EVERTH THENANSHED comandante interestelar de la Federación Galáctica de planetas libres.
viernes, 15 de julio de 2016
Si querias pasar desapercibido...
Un hombre es arrestado por golpear a una mujer en silla de ruedas, tras ser captado casualmente por las cámaras de un reportero que hacía un reportaje no relacionado.
El acto violento generó indignación entre los televidentes de la cadena y acaba con el arresto del individuo que perpetró la agresión contra la indefensa mujer.
http://www.12news.com/news/local/valley/man-hits-woman-in-wheelchair-during-live-report/269993477
Increible pero verdad
Un terrorista del Estado Islámico causa la risa entre los pilotos iraquíes de los que intentaba ocultarse.
Un video muestra al combatiente tratando de ocultarse de un helicóptero cubriéndose la cabeza con las ramas de un pequeño arbusto.
https://actualidad.rt.com/actualidad/212925-video-terrorista-islamico-torpe-camuflaje
Si te equivocas puede pasarte esto..
Un trabajador de la construcción se gastó una fortuna en fiestas y vida lujosa, después de que su jefe le pagara 51.800 dólares por error, en lugar de 518, al equivocarse al situar el punto en la cantidad del cheque.
El hombre compró un coche nuevo, cocaína, alcohol y se alojó en hoteles de lujo.
http://www.mirror.co.uk/news/uk-news/worker-blows-fortune-bender-after-8368286
Beneficios para la salud de los microbios
Un equipo internacional de científicos de Nueva Zelanda y Canadá, ha comprobado que algunos malos hábitos de los niños, como chuparse el pulgar, pueden ser beneficiosos para la salud. Según el trabajo de los científicos, si los niños se someten a los efectos de los microbios a una edad temprana, son menos susceptibles a sufrir alergias. http://mundo.sputniknews.com/ciencia/20160712/1061829010/cientificos-nueva-zelanda-canada.html
jueves, 14 de julio de 2016
Teorias ecónomicas y charsismo histórico
Teorías económicas y chartismo histórico
Crespo basa sus predicciones en lo que él denomina chartismo histórico, que es simplemente el examen de las oscilaciones de las variables económicas y la investigación de la periodicidad media con que ocurren fenómenos económicos como las recesiones, que en la economía de EEUU se dan en promedio cada 4,7 años (p. 25). El término chartismo deriva del inglés chart que es como se denominan las gráficas de series temporales que se utilizan en economía y finanzas. La esencia del método de Crespo es suponer que la economía tiene ciclos más o menos regulares. El libro es, sobre todo, un estudio de tipo descriptivo, con docenas de gráficas, sin ningún aparato estadístico-matemático ni econométrico.
Crespo no tiene demasiado respeto a las llamadas “ciencias económicas y empresariales”, que no son ciencias, aunque en general sí son bastante “empresariales”. Aunque Crespo no diga esto, sí dice que hay que tener claro que la economía “tiene de ciencia lo mismo que la farmacopea” (p. 267). Por otra parte afirma que las crisis y los cambios de dirección en los mercados financieros son previsibles mediante la identificación de los patrones de comportamiento de las variables económicas en las series históricas (p. 266). Se nota que Crespo no tiene formación de economista académico, porque no se va por las ramas teóricas de ninguna de las escuelas de pensamiento económico. Cita a personajes variados (Larry Summers, Ben Bernanke, Mario Draghi, Trotsky, Keynes, Marx…), pero sus citas son sobre todo retóricas y nunca expone una visión definida de cómo funciona en su opinión nuestra economía capitalista. Implícitamente queda claro que comparte muchas de las ideas habituales entre economistas, por ejemplo, la de que el sistema económico responde a las preferencias y necesidades de la sociedad. Así dice que es evidente que “con el tiempo la demanda de petróleo decaerá por razones de sensibilidad medioambiental” (p. 182). Ojalá fuera cierto. Lamentablemente los hechos indican que “al sistema” le importa un comino el ambiente y todo hace prever que, dejando aparte la retórica de los acuerdos de París, de seguir la evolución normal en nuestro sistema económico, el consumo de petróleo y por tanto las emisiones de CO 2 seguirán aumentando, sobre todo en las épocas de expansión, sin que se pongan en marcha políticas preventivas del cambio climático efectivas para reducir esas emisiones.
