible en el tiempo y que no perjudique al medio natural. Haciendo progresos en el desarrollo del capital humano y del capital social, en lugar de en el capital financiero.
En la misma línea van otras propuestas recientes como el Slow Movement, que valora una forma de vida más sobria y menos acelerada (Petrini, C. 1989), o la Escuela del Decrecimiento (Latouche, S. 2009), que apuesta por detener las tasas de crecimiento económico actuales. También es interesante mencionar el fenómeno de la novedosa “Economía del Bien Común” (Felber, C. 2008), que plantea un modelo completamente diferente de desarrollo, al considerar prioritario el progreso social y ecológico antes que el progreso económico. Muchos de estos cambios en las formas de actuar surgen de un cambio de mentalidad que, entre otras cosas, se propone dejar de competir para comenzar a cooperar.
Lo que diferencia en última instancia a estas economías alternativas frente a la economía tradicional es, precisamente, la concepción que se tiene del desarrollo y del modelo de crecimiento en cada caso

Conflicto Iran-Israel

Comandante iraní: "Podemos destruir Israel en menos de 8 minutos"
Publicado: 23 may 2016

Teherán ha probado con éxito recientemente un misil balístico guiado de mediano alcance capaz de alcanzar la nación hebrea, según altos mandos militares iraníes.

El Ejército de Irán podría "arrasar" con Israel "en menos de ocho minutos", ha asegurado un alto comandante militar iraní, informa el diario 'The Times of Israel'.

"Si las órdenes del líder supremo [Alí Hoseiní Jameneí] son ejecutadas, con las capacidades y los equipos a nuestra disposición, arrasaremos al régimen sionista en menos de ocho minutos", dijo Ahmad Karimpour, un asesor de la fuerza Quds, la unidad de élite de la Guardia Revolucionaria Iraní.

Ejército de Irán: "Aniquilaremos a Israel y libraremos a EE.UU. de su influencia

" A inicios de este mes de mayo, fuentes militares iraníes anunciaron que las Fuerzas Armadas habían probado con éxito un misil balístico guiado de mediano alcance que puede alcanzar Israel. "Hemos probado un misil con un alcance de 2.000 kilómetros y un margen de error de 8 metros (…). El margen de ocho metros significa que el misil tiene error cero", aseguró el general de brigada Ali Abdollahi. Además según el diario israelí, en marzo pasado, Teherán probó misiles balísticos que llevaban la inscripción "Israel debe ser borrado de la Tierra". El histórico acuerdo nuclear firmado el año pasado entre el Sexteto negociador e Irán no prohíbe las pruebas de misiles balísticos pero "no son consistentes" con la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU de julio de 2015, señalaron políticos estadounidenses.

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SOY IBA OLODUMARE, CONOCIDO POR VOSOTROS COMO VUESTRO DIOS  Os digo hijos míos que el final de estos tiempos se aproximan.  Ningú...