Crespo es un empirista, dicho sea sin ninguna intención peyorativa. De hecho, la carencia de teoría puede ser una ventaja si, como en el caso de Crespo, de lo que se carece es de un enorme pedrusco conceptual como el que oculta a muchos de los economistas académicos las características principales de nuestro sistema económico. Crespo no parece cegado como tantos economistas por la idea de que los mercados, guiados por “la mano invisible” de Adam Smith, que supuestamente armoniza los intereses privados, siempre producen respuestas eficientes. Tampoco parece comulgar con la idea, clave en muy diversas escuelas de economía académica, de que las crisis económicas, los periodos de recesión o depresión del ciclo comercial o industrial, pueden evitarse, aminorarse o incluso eliminarse. De hecho niega esa idea. Dice que los gobiernos suelen aparentar que dirigen la economía, cuando en realidad solo hacen “gesticulaciones normativas que, de manera casi completamente aleatoria , unas veces refuerzan la tendencia económica y otras la frenan, tanto al alza como a la baja” (p. 166, las cursivas son mías, J.A.T.). En esto Crespo demuestra tener un realismo del que muchos economistas carecen por completo. Pero ese realismo no es tan claro cuando Crespo discute el sistema financiero.
Crespo afirma que en la crisis del 2007 no se produjo pérdida de riqueza financiera gracias a la intervención de los bancos centrales y los gobiernos, que salvando a los bancos evitaron que se produjera una catástrofe mucho peor (p. 217). En una entrevista hace dos años Crespo también consideró correcto tanto que los gobiernos aumentaran de entrada el gasto público para aminorar el impacto de la recesión, como que luego reconsideraran esa política expansiva del gasto ante el aumento substancial de la deuda pública. ¿Suena esto familiar? ¿No es lo que hicieron y defendieron Rodríguez Zapatero en España y Obama en EEUU?
Pero, ¿es cierto como afirma Crespo —con el grueso de la profesión económica— que el salvamento de los bancos evitó males mayores? ¿Qué hubiera pasado si en los años que siguieron a la caída de Lehman Brothers los gobiernos hubieran dejado que los bancos quebraran? Lamentablemente, no podemos saberlo con seguridad, Crespo lo reconoce cuando hace la sabia consideración de que casi siempre es imposible saber qué hubiera pasado si ciertas políticas no se hubieran puesto en marcha (p. 69).
Antes de ser director de la Reserva Federal, Ben Bernanke había afirmado que las quiebras de bancos durante la década de 1930 en EEUU fueron una de las causas principales de que la depresión fuera larga y profunda. La inferencia es que las quiebras bancarias han de evitarse a toda costa para evitar males mayores. Eso fue lo que promovió Bernanke como director de la Reserva Federal y lo que hicieron múltiples gobiernos cuando el sistema financiero comenzó a tambalearse en 2008. Pero un examen detenido de los hechos cuestiona el razonamiento de Bernanke.
La Gran Depresión comenzó a finales de 1929 y ya en 1930 aumentó el número de quiebras bancarias. Las quiebras se concentraron en determinados meses, por ejemplo en diciembre de 1931, cuando el volumen de depósitos en bancos quebrados alcanzó 277 millones de dólares. Las cifras correspondientes fueron 219 millones en la crisis bancaria de enero de 1932, 133 millones en las crisis de junio de 1932 y de enero de 1933 y esto fue la descomunal traca final 3.276 millones en la de marzo de 1933. De forma que las crisis bancarias de la Gran Depresión tuvieron lugar después de que se hubiera iniciado la contracción de la economía real y fueron aumentando en intensidad hasta alcanzar su clímax en la primavera de 1933. Luego, en el verano de 1933 la economía comenzó a recuperarse, el desempleo comenzó a bajar rápidamente y la expansión se mantuvo hasta la recesión de Roosevelt en 1937-1938. ¿Cómo es posible que, como afirmó Bernanke, las quiebras bancarias influyeran en que la depresión fuera larga y profunda, si una enorme proporción de las mismas tuvo lugar justo cuando la recesión de 1929-1933 se estaba acabando para dar paso a un periodo expansivo?
La idea de que las quiebras bancarias llevan a una catástrofe social y económica a evitar por todos los medios también contrasta con la reciente experiencia de Islandia, el único país en el que el capital bancario sufrió seriamente durante la crisis de 2008-2009. Los bancos islandeses habían alcanzado tales dimensiones en comparación con la economía del país que era completamente imposible salvarlos, y se vinieron abajo. Hubo pérdidas, claro, de los accionistas y de depositantes extranjeros, por ejemplo británicos, que habían puesto sus fondos en los bancos islandeses. Pero la recuperación de la economía islandesa fue muy rápida. Por el contrario, en España, Grecia y otros países donde se evitaron las quiebras de bancos y solo ahorristas de cajas de ahorros tuvieron que asumir pérdidas (p. 52), la economía ha languidecido durante varios años. Incluso se podría decir que la crisis que se inició en España en 2008 llevó el paro a tales tasas astronómicas que fue de características incluso peores que las de la Gran Depresión en EEUU en los años treinta, así que una Gran Depresión no fue lo que se evitó. En EEUU la intervención para salvar a los bancos fue a finales de 2008 y comienzos de 2009, pero el desempleo siguió aumentando hasta marzo de 2010. Si el salvamento de los bancos “nos salvó” de algo a los demás, es muy dudoso, pero lo que no es dudoso es que salvó a los bancos y, sobre todo, a sus propietarios.
Respecto de estos temas, Crespo hace muchas matizaciones. Así dice que cuando se salva a los bancos para evitar un desastre económico, claro es mayoritaria la opinión de que se ha salvado realmente a los banqueros, confusión que resulta comprensible porque “al fin y al cabo a los responsables de la mala gestión (directivos) y de la mala administración (consejos) no se les han exigido ni unas responsabilidades mínimas” (p. 53). Desde luego que no, habría que decir. Aunque el exvicepresidente del Gobierno, exdirector del FMI y exdirector de Bankia, Rodrigo Rato, ha sido imputado en España por delitos de administración desleal, fraude fiscal, blanqueo de capitales y corrupción, esto parece solo una de unas pocas excepciones y, por ejemplo, en EEUU no ha habido nada que se parezca en relación a directivos de bancos. De ahí que se haya acuñado la expresión too big to jail, demasiado grande como para encarcelarlo, referida a los ejecutivos de bancos a los que se aplica la expresión too big to fail, demasiado grande como para que se venga abajo, con la que se justifica salvar a los bancos para “salvar la economía”.
Crespo dice que “la destrucción física o financiera de riqueza es una de las características de toda crisis. Y, al igual que la destrucción física en las guerras deja paso a una actividad económica en alza cuando estas se terminan porque se impone la tarea de la reconstrucción (…), la destrucción de recursos económicos y financieros propios de las recesiones abre la posibilidad de revalorizar mas fácilmente los recursos que hayan sobrevivido” (p. 218). Aunque el pasaje no es demasiado claro, Crespo parece aceptar que la destrucción de capital en las crisis posibilita la revalorización ulterior del capital que sobrevive. La consecuencia, que Crespo no extrae, es que evitar la destrucción de capital durante la crisis obraría como un lastre para el sistema económico. De hecho, uno de los periodos más notables de expansión del sistema capitalista fue el que se dio en las dos o tres décadas que siguieron a la destrucción de capital en todo el mundo durante el periodo 1930-1945.
La idea de que la liquidación de capital es un fenómeno clave de las crisis económicas y de su resolución fue básica en las teorías económicas de otros tiempos. Para Marx era uno de los mecanismos básicos para que la crisis diera paso a otro periodo de expansión. Pero con la creciente acumulación y centralización del capital permitir esa destrucción (que en gran parte se realizaba en crisis anteriores mediante devaluaciones de activos financieros e inventarios y cancelación de deudas) se les hace muy cuesta arriba a quienes gestionan las decisiones gubernamentales, políticos que tienen hoy vínculos múltiples y poderosos con los poseedores de capital.
Predicciones y numerología
Predicciones y numerología
Para sustentar su predicción de recesión en 2017, Crespo dice que la expansión de EEUU cumple 72 meses en julio de 2016 y considerando los datos disponibles desde 1850, muy pocas expansiones han ido más allá de 72 meses (p. 122); además, los precios de las materias primas han caído desde 2011, los tipos de interés han comenzado a subir en EEUU, los costos de financiación de las empresas que emiten bonos basura de alta rentabilidad han subido, los países emergentes están ya en recesión con sus bolsas y sus monedas cayendo escandalosamente desde 2014, mientras que países desarrollados productores de materias primas como Canadá ya estaban en recesión a finales de 2015, y Japón, Finlandia y Suiza, “coqueteaban con ella” (p. 214). En España, dice Crespo podría ser un riesgo adicional “el empeño de la Comisión Europea en hacer cumplir el objetivo de déficit para 2016”. Si a ello se añade, como es el caso, la caída de los beneficios empresariales en EEUU, todo indica que la recesión de la economía de EEUU está cercana y “probablemente precipitará una recesión global” (p. 271). El razonamiento de Crespo sobre los factores que apuntan a una recesión mundial es muy plausible. Por otra parte, el pronóstico concreto de recesión para 2017 es demasiado preciso. Muchos datos indican que la recesión está cerca, pero podría estar empezando ya o tardar quizá dos o tres años más en comenzar. Un aspecto fundamental de la economía capitalista es su irregularidad, las crisis se repiten, sí, pero a intervalos variables. Si no se atiende a eso, las predicciones pueden ser fallidas, como lo fue la predicción de Crespo, hace varios años, de una crisis mundial para 2012-2013.
Los gráficos 1.11 y 1.12 del libro (pp. 45-46) presentan proyecciones de la evolución hasta 2020 de los índices Dow Jones Industrial (DJI) y Standard & Poor 500 (S&P500), dos indicadores muy usados del nivel de precios en los mercados de valores de EEUU. Sorprendentemente esos gráficos parecen estar en el libro “de rondón”, ya que Crespo no comenta nada sobre ellos en el texto. Ambos presentan una tendencia más o menos plana entre 2014 y 2020, con importantes oscilaciones y una caída bastante ligera en 2017, año en el que Crespo señala en el gráfico la recesión que pronostica. Crespo no dice cómo ha estimado esa evolución de los índices DJI y S&P500. ¿Ha usado algún método estadístico tipo ARIMA? ¿Ha mirado su bola de cristal? ¿Le ha preguntado a su pitonisa? El lector se queda sin saberlo.
Un problema del uso de gráficos y números a la manera de Crespo es que en algunos casos el “chartismo” puede irse por una pendiente resbaladiza hacia la numerología. Buscar patrones matemáticos deterministas o patrones estadísticos, probabilistas, en la relación entre variables es la base de la investigación científica, que siempre intenta elaborar conceptos y teorías que de alguna manera dan cuenta de la realidad y permiten hacer predicciones. Por otra parte, cuando en los números se ven propiedades digamos mágicas para las que no se encuentra ningún fundamento, lo que se hace es numerología. Eso no tiene nada que ver con la ciencia, aunque quizá tenga que ver con el chartalismo, o con el charlatanismo. Lamentablemente Crespo a veces deriva hacia ese terreno. Es el caso cuando dice que la URSS desapareció tras trece planes quinquenales, el mismo número de planes quinquenales que China ha tenido hasta ahora (p. 235), y sugiere de seguido, medio en serio medio en broma, que “si se produjera el cambio de régimen político en China durante este Plan quinquenal, ya estarían los partidarios del chartismo histórico salivando y elaborando una regla general: los planes quinquenales nunca pasan de trece”.
La economía mundial y las materias primas
China, la economía mundial y las materias primas
Un aspecto muy informativo del libro es el análisis del papel de China en la economía mundial y su influencia clave en la evolución de los precios de las materias primas. Crespo considera que el desplome de la bolsa china, que perdió un 74% en un periodo de doce meses entre 2007 y 2008 tras haberse multiplicado por cinco en los dos años anteriores fue “el fenómeno precursor de lo que vino a continuación”, caída de las demás bolsas, crisis crediticia y recesión global (p. 85). Es un dato más para ver la Gran Recesión que se inició a finales de 2007 como un fenómeno estructural de la economía mundial, no como tantas veces se presenta, como un evento debido a tejemanejes financieros en la economía estadounidense, o donde fuera. Crespo concluye que la combinación de menor crecimiento en años recientes, bajada de tipos de interés y problemas políticos ha provocado una salida de capitales de China y presión sobre el yuan para que se devalúe, vía por la cual los desequilibrios de la economía china se transmiten al resto del mundo (p. 163). Esa afirmación parece discutible, porque hay otros mecanismos que pueden ser mucho más importantes para que la debilidad de la economía china se transmita a la economía mundial. Por ejemplo, una economía china débil deprime los precios de materias primas exportadas por países tan diversos como Rusia, Arabia Saudí, Noruega o Venezuela (petróleo), Australia (minerales) o Argentina (soja). Por otra parte, una economía china débil en la que a la vez hay importantes flujos de capital hacia el exterior puede tener impacto en mercados inmobiliarios y de consumo de países como EEUU o el Reino Unido, donde los millonarios chinos adquieren inmuebles y productos de lujo a una escala considerable. La creciente asertividad de China en sus conflictos territoriales con Japón, Filipinas, Vietnam y otros países puede tener también un componente importante relacionado con la necesidad del gobierno chino, ante las dificultades económicas, de estimular el nacionalismo, único sustento ideológico de un partido comunista que ha echado a la basura todas las ideas de igualdad, internacionalismo y defensa de los asalariados y los oprimidos que históricamente han sido componentes básicos de la ideología comunista. Crespo dice que los objetivos de las autoridades chinas al buscar la inclusión de la moneda china (yuan o renminbi) en la cesta de derechos especiales de giro son tres, primero, obtener la respetabilidad de la moneda china y su convertibilidad plena; segundo, lograr que el yuan sea divisa de reserva de los bancos centrales; y tercero, ir minando la hegemonía del dólar (p. 258). Todo lo cual es perfectamente razonable.
Crespo habla de un ciclo histórico de precios de las materias primas relacionado con la actividad económica global. En su opinión, cada vez que esos precios han caído “con fuerza”, entre uno y cuatro años más tarde se ha iniciado una recesión, una crisis de pagos de los países emergentes, o un desplome de la bolsa (p. 87). Brasil y Rusia han entrado en recesión en 2015 y siguen en ella y todos los demás países emergentes, especialmente los productores de materias primas, pasan por una crisis económica provocada por los bajos precios de esos productos (p. 42). Todo eso es muy plausible de la misma manera que lo es el que la reciente caída de precios de las materias primas tiene mucho que ver con la desaceleración de la economía china desde 2011 (p. 131). Pero dado que la economía china concentra hoy en un grado sustancial la capacidad manufacturera mundial, eso no es sino decir que los precios de las materias primas dependen intensamente de la demanda en la economía mundial, como han puesto de manifiesto por ejemplo las investigaciones de Lutz Kilian o Martin Stuermer. Crespo cree que la bajada de precios de las materias primas no habría generado ya una crisis de pagos de los países emergentes porque en el periodo 2000-2011 dichos países acumularon una enorme cantidad de reservas de divisas (p. 124).
Respecto del significado de una bajada de precio de las materias primas, Crespo afirma que puede indicar (a) que viene una recesión, (b) que ya empezó la recesión, o (c) que ya pasó (p. 140). Así que realmente, no es nada fácil de interpretar. Por otra parte, Crespo dice que la subida de precios de las materias primas puede provocar una recesión (p. 141) y así la subida de precios del petróleo de la guerra de Yom Kipur “contribuyó claramente a agudizar una recesión que ya venía cantada por la caída de la rentabilidad empresarial” (p. 145). Eso de “que ya venía cantada por la caída de la rentabilidad empresarial” es muy confuso, ¿quiere decir acaso que esa caída de la rentabilidad ya estaba desencadenando la recesión y la subida de precios del petróleo solo fue un factor añadido?
Muchos economistas creen que la subida de precios del petróleo explica muchas recesiones, casi todas de hecho en opinión de James Hamilton, ya que hasta en el caso de la Gran Recesión de 2008 pueden citarse precios desusados del petróleo en años previos. Esto es muy conveniente para la ortodoxia económica, que ve al capitalismo como autorregulado de forma eficiente y busca el origen de los trastornos económicos en el ámbito exterior a la economía, por ejemplo en el ámbito político de la OPEP, la Organización de Países Exportadores de Petróleo, y las revoluciones y guerras en Oriente Medio. Sin embargo, un experto en mercados de petróleo, Robert Mabro, afirmó que en realidad la subida del precio del petróleo previa a la recesión mundial de 1975, que muchos llamaron y continúan llamando la primera crisis del petróleo, se explica en gran medida por el aumento de la demanda mundial de petróleo durante los años previos a la crisis. Para Mabro, la OPEP se las dio de haber manejado la situación y los precios con sus cuotas y su embargo, y se ganó así muchos odios. Pero en realidad era la demanda mundial la que estaba determinando la subida de precios.
Un examen cuidadoso de los datos indica que los cambios de precios del petróleo en los últimos cincuenta años se explican en gran medida por los cambios en la relación entre oferta y demanda en el mercado mundial y en las tres últimas décadas los precios del petróleo no parecen tener efecto alguno sobre la economía mundial, mientras que el estado de la economía mundial tiene un efecto intensísimo sobre los precios del petróleo. Crespo afirma de hecho que ha habido “momentos de gran incertidumbre política en los países productores” en los que, sin embargo, el precio del petróleo ha permanecido estable o incluso ha caído. Así la “primavera árabe” se produjo a la vez que el precio caía de forma rápida y sostenida tras haber llegado poco antes a 115 dólares por barril (p. 181). Crespo explica también que la abundancia actual de petróleo ha llevado a precios ruinosos, a inversiones en el sector petrolero congeladas e interrupción de proyectos extractivos en lugares tan distintos como el Ártico y el golfo de México (p. 180). Todo eso es muy pertinente, aunque habría que precisar que la abundancia actual de petróleo es relativa en relación a una demanda que no crece al ritmo que creció por ejemplo en los primeros años de este siglo.
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